Fascism – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su Strategic Culture Foundation provides a platform for exclusive analysis, research and policy comment on Eurasian and global affairs. We are covering political, economic, social and security issues worldwide. Mon, 02 Mar 2026 17:17:35 +0000 en-US hourly 1 https://strategic-culture.su/wp-content/uploads/2023/12/cropped-favicon4-32x32.png Fascism – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su 32 32 Democracia y fascismo se unen para la guerra imperialista https://strategic-culture.su/news/2026/03/02/democracia-y-fascismo-se-unen-para-la-guerra-imperialista/ Mon, 02 Mar 2026 17:17:35 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890903 “Democracia” y fascismo se alían en la guerra imperialista: la unidad de EEUU y Europa contra Irán desmonta el mito de la lucha entre regímenes.

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Existe un mito propagado por los principales medios de propaganda imperialista (el “periodismo”) según el cual Donald Trump es una anomalía fascista en un régimen democrático como el de los Estados Unidos. Y por eso esa anomalía sería repudiada por los representantes legítimos de la democracia, como Kamala Harris y el Partido Demócrata. O por los gobiernos de Europa Occidental. Emmanuel Macron se habría convertido en el gran baluarte de la democracia europea y de la crítica al unilateralismo norteamericano, del cual los supuestos antifascistas y antiautoritarios del mundo entero se declaran enamorados. El Partido Laborista británico ha sido presentado como un paradigma de gobierno de izquierda, que administra un imperio, combate los extremismos y aplica la “censura del bien” en Internet. Incluso el conservador Friedrich Merz sería un ejemplo de derecha civilizada. Todos se opondrían al autoritarismo del lunático Trump.

Pues bien, todos se abrazaron con Trump y se pusieron a sus órdenes. “Tomaremos medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, potencialmente lanzando misiles y drones contra su origen” —dice la declaración conjunta de los tres patetas en respuesta a la guerra defensiva de Irán contra la agresión criminal desencadenada por Estados Unidos y por su apoderado apodado “Israel”. “Acordamos trabajar conjuntamente con EE. UU. y aliados en la región sobre este asunto”, completó la nota del trío europeo.

Está claro que uno de los pretextos centrales de esa alianza con el líder antidemocrático, misógino y extremista de Estados Unidos es derrocar al régimen antidemocrático, misógino y extremista de Irán.

“Jamenei era un dictador sanguinario que oprimió a su pueblo, humilló a mujeres, jóvenes y minorías, y fue recientemente responsable de la muerte de miles de civiles en su país y en la región. Por lo tanto, solo podemos satisfacernos con su muerte”, declaró la portavoz del gobierno francés —el mismo gobierno que hasta ahora buscaba presentarse como amigo de las naciones africanas, asiáticas y latinoamericanas, fingiendo oponerse a las agresiones de Estados Unidos para reciclar su imagen colonial después de que las tropas francesas fueran expulsadas del Sahel.

Sir Keir Starmer condenó a Irán por atacar países vecinos donde hay ciudadanos británicos, ignorando los ataques iniciales de EE. UU. e Israel y a los ciudadanos británicos que se encuentran en Irán. El guion ya está listo, el viejo guion de las agresiones imperialistas a gran escala: el culpable es Irán, por bombardear a sus vecinos, matar inocentes y violar los intereses de los países imperialistas en la región, que responderán en autodefensa y en defensa de sus aliados. “La única manera de detener la amenaza es destruir los lanzadores y depósitos de misiles” de Irán, dijo el primer ministro.

El político laborista, en el colmo de su hipocresía, aseguró que el Reino Unido no participará en ninguna “acción ofensiva”, sino que solo permitirá la utilización de sus instalaciones militares en Oriente Medio a pedido del gobierno estadounidense. La retórica de los halcones imperialistas —a ambos lados del Atlántico— es conocida desde hace décadas: bombardear a Irán, que se está defendiendo de la agresión de Estados Unidos e Israel, no es “acción ofensiva”, sino mera “autodefensa colectiva”. Y esa “autodefensa” será ejercida con participación directa de Londres únicamente si sus instalaciones son atacadas por Teherán.

Pero Irán ya declaró públicamente que cualquier instalación utilizada por Estados Unidos para atacarlo es un objetivo legítimo. Y si Irán ataca una instalación militar británica, Starmer tendrá una excusa para modificar su supuesto plan inicial y entrar de lleno en la guerra de agresión. Por eso, en su discurso a la nación, escogió bien las palabras: “no nos uniremos a acciones ofensivas AHORA”.

Esa misma noche llega la noticia de un ataque con drones contra la base aérea británica de Akrotiri, en Chipre. Puede ser el Pearl Harbor o el Tonkín de Starmer.

Esa postura, natural y previsible, de las tres grandes potencias imperialistas de Europa, demuestra de manera irrefutable y por enésima vez que no es solo el gobierno de Estados Unidos ni tampoco únicamente Donald Trump el gran enemigo de los pueblos del mundo.

Demuestra también la inexistencia de la dicotomía entre democracia y fascismo. Los supuestos demócratas son los gestores y sostenedores del fascismo. La década de 1930 lo demostró, con todo el apoyo financiero, político y propagandístico de los grandes capitalistas mundiales a Hitler y con la copia de sus métodos por Churchill en la India o por Roosevelt y sus campos de concentración para japoneses en EE. UU., así como la aniquilación instantánea de cientos de miles en Hiroshima y Nagasaki mediante las bombas atómicas autorizadas por Truman.

Pero Stalin celebraba la “victoria de la democracia y de la paz” contra el fascismo.

Pasados ochenta años, se sigue difundiendo el viejo mantra de la lucha existencial de la democracia contra el fascismo, incluso después de que la democracia haya instalado dictaduras fascistas en América Latina, empleado una guerra terrorista en Argelia y destruido Vietnam, Irak y Afganistán.

El genocidio en Gaza, llevado a cabo por el fascista Netanyahu con la total complicidad, armamento, financiamiento e incentivo de los demócratas estadounidenses y europeos, ha abierto los ojos de mucha gente en todo el mundo. La guerra imperialista colectiva de demócratas y fascistas estadounidenses y europeos derribará ese mito de una vez por todas. Sobre todo cuando los pueblos oprimidos de todo el mundo, empezando por los de Oriente Medio, se levanten en armas contra los verdaderos tiranos sanguinarios que los esclavizan en nombre de la defensa de las minorías, de los derechos humanos y de la democracia.

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Do fascismo ao neoliberalismo e de volta ao fascismo https://strategic-culture.su/news/2026/02/12/do-fascismo-ao-neoliberalismo-e-de-volta-ao-fascismo/ Thu, 12 Feb 2026 14:12:04 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890559 O acirramento da luta de classes e a movimentação ascendente da classe operária obrigam a burguesia a pensar cada vez com maior seriedade no fascismo como alternativa à revolução.

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As ditaduras militares do pós-II Guerra não chegaram ao poder da mesma forma que o fascismo alemão e italiano. Seria perigoso demais deixar toda aquela massa histérica descontrolada, acreditando que estava realizando uma revolução social. Por isso a utilização dos pitbulls da pequena burguesia foi limitada. O máximo que a burguesia fez foi soltar os cães de maneira pontual nas suas campanhas para trucidar a classe operária, sem dar às camadas médias a menor possibilidade, desde já, de assumir o poder, ainda que momentaneamente. Por isso não se viu nenhum Mussolini ou nenhum Hitler latino-americano, que tenha surgido das bases.

Onde existiu, o fascismo foi implantado por cima, não por baixo. Ele chegou ao poder como um regime bonapartista desde o primeiro dia. Desde o primeiro dia, também, iniciou a supressão das organizações operárias, mas menos através de milícias da pequena burguesia e mais pelo terrorismo militar e policial. As instituições da democracia parlamentar foram subvertidas e controladas pela alta burocracia militar a serviço dos monopólios imperialistas. Os operários foram presos e executados e suas organizações foram dizimadas pela repressão estatal – as ditaduras bonapartistas tradicionais não conseguiram estabelecer campos de concentração ou tortura ampla e sistemática de militantes operários.

Foi a implantação de ditaduras bonapartistas (nas nações mais agrárias) ou do próprio fascismo sob uma roupagem bonapartista (nas nações com uma indústria mais significativa, como no Brasil) que permitiu à Europa e aos Estados Unidos gozarem de uma caricatura da democracia parlamentar. A ditadura terrorista nas colônias e semicolônias pôde entregar ao imperialismo todo o fruto da exploração do trabalho naquelas nações, disciplinadas pela baioneta.

Mas o capitalismo não pode mais apresentar longos períodos de crescimento, nem mesmo um crescimento maior que o pico anterior. Nos anos finais do ciclo de crescimento pós-II Guerra, uma nova crise capitalista já se insinuava, com as insurreições e guerras revolucionárias nas nações oprimidas e os movimentos revolucionários na Europa, como o Vietnã e 1968. O rompimento de Bretton Woods pela burguesia americana foi uma solução encontrada para aprofundar o controle total do capital financeiro sobre a economia mundial, o que implicava na substituição do bem-estar social pela forma neoliberal. A crise de 1973 reforçou essa necessidade.

Daí até o final da década de 1980 foi um período de enorme crise econômica e instabilidade política para o imperialismo, com o ascenso revolucionário na América Latina, África, Ásia e até na Europa. O imperialismo ficou apreeemponsivo, enquanto aguardava os resultados da experiência de Pinochet no Chile, sob as orientações dos economistas da burguesia americana. Como foi bem-sucedida, passou-se a replicá-la no mundo todo, inclusive nos países centrais. Margareth Thatcher deu início ao neoliberalismo no mundo desenvolvido da mesma forma que Pinochet havia feito no mundo semicolonial: esmagando o movimento operário. Aqui o general chileno merece uma menção “honrosa”: se Mussolini foi o pai do fascismo, Pinochet foi a barriga de aluguel do neoliberalismo.

O neoliberalismo, regime de transição para o fascismo, foi a nova tábua de salvação do capitalismo. A burguesia poderia estabilizar a situação com mecanismos da democracia parlamentar, ao mesmo tempo em que, com a outra mão, intensificaria a exploração e a repressão do proletariado com instrumentos fascistas. De fato, nem mesmo os regimes mais democráticos do norte da Europa se assemelham com o que foram as democracias parlamentares do século XIX. E, nos países oprimidos, mesmo após a queda das ditaduras militares, as características bonapartistas e inclusive fascistas são muito mais acentuadas do que as características democráticas.

No entanto, é preciso ter claro uma coisa: a conclusão natural do regime de transição neoliberal é o fascismo. O fascismo não é somente a superação da democracia parlamentar no sistema imperialista, mas a “fase superior” do próprio sistema imperialista. Ele é, finalmente, o imperialismo nu e cru, sem concessões. A destruição gradual dos direitos democráticos que é realizada no neoliberalismo abre alas para a passagem do fascismo, da mesma forma que a burguesia traidora da revolução francesa de 1848 abriu alas para o bonapartismo, assim como as medidas pré-bonapartistas e bonapartistas da burguesia alemã estenderam o tapete vermelho para Hitler. Por um lado, a caçada aos direitos elementares como a liberdade de expressão fortalece o poder repressivo do Estado sobre os cidadãos, enquanto por outro a retirada dos direitos trabalhistas, as terceirizações, a informalidade, a pejotização e finalmente o desemprego jogam milhões de trabalhadores e pequeno-burgueses pobres nas fileiras do que Trótski chamou de poeira de humanidade. E essa imensa massa desesperada, junto com a classe média igualmente em desespero pela crise capitalista, é precisamente a base social do fascismo.

