Socialism – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su Strategic Culture Foundation provides a platform for exclusive analysis, research and policy comment on Eurasian and global affairs. We are covering political, economic, social and security issues worldwide. Wed, 25 Feb 2026 11:02:27 +0000 en-US hourly 1 https://strategic-culture.su/wp-content/uploads/2023/12/cropped-favicon4-32x32.png Socialism – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su 32 32 El Estado neoliberal https://strategic-culture.su/news/2026/02/25/el-estado-neoliberal/ Wed, 25 Feb 2026 13:30:09 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890794 Contrariamente a toda la propaganda engañosa del neoliberalismo, la privatización es el súmmum de la intervención del Estado.

Únete a nosotros en Telegram Twitter  VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

En el neoliberalismo, el Estado entrega una empresa que sería supuestamente propiedad del pueblo (sin el consentimiento de ese “pueblo”) para que los grandes capitalistas la reformulen, despidan a miles de trabajadores, recorten derechos laborales, desorganicen los sindicatos y fragmenten categorías enteras.

Al contrario del sentido común, el neoliberalismo no presupone el debilitamiento del Estado, sino su fortalecimiento. La transferencia de servicios y propiedades del Estado no se realiza hacia organizaciones democráticas y representativas de la sociedad, para el usufructo de la población, sino hacia los monopolios que controlan el Estado. Tampoco son los pequeños capitalistas quienes se quedan con el filet mignon de las privatizaciones, sino el capital monopolista e imperialista — monopolios entrelazados con los propios Estados imperialistas.

El sujeto activo de la privatización y del cambio de las leyes es el propio Estado; es él quien organiza la expoliación — no de sí mismo, sino de los derechos democráticos de la población. La privatización es una de las maneras en que el Estado ataca los derechos del pueblo — no son los “derechos” del Estado los que son atacados. Se mantiene intacto el gran y esencial “derecho” del Estado: el de aplastar a la sociedad por la clase dominante.

¿Qué son las privatizaciones de servicios y compañías estatales sino la diezmación de los derechos del pueblo en provecho de quienes dirigen el Estado? ¿No se sabe que toda privatización consiste en la corrupción de la burocracia estatal, en el saqueo de la riqueza producida por la sociedad y su reparto entre la burocracia estatal y los capitalistas?

La propiedad estatal eleva el nivel de organización de la economía, haciéndola más racional y productiva y preparándola para atender a los intereses de la sociedad — engendrando la propia disolución de la forma burguesa de Estado y, finalmente, del propio Estado. La propia planificación estatal exige la organización de la clase obrera para la producción.

En el neoliberalismo, el Estado entrega una empresa que sería supuestamente propiedad del pueblo (sin el consentimiento de ese “pueblo”) para que los grandes capitalistas la reformulen, despidan a miles de trabajadores, recorten derechos laborales, desorganicen los sindicatos y fragmenten categorías enteras. El Estado entrega los servicios públicos para debilitar a la sociedad, para profundizar su dominación sobre el pueblo, para desorganizar a los trabajadores, que, sin salud (a disposición del pueblo para su libre utilización, no impuesta al pueblo como algo “neutral”), educación (ídem, pues un Estado democrático no es médico ni educador del pueblo) o esparcimiento — que son derechos arrancados al Estado, en general contra la voluntad del Estado — se hunden aún más en la esclavitud asalariada, en la dependencia de los patrones, ven aún más dificultada su libertad de organización independiente, se empobrecen y se fragilizan como clase. La razón de ser del Estado, la de ser el guardián de la desigualdad, se realiza plenamente.

Contrariamente a toda la propaganda engañosa del neoliberalismo, la privatización es el súmmum de la intervención del Estado. Porque, para garantizar las privatizaciones, para asegurar tamaño atentado contra el pueblo, la transferencia de la riqueza de la nación directamente a la burguesía imperialista, es necesario utilizar el aparato represivo del Estado para contener la oposición a tal pillaje.

Al mismo tiempo que el Estado se debilita en apariencia (entrega de servicios y empresas públicas directamente a los capitalistas), fortalece su columna vertebral: su aparato policial y judicial. Fortalece también el poder ejecutivo, con la centralización de los poderes en el presidente de la República o en el primer ministro para organizar mejor el saqueo: fue así con Pinochet y con Thatcher, fue así con Fernando Henrique Cardoso en Brasil (que inventó la reelección para garantizar la continuación de las privatizaciones), fue así con el imperialismo estadounidense bajo Reagan y Bush, que elevaron el poder del Estado imperialista a un nuevo nivel.

Los gobiernos del PT brasileño no revirtieron esta lógica, porque, aunque asuman la tarea de ejecutar reformas sociales, no tienen condiciones de atacar decididamente el neoliberalismo. El PT llegó al gobierno por primera vez para apagar un incendio que podía propagarse peligrosamente, dado el nivel de desgracias sociales causadas por los gobiernos de la nueva era “democrática” y la situación explosiva en América Latina. El PT llegó al gobierno para administrar para la burguesía y solo el PT tenía la posibilidad de contener a los trabajadores en la situación de crisis del régimen en el cambio de siglo, tal como ocurrió con la socialdemocracia europea décadas antes.

La elección de Lula en 2002 elevó a la aristocracia obrera brasileña al gobierno, sobornada con cargos en el Estado y en las instituciones del imperialismo para neutralizar toda la presión de su base social sobre el Estado brasileño. Las concesiones permitidas por la burguesía tenían como objetivo la domesticación de las clases populares, no la participación popular en las decisiones del gobierno. En la era del imperialismo — y, sobre todo, al inicio de una crisis histórica del imperialismo, la de 2008 — sería un error creer, como aún hoy cree la mayoría de la izquierda nacional, que un gobierno en estas condiciones consiga fortalecer la soberanía popular, cuando la realidad muestra que ella es atacada y necesita ser atacada para ampliar la dominación de las grandes potencias y de los monopolios internacionales sobre el mundo.

Con el ascenso del PT al gobierno — y hasta hoy — la burocracia del movimiento obrero y popular y la pequeña burguesía (representadas minoritariamente por PCdoB y PSOL) cayeron en un sueño profundo, colmado de los más dulces e ingenuos sueños de reforma social. El Estado ahora serviría para liberar al pueblo, ya no para oprimirlo. Sería una manifestación pura de la voluntad del pueblo y estaría por encima de la lucha de clases. Estas concepciones, que continúan propagándose como síntoma de la quiebra de las direcciones, convierten a esta capa aburguesada de las masas empobrecidas en “el principal apoyo social (no militar) de la burguesía”, como dijo Lenin sobre la socialdemocracia.

]]>
O PT, a esquerda e o armamento da população https://strategic-culture.su/news/2026/02/22/o-pt-a-esquerda-e-o-armamento-da-populacao/ Sun, 22 Feb 2026 15:02:44 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890736 A volta do PT ao governo, após o golpe de 2016, tem aprofundado essa adaptação ao regime – adaptação a um regime cada vez mais antidemocrático.

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

A classe média liberal foi a principal base de apoio da burguesia desde o primeiro dia em que o PT esteve no governo. Todos se lembram da Carta aos Brasileiros, que sacramentou a eleição de Lula em 2002. Mas poucos se recordam de um dos mais importantes desdobramentos daquele pacto, o conluio com a Rede Globo e as ONGs imperialistas para passar por cima da vontade popular expressa em plebiscito e desarmar totalmente o povo. Já se revelava a necessidade do imperialismo de fortalecer o Estado subordinado a ele e enfraquecer a organização independente das massas oprimidas em pleno governo progressista.