“As ideias de liberdade religiosa e de liberdade de consciência não fizeram mais que proclamar o império da livre concorrência no domínio do conhecimento”, lê-se no Manifesto Comunista. A livre concorrência econômica, na infância e adolescência do capitalismo, expressou-se na livre concorrência das ideias. Do mesmo modo, a democracia parlamentar e a social democracia representaram a livre concorrência dos partidos políticos. Quando o capitalismo entra em declínio, na sua fase imperialista, o monopólio “penetra de maneira absolutamente inevitável em todos os aspectos da vida social, independentemente do regime político e de qualquer outra ‘particularidade’”, escreveu Lênin em sua obra máxima sobre o tema. Se não há livre concorrência econômica (ou se ela é muito restrita), esse novo momento passa a se refletir também no âmbito da liberdade de ideias e da liberdade política. Na atualidade, ainda existem míseros resquícios dessas liberdades apenas graças à resistência dos trabalhadores e porque a destruição das forças produtivas da II Guerra e do neoliberalismo (com a abertura do mercado chinês, da antiga “cortina de ferro” e de enormes nações como o Brasil, ou com o alto desemprego e a migração em massa) permitiu um respiro para os grandes monopólios, elevando momentaneamente a taxa de lucro com a ruína dos concorrentes e o rebaixamento dos salários.

A nova crise aberta em 2008, contudo, deitou o capitalismo na cama da UTI, e só medicamentos mais pesados podem prorrogar a sua vida. Ensaia-se, agora, a paródia de um capitalismo nacional, do protecionismo dos países centrais, enquanto a opressão sobre os países oprimidos tende a aumentar ainda mais. O acirramento da luta de classes, a movimentação ascendente da classe operária que será impulsionada por qualquer tentativa de reindustrialização e por uma nova grande guerra, em conjunto com a polarização política, obrigam a burguesia a pensar cada vez com maior seriedade no fascismo como alternativa à revolução.

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Neoliberalismo, tábua de salvação do imperialismo (até agora) https://strategic-culture.su/news/2026/02/05/neoliberalismo-tabua-de-salvacao-do-imperialismo-ate-agora/ Thu, 05 Feb 2026 15:05:52 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890434 A era da decomposição do capitalismo é como uma corda que torna-se mais bamba conforme os ventos da crise se intensificam.

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Todos sabem como ficou o território europeu após a Segunda Guerra Mundial. Absolutamente devastado. Isso, somado às convulsões revolucionárias na Itália e na França, sobretudo, foi o preço pago pela burguesia internacional por apostar na solução fascista para a sua própria crise – em especial na Alemanha e na Itália.

Com o final da Guerra, o imperialismo aprendeu com o passado. Não poderia submeter as populações de nações tão poderosas na mesma base do Tratado de Versalhes. A matilha raivosa e solta que são os fascistas certamente ressurgiria. E o movimento proletário ainda era um perigo iminente enquanto a Europa não fosse estabilizada. Na Ásia e na África as colônias se levantavam, conquistavam sua independência, influenciavam as lutas do proletariado das metrópoles. A recuperação após a destruição das forças produtivas na II Guerra, gerando um período de prosperidade na Europa e nos Estados Unidos, salvou a burguesia possibilitando que ela pacificasse a situação com o chamado “estado de bem-estar social” – graças à imposição de ditaduras nos países oprimidos.

Com um novo ciclo de prosperidade econômica e a colaboração do stalinismo, que ordenou aos partidos comunistas contribuírem com a reconstrução capitalista da Europa, o regime foi se estabilizando, apesar das constantes crises nas colônias e semicolônias. Mas as duas guerras mundiais comprovavam que o sistema imperialista internacional estava acentuadamente em derrocada. Havia entrado em uma era de crises agudas sem verdadeira prosperidade como contrapartida – enquanto a crise é violenta, mundial e natural, a prosperidade é frágil, localizada e impulsionada por meios artificiais. O estado de bem-estar social jamais poderia repetir a forma ultrapassada da democracia burguesa, enterrada pelo fascismo. As duas formas políticas da dominação imperialista, portanto (a democracia parlamentar e o fascismo), deveriam coexistir dentro de um regime transitório, porque a primeira era impossível de ressurgir e o segundo era muito perigoso e poderia levar a uma nova guerra mundial, que ninguém ainda estava preparado, e que ameaçaria novamente todo o modo de produção capitalista. O imperialismo descobriu uma forma híbrida, que mesclasse uma relativa estabilidade social-democrata com um gradual esmagamento fascista do proletariado. Surgiu o neoliberalismo.

Esse regime híbrido e transitório foi previsto por Trótski, “contendo traços de um e de outro sistema; tal é, em geral, a lei de mudança de dois regimes sociais, mesmo de regimes irredutivelmente hostis. Há momentos em que a burguesia se apoia tanto na social-democracia como no fascismo, isto é, quando ela se serve simultaneamente de seus agentes conciliadores e de seus agentes terroristas”. Ainda nas palavras de Trótski:

A vitória do fascismo coroa-se quando o capital financeiro subordina, direta e imediatamente, todos os órgãos e instituições de domínio, de direção e de educação: o aparelho do Estado e o exército, as prefeituras, as universidades, as escolas, a imprensa, os sindicatos, as cooperativas. A fascistização do Estado significa não apenas “mussolinizar” as formas e os processos de direção – neste domínio as mudanças desempenham, no final das contas, um papel secundário – mas, antes de tudo e sobretudo, destruir as organizações operárias, reduzir o proletariado a um estado amorfo, criar um sistema de organismos que penetre profundamente nas massas e esteja destinado a impedir a cristalização independente do proletariado. É precisamente nisto que consiste a essência do regime fascista. (Trótski, E agora? A revolução alemã e a burocracia stalinista)

O neoliberalismo, que incorpora e adapta essas características fundamentais do fascismo, entregou à burguesia imperialista muito mais do que a democracia parlamentar jamais conseguiu. O próprio cadáver malcheiroso da social democracia, como batizou Rosa Luxemburgo, integrou-se plenamente à estrutura institucional dos partidos conservadores e liberais tradicionais dentro do regime neoliberal, como evidenciam claramente Bill Clinton, Tony Blair e Gerhard Schröder. A velha social democracia era uma forma política incompatível com o capitalismo monopolista. Por um lado, ao se fechar o seu período histórico com a vitória da Revolução de Outubro, ela foi historicamente superada pelo comunismo revolucionário; por outro, os seus estilhaços não demoraram a se adaptar e a trabalhar para o novo regime.

Este regime, no entanto, preservou algumas formas da democracia parlamentar, como suas instituições, e, embora esteja amassando, pisoteando, cuspindo e arremessando na lama as liberdades democráticas, não as suprimiu integralmente. Embora o proletariado tenha sido jogado em um estado amorfo com o crescimento exponencial do desemprego e da informalidade, a desorganização e submissão dos sindicatos, as terceirizações etc., os seus instrumentos de luta não foram formal e oficialmente dissolvidos.

Depois da experiência fascista, em uma época de crise do imperialismo, a ditadura bonapartista tradicional incorporou essa nova tecnologia, muito mais à altura dos desafios da nova era do que a mera ditadura militar. Hitler e Mussolini comandaram a batalha mais perfeita, com as técnicas e recursos mais sofisticados, já travada pela burguesia contra o seu inimigo mortal, o proletariado. Essa guerra ainda não terminou e a burguesia pôde adaptar as táticas e as armas criadas pelo fascismo para utilizá-las nos combates seguintes. Além disso, as contradições da pequena burguesia com a grande propriedade e a classe operária não cessaram, o neoliberalismo empobrece a classe média, o lumpemproletariado cresce e a parte mais atrasada da massa operária amorfa, não encontrando alternativa revolucionária, é uma presa fácil para o fascismo.

A era da decomposição do capitalismo é como uma corda que torna-se mais bamba conforme os ventos da crise se intensificam. Em determinadas condições meteorológicas, o regime que se equilibra sobre ela pode desmoronar para um lado ou para outro – o lado do socialismo ou o lado do fascismo. A burguesia precisa estar preparada para isso. A centralização e monopolização econômica e política são asseguradas com métodos bonapartistas, como a preponderância do executivo, o cerco ao legislativo, o agigantamento do Estado e a mediação da luta de classes, mas os pitbulls, apesar de confinados no fundo do quintal, são diariamente alimentados, e a preocupação com seus cuidados se tornou parte do cotidiano dos seus donos.

No próximo artigo, veremos como o fascismo é um desdobramento natural do regime neoliberal – e da farsa da “luta pela democracia” que ele propaga.

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American Gestapo/American Psycho https://strategic-culture.su/news/2026/01/30/american-gestapo-american-psycho/ Fri, 30 Jan 2026 13:00:54 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890322 By Judge Andrew P. NAPOLITANO

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Last week, a half-dozen masked and unidentifiable Immigration and Customs Enforcement agents killed a 37-year-old federal employee, a nurse, by spraying pepper spray into his eyes, pushing him to the ground, stealing his lawfully owned and carried handgun, and then shooting him nine times in the back.

The thugs from ICE whom the federal government has sent to Minneapolis have produced murder and mayhem on a scale far more violent, disruptive and disturbing to human life than have the immigrants residing there without papers.

Under the Constitution, immigration — who can legally come to and remain in the United States — was left to the states to regulate; and naturalization — who can become an American citizen — was left to the feds.

Notwithstanding the plain text of the Constitution, Congress — motivated by racial animus against those who looked and sounded differently from the White, Anglo-Saxon, Protestant elites who controlled the government — enacted the Chinese Exclusion Act of 1882. When this was challenged, the Supreme Court upheld congressional authority in a truly bizarre opinion written by Justice George Sutherland, himself an immigrant.

The court held — for the first time — that Congress could exercise regulatory powers from a source other than the Constitution. It reasoned that when British troops left the colonies after their surrender in 1781, the power to regulate immigration stayed behind and metaphysically transferred itself to the new federal government here. A rationale from nowhere.

Since then, federal immigration regulations have waxed and waned, usually depending upon contemporary economic trends and prevailing racial attitudes. A century after the ruling on the Chinese Exclusion Act, at President Ronald Reagan’s prompting, Congress enacted the Simpson-Mazzoli Act, which granted amnesty and permanent legal residence to all immigrants then in the U.S. The sky did not fall.

The White House has defended the ICE killings of two innocent Americans in the maelstrom of Minneapolis by using phrases like terrorist, agitator, assassin and self-defense. In the process of politically smearing two dead victims, it has tried to divert attention away from the ICE Gestapo-like tactics in the streets. And, in an act of obstructing justice, ICE has kept all the evidence of these murders from state investigators.

Are the masked men in the streets immune from prosecution for murder as the White House claims?

Federal and state laws mandate — and all police, even DHS agents, know this — that if the driver of a vehicle moving less than 5 miles per hour is trying to turn away from you, you don’t kill the driver; you let her turn or get out of the way. If somehow you feel threatened by a man on all fours on the ground whose lawfully carried handgun you have already seized, and whom you have temporarily blinded with pepper spray because he photographed you, you restrain him, you don’t shoot him in the back.

The reason police foreknowledge of right and wrong (who doesn’t know it is wrong to shoot an unarmed person in the back?) and of lawful and criminal use of force is relevant is another bizarre Supreme Court ruling which declared that prosecutions of government agents for excessive use of force will rise or fall on whether other similarly situated government defendants manifested this foreknowledge. Another legal principle from out of nowhere.

Can the state of Minnesota prosecute the ICE killers? Yes, under federal and state laws. Just ask Lon Horiuchi, the FBI sharpshooter at Ruby Ridge whom the state of Idaho prosecuted for excessive force when he killed the wife of the person the feds were trying to arrest by shooting her in the back. And there is no statute of limitations for murder.

More dangerous than American Gestapo is American Psycho — an attitude of government devoid of moral principles. One that — as authoritarians throughout history have done — targets a helpless, hopeless, politically weak minority and justifies murdering those who protest the violence employed in the targeting.

We have a government devoid of social virtue and bent primarily on demonstrating its power over persons. It is unbridled by the good, by the natural law, by the Constitution and by common decency. It has no values. It believes life is meaningless. In its fear of ordinary folks photographing its use of force in the streets, it verbally defends killing the photographer.

This psychotic government claimed the first Minneapolis person its agents murdered was a terrorist. She wasn’t. Then it claimed her spouse was a terrorist. She wasn’t.

Then it claimed that the nurse videoing its agents was there to kill them because he lawfully carried a handgun and ammunition. He wasn’t. Then it claimed he “brandished” his gun. He never touched his gun; the ICE agents took it from him before they executed him. Now it claims this nurse it shot in the back while he was on all fours on the frozen earth and blinded by pepper spray was a threat to its agents. That’s hogwash.

Department of Homeland Security Secretary Kristi Noem told the media that her agents felt threatened and so they disarmed the nurse. The Supreme Court has ruled that the Second Amendment which protects the right to keep and bear arms, is as potent as the First Amendment. There was no legal basis to spray or detain the nurse, and thus these agents could no more lawfully disarm him than they could silence his speech about them.

This shameless lying is contradicted by what we all can see.

The same psychotic mentality that argued last year it can execute people on the high seas without trial has brought that might-makes-right nihilism into our streets. If Congress doesn’t stop this sickness in the executive branch by defunding it before it is too late, the voters will deem Congress complicit.

Of course, the psychopaths have the upper hand. Watch out, people of Iran. When the psychopaths are failing at home, they will bring us to war abroad.

Original article: creators.com

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Il nuovo totalitarismo tedesco https://strategic-culture.su/news/2026/01/07/il-nuovo-totalitarismo-tedesco/ Wed, 07 Jan 2026 05:30:05 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889888 L’ordine liberale tedesco ricorre al totalitarismo per preservare l’egemonia delle sue élite.

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Quando si parla di “totalitarismo” in Germania, la nostra mente tende immediatamente ad associarlo al periodo nazista della storia di quel Paese. Dodici anni durante i quali la Germania fu sotto il comando di Hitler e del suo partito, un comando che culminò nella Seconda guerra mondiale e nella più grande ecatombe militare della storia dell’umanità. Infatti, storicamente, e grazie a figure come Hannah Arendt, la categoria politica del “totalitarismo” è stata limitata alle manifestazioni di teorie politiche illiberali, come il fascismo e il comunismo. Il liberalismo, d’altra parte, non poteva, non avrebbe mai potuto, non avrebbe mai potuto essere totalitario; sarebbe stata una “contraddizione in termini”.

Tuttavia, un esame più attento rivelerebbe rapidamente che molti filosofi occidentali del dopoguerra, in particolare quelli ebrei come Karl Popper e Theodor Adorno, nel tentativo di comprendere la svolta fascista della Germania, sostenevano che le preoccupazioni legalistiche avrebbero impedito allo Stato di rimuovere dal gioco politico una forza politica, come il nazismo, che molto ovviamente intendeva liquidare la democrazia e, quindi, porre fine al gioco politico in quanto tale. Questo è il cosiddetto “paradosso della tolleranza”. Popper, da destra, e Adorno, da sinistra, concordano entrambi nel sostenere che lo Stato liberale-democratico deve essere intollerante nei confronti degli “intolleranti”; cioè perseguire, mettere a tacere e liquidare, senza preoccupazioni formalistiche, qualsiasi figura o gruppo politico che si opponga apertamente ai valori fondamentali della democrazia liberale e dei diritti umani.

È evidente che si tratta di un tentativo di legittimare filosoficamente l’instaurazione di un regime totalitario con la giustificazione di difendere la “democrazia” dai fascisti e/o dai comunisti.

Nonostante la sua enfasi specifica sulla deliberazione razionale, anche Jürgen Habermas, il “papa” filosofico del liberalismo democratico tedesco, colloca i nemici della società liberale al di fuori dell’ombrello della società tollerante, nella misura in cui, se tollerati, essi stessi porterebbero alla fine della società tollerante. Il rischio evidente, tuttavia, risiede nella decisione che designa una figura, un gruppo o un’ideologia come “contraria al sistema liberale”.

Nel XXI secolo, né in Germania né in nessun altro luogo in Europa, esiste una minaccia seria e grave di ascesa di gruppi politici apertamente fascisti o comunisti. Pertanto, in ogni momento, è necessario esprimere un giudizio sulla possibilità di un’analogia tra ogni sfida politica all’ordine esistente e le ideologie antiliberali storiche.

Poiché le definizioni di fascismo e comunismo sono ovviamente imprecise (ogni teorico, ogni accademico, ecc. ha la propria definizione di queste ideologie), è facile accusare un avversario di essere “fascista” o “comunista”. In questo modo, diventa possibile costruire la possibilità di mettere a tacere ed escludere l’avversario dalla sfera pubblica.

Lo Stato tedesco, quindi, ha tutte le basi teoriche necessarie per giustificare la persecuzione dei cittadini che si oppongono ai suoi progetti e ai suoi valori.

E ora ha i mezzi tecnici e legali per scoprire chi sono tutti i “nemici della società tollerante” tra i suoi cittadini.

Nel dicembre 2025, la Camera dei rappresentanti di Berlino ha approvato un emendamento alla legge generale sulla sicurezza e l’ordine pubblico che amplia in modo significativo le capacità di sorveglianza dello Stato. L’emendamento introduce diversi strumenti che sono, a dir poco, controversi, come l’autorizzazione alle forze di polizia di installare spyware sugli smartphone e sui computer dei cittadini “sospetti”, nonché di intercettare le comunicazioni criptate. Se queste azioni non sono fattibili a distanza, le nuove norme consentono alle forze di polizia di introdursi segretamente nelle case dei cittadini per installare fisicamente lo spyware.

Un’altra innovazione è la possibilità per le forze di polizia di accedere ai dati sul traffico delle torri cellulari per tutti i dispositivi in una determinata area e in un determinato momento, senza la necessità di una specifica autorizzazione giudiziaria. In questo modo, la polizia potrebbe mappare i movimenti di qualsiasi cittadino durante le proteste e gli eventi pubblici. Inoltre, la legislazione autorizza anche l’utilizzo dei dati raccolti per l’addestramento dei sistemi di intelligenza artificiale.

Si tratta di una chiara deriva istituzionale verso il totalitarismo. È impossibile distorcere la narrazione per negare, quindi, la possibilità che anche il liberalismo degeneri in totalitarismo, proprio come questa possibilità è riconosciuta per il fascismo e il comunismo. Tuttavia, le norme in questione si applicheranno solo allo Stato di Berlino; non si tratta di un cambiamento a livello federale.

Ma potrebbe essere solo una questione di tempo. Al Bundestag è in fase di avanzamento un disegno di legge simile che promuove il monitoraggio di massa a livello federale, con la possibilità di controlli sulle chat, l’indebolimento della crittografia e le invasioni digitali e fisiche della proprietà dei cittadini.

Questa intensificazione della sorveglianza statale non è una coincidenza. Si manifesta in un momento in cui la legittimità della repubblica liberale tedesca è messa in discussione dai suoi cittadini, scoraggiati dai risultati degli ultimi decenni, dall’immigrazione di massa, dall’aumento della violenza e dal chiaro tentativo del governo di spingere i suoi cittadini in un conflitto con la Russia. Messo in discussione e minacciato dall’ascesa di forze politiche antisistema, l’ordine liberale tedesco ricorre al totalitarismo per preservare l’egemonia delle sue élite.

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A falácia da tentativa de golpe inventada pelos verdadeiros golpistas https://strategic-culture.su/news/2026/01/06/a-falacia-da-tentativa-de-golpe-inventada-pelos-verdadeiros-golpistas/ Tue, 06 Jan 2026 16:30:29 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889879 O “crime de multidão” ilustra muito bem a natureza da ditadura judicial-policial, escreve Eduardo Vasco

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Os pseudodemocratas comemoram a perseguição a Bolsonaro e a seus aliados porque eles teriam incentivado uma tentativa de golpe, expressa sobretudo no 8 de janeiro de 2023. Mas aquilo que os jornais da burguesia – que estiveram na linha de frente do verdadeiro golpe, o de 2016 – chamam de “atos antidemocráticos” foi uma manifestação democrática de uma parcela da população que, através de métodos plebeus, exerceu seu direito de manifestação passando por cima dos formalismos e amarras estabelecidos pela burguesia, que quer tutelar o povo para que ele expresse sua opinião apenas nos limites estabelecidos por ela.

Para comprovar que tratou-se de uma manifestação plebeia, peguemos o divulgado por um dos mais ferozes defensores da repressão estatal contra os manifestantes do 8 de janeiro. Em março de 2025, o jornal O Globo publicou um gráfico revelando que, naquele momento, eram 1.586 alvos de ações penais no STF. Oito de cada 10 processados recebiam de um a dois salários mínimos (sendo que 46% do total recebiam até um salário mínimo). Quatro de dez recebiam auxílio emergencial. Quase ⅕ estava desempregado e 11,6% trabalhavam em regime CLT. Os autônomos eram a maioria: 43%. Mas o que faziam esses autônomos? Boa parte eram na verdade semiproletários, como entregadores de aplicativo. Menos de 1% de todos os alvos do STF recebia acima de dez salários mínimos.

Após dois anos do ocorrido, o STF havia decretado prisão preventiva a mais de mil pessoas e 80% dos condenados à prisão haviam recebido uma pena de ao menos 14 anos. Em julho, noticiou-se que mais de mil participantes das manifestações haviam sido condenados ou punidos. Ali se mostrou a mão de ferro do Estado contra os pé-rapados. Até moradores de rua ficaram presos por mais de um ano! Uma manicure ficou dois anos na cadeia, em regime fechado, por passar um batom em uma estátua!

Podemos não concordar com as ideias da plebe do 8 de janeiro, mas a lei não pode punir ninguém por suas ideias, só pelos seus atos. E o que diferencia seus atos das manifestações dos movimentos populares, dos sindicatos e organizações dos trabalhadores? Em diversos momentos da história, como em 2013 ou no governo Temer, o povo não pediu licença para ocupar os prédios de Brasília. Os mesmos que deram o golpe de 2016 inventaram o discurso do golpismo do 8 de janeiro (e as vítimas dos golpistas de 2016 os seguiram cegamente).