Apesar de toda a opressão exercida durante séculos contra o povo brasileiro, foi a passagem do domínio para o capital imperialista, parte diretamente e parte através da burguesia nacional subordinada a ele, e institucionalizada quase à perfeição pela constituição de 1988 e o neoliberalismo, que garantiu de maneira mais estável uma política contrarrevolucionária e de esmagamento do povo. O papel progressista dos bandeirantes, das ferrovias e da Revolução de 1930 de unificar o território nacional e organizar a economia teve a sua contrapartida reacionária na imposição das instituições estatais que organizam o país para a dominação imperialista sobre o povo – e cujo desenvolvimento e fortalecimento se aceleraram sobretudo a partir do final do século passado. Tal constatação é admitida pelos próprios intelectuais da burguesia: em declarações a uma reportagem da imprensa do Senado, o historiador Adilson José de Almeida, autor de trabalhos sobre a relação do Estado com a sociedade na história do Brasil, reconheceu que foi apenas na chamada “Nova República” que o Estado conseguiu implementar uma política sistemática de desarmamento do povo. Eis a confissão do historiador:

“O Estado não tinha recursos financeiros nem humanos para montar forças que dessem conta da segurança externa e interna do Brasil. Por isso, contava com a população civil, que estava obrigada a pegar em armas quando era convocada. (…) Os brasileiros aprendiam a atirar desde pequenos. Embora tentasse, o Estado nem sempre tinha controle sobre essa sociedade armada. Como estavam sempre à mão, as armas que deveriam servir ao Estado eram também usadas para resolver brigas particulares e disputas políticas locais. Por vezes, acabavam se voltando contra o próprio Estado.”

Daí que, ao mesmo tempo em que hoje se estabelece um domínio total do Estado sobre a sociedade, distorce-se e ataca-se a história nacional, precisamente para que a burguesia apresente o período de reação pós-1988 como a maior (ou mesmo a única) conquista que o povo brasileiro já conheceu. Antes, embora fosse fraco, o Estado podia tolerar o povo armado, pois esse povo estava desorganizado e isolado em poucas localidades espalhadas pelo país. A partir do momento em que o território nacional foi unificado, o povo começou a se conhecer e a classe operária ganhou personalidade própria, tornou-se intolerável para a burguesia a convivência com as massas armadas. Como ela mesma reconhece, passou a ser inevitável que o povo se voltasse contra o Estado. Esse temor é compartilhado integralmente pelos pretensos marxistas e socialistas, embebidos da fé supersticiosa no Estado.

Veja-se bem. Não é que o PT deixou de realizar uma medida democrática básica, deixou de armar o povo, que deixou de aplicar o bê-a-bá de uma democracia. Nesse ponto, ele fez mais pela classe dominante do que os próprios representantes tradicionais da classe dominante: ele desarmou completamente o povo. Até hoje ouvimos desses mesmos setores afogados por inteiro nos preconceitos pequeno-burgueses que os trabalhadores e o povo em geral não têm recursos para comprar armas, não saberão manuseá-las, voltar-se-ão contra os seus irmãos, só os ricos conseguirão comprar armas e uma série de tolices do gênero.

Em um artigo sobre o programa militar da revolução proletária, escrito para os social-democratas europeus em 1916 (portanto antes do estabelecimento do Estado operário na Rússia e antes de existir uma situação revolucionária), Lênin identificava a origem desse posicionamento covarde: “o desarmamento como ideia social, isto é, como ideia gerada por determinado ambiente social e que pode atuar sobre determinado ambiente social e não permanece como simples capricho pessoal, foi gerado, evidentemente, pelas condições de vida especiais, excepcionalmente ‘tranquilas’, de alguns pequenos Estados, que durante um período de tempo bastante longo se mantiveram à margem do sangrento caminho mundial das guerras e têm esperanças de continuar à margem.”

No caso do Brasil, o ambiente social é a era neoliberal, de desorganização do proletariado, plena integração da burocracia sindical ao regime burguês e preenchimento do vácuo criado por essa orfandade dos trabalhadores pelo aparecimento de intelectuais e acadêmicos da pequena burguesia como “teóricos” do movimento operário, orientando os trabalhadores a se enquadrar no pensamento oriundo do conforto da vida do pequeno-burguês. O trabalhador que mora na favela e apanha da polícia está longe dessa realidade artificial. “Uma classe oprimida que não aspire a aprender a manejar as armas, a possuir armas”, opinou Lênin, no mesmo texto, “tal classe oprimida mereceria apenas ser tratada como são tratados os escravos”. A burguesia já está armada até os dentes. E se arma cada dia mais, com um destacamento de homens cada vez mais profissional, a polícia, treinados para arrebentar os miolos do povo trabalhador. Não se armar para se defender disso, não se armar para a revolução, que só pode ser armada, é trair os trabalhadores e jogá-los aos leões.

As palavras do historiador burguês citadas anteriormente mostram que, não importa o momento, a classe dominante teme um povo que esteja armado, porque o poder se resume, em última instância, à força – isto é, à força das armas – e não é possível manter uma casta separada e acima do povo, que oprime esse povo, sem o monopólio das armas. Por isso Lênin já dizia, recordando os revolucionários franceses, que um fuzil ao ombro de cada operário é a única garantia de democracia.

Não se trata de uma medida socialista ou mesmo radical por si só. Quando os dirigentes do Partido Operário Social-Democrata Alemão elaboravam o Programa de Gotha e exigiam, entre outras coisas, a formação de uma milícia popular, Marx debochava: “suas reivindicações políticas não vão além da velha e surrada ladainha democrática (…) São um simples eco do Partido Popular burguês”. Ele criticava asperamente aquele programa rebaixado, que se limitava a exigir o que já era realidade em países como Estados Unidos e Suíça, a “exigir coisas que só têm sentido numa República democrática”. Em plena ditadura militar, é claro que seria ridículo exigir o armamento do povo por meios legais; mas se a República democrática foi conquistada no Brasil, qual a razão de não se exigir esse direito fundamental a não ser o abandono dos princípios democráticos? O Programa de Gotha e a crítica de Marx datam de 1875, em um período de refluxo do movimento operário após a derrota da Comuna e de relativa calmaria dos conflitos sociais sob o bonapartismo bismarckiano – disso se esquecem os que advogam que os trabalhadores só devem ser armados em uma situação revolucionária, mas que fogem e fugirão diante dessa situação revolucionária.

Os governos do PT, desde o primeiro momento, nunca foram governos verdadeiramente democráticos, mas sim governos que só pretendem aplicar reformas democráticas secundárias e extremamente limitadas. Não poderia ser diferente, pois o PT é um partido cujo aparelho é dominado pela pequena burguesia e totalmente integrado ao regime burguês, que chegou ao governo e governa em um período de refluxo do movimento operário, cuja mobilização revolucionária seria a única capaz de abalar e demolir os pilares do regime. A apatia no seio do proletariado em consequência da reação neoliberal permite o controle dos sindicatos por uma burocracia de estilo de vida e pensamentos pequeno-burgueses, proveniente do correspondente brasileiro à aristocracia operária europeia.

Ao invés de minar, ainda que timidamente, o controle da burocracia estatal sobre o povo, de realizar as aspirações da sua base operária e sem terra, a fragilidade do PT diante da burguesia o fez manter e aprofundar o controle do Estado burguês sobre o povo e, além de desarmar os oprimidos, ignorou a reforma agrária, enfraqueceu os sindicatos, favoreceu a desigualdade social (Lula o reconheceu inúmeras vezes ao declarar que os bancos nunca lucraram tanto como em seus governos), reforçou o judiciário e a polícia e foi à reboque da burguesia contra os representantes eleitos pelo povo (como no caso da Lei da Ficha Limpa).