De fato, a maioria do alto comando do exército, a esmagadora maioria da grande burguesia, o imperialismo, a maior parte do latifúndio e a alta burocracia estatal não apoiaram o 8 de janeiro. Ele foi apoiado apenas por setores isolados das classes dominantes. Ao contrário do 18 de Brumário, das vitórias de Hitler e Mussolini, e dos golpes de 1964 e 2016, o 8 de janeiro não foi e nunca poderia ter sido uma tentativa concreta de golpe de Estado. Os manifestantes do 8 de janeiro eram uma criança com uma arminha de água tentando matar um elefante. Mesmo que sua intenção fosse dar um golpe, aquilo seria impossível. Deveriam aprender com os golpistas de 2016 – mas para isso deveriam ser tão profissionais como aqueles.

Os métodos da burguesia são legítimos e transmitidos pela Globo como suprassumo da ordem democrática, como aquela votação que derrubou Dilma. Os métodos da plebe são criminosos. Mesmo que os da burguesia tenham sido muito mais concretos e devastadores para a nação. A plebe é acusada de “crime de multidão”, doutrina absolutamente ilegal e reacionária cuja simples sugestão já é um sintoma do estabelecimento de um estado de exceção. A plebe bolsonarista vai apodrecer nas masmorras por ter se expressado da única forma como sabe se expressar. O que acontecerá quando os trabalhadores organizados e conscientes fizerem o mesmo? O que acontecerá quando os sem terra fizerem o mesmo? E quando os estudantes fizerem o mesmo? Porque essa é uma das formas mais tradicionais de expressão organizada das massas do povo. Afinal, o judiciário brasileiro, imitando o americano e o inglês, baseia-se em precedentes. Mas a esquerda é surda, não liga para nada disso.

O “crime de multidão” ilustra muito bem a natureza da ditadura judicial-policial. Ele não existe na lei brasileira, mas Alexandre de Moraes condenou diversos acusados de participarem das manifestações do 8 de janeiro por esse crime que não existe. O ditador de toga simplesmente passou por cima da lei, sob a desculpa de que trata-se de uma interpretação doutrinária defendida por alguns juristas – o que, portanto, valeria mais que a lei. Moraes agiu exatamente como um sacerdote egípcio, dono da ciência oculta – tão oculta que nem a lei a conhece. Afirmou, justificando a adoção de tal conceito:

“O que torna o crime coletivo, o crime multitudinário, é o fato de que, em virtude do número de pessoas, você não tem necessidade de descrever que o sujeito A quebrou a cadeira do ministro Alexandre, o sujeito B quebrou a cadeira do ministro Fachin, o sujeito C quebrou o armário do ministro Cristiano Zanin. Não. A turba criminosa destruiu o patrimônio do Supremo Tribunal Federal.”

Isto é, o excelentíssimo Moraes fugiu da obrigação legal de apresentar provas concretas da conduta dos acusados. Como ele é o ser supremo do regime político brasileiro, alçado a esse status pelos seus pares, ele não precisa apresentar nenhuma prova. Não precisa provar que tal acusado quebrou uma cadeira. Basta dizer que algum malandro uma vez sugeriu que a conduta individual não precisa ser provada para utilizar isso como jurisprudência, como construção interpretativa da mente criativa do juiz. Mesmo que esteja fora da lei. Moraes e o STF condenaram um punhado de pessoas por fora da lei! O pretexto é que, em meio a um tumulto, é impossível identificar perfeitamente a conduta do acusado. Logo, se é impossível concluir que houve crime, porque não há provas suficientes, o que se faz? Considere o cidadão culpado e condene-o! Presunção de inocência? Ora, isso está na lei, então não vale! O que vale é o que não está na lei!

Importantes setores corporativos da burocracia judicial se juntaram a Moraes naquela ilegalidade. Um subprocurador da PGR chegou a argumentar que havia um “vínculo subjetivo” entre os manifestantes, e por isso todos são culpados. Troca-se a necessidade legal de provas concretas por um “vínculo subjetivo”, o avesso da concretude de provas!

Lênin descreveu certa vez uma ditadura como sendo “um poder que se apoia diretamente na violência e não está restrito por nenhuma lei”. O que está se tornando o regime político brasileiro senão uma verdadeira ditadura, que não é restringida por nenhuma lei, uma vez que o judiciário não respeita as leis criadas por esse mesmo regime político, pela própria burguesia?

O crime de multidão e mesmo os de organização e associação criminosa (estabelecidos no processo de cerco às liberdades democráticas dos últimos anos) são invenções de seres que se acham superiores ao povo e que, obtendo poderes realmente ditatoriais, se alçam sobre o povo e sobre a lei. Já não é mais necessário cometer um crime para ser preso: basta (supostamente) formar parte de uma entidade criminosa ou de uma ação criminosa. E quem diz que tal organização ou ação é criminosa? Uns excelentíssimos foras da lei que seguem a orientação da burguesia imperialista de aplicar uma responsabilização coletiva para prender cada vez mais pessoas que exercem seu direito democrático mais básico de manifestação, para colocar na ilegalidade partidos e instituições da classe operária e dos oprimidos sob a acusação de serem organizações criminosas. Não é isso um protótipo de fascismo?

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The new German totalitarianism https://strategic-culture.su/news/2025/12/30/the-new-german-totalitarianism/ Tue, 30 Dec 2025 09:00:13 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889726 The German liberal order resorts to totalitarianism to preserve the hegemony of its elites.

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Mentioning “totalitarianism” in Germany quickly forces our minds to associate it with the Nazi period in that country’s history. 12 years during which Germany was under the command of Hitler and his party; a command that culminated in the Second World War and the greatest military hecatomb in human history. Indeed, historically, and thanks to figures like Hannah Arendt, the political category of “totalitarianism” has been restricted to the manifestations of illiberal political theories, such as fascism and communism. Liberalism, on the other hand, could not, it never could, it could never be totalitarian; that would be a “contradiction in terms.”

However, a closer look would quickly point out that many post-war Western philosophers, particularly Jewish ones like Karl Popper and Theodor Adorno, in dealing with attempts to understand Germany’s fascist turn, argued that legalistic concerns would have prevented the state from removing from the political game a political force, like Nazism, which very obviously intended to liquidate democracy and, therefore, put an end to the political game as such. This is the so-called “paradox of tolerance.” Popper, from the right, and Adorno, from the left, both agree in defending that the liberal-democratic state must be intolerant towards the “intolerant”; that is, to pursue, silence, and liquidate, without formalist concerns, any figure or political group that openly opposes the fundamental values of liberal democracy and human rights.

Very obviously, we can see that this is an attempt to philosophically legitimize the establishment of a totalitarian regime under the justification of defending “democracy” against fascists and/or communists. Despite its specific emphasis on rational deliberation, even Jürgen Habermas, the philosophical “pope” of German democratic liberalism, places the enemies of liberal society outside the umbrella of tolerant society, insofar as, if tolerated, they themselves would lead to the end of tolerant society.

The evident risk, nonetheless, lies in the decision that designates a figure, group, or ideology as “contrary to the liberal system.” In the 21st century, neither in Germany nor anywhere else in Europe, is there a serious and grave threat of the rise of openly fascist or communist political groups. Thus, at every moment, it is necessary to make a judgment about the possibility of an analogy between each political challenge to the existing order and the historical anti-liberal ideologies.

Since the definitions of fascism and communism are obviously imprecise (each theorist, each academic, etc., has their own definition of these ideologies), accusing an opponent of being “fascist” or “communist” is easy. And with that, it becomes possible to construct the possibility of silencing and excluding the opponent from the public sphere.

The German state, therefore, has all the necessary theoretical foundation to justify the persecution of citizens who oppose its designs and values.

And now it has the technical and legal means to discover who all the “enemies of tolerant society” are among its citizens.

In December 2025, the Berlin House of Representatives passed an amendment to the General Law on Security and Public Order that significantly expands state surveillance capabilities. The amendment introduces several tools that are, to say the least, controversial, such as authorizing police forces to install spyware on the smartphones and computers of “suspicious” citizens, as well as to intercept encrypted communications. If these actions are not feasible remotely, the new regulations allow police forces to secretly break into citizens’ homes to install the spyware physically.

Another innovation is the possibility for police forces to access traffic data from cell towers for all devices in a specific area and moment, without the need for specific judicial authorization. With this, the police could map the movements of any citizen during protests and public events. Furthermore, the legislation also authorizes the collected data to be used for training artificial intelligence systems.

This is a clear institutional slide toward totalitarianism. It is impossible to twist the narrative to deny, therefore, the possibility of liberalism also degenerating into totalitarianism, just as this possibility is recognized for fascism and communism. However, the regulations in question will only apply to the state of Berlin; it is not a change at the federal level.

But it may only be a matter of time. A similar bill is advancing in the Bundestag that promotes mass monitoring at the federal level, with the possibility of chat controls, weakening encryption, and digital and physical invasions of citizens’ property.

This intensification of state surveillance is no coincidence. It appears at a time when the legitimacy of the German liberal republic is being questioned by its citizens, disheartened by the achievements of recent decades, mass immigration, rising violence, and a clear effort by the government to push its citizens into a conflict with Russia. Questioned and under the threat of the rise of anti-system political forces, the German liberal order resorts to totalitarianism to preserve the hegemony of its elites.

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Ukraine is committing grave violations of international humanitarian law https://strategic-culture.su/news/2025/11/05/ukraine-committing-grave-violations-of-international-humanitarian-law/ Wed, 05 Nov 2025 12:24:01 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=888687 The neo-Nazi regime in Kiev is openly engaging in odious practices against civilian non-combatants that constitute a grave violation of international law and a crime against humanity.

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With complete impunity, the neo-Nazi regime in Kiev is openly engaging in odious practices against civilian non-combatants that constitute a grave violation of international law and a crime against humanity. As Russian troops advance and take control of an increasing number of towns and settlements, one of the ways in which the Kiev authorities are coping with that embarrassing situation before the arrival of Russian troops is to conduct mass deportations of the local Ukrainian population to zones in the rear that they still control.

Forced relocation is legally defined as the coercive movement of individuals or groups from their established homes or territories, due to government policies or conflicts. In Ukraine, displacement fitting this definition is being carried out under military orders. There is no explanation for that based on military necessity or because of a reasonable concern for the safety of civilians. Nor is there evidence of prior consent by the deportees. The reasons for the deportations are entirely propagandistic and political.

Collective West political circles have ignored this practice and have not publicly condemned such conduct on the part of the Kiev regime. Their media have confined themselves to bland and matter of fact reporting (here and here and here) whilst avoiding any discussion of the legal and humanitarian implications of such actions.

Lack of reaction on their part is natural and to be expected because highlighting this issue, or even acknowledging its existence, would discredit the entire mendaciously constructed victim/aggressor Ukraine Project narrative. However, the lack of critical attention to this subject on the Russian side is incomprehensible.

Forced transfer of civilians was recognised as a criminal offence by the Nuremberg Tribunal. The Rome Statute of the International Criminal Court [ICC] criminalises the forcible transfer or deportation of civilians as a crime against humanity. The prohibition of the transfer or deportation of civilians was formally codified as part of international criminal law in the Fourth Geneva Convention, “Relative to the protection of civilian persons in time of war,” which went into effect on 12 August 1949. Further to that, in a resolution on basic principles for the protection of civilian populations in armed conflicts, adopted in 1970, the UN General Assembly affirmed that “civilian populations, or individual members thereof, should not be the object of … forcible transfers”. In a resolution on the protection of women and children in emergency and armed conflict, adopted in 1974, the UN General Assembly declared that “forcible eviction, committed by belligerents in the course of military operations or in occupied territories, shall be considered criminal.”