O PT começou por acoplar a aristocracia operária como um apêndice da burocracia estatal quando a burguesia lhe permitiu, mas as alianças com o centrão para “garantir a governabilidade” cada vez mais ameaçada pelas pressões do imperialismo o levaram a devolver com juros todo o poder à burocracia tradicional do Estado, aos elementos da burguesia. Assim como a social democracia europeia, ajudou a cavar a própria cova. Porque, diante da mudança de cenário com a crise de 2008, quando o imperialismo precisou elevar o nível do saque contra as nações pobres, o PT tornou-se um empecilho às necessidades dos monopólios. Parafraseando Rosa Luxemburgo sobre a social democracia alemã na revolução de 1918, os governos do PT mantiveram o Estado nas mãos dos que ontem apoiavam a ditadura militar e nas mãos dos que amanhã serão instrumentos da contrarrevolução.

A volta do PT ao governo, após o golpe de 2016, tem aprofundado essa adaptação ao regime – adaptação a um regime cada vez mais antidemocrático, e do qual o PT tem se esforçado para ser seu principal representante. Mesmo que tenha algum sucesso (e ele trabalha intensamente para isso), dificilmente o PT obterá 100% da confiança do imperialismo. Na verdade, não passa de um partido descartável. Também será descartável para os trabalhadores.

]]>
A esquerda, o bolsonarismo e a liberdade de expressão https://strategic-culture.su/news/2026/01/21/a-esquerda-o-bolsonarismo-e-a-liberdade-de-expressao/ Wed, 21 Jan 2026 14:00:39 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890155 Quem realmente é prejudicado com o exercício da liberdade de expressão é a burguesia, que impõe seus pensamentos à sociedade.

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

Em um artigo recente, eu afirmei que o 8 de janeiro foi uma farsa montada com perfeição pela burguesia para controlar o governo Lula, eleito pelos operários em um movimento que acendeu o alerta para o imperialismo. “O terceiro governo Lula não poderia sair das rédeas, e Lula e o PT caíram como patinhos na armadilha. A burguesia matou dois coelhos com uma cajadada só: também foi o pretexto ideal para rifar Bolsonaro da jogada, abrindo assim o caminho para um governo próprio, sem Bolsonaro e sem Lula. Acima de tudo, o combate ao golpismo bolsonarista, tal como o combate à corrupção petista, é um meio pelo qual a burguesia imperialista vai fechando o regime político, retirando direitos democráticos em nome da democracia assim como, em 1848, socavava a república em nome da república. Os manifestantes do 8 de janeiro foram o bode expiatório sacrificado no altar da democracia.”

Quando um presidente resolver estabelecer uma ditadura e botar os militares nas ruas, os banqueiros que mandam no STF estarão estourando champanhe. As leis criadas a pretexto do combate ao autoritarismo serão usadas pela ditadura contra seus opositores – e quem irá aplicá-las será esse mesmo judiciário, cuja função é preservar a ordem, não importa se ela é democrática ou autocrática.

Sobretudo a partir do 8 de janeiro, as ilegalidades que foram cometidas e resultaram na eleição de Bolsonaro se estenderam e ampliaram para perseguir o próprio Bolsonaro, sob a orientação do imperialismo americano.

A letra da lei torna-se objeto do arbítrio do juiz, prostituída por ele, substituída por precedentes e por suposições, a ponto de se oficializar um malabarismo exótico ao extremo como juntar acontecimentos ao longo de anos, sem o envolvimento direto em todos eles, e considerar, sem provas concretas e apenas com base em pressupostos, que essas práticas absolutamente normais e legais da vida política fazem parte de uma “trama golpista” para “abolir a democracia”.

“Desacreditar” as urnas eletrônicas, isto é, desconfiar ou mesmo acusar o sistema eleitoral, seria um “atentado contra a democracia”. Encabeçar manifestações de rua e nelas expressar suas opiniões, conversar com partidários, manifestar seu pensamento em redes sociais seria uma conspiração criminosa contra as instituições. A mesma burocracia, o mesmo cartel propagandístico e o mesmo tipo de “provas” viabilizaram o golpe de 2016 (ali sim um golpe, apagado da memória de todos) e a introdução oficial no país de um Estado policial a caminho do fascismo – do qual Bolsonaro e os bolsonaristas mais radicais são apenas marionetes descartáveis.

A esquerda, repetindo como papagaio a propaganda imperialista, diz que a liberdade de expressão não pode ser ilimitada porque prejudica a sociedade. Alguns “marxistas” usam o nome de Marx e de seus discípulos mais notórios para mostrar que o marxismo é contrário à liberdade de expressão ilimitada e que, portanto, é favorável à censura – tudo isso para prestar o apoio desses miseráveis à censura do Estado burguês. Mas, como sempre, Marx sabe pregar uma peça nesses “marxistas”. Ironizando as manobras da reação e de seus cúmplices nas revoluções francesas de 1848 para restringir as liberdades democráticas, disparou, no 18 de Brumário:

“Com efeito, cada uma dessas liberdades é proclamada como direito absoluto do cidadão francês, mas sempre acompanhada da restrição à margem, no sentido de que é ilimitada desde que não esteja limitada pelos “direitos iguais dos outros e pela segurança pública” ou por “leis” destinadas a restabelecer precisamente essa harmonia das liberdades individuais entre si e com a segurança pública. (…) Onde são vedadas inteiramente essas liberdades “aos outros” ou permitido o seu gozo sob condições que não passam de armadilhas policiais, isto é feito sempre, apenas no interesse da “segurança pública”, isto é, da segurança da burguesia, como prescreve a Constituição. Como resultado, ambos os lados invocam devidamente, e com pleno direito, a Constituição: os amigos da ordem, que ab-rogam todas essas liberdades, e os democratas, que as reivindicam. Pois cada parágrafo da Constituição encerra sua própria antítese, sua própria Câmara Alta e Câmara Baixa, isto é, a liberdade na frase geral, a ab-rogação da liberdade na nota à margem. Assim, desde que o nome da liberdade seja respeitado e impedida apenas a sua realização efetiva – de acordo com a lei, naturalmente – a existência constitucional da liberdade permanece intacta, inviolada, por mais mortais que sejam os golpes assestados contra sua existência na vida real.” (Negritos seus)

O movimento socialista nunca reivindicou direitos exclusivos para os oprimidos dentro do regime capitalista. Porque, ao contrário da cabeça confusa dos marxistas de jardim de infância atuais, sabe muito bem distinguir um regime de outro. No regime capitalista, luta-se pela ampliação máxima das liberdades democráticas, o que significa, naturalmente, sendo um regime capitalista, liberdades sob o domínio da burguesia, e não do proletariado. É ridículo exigir da burguesia que ela dê liberdades exclusivas para os trabalhadores (seus inimigos mortais), ou para os pobres em geral, sem dá-las aos outros. É ridículo exigir que ela dê liberdades aos partidos de esquerda, mas cerceie as dos partidos de direita.

Os marxistas não se colocam apenas como vanguarda do proletariado, mas, como tal, buscam guiar e defender da opressão do Estado todos os outros setores da população. Por isso Trótski afirmou que “a classe operária nos países capitalistas, ameaçada pela sua própria escravidão, deve se posicionar em defesa da liberdade para todas as tendências políticas, incluindo seus próprios inimigos irreconciliáveis” (os nazistas). E que “os trabalhadores devem aprender a distinguir seus amigos de seus inimigos de acordo com seu próprio julgamento e não de acordo com as dicas da polícia”. Nem um único marxista, nem mesmo algum reformista, nenhuma espécie de socialista jamais propôs uma lei que estipulasse direitos e liberdades apenas para a esquerda, e não para a direita.