The applicability of these normative provisions to the Ukrainian authorities is indisputable also in light of UN Refugee Agency’s Guiding Principles on Internal Displacement, specifically Principle 5, which provides that:

“State practice also underlines the duty of parties to a conflict to prevent displacement caused by their own acts, at least those acts which are prohibited in and of themselves (e.g., terrorizing the civilian population or carrying out indiscriminate attacks). As stated in the Guiding Principles on Internal Displacement:

“All authorities and international actors shall respect and ensure respect for their obligations under international law, including human rights and humanitarian law, in all circumstances, so as to prevent and avoid conditions that might lead to displacement of persons.”

The cited conventions and normative principles regulating conduct toward civilian non-combatants in zones of armed conflict unquestionably apply to the Kiev authorities because they are part of the public and customary international law to which Ukraine, as member of the United Nations, is obligated to adhere.

But regrettably, governments and international institutions are not insisting that it should do so. Scant if any attention is being paid to the brazen violations that Ukraine is continuously committing in this regard. The Kiev regime is not being called to account for its abuse of Ukrainian civilians.

The Kiev regime’s use of civilians in combat zones as pawns for propaganda purposes must be forcefully condemned and international public opinion must be made aware of this unacceptable conduct. The war crimes commission of the Russian government, whilst focusing on individual offenders, as it properly should, must also shine a strong burst of light on regime violations of international humanitarian law such as this. They do not point merely to individual offenders but incriminate collectively the entire decision-making echelon of the Kiev regime leadership.

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Adenauer, Schuman e De Gasperi padri dell’Unione Europea? No! Adolf Hitler! Parola di Lucio Caracciolo https://strategic-culture.su/news/2025/10/29/adenauer-schuman-e-de-gasperi-padri-dellunione-europea-no-adolf-hitler-parola-di-lucio-caracciolo/ Tue, 28 Oct 2025 21:29:50 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=888530 Caracciolo infatti, senza neppure troppi giri di parole, traccia una pesantissima storia dell’Unione Europea, additandola come poco o per nulla democratica

Segue nostro Telegram.

Lucio Caracciolo probabilmente non è conosciuto fuori dalla penisola, ma in Italia è considerato il massimo esperto di geopolitica, non solo in ragione del fatto che sia direttore da oltre un trentennio della rivista “Limes”, ma anche e soprattutto perché, pur non venendo meno ai dogmi atlantisti, dentro la retorica propagandistica dei grandi media italiani, tutti genuflessi a Washington e a Bruxelles, ogni tanto cerca di far trapelare qualche verità, non per contraddire la narrazione dominante, ma per cercare di correggerla con quel buon senso della realtà che oramai si trova sempre più raramente.

Nel numero di Limes: “Perché abbiamo perso” (8/2025), l’editoriale, ancorché non firmato, è chiaramente di Caracciolo, il quale pur attribuendo il peggiore ed esecrabile giudizio al nazismo: “è antipolitico per vocazione, perché obbedisce alla legge del sangue, alla razza, dove comincia la “biologia”, finisce la geopolitica e muore la libertà”, si addentra in considerazioni che, fatte da chiunque altro, storico o giornalista, sarebbero subito subissate di tante e tali critiche che il malcapitato non potrebbe certo neppure terminare l’esposizione del concetto, fatte ovviamente da Caracciolo, obbligano i lettori ad arrivare alla fine del testo e nel caso gli astanti a tacere.

Caracciolo infatti, senza neppure troppi giri di parole, traccia una pesantissima storia dell’Unione Europea, additandola come poco o per nulla democratica, ma anzi figlia di una tecnocrazia volutamente contraria ai governi e ai parlamenti nazionali e, fatto ancor più clamoroso, per quanto come vedremo documentato, deduca una diretta connessione tra l’idea d’Europa hitleriana, ovviamente sotto il controllo dei nazisti, con la costruzione comunitaria iniziata negli anni ‘50 e che ci ha portato fino alle disastrose politiche di guerra della baronessa Von der Leyen, per altro ella stessa, come la signora estone Kallas, responsabile della politica estera dell’Unione Europea, discendenti di fervorosi sostenitori della svastica.

Caracciolo afferma perentorio che gli europeismi attuali non siano immuni dalle distopie novecentesche, citando Mark Mazower, ricorda come “il nazionalsocialsimo sia parte della grande tradizione storica non solo tedesca, ma dell’intera Europa, molto più di quanto la maggior parte delle persone sia disposta ad ammettere”, così come ritiene il fascismo la più eurocentrica ideologia novecentesca, molto più del comunismo e del liberalismo.

Secondo Caracciolo: “la madre di ogni equivoco è il rifiuto di ammettere che fascismo, nazismo e loro derivazioni appartengono all’album di famiglia dell’Occidente, inscritti nel cuore della moderna Europa”, per quanto “il nazional – imperialismo gonfio di romanità” fascista nulla abbia a che vedere secondo lui con l’arianesimo razzista hitleriano, citando altresì a sostegno di questa tesi svariate dichiarazioni di Benito Mussolini.

Richiama poi una pertinente considerazione di Raymond Aron del 1948 sul fatto che l’idea d’Europa, fondamentale per la propaganda hitleriana, sia riapparsa nel secondo dopoguerra, spesso per opera delle stesse persone, insomma per Caracciolo il nazismo rappresenta un “affluente sotterraneo e misconosciuto del marchio Europa”, al proposito viene ricordato come Walter Hallstein, primo presidente della Commissione Europea dal 1958 al 1967, firmatario dei trattati di Roma del 1957 con Adenauer e Segni, già venti anni prima si fosse occupato d’Europa, chiamato da Hitler a tracciare i lineamenti di un sistema europeo unitario, ovviamente a egemonia nazista.

Ecco allora una ampia e ragionata considerazione che riconnette l’attuale scarsa democrazia e la contestuale vocazione tecnocratica dell’Europa: “Gli europeisimi nascono e si sviluppano come trama di iniziati. Evolvono poi in benevolo paternalismo. Precetti per gli europei, non degli europei. In specie la versione federalista. sovranamente indifferente al giudizio dei popoli e al vaglio dei parlamenti, refrattaria alle democrazie nazionali. Dalla demonizzazione della nazione, che storia vuole base della democrazia, alla negazione della democrazia perché espressa dalla nazione, bollata nazionalista per vocazione: corto circuito. Il carattere più duraturo e meno indagato degli europeismi fioriti fra le due guerre è il tecnicismo, niente di più ideologico. Travestito da arbitro neutro l’eurotecnicismo si offre come superamento delle dispute politichesi in nome dell’efficienza, pura antidemocrazia gestione delle persone, via amministrazione delle cose.”

Caracciolo ritiene che “le premesse della torsione manageriale trionfante nelle liberaldemocrazie occidentali” sia da ricercare nel militarismo prussiano, mutuato dai nazisti, anzi peggio: “metodo perfezionato dalla tecnocrazia nazista in tempo di guerra” e chiosa: “anticipazione del management che tratta la persona da risorsa umana”. Così si assiste ad “abili organizzatori dell’economia di guerra nazista riciclati quali addestratori di manager e dirigenti pubblici, impegnati a diffondere nella Repubblica Federale le tecniche militar – aziendali sperimentate sotto Hitler”, poi esportate nella Comunità Economica Europea. D’altronde le tracce puramente esteriori del nazismo scompaiono rapidamente dalla vita pubblica tedesco – occidentale, tuttavia, il personale nazista e sotterraneamente la stessa ideologia non vengono smantellati, ma anzi gli statunitensi vi attingono con larghezza in funzione antirussa e antisovietica.

Caracciolo insiste nel ritenere fascismo, nazismo ed europeismo tre ideologie nate dopo il primo conflitto mondiale, in cui le prime due sono state rimosse, ma è impossibile cercare di immaginarle espunte, quando in realtà sono connaturare all’idea stessa d’Europa: “tre mistiche che colorano di religione le rispettive ideologie, eterogenee e incoerenti, ciascuna deputata a stabilire la propria tavola di valori. In grosso e nell’ordine: idolatria fascista dello Stato, nazista della razza, europeista dell’Europa.” Concludendo categorico: “le ipotesi di assetti continentali coltivate all’ombra del duce e del führer s’inscrivono nelle coordinate originarie delle idee d’Europa, irradiate fino ai nostri giorni”.

Caracciolo poi ci induce seppur in modo preoccupato a sorridere, sia sottolineando l’assonanza tra il grande spazio europeo e il deprecabile “spazio vitale” nazista, sia ricordando che tra i teorizzatori degli Stati Uniti d’Europa vi è Lev Trockij, a tratti interessato più a questa idea che a una rivoluzione proletaria continentale.

Nell’Europa di oggi, ferocemente controllata dalla baronessa Von der Leyen e dei suoi compari di guerra permanente contro la Russia, quali Macron, Merz e il rientrante Starmer, pare che quelle fosche radici dell’europeismo siano più vive e vitali che mai, anche purtroppo nelle loro pulsioni verso un conflitto atomico globale.

Se vi è un giorno che segna la cesura definitiva di questo cambiamento, oppure, seguendo Caracciolo, potremmo affermare più tragicamente un ritorno alle origini, questo è il 25 giugno 2021. A Bruxelles splende il solito timido sole e si riunisce il Consiglio Europeo, in cui i capi di stato e di governo chiacchierano dei soliti argomenti: Covid, migranti, economia. Le cronache che ci sono giunte occultano tuttavia il fatto più rilevante e grave di quel venerdì.

Due donne tedesche si guardano con reciproca diffidenza, la baronessa Von der Leyen dagli ascendenti nazisti e la cancelliera Angela Merkel, nata e cresciuta da cittadina dell’altra Germania, quella antifascista e che a scuola studiava il russo, la quale si trova al suo ultimo incontro europeo, avendo deciso di non ricandidarsi a settembre.

Angela Merkel, consapevole dei rischi di guerra innescati dalla NATO, propone di realizzare entro l’estate un grande incontro bilaterale Unione Europea – Russia insieme a Vladimir Putin, una ragazza, contraria, alza la mano e si scaglia duramente contro la cancelliera tedesca, è Kaja Kallas primo ministro estone, subito viene assecondata nel suo odio antirusso dal primo ministro olandese Mark Rutte ed anche forse inaspettatamente dal primo ministro portoghese Antonio Costa, quindi ovviamente da Mario Draghi, il rappresentante della peggiore finanza speculativa globale e globalista, il quale all’inizio di quel mese di giugno, dopo essersi inginocchiato davanti a Biden in Cornovaglia per la riunione del G7, alla riunione bruxellese della NATO immediatamente successiva ha spavaldamente affermato che l’Unione Europea sia ancillare rispetto alla NATO, ovvero del tutto subalterna alle sue logiche di morte e di guerra. C’è infine un’altra ragazza che quel giorno tace, pur sorridendo, è Sanna Marin, il primo ministro che porterà inopinatamente la Finlandia e i finlandesi dentro la NATO.

Angela Merkel abbandona sconfitta la riunione e con lei naufraga ogni speranza residua di pace, la baronessa Von der Leyen si è appuntata i nomi di chi merita una promozione per aiutarla nei suoi progetti di guerra: Kaja Kallas diventerà responsabile della politica estera dell’Unione Europea, Mark Rutte segretario generale della NATO, Antonio Costa presidente del Consiglio d’Europa.

Quel giorno l’Europa ha deciso di intraprendere la guerra contro la Russia, incurante delle legittime richieste di sicurezza del Cremlino, con tutto il tragico odierno rischio che tale conflitto possa deflagrare a livello planetario.

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Los Estados Unidos y el «capitalismo fascista» https://strategic-culture.su/news/2025/09/28/los-estados-unidos-y-el-capitalismo-fascista/ Sun, 28 Sep 2025 16:42:12 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=887958 Estamos inmersos en una nueva acumulación primitiva, en un nuevo ciclo estratégico desencadenado por Trump. 

Maurizio LAZZARATO

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Este es el eje central, el significado político del nuevo Gobierno estadounidense, cuyas decisiones políticas, arbitrarias y unilaterales, tienen como objetivo expropiar la riqueza de aliados y enemigos.

Trump está imponiendo las relaciones de poder por la fuerza; una vez establecida la división entre quienes mandan y quienes obedecen, se pueden reconstruir las normas económicas y jurídicas, los automatismos de la economía, las instituciones nacionales e internacionales, expresión de un nuevo “orden”.

En cierto sentido, Trump politiza lo que el neoliberalismo había intentado despolitizar: ya no es la “objetividad” del sistema de mercado, de las leyes financieras, la que manda, sino la acción de un ‘señor’ que decide de forma arbitraria la cantidad de riqueza que tiene derecho a extraer de la producción de sus ‘siervos’.

Así, hoy en día, el capitalismo ya no necesita, como antes, confiar el poder a los fascismos históricos, porque la democracia se utiliza para sus propios fines, hasta el punto de producir y reproducir la guerra, la guerra civil y el genocidio.

Los nuevos fascismos son marginales en comparación con los fascismos históricos y, cuando acceden al poder, se alinean inmediatamente con el capital y el Estado, limitándose a intensificar la legislación autoritaria y represiva y actuando sobre el aspecto simbólico-cultural.

Un artículo importante, que hay que debatir en profundidad.

“La acumulación originaria, el estado natural del capital,

es el prototipo de la crisis capitalista”. Hans Junger Krahl

El capitalismo no se reduce a un ciclo de acumulación, ya que siempre va precedido, acompañado y seguido de un ciclo estratégico definido por el conflicto, la guerra, la guerra civil y, eventualmente, la revolución.

El ciclo estratégico incluye, sí, la acumulación originaria tal y como la explica Marx, pero solo como su primera fase; a esta le sigue el ejercicio de la violencia incorporada en la “producción” y su despliegue en forma de guerra y guerra civil cuando el ciclo económico se agota.

Para obtener una descripción exhaustiva del ciclo estratégico, hay que esperar al siglo XX, con su transformación en el ciclo de la revolución soviética y china, que corrige y completa a Marx desde varios puntos de vista.

Los dos ciclos funcionan juntos, encadenan sus dinámicas, pero también pueden separarse: desde 2008, el ciclo del conflicto, la guerra y la guerra civil (y la eventual e improbable revolución) se ha separado progresivamente del ciclo de la acumulación en sentido estricto.

El bloqueo, los impasses de la acumulación de capital requieren la intervención del ciclo estratégico, que funciona a partir de las relaciones de fuerza y de la relación no económica amigo-enemigo.

Desde que se afirmó el imperialismo, la importancia del ciclo estratégico no ha hecho más que aumentar. Los ciclos de la guerra, de la gran violencia, del uso arbitrario de la fuerza se suceden rápidamente. Estados Unidos impuso en tres ocasiones (1945, 1971 y 1991) las normas económicas y jurídicas del mercado mundial y del Nomos de la Tierra (orden mundial).

En tres ocasiones las eliminó porque ya no eran funcionales, sustituyéndolas por nuevas normas: el fordismo de 1945 fue desmantelado en los años 70; el llamado “neoliberalismo”, elegido en su lugar y extendido por todo el mundo en 1991 tras el fin de la URSS, se derrumbó en 2008. La actual acumulación primitiva cambia una vez más las reglas del juego, para un más que improbable “Make America Great Again”.

El análisis del ciclo estratégico en el capitalismo contemporáneo debe partir de los Estados Unidos, porque es allí donde se concentran los dispositivos de poder, las instituciones militares, financieras y monetarias de las que los propios Estados Unidos tienen el monopolio, prohibiendo el acceso a los “aliados” europeos o de Asia oriental, es decir, a los países sometidos o por la guerra (Alemania, Japón, Italia), o por el poder económico y financiero (Francia, Inglaterra), y sobre todo negado al Sur del mundo.

A partir de la crisis de 2008, el ciclo estratégico pasó a primer plano hasta desplazar al “mercado”, las reglas económicas, el derecho internacional, las relaciones diplomáticas entre Estados, etc., a pesar de tener como objetivo relanzar la economía estadounidense en graves dificultades e impedir su implosión.

La nueva acumulación primitiva y el ciclo estratégico se desarrollan ante nuestros ojos. El “estado de excepción” fue desencadenado por Trump y se desarrolla de manera muy diferente a la definición canónica dada por Carl Schmitt o retomada por Giorgio Agamben: en lugar de afectar al derecho público y a la constitución formal del Estado-nación, afecta en primer lugar a las reglas de la constitución material del mercado mundial y a las normas del derecho internacional propias del orden mundial.

Con el estado de excepción global, el espacio en el que se dibuja el Nomos de la tierra, con sus líneas de amistad y hostilidad, es el de la guerra civil mundial.

En lugar de centrarse en el derecho, el estado de excepción global integra profundamente la economía, la política, el ejército y el derecho.

La guerra civil mundial se refleja en la guerra civil interna de los Estados Unidos, intensificando el racismo y el sexismo, la militarización del territorio, la deportación de migrantes, atacando universidades, museos, demonizando palabras, conceptos, etc.: la población de los Estados Unidos está profundamente dividida: y no (solo) entre el 1 % y el 99 %, como se dice desde el movimiento Occupy Wall Street en adelante, sino entre el 20 % que garantiza la mayor parte del consumo del enorme mercado interno (que representa las tres cuartas partes del PIB estadounidense) y el 80 % cuya capacidad de consumo se estanca o retrocede. Las políticas fiscales se aplican para garantizar la propiedad y el hiperconsumo de la parte más rica.

Trump politiza lo que el llamado neoliberalismo intentaba obstinadamente despolitizar, sin conseguirlo. Una vez suspendidas todas las reglas, el uso de la fuerza extraeconómica se convierte en la condición previa para la producción económica, la constitución del derecho y la creación de cualquier institución.

Primero se imponen las relaciones de poder por la fuerza. Luego, una vez establecida la división entre quienes mandan y quienes obedecen (y la situación se ha estabilizado porque los vencidos la han aceptado), se pueden reconstruir las normas económicas y jurídicas, los automatismos de la economía, las instituciones nacionales e internacionales, expresión de un nuevo “orden”.

El funcionamiento del ciclo estratégico durante el “estado de excepción global” está garantizado por decisiones políticas arbitrarias y unilaterales de la administración estadounidense, que pretenden imponer una serie de “apoderamientos” (apropiaciones, expropiaciones, saqueos) de la riqueza ajena, extorsionados directamente, sin la mediación ni de la explotación industrial, ni de la depredación operada por la deuda o la financiarización.

¿Cuál es el significado de esta larga (y aquí parcial[1]) lista de decisiones políticas tomadas a partir del poder coercitivo del Estado imperial?

El cambio en las relaciones “económicas” no es inmanente a la producción, no es el resultado de las “leyes” de las finanzas, la industria y el comercio establecidas por la teoría económica.

Los “automatismos” de la economía, impuestos políticamente entre los años 70 y 80 por los Estados Unidos, no pueden sino reproducir los fines para los que fueron instituidos políticamente (financiarización, dólar como única moneda de cambio y de reserva, economía de la deuda, deslocalización industrial, etc.) y, por lo tanto, reproducir la crisis.

Estos dispositivos no tienen la capacidad de innovar, de distribuir el poder de otra manera, de producir nuevas relaciones entre Estados y entre clases, condiciones para una ‘nueva’ producción. La configuración de poderes que se busca requiere una ruptura. No se deduce de la situación que condujo a la crisis, sino que requiere un salto fuera de ella.

Para comprender lo “político” que siempre ha gestionado estas fases de acumulación primitiva, no hay que crear una contraposición con lo “económico” ni reducirlo al conjunto de la clase y las instituciones políticas.

Se entiende mejor si se piensa en ello como la coordinación de diferentes centros de poder (administrativo, financiero, militar, monetario, industrial, mediático) que se dotan de una estrategia.

Los intereses heterogéneos que los caracterizan encuentran una mediación en la necesidad de derrotar a un “enemigo común”: el resto del mundo, pero sobre todo los BRICS, en particular Rusia y China.

La administración Trump asume la función de capitalista colectivo, de líder capaz de negociar una estrategia con los demás poderes (financieros, militares, monetarios, etc.) que siguen actuando según sus propios intereses, pero que deben encontrar una convergencia porque lo que está en juego no es solo la salud de la economía estadounidense, sino la posibilidad del colapso de toda la maquinaria económico-política del capitalismo financiero y de la deuda, ya agotada.

Se movilizan simultáneamente intimidaciones y chantajes económicos, intimidaciones y chantajes de carácter militar, guerras y genocidios.

Estados Unidos presta especial atención a su “patio trasero” (América Latina): amenaza con intervenir militarmente, con el pretexto del narcotráfico, en Colombia, México, Haití y El Salvador, mientras despliega cañoneras contra Venezuela.

Han convocado a los ministros de Defensa de la región en Buenos Aires (19-21 de agosto) para pedir una alineación total contra China e imponer un refuerzo de la presencia del ejército estadounidense en los “estrechos” (Magallanes, Panamá, etc.), cuellos de botella del comercio mundial, “que podrían ser utilizados por el Partido Comunista Chino para proyectar su poder, interrumpir el comercio y desafiar la soberanía de nuestras naciones y la neutralidad de la Antártida”.

En estas condiciones, es incluso difícil hablar de capitalismo, de “modo de producción”, porque nos enfrentamos a la acción de un ‘señor’ que decide de forma arbitraria las cantidades de riqueza que tiene derecho a extraer de la producción de sus ‘siervos’.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, declaró sin el menor pudor que Estados Unidos tratará la riqueza de sus ‘aliados’ como si fuera suya: Japón, Corea, los Emiratos y, sobre todo, Europa se han comprometido a invertir “según los deseos del presidente”. Se trata de un “fondo soberano, gestionado a discreción del presidente, para financiar una nueva industrialización”. El presentador de Fox News, atónito, lo define como un “fondo de apropiación offshore”. Bessent: “Oh, es un fondo soberano estadounidense, pero con el dinero de otros”.

Las relaciones impersonales del mercado vuelven a ser personales, oponiéndose “el amo a sus esclavos”, el colonizador a los colonizados; no es ni el fetichismo de las mercancías, ni los automatismos de la moneda, del mercado, de la deuda, etc., lo que manda y decide, sino la fuerza, expresión de una voluntad política.