Quem realmente é prejudicado com o exercício da liberdade de expressão é a burguesia, que impõe seus pensamentos à sociedade, pensamentos que não podem ter concorrentes, não podem ser contestados, caso contrário seu domínio estará prejudicado. A burguesia não pode perder o controle da situação, e esse controle é ameaçado em época de crise social e polarização política. Nossos socialistas abandonaram a concepção de luta de classes entre o proletariado e a burguesia. Agora a luta é de toda a humanidade, independentemente de classe social, uma luta entre democracia e autoritarismo. A burguesia estaria do lado da democracia. Ou, o que é ainda mais confuso: a burguesia estaria contra a democracia, mas seu Estado seria o protetor da democracia contra a burguesia.

]]>
Adelante, Venezuela, perimetro del nascente mondo multipolare https://strategic-culture.su/news/2026/01/08/adelante-venezuela-perimetro-del-nascente-mondo-multipolare/ Wed, 07 Jan 2026 21:30:41 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889904 Il socialismo della Rivoluzione Bolivariana ha rappresentato uno dei tentativi più significativi del XXI secolo di ripensare il rapporto tra Stato, popolo e risorse in America Latina.

Segue nostro Telegram.

Perché il Venezuela non piace alle potenze del vecchio mondo

Nella lista degli acerrimi nemici del vecchio mondo, l’Occidente collettivo, il Venezuela occupa un posto privilegiato da sempre. Come mai? La risposta è semplice: il Venezuela rappresenta un argine di resistenza all’imperialismo occidentale, dell’Europa come degli Stati Uniti, rappresenta un concreto argine ai nazionalismi di tutte le tipologie (neofascismo e neonazismo, ma non solo), rappresenta un esperimento di socialismo pratico. Niente di tutto ciò può andare a genio a chi, invece, pianifica a tavolino le forme del potere politico manovrate dalla piovra egemonica.

Il socialismo della Rivoluzione Bolivariana ha rappresentato uno dei tentativi più significativi, nel XXI secolo, di ripensare il rapporto tra Stato, popolo e risorse in America Latina. Nato dall’esperienza storica di esclusione sociale, dipendenza economica e concentrazione oligarchica della ricchezza, il progetto bolivariano ha cercato di restituire centralità alle masse popolari venezuelane, ponendo al centro della politica la giustizia sociale, la sovranità nazionale e l’inclusione.

Con l’ascesa di Hugo Chávez alla presidenza nel 1999, il Venezuela ha avviato una profonda trasformazione del proprio modello di sviluppo. Chávez interpretò il socialismo non come un dogma ideologico astratto, ma come uno strumento pragmatico per rispondere ai bisogni concreti della popolazione. Attraverso la nazionalizzazione delle risorse strategiche, in particolare del petrolio, e la redistribuzione della rendita energetica, furono finanziate le cosiddette “missioni sociali”: programmi mirati all’alfabetizzazione, alla sanità gratuita, all’accesso all’abitazione e all’istruzione superiore. Milioni di venezuelani, storicamente esclusi dai servizi essenziali, videro migliorare in modo tangibile le proprie condizioni di vita.

Il socialismo bolivariano si configurò anche come una forma di antifascismo autentico, inteso non solo come opposizione a regimi autoritari di estrema destra, ma come lotta strutturale contro le disuguaglianze, il razzismo sociale e l’imperialismo economico. Chávez rivendicò un modello multipolare e solidale, fondato sull’autodeterminazione dei popoli e sulla cooperazione tra Stati del Sud globale, rompendo con decenni di subordinazione agli interessi esterni.

Dopo la morte di Chávez, Nicolás Maduro ha raccolto un’eredità complessa in un contesto profondamente mutato, segnato da crisi economiche, sanzioni internazionali e forte polarizzazione politica. Pur tra difficoltà evidenti, Maduro ha proseguito la linea di un socialismo pragmatico, cercando di preservare le conquiste sociali fondamentali e di adattare il progetto bolivariano alle nuove condizioni. Politiche di sostegno alimentare, difesa dei salari e mantenimento dei servizi pubblici hanno continuato a rappresentare pilastri dell’azione governativa.

La Rivoluzione Bolivariana ha incarnato una visione della politica come strumento di emancipazione collettiva. Al di là delle contraddizioni e delle sfide, essa ha mostrato come il socialismo, declinato in forma concreta e radicato nella realtà nazionale, possa diventare una pratica di giustizia sociale, dignità popolare e resistenza antifascista nel mondo contemporaneo. E tutto questo, lo ripetiamo, non piace all’Occidente collettivo.

Chi approfitta della caduta di Maduro?

Basta infatti guardare chi ha esultato per quanto avvenuto il 3 gennaio 2026. Il presidente Maduro è stato arrestato… no, non è il termine corretto: nel diritto, una persona può dirsi “arrestata” solo quando ricorrono precise condizioni giuridiche. L’arresto ha alcuni presupposti, fra cui la flagranza di reato (colta all’atto, immediatamente dopo o a seguito di indagini che hanno prodotto prove certe), ed è disposto da un giudice, il quale deve avere giurisdizione. Ecco, la domanda che sorge nel caso del presidente Maduro, è con quale giurisdizione i cani da guardia americani abbiano osato violare la sovranità del Venezuela, entrare, catturarne il presidente, deportarlo negli USA e sottoporlo alla legge americana. Conosciamo già questo modus operandi americano.

Ora, tornando all’argomento principale, a gioire della caduta di Maduro sono stati, guarda caso, proprio i figliocci dell’Occidente collettivo.

Israele è stato il primo a gioire, addirittura congratulandosi con Donald Trump e auspicando di poter intervenire nelle politiche finanziarie e commerciali del Paese, proprio dopo che il presidente americano ha dichiarato che da ora in poi gli USA saranno “molto presenti” nella politica economica venezuelana. Un avvertimenti, anzi due, va veri gangster. Adesso “la più grande democrazia del Medio Oriente” potrà celebrare un’altra vittoria, garantendosi ricchezze, influenze e potere anche dall’altra parte dell’ Oceano Atlantico… e chissà che non rivendichino anche il Venezuela come “terra promessa da Dio” per il loro grande, anzi gigantesco Israele!

Perché hanno voluto la sua caduta? I motivi sono forse pochi, ma molto chiari.

Maduro ha mantenuto la rottura delle relazioni diplomatiche con Israele, originariamente interrotte nel 2009 sotto Hugo Chávez, per tutta la sua presidenza dal 2013, descrivendo Israele come un “regime coloniale”. Ha inoltre stabilito e rafforzato i legami diplomatici con l’Autorità Nazionale Palestinese, incluso il riconoscimento formale e il sostegno allo Stato palestinese. Ha condannato pubblicamente le azioni militari di Israele a Gaza definendole “genocidio” contro il popolo palestinese, in particolare nelle dichiarazioni rilasciate nel maggio 2025 nel contesto del genocidio israeliano in corso a Gaza. Ha persino denunciato il Primo Ministro israeliano Benjamin Netanyahu definendolo “l’Hitler del XXI secolo” nel giugno 2025, in risposta agli attacchi israeliani contro l’Iran. Ha condannato gli attacchi israeliani contro l’Iran come “criminali” e “immorali” nel giugno 2025, chiedendo la fine immediata dell’aggressione. Ha lanciato un appello diretto al popolo israeliano nel giugno 2025 per “fermare la follia di Netanyahu”, definendo le politiche israeliane aggressive e sollecitando l’opposizione interna. Il Venezuela, giustappunto, è un Paese che non ha banche a direzione sionista.