Estados Unidos ya no define a un “competidor”, sino que declara a un “enemigo”, identificado con el resto del mundo, incluidos los aliados (ante todo los aliados, porque forman parte de la misma clase dominante y están aterrorizados por la idea del colapso del centro del sistema, que también supondría su caída; para salvar el capitalismo, están dispuestos a despojar a sus propios pueblos, en particular a Europa que, como Japón en los años 80, tendrá que hacerse cargo de pagar la crisis estadounidense, sacrificando su propia economía y las clases populares, exponiéndose al riesgo de una guerra civil).

La ley del valor o de la utilidad marginal, es decir, el conjunto de categorías de la economía clásica o neoclásica, son completamente inútiles: no explican nada de lo que está sucediendo.

En lugar de modelos econométricos muy complicados, basta con una operación matemática aprendida en la escuela primaria para calcular los aranceles que se deben aplicar al resto del mundo. La llamada complejidad de las sociedades contemporáneas cede fácilmente al dualismo político amigo/enemigoLa “destrucción creativa” no es prerrogativa del empresario, sino obra de los responsables políticos, económicos y militares.

Para explicar lo que está sucediendo, ni siquiera El capital de Marx (a menos que se parta de la acumulación primitiva y no del análisis de la mercancía) resulta muy útil.

Pierre Clastres, a partir de una lectura de Nietzsche muy diferente a la de Foucault y centrada en el concepto de voluntad de poder, puede proporcionarnos algunos puntos de reflexión: las relaciones económicas son relaciones de poder que nunca podemos separar de la guerra.

Su descripción del funcionamiento del “poder” cuando se afirma a expensas de las antiguas “sociedades contra el Estado” sigue siendo hoy en día el comentario más adecuado al funcionamiento actual de la maquinaria Estado/Capital de la administración estadounidense.

El orden económico, es decir, la división de la sociedad entre ricos y pobres, explotadores y explotados es el resultado de una división más fundamental de la sociedad: la división entre quienes mandan y quienes obedecen, entre quienes detentan el poder y quienes lo sufren.

Por lo tanto, es esencial comprender cuándo y cómo surge, en una sociedad, la relación de poder, de mando y obediencia.

¿De qué manera quienes detentan el poder se convierten en explotadores, y cómo quienes lo sufren o lo reconocen —poco importa— se convierten en explotados?

El punto de partida, sencillamente, es el tributo. Es fundamental. No olvidemos nunca que el poder solo existe en su ejercicio: un poder que no se ejerce no es poder.

La señal del poder, la señal de que realmente existe, es, para quienes lo reconocen, la obligación de pagar un tributo. La esencia de la relación de poder es la relación de deuda. Cuando la sociedad está dividida entre quienes mandan y quienes obedecen, el primer acto de quienes mandan es decir a los demás: “Nosotros mandamos, y os lo demostramos obligándoos a pagar un tributo”.

Podemos interpretar fácilmente la relación entre mando y obediencia como determinada por la violencia de la acumulación primitiva que no deja de repetirse; y la relación explotador/explotado como ejercicio del poder de mandar integrado en la producción una vez que se ha establecido el “orden” y se ha “normalizado” la situación.

Las dos relaciones son acciones complementarias, ejercidas por la misma máquina Estado-Capital.

La crítica de Clastres a lo “económico”, capaz de determinar en última instancia lo “político”, nos parece pertinente, siempre que se considere la voluntad de poder y la voluntad de acumulación como dos caras de la misma moneda.

El tributo que hay que pagar a la administración estadounidense debería ser el signo de una nueva redistribución del poder, capaz de diseñar un nuevo Nomos de la tierraes decir, una relación de subordinación colonial de los aliados y los BRICS —aunque esta sea una operación más difícil— a los Estados Unidos.

Dentro de cada Estado, el tributo debe ser el signo de la sumisión de las clases dominadas, las únicas que pagarán la crisis del imperio.

La arrogancia de Trump oculta su debilidad: quiere imponer un nuevo orden mundial, mientras que es el ejecutor de la derrota estratégica de la OTAN en Ucrania, de una crisis económica colosal que choca con el Sur global, que no se somete como los europeos.

El nuevo orden no puede establecerse sino a través del imperialismo, caracterizado, desde su nacimiento, por la complementariedad de la economía y la política, de la guerra y la producción. El imperialismo colectivo, definido por Samir Amin en los años 70, en el que el papel central estaba reservado a los Estados Unidosse ha transformado en una verdadera subordinación colonial de los aliados: Europa, Corea, Japón, Canadá, etc.

Europa se encuentra hoy en una situación de subordinación colonial similar a la que Inglaterra impuso a la India en el siglo XIX. Al igual que la India de entonces, debe pagar un tributo al país “ocupante”, construir y financiar ejércitos europeos con material adquirido a los Estados Unidos, para librar guerras contra enemigos definidos por la potencia imperial (la guerra en Ucrania es el laboratorio y la prueba general de este tipo de guerra).

Neoliberalismo o la reversibilidad del fascismo y el capitalismo

La nueva fase del ciclo estratégico, iniciada en 2008 y que conduce a la guerra abierta, trae consigo una gran novedad. La maquinaria Estado-Capital ya no delega en los fascistas el uso de la gran violencia: la organiza por su cuenta, quizás escarmentada por la autonomía que se había tomado el nazismo en la primera mitad del siglo XX. El genocidio arroja una luz inquietante sobre la naturaleza del capitalismo y la democracia, obligándonos a verlos como quizás nunca los habíamos visto antes.

El capitalismo y las democracias organizan juntos un genocidio como si fuera lo más normal y natural del mundo. Un gran número de empresas (logística, armamento, comunicación, control, etc.) han participado en la economía de ocupación de Palestina y ahora organizan, sin ningún escrúpulo, la economía del genocidio.

Al igual que las empresas alemanas en los años 30 y 40, garantizan enormes beneficios mediante la limpieza étnica de los palestinos. El índice principal de la Bolsa de Tel Aviv ha subido un 200 % durante el genocidio, lo que garantiza un flujo continuo de capitales, sobre todo estadounidenses y europeos, hacia Israel.

Con el genocidio, las democracias liberales retoman los hilos de su genealogía, que, una vez suprimida, vuelve con fuerza: la estadounidense tiene sus fundamentos en el genocidio de los indígenas, en el establecimiento de la esclavitud y el racismo, mientras que las democracias europeas hacían lo mismo, pero en colonias lejanas. La cuestión colonial, racial y la esclavitud están en el centro de ambas revoluciones liberales de finales del siglo XVIII.

El racismo estructural que caracteriza al capitalismo —hoy concentrado contra los musulmanes— ha sido aceptado de manera indecente por los israelíes y por todos los medios de comunicación y las clases políticas occidentales. Aquí tampoco hay realmente necesidad de nuevos fascistas, porque son los Estados, sobre todo los europeos, los que lo han alimentado desde los años 80 (mientras que en Estados Unidos es endémico, eje del ejercicio del poder).

El racismo está profundamente arraigado en la democracia y el capitalismo desde la conquista de América, ya que en este sistema reina la desigualdad, y una de las principales formas de legitimarla es precisamente el racismo.

El debate sobre los fascismos contemporáneos va por detrás de la realidad (véase también el libro de Alberto Toscano sobre el tema), ya que ninguno de estos “nuevos fascismos” es capaz de ejercer tal violencia o practicar una destrucción a esta escala. No son como sus predecesores, al frente de una contrarrevolución masiva contra el socialismo, por varias razones. La principal: hoy en día no existe ningún enemigo real que se parezca, ni siquiera remotamente, a los bolcheviques. Los movimientos políticos contemporáneos no representan ningún peligro real, son absolutamente inofensivos.

Los nuevos fascismos son marginales en comparación con los fascismos históricos y, cuando acceden al poder, se alinean inmediatamente con el capital y el Estado, limitándose a intensificar la legislación autoritaria y represiva y actuando en el ámbito simbólico-cultural.

Trump (o Milei) representa la imagen adecuada del “capitalista fascista” porque encarna una parte de la clase capitalista y actúa en consecuencia. La acción de Trump no tiene nada, salvo marginalmente, del folclore fascista histórico cuando actúa a nivel geopolítico, con el objetivo de salvar al capitalismo estadounidense de la implosión, mientras que, por el contrario, impone un devenir fascista a todos los aspectos de la sociedad estadounidenseTrump combina perfectamente el capitalismo y el fascismo.

El capitalismo ya no necesita, como antes, confiar el poder a los fascismos históricos, porque la democracia se ha vaciado desde dentro a partir de los años 70 (al menos desde la época de la Comisión Trilateral). Es una cáscara vacía que puede utilizarse de todas las maneras posibles.

Produce, desde el interior de sus propias instituciones —al igual que el capitalismo desde el interior de las finanzas y el Estado desde el interior de su propia administración y su propio ejército— la guerra, la guerra civil, el genocidio.

Los “nuevos fascismos” o el “posfascismo” son actores secundarios. No pueden intervenir en modo alguno en las decisiones tomadas por los centros de poder financiero, militar, monetario, estatal, etc.; solo deben aceptarlas. El primero de ellos es el “fascismo italiano”.

¿Cómo comprender esta situación sin precedentes? Sus raíces se hunden en la fase anterior de acumulación primitiva que organizó la transición del fordismo al llamado “neoliberalismo”. El ciclo estratégico organizado por la administración Nixon —para hacer pagar, como hoy, la crisis acumulada en los años 60 al resto del mundo— fue incluso más violento que la acción de Trump: decisión unilateral de inconvertibilidad del dólar en oro, aranceles del 10 % para todos, capitales japoneses puestos a disposición de EE. UU., el «acuerdo» del Plaza que saqueó a Japón, la China de la época, sacrificando su economía para salvar el capitalismo estadounidense; la decisión política de construir un “superimperialismo” del dólar; el restablecimiento político de las relaciones con China, que será decisivo para la globalización contrarrevolucionaria, etc.

Uno de los episodios más dramáticos de este ciclo estratégico fueron las guerras civiles desatadas en toda América Latina que, al mismo tiempo, decretaron el fin de la revolución mundial e iniciaron los primeros experimentos denominados neoliberales. A este respecto, es interesante retomar el análisis del premio Nobel de Economía Paul Samuelson sobre el neoliberalismo naciente, siempre marginado.

Se ha convertido el análisis de El nacimiento de la biopolítica de Foucault en  una formidable anticipación del neoliberalismo, mientras que, en el mismo período, la interpretación de Paul Samuelson corta de raíz la ambigua admiración por el mercado, las libertades, la tolerancia hacia las minorías, la crítica de los monopolios y la soberanía, la gubernamentalidad, etc., describiendo en cambio la economía neoliberal como un “fascismo capitalista”, en el sentido de que con el mercado de los neoliberales los dos términos se vuelven reversibles. Esta categoría, eliminada, podría quizás ayudarnos a comprender la genealogía del genocidio democrático-capitalista.

Me refiero, por supuesto, a la solución fascista. Si las leyes del mercado conllevan inestabilidad política, los simpatizantes del fascismo sacarán la siguiente conclusión:

¡Acabad con la democracia e imponed un régimen de mercado a la sociedad civil! Poco importa si para ello hay que acabar con los sindicatos o encarcelar a los intelectuales incómodos, o incluso obligarlos al exilio[2].

A partir de los años setenta, el “mercado” destruyó progresivamente la democracia de la posguerra, la única que se parecía vagamente a su propio concepto, ya que había nacido de las guerras civiles mundiales contra el nazismo.