Maduro ha sostenuto le risoluzioni anti-israeliane alle Nazioni Unite, incluso il voto a favore di misure che condannano l’occupazione e le azioni israeliane in Palestina, come la risoluzione dell’Assemblea Generale del dicembre 2025 che accoglie con favore il parere consultivo della Corte Internazionale di Giustizia sulla questione. Ha allineato il Venezuela ad alleanze anti-israeliane, inclusi gli stretti legami con l’Iran, che sono stati “fonte di preoccupazione per organizzazioni ebraiche internazionali. Ha accusato il “sionismo internazionale” di aver orchestrato proteste e disordini in seguito alle controverse elezioni presidenziali del 2024 in Venezuela, accusando l’influenza ebraica di manipolare i media, i social network e tecnologia satellitare per indebolire il suo regime.

Con queste posizioni, Maduro, è chiaro, non poteva restare lì ancora a lungo.

Cosa si cela dietro le dichiarazioni delle prime ore?

Tra le varie affermazioni, Trump ne ha fatta un’altra di forte impatto: secondo quanto riferito, la vicepresidente Delcy Rodríguez avrebbe già avuto contatti con il segretario di Stato Marco Rubio, manifestando una certa apertura alla collaborazione.

Il punto cruciale, tuttavia, non riguarda tanto la veridicità di questa informazione. In una fase in cui un presidente risulta di fatto neutralizzato, la catena del potere è messa in discussione e i media locali restano disorientati, lanciare simili ipotesi equivale a far detonare un ordigno politico.

Da un lato, ciò potrebbe indebolire la posizione di Delcy Rodríguez agli occhi dell’opinione pubblica venezuelana: ufficialmente critica verso gli Stati Uniti, ma pronta a negoziare dietro le quinte. I suoi stessi alleati possono sfruttare questa narrazione per estrometterla dalla scena politica, qualora lo ritenessero opportuno.

Dall’altro lato, le parole di Trump sembrano configurarsi come un messaggio implicito su quale direzione dovrebbe prendere la vicepresidente: adeguarsi alle indicazioni provenienti da Washington, evitando di fare la fine di Maduro e, forse, riuscendo persino a conservare un ruolo centrale nella leadership del Paese. Questa lettura è rafforzata anche dalle dichiarazioni su Maria Corina Machado.

In questo modo, con simili prese di posizione, Washington potrebbe colpire più obiettivi contemporaneamente: alimentare divisioni tra i possibili eredi di Maduro e, allo stesso tempo, spingere alcuni attori verso il tavolo delle trattative, scoraggiandoli dall’attuare strategie volte a provocare instabilità permanente e conflitto diffuso.

Gioca una ruolo centrale Marco Rubio, che si è subito esposto, o è stato volutamente esposto, come uno dei principali fautori di quanto accaduto. Le sue rinomate ambizioni

Qualora gli Stati Uniti riuscissero nel loro intento, avrebbero poi mano libera: agendo da una posizione di netto vantaggio, potrebbero facilmente disattendere qualsiasi impegno assunto, come già avvenuto più volte in passato.

Perché una certezza la abbiamo: gli USA mentono. La bugia è la loro “verità” su cui hanno costruito il loro mondo.

Banditismo di Stato, eccezionalismo confermato

Gli Stati Uniti hanno nuovamente confermato la loro identità. Il banditismo di Stato ancora una volta trova la sua legittimazione e diventa regola. Gli USA sono gli eccezionalisti, decidono con la forza e la violenza di infrangere le regole che vogliono e di imporre la loro volontà agli altri.

Alla pirateria compiuta da uno Stato membro delle Nazioni Unite, e dunque soggetto pienamente legittimato, sotto ogni profilo, attivo e passivo, dal Diritto Internazionale,  i può rispondere soltanto richiamando un principio che nel febbraio 2022 trovò ampia adesione e riconoscimento in una parte significativa dell’opinione pubblica globale. Esiste un aggressore e aggredito, come abbiamo imparato a dire.

Se davvero l’Iraq di ieri o il Venezuela di oggi fossero stati — o fossero tuttora — definiti “Stati canaglia” o guidati da “governi canaglia”, esistono istituzioni internazionali legittime e universalmente riconosciute cui rivolgersi per denunciare eventuali illeciti e richiedere giustizia: dalla Corte Internazionale di Giustizia all’Assemblea Generale delle Nazioni Unite, fino al Consiglio di Sicurezza. Nel momento in cui si abbandonano questi percorsi giuridici ed etici, solidi e condivisi, tutto diventa lecito e si precipita in una giungla in cui l’unica legge rimasta è quella della forza.

Il Venezuela era un perimetro esistenziale per il vecchio mondo rispetto al mondo multipolare. Troppo esteso, troppo rischioso, troppo pericoloso per la vecchia egemonia. Anche geograficamente, era una spina nel fianco a quella rinnovata Dottrina Monroe 2.0 e agli interessi del vecchio impero.

Ma non tutto è perduto. E l’esempio del Venezuela e di ciò che gli sta succedendo deve essere un monito severo per il mondo intero: o comprendiamo questa triste ma cruda verità, o rischieremo di cadere in un baratro senza ritorno per il mondo intero.

]]>
Adelante, Venezuela, perimeter of the emerging multipolar world https://strategic-culture.su/news/2026/01/06/adelante-venezuela-perimeter-of-the-emerging-multipolar-world/ Tue, 06 Jan 2026 13:21:55 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889869 The socialism of the Bolivarian Revolution has represented one of the most significant attempts in the 21st century to rethink the relationship between the state, the people, and resources in Latin America.

Join us on TelegramTwitter, and VK.

Contact us: info@strategic-culture.su

Why the powers of the old world dislike Venezuela

Venezuela has always occupied a privileged place on the list of bitter enemies of the old world, the collective West. Why is this? The answer is simple: Venezuela represents a bulwark of resistance to Western imperialism, both European and American; it represents a concrete bulwark against nationalism of all kinds (neo-fascism and neo-Nazism, but not only); it represents an experiment in practical socialism. None of this can be to the liking of those who, on the other hand, plan the forms of political power manipulated by the hegemonic octopus.

The socialism of the Bolivarian Revolution has represented one of the most significant attempts in the 21st century to rethink the relationship between the state, the people, and resources in Latin America. Born out of the historical experience of social exclusion, economic dependence, and oligarchic concentration of wealth, the Bolivarian project sought to restore centrality to the Venezuelan masses, placing social justice, national sovereignty, and inclusion at the heart of politics.

With Hugo Chávez’s rise to the presidency in 1999, Venezuela began a profound transformation of its development model. Chávez interpreted socialism not as an abstract ideological dogma, but as a pragmatic tool to respond to the concrete needs of the population. Through the nationalization of strategic resources, particularly oil, and the redistribution of energy revenues, the so-called “social missions” were financed: programs aimed at literacy, free healthcare, access to housing, and higher education. Millions of Venezuelans, historically excluded from essential services, saw a tangible improvement in their living conditions.

Bolivarian socialism also took the form of authentic anti-fascism, understood not only as opposition to authoritarian far-right regimes, but as a structural struggle against inequality, social racism, and economic imperialism. Chávez advocated a multipolar and solidarity-based model, founded on the self-determination of peoples and cooperation between states of the global South, breaking with decades of subordination to external interests.

After Chávez’s death, Nicolás Maduro inherited a complex legacy in a profoundly changed context, marked by economic crises, international sanctions, and strong political polarization. Despite obvious difficulties, Maduro has continued along the path of pragmatic socialism, seeking to preserve fundamental social achievements and adapt the Bolivarian project to new conditions. Policies to support food supplies, defend wages, and maintain public services have continued to be pillars of government action.

The Bolivarian Revolution embodied a vision of politics as a tool for collective emancipation. Beyond its contradictions and challenges, it showed how socialism, in concrete form and rooted in national reality, can become a practice of social justice, popular dignity, and anti-fascist resistance in the contemporary world. And all this, we repeat, is not to the liking of the collective West.

Who benefits from Maduro’s fall?

Just look at who rejoiced at what happened on January 3, 2026. President Maduro was arrested… no, that is not the correct term: in law, a person can only be said to be ‘arrested’ when specific legal conditions are met. Arrest has certain prerequisites, including flagrante delicto (caught in the act, immediately after or following investigations that have produced clear evidence), and is ordered by a judge, who must have jurisdiction. So, the question that arises in the case of President Maduro is under what jurisdiction the American watchdogs dared to violate Venezuela’s sovereignty, enter the country, capture its president, deport him to the US, and subject him to American law. We are already familiar with this American modus operandi.

Now, returning to the main topic, it was, coincidentally, the collective godchildren of the West who rejoiced at Maduro’s downfall.

Israel was the first to rejoice, even congratulating Donald Trump and hoping to be able to intervene in the country’s financial and trade policies, right after the American president declared that from now on the US will be “very present” in Venezuelan economic policy. A warning, or rather two, goes to real gangsters. Now “the greatest democracy in the Middle East” can celebrate another victory, securing wealth, influence, and power even on the other side of the Atlantic Ocean… and who knows, maybe they will also claim Venezuela as “God’s promised land” for their great, indeed gigantic, Israel!

Why did they want him to fall? The reasons are perhaps few, but very clear.

Maduro maintained the break in diplomatic relations with Israel, originally severed in 2009 under Hugo Chávez, throughout his presidency since 2013, describing Israel as a “colonial regime.” He also established and strengthened diplomatic ties with the Palestinian National Authority, including formal recognition and support for the Palestinian state. He has publicly condemned Israel’s military actions in Gaza as “genocide” against the Palestinian people, particularly in statements made in May 2025 in the context of the ongoing Israeli genocide in Gaza. He even denounced Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu as “the Hitler of the 21st century” in June 2025, in response to Israeli attacks on Iran. He condemned Israeli attacks on Iran as “criminal” and ‘immoral’ in June 2025, calling for an immediate end to the aggression. He made a direct appeal to the Israeli people in June 2025 to “stop Netanyahu’s madness,” calling Israeli policies aggressive and urging internal opposition.

Venezuela, incidentally, is a country that has no Zionist-run banks. Maduro has supported anti-Israel resolutions at the United Nations, including voting in favor of measures condemning Israeli occupation and actions in Palestine, such as the December 2025 General Assembly resolution welcoming the advisory opinion of the International Court of Justice on the issue.

He has aligned Venezuela with anti-Israel alliances, including close ties with Iran, which have been “a source of concern for international Jewish organizations.” He accused “international Zionism” of orchestrating protests and unrest following the controversial 2024 presidential elections in Venezuela, blaming Jewish influence for manipulating the media, social networks, and satellite technology to weaken his regime.

With these positions, it was clear that Maduro could not remain in power for much longer.

What lies behind the early statements?

Among his various statements, Trump made another one with a strong impact: according to reports, Vice President Delcy Rodríguez had already been in contact with Secretary of State Marco Rubio, expressing a certain openness to collaboration.

The crucial point, however, is not so much the veracity of this information. At a time when a president is effectively neutralized, the chain of power is being questioned, and the local media remains confused, making such assumptions is tantamount to detonating a political bomb.

On the one hand, this could weaken Delcy Rodríguez’s position in the eyes of Venezuelan public opinion: officially critical of the United States, but ready to negotiate behind the scenes. Her own allies could exploit this narrative to oust her from the political scene, should they deem it appropriate.

On the other hand, Trump’s words seem to be an implicit message about the direction the vice president should take: comply with Washington’s instructions, avoid ending up like Maduro, and perhaps even manage to retain a central role in the country’s leadership. This interpretation is reinforced by the statements about Maria Corina Machado.

In this way, with such positions, Washington could hit several targets at once: fuel divisions among Maduro’s possible heirs and, at the same time, push some actors to the negotiating table, discouraging them from implementing strategies aimed at causing permanent instability and widespread conflict.

Marco Rubio plays a central role, having immediately exposed himself, or been deliberately exposed, as one of the main proponents of what happened. His renowned ambitions

If the United States succeeds in its intent, it would then have a free hand: acting from a position of clear advantage, it could easily disregard any commitments made, as has happened several times in the past.

Because one thing is certain: the US lies. Lies are their ‘truth’ on which they have built their world.

State banditry, exceptionalism confirmed

The United States has once again confirmed its identity. State banditry is once again legitimized and becomes the norm. The US is exceptionalist, deciding by force and violence to break the rules it wants and impose its will on others.

The only response to piracy carried out by a member state of the United Nations, and therefore fully legitimized in every respect, active and passive, by international law, is to invoke a principle that in February 2022 found widespread support and recognition among a significant part of global public opinion. There is an aggressor and an aggressed, as we have learned to say.

If yesterday’s Iraq or today’s Venezuela were truly defined as “rogue states” or led by “rogue governments,” there are legitimate and universally recognized international institutions to which one can turn to report any wrongdoing and seek justice: from the International Court of Justice to the United Nations General Assembly to the Security Council. When these solid and shared legal and ethical paths are abandoned, everything becomes permissible and we plunge into a jungle where the only law left is that of force.

Venezuela was an existential perimeter for the old world with respect to the multipolar world. Too extensive, too risky, too dangerous for the old hegemony. Geographically, too, it was a thorn in the side of the renewed Monroe Doctrine 2.0 and the interests of the old empire.

But all is not lost. The example of Venezuela and what is happening there must be a stern warning to the whole world: either we understand this sad but harsh truth, or we risk falling into an abyss of no return for the whole world.

]]>
A 34 anos da queda da URSS: uma reflexão sobre a democracia soviética https://strategic-culture.su/news/2026/01/01/a-34-anos-da-queda-da-urss-uma-reflexao-sobre-a-democracia-sovietica/ Thu, 01 Jan 2026 15:01:20 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889777 A democracia é a grande farsa do imperialismo para enganar os povos do mundo e encobrir a ditadura liderada pelos EUA. Mas a revolução russa mostrou o que é uma verdadeira democracia

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

Foi como consequência do desenvolvimento capitalista, ainda embrionário mas em uma época de crise do czarismo, que a burguesia russa tomou o poder em fevereiro de 1917, ao se livrar de séculos de autocracia com o forte empurrão dos operários e camponeses.

A revolução russa ocorreu porque o absolutismo feudal já não era mais compatível com o aparecimento da grande indústria nem com as necessidades da nova classe proprietária – e da nova classe despossuída. Contudo, pressionada de um lado pelo imperialismo ocidental que exigia que ela continuasse na guerra, e, de outro, pelas massas operárias e camponeses que exigiam que as reformas democráticas fossem as mais amplas possíveis e que o país saísse da guerra, a burguesia russa não foi capaz de executar nenhuma medida típica das revoluções burguesas. Derrubando o czar com promessas de liberdade, paz e reformas, o que a burguesia russa fez foi banir a imprensa operária, colocar na ilegalidade a vanguarda do proletariado, reprimir manifestações populares, prender milhares de militantes e desarmar os trabalhadores. Sua inconsequência reavivou a reação monárquica, pois as bases do antigo regime – em especial a grande propriedade feudal – não haviam sido aniquiladas. O povo russo, que apoiou a revolução da burguesia, agora era ferozmente atacado por aquela burguesia.