Una vez agotada esta energía política, el capitalismo fascista comenzó a afianzarse. La lógica del “mercado”, en lugar de representar una alternativa a la guerra y a la gran violencia, las contiene, las alimenta y, finalmente, las practica en primera persona, hasta el genocidio.

En la era de los monopolios, el mercado —mediación que se suponía automática— representa, en realidad, el fin de toda mediación, ya que hace emerger la fuerza como actor decisivo: la fuerza de los monopolios, la fuerza de las finanzas, la fuerza del Estado, la fuerza de los ejércitos, etc.

No solo fue necesaria la guerra civil para imponer el “neoliberalismo”, sino que su funcionamiento se basa en la integración de la violencia. El mercado es ya, en este sentido, una economía fascista.

Samuelson subvierte las creencias más arraigadas: la economía de los Chicago Boys, de Hayek, de Friedman, etc., es una forma de fascismo y constituye un paradigma para la economía en general. La experiencia neoliberal es la de una “economía impuesta”, exactamente lo que la administración Trump intenta llevar a cabo: un “capitalismo impuesto” (otra acertada definición de Samuelson) mediante la fuerza.

La undécima edición de 1980 de “Economía” incluye un capítulo dedicado a este detestable problema del fascismo capitalista. Por así decirlo, si Chile y los “Chicago Boys” no hubieran existido, habría sido necesario inventarlos para erigirlos en paradigma. Es interesante recordar lo que decía al respecto, sobre todo porque los conservadores, que soportan mal la evolución de las democracias, son sin embargo incapaces de llevar hasta el final su propio razonamiento. Huyen ante la conclusión a la que llegarían, es decir, el fascismo, y se contentan con proponer un límite constitucional a la imposición. Esta es su versión del capitalismo impuesto.

Hemos aceptado la narrativa liberal, en lugar de preguntarnos por qué su gobernanza desemboca, como en la primera mitad del siglo XX, en la guerra, el fascismo y el genocidio.

No hemos sido capaces de sacar las consecuencias que se derivan de ello, y sin embargo hemos pasado de las “libertades” del llamado neoliberalismo al genocidio democrático-capitalista, sin golpes de Estado, sin “marchas sobre Roma”, sin contrarrevoluciones masivas, como si se tratara de una evolución natural.

Nadie en el establishment, y sobre todo las clases políticas o los medios de comunicación, se ha sentido incómodo. Al contrario: estos últimos se han alineado con impresionante rapidez con un discurso que contradice de arriba abajo la ideología profesada durante décadas sobre los derechos humanos, el derecho internacional, la democracia contra las dictaduras, etc.

Para que todo esto se desarrollara sin el menor problema, era necesario que los horrores físicos y mediáticos del genocidio estuvieran ya inscritos en las estructuras del sistema, que, una vez surgidos, no los consideró una aberración, sino su normalidad.

Todo sucedió como si fuera algo natural. El capitalismo “liberal” se expresó y se realizó de forma natural y completa en el genocidio, sin la mediación de los fascistas, sin que estos se constituyeran en una fuerza política “autónoma”, como en los años veinte del siglo XX.

No vemos lo que tenemos ante nuestros ojos porque hemos interiorizado demasiados filtros “democráticos”, una idea pacificada del capitalismo que nos impide leer correctamente lo que ha sucedido con la construcción del neoliberalismo a partir de América Latina.

Releemos a Samuelson teniendo en cuenta todos los comentarios de los pensadores “críticos” que, incluso después de 2008, siguen hablando de neoliberalismo. Las dictaduras sudamericanas, con miles de asesinados, torturados y exiliados, son solo una variante del fascismo de mercado que prospera en la democracia.

Les dejo descubrir mi descripción del fascismo capitalista: los generales y almirantes toman el poder. Eliminan a sus predecesores de izquierda, exilian a los opositores, encarcelan a los disidentes intelectuales, limitan los sindicatos, controlan la prensa y toda actividad política.

Sin embargo, en esta variante del fascismo de mercado, los líderes militares no intervienen en la economía (…) Los opositores al régimen chileno llamaron a este grupo, con cierta injusticia, los Chicago Boys, para subrayar el hecho de que muchos de ellos habían recibido su formación económica en la Universidad de Chicago o habían sufrido su influencia.

Estos economistas son partidarios de los mercados libres. Entonces, el reloj de la historia da marcha atrás. El mercado es libre, la oferta monetaria está estrictamente controlada. Sin transferencias de asistencia, los trabajadores se ven obligados a trabajar o morir de hambre. Los desempleados mantienen ahora baja la tasa de crecimiento salarial. La inflación puede reducirse drásticamente, si no eliminarse por completo.

En realidad, el mercado “fascista” nunca tuvo una función económica, sino ante todo represiva, luego disciplinaria, de individualización del proletariado y de ruptura de toda acción colectiva y solidaria.

El mercado ha sido una gigantesca construcción ideológica bajo la cual se desarrollaba tranquilamente la depredación operada por el monopolio del “dólar” y las “finanzas”el ejercicio de la violencia por parte de los ejércitos estadounidenses, los verdaderos actores económico-políticos del “neoliberalismo” que nunca han sido regulados ni gobernados por el mercado.

¿Dónde podemos verificar la pertinencia del concepto de Samuelson que implica el aparente oxímoron de “democracia fascista”?

Nos cuesta captar la realidad, porque la gran violencia que une la democracia y el capitalismo borra, con una facilidad desconcertante, los valores de Occidente, custodios de sus constituciones.

El joven Marx nos recuerda que el alma de las constituciones liberales no es la libertad, ni la igualdad, ni la fraternidad, sino la propiedad privada burguesa. Una verdad ineludible, tanto más cuanto que es el “derecho más sagrado del hombre”, como afirmó la Revolución Francesa. En realidad, el único valor verdadero del Occidente capitalista. La propiedad es sin duda el medio más pertinente para definir la situación de los oprimidos.

La acumulación original puesta en marcha en los años 70 por Nixon impuso políticamente una apropiación y una distribución primarias, estableciendo una división de la propiedad inédita con respecto a Marx: su distribución no se produce, en primer lugar, entre capitalistas, propietarios de los medios de producción, y obreros, desprovistos de toda propiedad, sino entre los propietarios de acciones y obligaciones, es decir, entre los titulares de valores financieros y los que no los poseen.

Esta “economía” funciona como los aranceles aduaneros de Trumpun gravamen de la riqueza sobre la sociedad de los “sirvientes”, con la única diferencia de que la depredación pasa por el “automatismo”, mantenido de forma continua y política, de las finanzas y la deuda.

La sociedad está más dividida que nunca: en la parte superior se concentran los propietarios de títulos, en la parte inferior la gran mayoría de la población, que en realidad ya no está compuesta por sujetos políticos, sino por “excluidos”.

Al igual que para los siervos del antiguo régimen, la “función” económica no implica un reconocimiento político.

La integración del movimiento obrero, reconocido como actor político de la economía y la democracia, en los años de la posguerra, se ha transformado en la exclusión de las clases populares de toda instancia de decisión política.

La financiarización ha permitido a las élites practicar la secesión, que reduce las relaciones con los “sirvientes” exclusivamente a la explotación y el dominio.  No solo han sido expropiados económicamente, sino que también se les ha privado de toda identidad política, hasta el punto de adoptar la cultura/identidad del enemigo: individualismo, consumo, ethos de la televisión y la publicidad. Hoy en día, quieren imponer una identidad fascista y belicista.

Los nuevos siervos están fragmentados, dispersos, individualizados, divididos de mil maneras (por género, raza, ingresos, patrimonio, etc.), pero todos participan en diferentes grados en la sociedad de segregación establecida por la maquinaria Estado-Capital, que ya ni siquiera necesita legitimación, tanto le favorecen las relaciones de fuerza. Se decide sobre el genocidio, el rearme, la guerra, las políticas económicas sin tener que rendir cuentas a los subordinados.

El consenso ya no es necesario porque los proletarios son demasiado débiles para pretender contar para algo. Está claro que en esta situación la democracia no tiene ningún sentidoLa condición de los oprimidos se asemeja más a la de los colonizados (colonización generalizada) que a la de los «ciudadanos».

Walter Benjamin nos había advertido:

Sorprenderse de que las cosas que vivimos sean “todavía” posibles en el siglo XX no tiene nada de filosófico. No es el comienzo de ningún conocimiento, salvo el de que la idea de historia que lo ha generado es insostenible.

Lo que no es sostenible es también una cierta idea del capitalismo, cultivada por el economicismo del marxismo occidental. Lenin definía el capitalismo imperialista como reaccionario, a diferencia del capitalismo competitivo, en el que Marx aún veía aspectos “progresistas”.

La financiarización y la economía de la deuda han construido un monstruo que combina capitalismo/democracia/fascismo, lo que no plantea ningún problema a las clases dominantes.

Debemos interrogarnos sobre la naturaleza del ciclo estratégico del enemigo e imponernos un único objetivo: transformarlo en ciclo estratégico de la revolución.

* Notas

[1] – Los aranceles aduaneros varían entre el 15 % y el 50 %. Su reducción estará condicionada a corto plazo a la compra de títulos estadounidenses que tienen dificultades para encontrar compradores en los mercados.

– Los aranceles aduaneros tienen un doble objetivo: económico (Estados Unidos necesita dinero fresco para cubrir su déficit) y/o político (la India comercia libremente con Rusia, etc., y Brasil “apunta” a Bolsonaro).

– Obligación de comprar energía estadounidense cuatro veces más cara que el precio pagado a los rusos: Europa ha prometido comprar 750 000 millones de dólares en energía a Estados Unidos, que no posee esa cantidad.

– Obligación de invertir miles de millones de dólares en la reindustrialización estadounidense (Japón, Europa, Corea del Sur y los Emiratos Árabes Unidos han prometido cifras astronómicas; Europa, 600 000 millones de dólares, considerados un “regalo” por Trump). Inversiones que quedarán a discreción de Estados Unidos.

– Obligación de comprar armas al sistema militar-industrial-académico estadounidense, bajo la amenaza de un aumento de los aranceles aduaneros.

– La Ley Genius autoriza a los bancos a mantener stablecoins como moneda de reserva para hacer frente a las dificultades de inversión de la enorme deuda pública. La condición política de estas stablecoins es que estén indexadas al dólar y se utilicen para la compra de deuda estadounidense.

– El arancel aduanero del 39 % impuesto a Suiza afecta al oro, del que es un importante exportador a Estados Unidos, porque los bancos (especialmente en el sur) prefieren comprar y mantener oro en lugar de dólares.

– Obligación para los fabricantes de chips de hacer trazables sus exportaciones y, si es necesario, poder destruirlas a distancia (ley en fase de aprobación).

– Exportaciones de tecnología basadas en criterios políticos.

– Obligación de abrir los mercados a los productos estadounidenses exentos de cualquier impuesto, en particular, los beneficios de las empresas tecnológicas estadounidenses no deben tributar.

– Libertad para exportar cualquier producto estadounidense, incluso si la legislación europea lo prohíbe.

[2] Samuelson Paul A. L’économie mondiale à la fin du siècle. En: «Revue française d’économie», volumen 1, n.º 1, 1986. pp. 21-49.

Publicado originalmente por  Machina Rivista

Traducción:  Observatorio de trabajadores en lucha

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