Mas ao lado do governo da burguesia apareceu, como sustentáculo da revolução de fevereiro, um governo paralelo – o soviete de deputados operários e soldados (camponeses fardados para a guerra). Ele era o verdadeiro órgão da democracia vencedora em fevereiro de 1917. Essa dualidade de poderes não poderia durar por muito tempo. Pois o próprio apoio do soviete, baseado na vontade da classe operária, à burguesia era muito frágil. À medida que a crise econômica e social se aprofundou, com ataques da burguesia ao povo e a reação monárquica iniciando uma guerra civil, a única maneira de completar aquela revolução burguesa era implementando as medidas democráticas mais radicais, e isso só poderia ser realizado pela classe realmente revolucionária, que passou a se opor de maneira crescente à burguesia. Mas, para derrotar a própria burguesia, que agora era um obstáculo para as próprias conquistas democráticas, era preciso evoluir a revolução rumo a uma revolução socialista, ceifando as próprias bases de poder da burguesia, ou seja, a propriedade privada.

Para executar as tarefas democráticas da revolução, a burguesia teria de retroceder a um tempo anterior ao imperialismo, à era dos monopólios: deveria estar baseada na pequena propriedade, na livre concorrência, na igualdade relativa entre os cidadãos-proprietários. Isso já não era possível nem mesmo nos EUA ou na Suíça, muito menos na Rússia dominada pelo capital financeiro anglo-francês! A única sustentação política de qualquer conquista democrática relevante era o soviete, a assembleia de operários e soldados que se estendia ao campo, representante de nove décimos da população russa, e sua base econômica só poderia ser a da propriedade pública dos meios de produção, com o fim da divisão de classes entre exploradores e explorados.

Nas Teses de Abril, Lênin observou que os sovietes eram um poder do mesmo tipo da Comuna de Paris, que deveria ser desenvolvido para a tomada do poder e implementar as medidas que já haviam sido postas em prática pela Comuna: a supressão da polícia, a substituição do exército permanente pelo povo armado, a extinção da burocracia ao se eleger e revogar a qualquer momento os funcionários, que deveriam cobrar o mesmo salário de um operário. Mais para frente, explicou:

“Os traços fundamentais deste tipo são: 1) a fonte do poder não está numa lei previamente discutida e aprovada pelo parlamento mas na iniciativa direta das massas populares partindo de baixo e à escala local, na “conquista” direta, para empregar uma expressão corrente; 2) a substituição da polícia e do exército, como instituições separadas do povo e opostas ao povo, pelo armamento direto de todo o povo; com este poder a ordem pública é mantida pelos próprios operários e camponeses armados, pelo próprio povo armado; 3) o funcionalismo, a burocracia ou são substituídos também pelo poder imediato do próprio povo ou, pelo menos, colocados sob um controle especial, transformam-se em pessoas não só elegíveis mas exoneráveis à primeira exigência do povo, reduzem-se à situação de simples representantes; transformam-se de camada privilegiada, com “carguinhos” de remuneração elevada, burguesa, em operários de uma “arma” especial, cuja remuneração não exceda o salário normal de um bom operário.”

Não era esse um poder verdadeiramente democrático? Os sovietes locais, espalhados por toda a Rússia, exerciam eles mesmos o poder antes do próprio 25 de Outubro, à medida que a crise aumentava. As dumas e zemstvos da burguesia se tornavam cada vez mais irrelevantes diante do crescente controle operário sobre a produção. “Não, o poder dos sovietes não era uma quimera, uma construção arbitrária, uma invenção dos teóricos do partido”, lembra Trótski. “Subia, irresistivelmente, de baixo, da desordem econômica, da impotência dos possuidores, das necessidades das massas; os sovietes transformavam-se, na verdade, no poder – para os operários, os soldados, os camponeses, não existia outro caminho. A respeito do poder dos sovietes, não era mais tempo de procurar raciocínios e objeções: era necessário realizá-lo” (A História da Revolução Russa – Volume III). Os sovietes de todo o país, eleitos por operários, soldados e camponeses, exigiam, em assembleias e resoluções, a passagem do poder do Estado para o Congresso dos Sovietes.

Porém, quando, finalmente, em outubro, os sovietes tomaram para si o poder, organizados pelos bolcheviques, todos os apologistas da democracia – a burguesia e os seus apêndices social-democratas, mencheviques, socialistas revolucionários – gritaram em coro contra o “golpe” bolchevique. Ainda no início de outubro, quando o controle operário sobre Petrogrado já era uma realidade, a burguesia russa (imitando a francesa de 50 anos antes) torcia para que o Império Alemão invadisse o seu próprio país e esmagasse o seu próprio povo. “Que o diabo o carregue, Petrogrado, eis o que penso… Teme-se que em Petrogrado as instituições centrais (isto é, os sovietes e outras) sejam destruídas. A isso replico que ficarei muito contente se todas essas instituições morrerem, porquanto só trouxeram à Rússia muitos males”, escrevia o presidente do parlamento burguês.

O embrião da Assembleia Constituinte (adiada ad eternum e sabotada pelos democratas, que também sabotaram os sovietes) tinha 308 membros não eleitos pelo povo. O primeiro Congresso dos Sovietes, em junho, contava 1.090 delegados; o segundo, em pleno caos do 25 de Outubro, entre 650 (no início dos trabalhos) e quase mil (ao final); o terceiro, em janeiro de 1918, tinha 1.587; o quarto, em março de 1918, 1.232; o quinto, em julho de 1918, contou com 1.164; o sexto, em novembro de 1918, com 967 (estes quatro últimos, realizados em meio à guerra civil). Se em junho os bolcheviques eram apenas ¼ dos delegados do congresso, em outubro a conciliação dos socialistas revolucionários e mencheviques com a burguesia os deixou a eles, conciliadores, com ¼ dos delegados.

Era o “parlamento plebeu”, nas palavras de Trótski, parlamento de deputados literalmente esfarrapados e malcheirosos, como relatou John Reed. Eleitos por assembleias de centenas e mesmo milhares de pessoas comuns no campo, nas fábricas e na frente de batalha, cuja autoridade não era imposta mas natural, como a dos antigos chefes tribais. Ali estavam os homens e mulheres mais populares do país, uma popularidade que não era comprada nem forçada na imprensa oficial – esta, aliás, os retratava como demônios – que edificavam o “tipo mais elevado das instituições democráticas”, como disse Lênin.

Portanto, foi com a maioria dos trabalhadores e da parte ativa da população ao seu lado que os bolcheviques reorganizaram o país após a revolução. O novo poder soviético, inspirado no sistema comunal, implementou, desde o primeiro dia, todas as medidas democráticas possíveis, começando pela publicidade de todos os documentos e acordos secretos do antigo regime, a nacionalização imediata das terras e a dissolução da polícia e do exército permanente, substituindo-os pelo armamento geral do povo com a formação de milícias por todo o território. Honrou os comunardos de 1871 estabelecendo o controle operário das fábricas, confiscando os capitalistas e nacionalizando os bancos. A Revolução de Outubro deu às mulheres o que nenhum governo burguês havia tido coragem de dar até então: o direito ao voto, ao aborto e ao divórcio. A revolução burguesa, democrática, de fevereiro, foi completada pela proletária, socialista – uma revolução permanente, que não se contentou em dar o poder à burguesia, até porque a burguesia já não fazia sombra do que fora um dia.

O poder agora era da enorme massa dos explorados, da maioria esmagadora da população. No primeiro congresso do partido bolchevique após a revolução de outubro, em março de 1918, Lênin dizia que “o poder soviético é um novo tipo de Estado sem burocracia, sem polícia, sem exército permanente, em que o democratismo burguês é substituído por uma nova democracia – uma democracia que avança para primeiro plano a vanguarda das massas trabalhadoras, fazendo delas tanto o legislador quanto o executor e o protetor militar”. Os explorados deveriam controlar tudo, como conclamou Lênin inúmeras vezes:

“Operários e camponeses, trabalhadores e explorados! A terra, os bancos e as fábricas passaram para a propriedade de todo o povo! Empreendei vós próprios o registro e o controle da produção e da distribuição dos produtos – nisto e só nisto está o caminho para a vitória do socialismo, a garantia da sua vitória, a garantia da vitória sobre toda a exploração, sobre toda a miséria e necessidade!

(…) é preciso organizar o registro e o controle da quantidade de trabalho, da produção e distribuição dos produtos, registro e controle feito por todo o povo e assegurado voluntária e energicamente, com entusiasmo revolucionário, por milhões e milhões de operários e camponeses. E para organizar este registro e controle, completamente acessíveis, completamente ao alcance das forças de todo o operário e de todo o camponês honesto, sensato e hábil, é preciso despertar os seus próprios talentos de organizadores, que nascem entre eles (…)” (Como organizar a emulação? [Grifos seus)

No artigo seguinte, mostraremos como a revolução mais completa da história, que abriu as portas da liberdade a todos os povos da Terra, terminou por sucumbir diante da instituição mais antiga e duradoura da civilização humana, graças às terríveis circunstâncias que se abateram sobre a Rússia isolada e empobrecida.

]]>
Deng Xiaoping protagonista della costruzione della Cina odierna, tra conquiste socio – economiche e cammino verso il multipolarismo https://strategic-culture.su/news/2025/12/29/deng-xiaoping-protagonista-della-costruzione-della-cina-odierna-tra-conquiste-socio-economiche-e-cammino-verso-il-multipolarismo/ Mon, 29 Dec 2025 05:30:16 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889707 A chiusura di questo primo quarto del nuovo secolo, la stampa e i media cinesi stanno dedicando molto spazio e molte riflessioni e con ragione all’operato di Deng Xiaoping, scandagliando la sua vita e i suoi infiniti meriti.

Segue nostro Telegram.

Nell’affrontare la pirotecnica vita di Deng Xiaoping molta attenzione viene portata alla sua opposizione al Grande Balzo in avanti, il quale è stato in realtà un catastrofico e tragico salto all’indietro. Tra il 1958 e il 1962 questo progetto maoista, imposto al resto del Partito Comunista Cinese rimasto per altro molto dubbioso e perplesso, nato per paura di un possibile attacco militare occidentale e quindi immaginante necessario organizzare nelle Comuni contadine una minima capacità infrastrutturale industriale per la produzione eventuale di armi e utensili in proprio, nel caso appunto di una nuova guerra sul territorio cinese, ha come risultato il calo di un terzo del prodotto interno lordo e di un terzo della produzione cerealicola, generando, anche a causa di una serie di catastrofi naturali sommatesi agli errori politici, milioni di morti e una crisi socio – economica di enorme portata.

È in questo difficilissimo frangente che i tre dirigenti di maggiore saggezza e avvedutezza del Partito Comunista Cinese, oggi ricordati con devozione, tanto dal popolo, quanto dal Partito, Liu Shaoqi, Zhou Enlai e Deng Xiaoping decidono di marginalizzare nella vita politica cinese Mao Zedong, mantenendolo come figura iconico – rappresentativa per i suoi indubbi meriti passati, a partire dalla costruzione del Partito Comunista Cinese fondato sulle masse contadine con una innovazione ideologica di grande portata, all’ideazione e alla vittoria della Lunga Marcia e infine allo straordinario trionfo nella guerra civile contro i nazionalisti, fino alla fondazione il 1° ottobre 1949 della Repubblica Popolare. Tutto questo fa di Mao Zedong uno dei più grandi marxisti della prima metà del Novecento, secondo solo a Iosif Stalin, per trent’anni alla guida dei bolscevichi, il quale negli stessi anni edifica la prima nazione socialista della storia dell’umanità, quindi guida l’Armata Rossa nella Vittoria contro il nazifascismo, una vittoria ancora in larga parte del mondo onorata con la maiuscola a ricordo dei ventisette milioni di caduti sovietici, donne e uomini, soldati, civili, partigiani dentro le zone occupate dai nazifascisti e deportati nei campi di concentramento. Liu Shaoqi, Zhou Enlai e Deng Xiaoping hanno per altro sempre reputato necessario mantenere buoni rapporti con i sovietici, ritenendo fondamentale la costruzione di una solida alleanza tra Mosca e Pechino per la costruzione di differenti rapporti internazionali volti a contrastare l’egemonia statunitense.

Mao Zedong tuttavia non accetta per sé un ruolo decorativo da padre della patria e procede in senso contrario, prima scatenando l’attacco ai dirigenti del Partito e dello stato, chiedendo di sparare sul quartier generale, da cui era stato estromesso, poi, non bastando questo simbolico bombardamento politico e mediatico, decidendo di scatenare la Rivoluzione Culturale, la quale, al netto della un po’ demenziale, ancorché ingenua e per certi aspetti comprensibile esaltazione promossa dalla gioventù occidentale di allora, siamo alla metà degli anni ’60 e agli albori degli anni ’70, ha contrassegnato il decennio più tragico e lugubre della storia socialista cinese. Scuole, fabbriche, università chiuse, rigidità ideologica parossisticamente perseguita, collasso delle strutture statuali ed economiche.

Liu Shaoqi muore di stenti in un campo di rieducazione il 12 novembre 1969, Deng Xiaoping è ugualmente spedito a rieducarsi, Zhou Enlai rimane solo, come primo ministro, a reggere l’urto nefasto dell’irresponsabilità politica di Mao Zedong, il quale per il suo agire in questi anni ha meritato un giudizio universalmente e totalmente negativo.

Quando Zhou Enlai e Mao Zedong moriranno nel 1976, gli estremisti della Banda dei Quattro proveranno a trovare una sponda in Hua Guofeng, erede pro tempore del potere cinese, il quale risponde piuttosto alla richiesta tanto dei quadri intermedi del Partito, quanto di ampi settori della società civile di far risorgere il Partito e lo stato dal marasma che ha portato fame, disperazione, povertà, smarrimento, gettando in una situazione disperante novecentocinquanta milioni di cinesi.

Hua Guofeng richiama allora Deng Xiaoping, per la terza volta al potere, dopo che nel 1973 già lo aveva chiamato al governo Zhou Enlai allora gravemente malato, non a caso Deng Xiaoping, esautorato dopo la sua scomparsa dell’amico e primo ministro, riprende allora definitivamente in mano i destini della Cina guidandola di fatto fino alla sua scomparsa nel 1997.

Nel biennio 1973 – 74 e 1974 – 75 grazie a Deng Xiaoping vengono riaperte le università, può sembrare incredibile, ma in quella scelta necessaria e urgente che pone rimedio a una delle peggiori piaghe della Rivoluzione Culturale, Deng Xiaoping intravede quello che sarebbe dovuto essere il futuro della Cina. La sua idea è chiara, riaprendo le università e aprendosi, come avrebbe portato l’intera Cina qualche anno dopo, alle migliori esperienze produttive mondiali, la Cina avrebbe potuto costruire con pazienza e con il tempo un primato planetario nel campo dell’innovazione, se oggi la Cina è la prima al mondo in campo scientifico – tecnologico e nella ricerca nel campo dell’intelligenza artificiale, l’idea che si potesse giungere dove il popolo e la scienza cinese sono oggi arrivati, la si deve alle intuizioni di Deng Xiaoping e alla sua ferma e indiscutibile scelta, in quegli anni, mentre l’Occidente si dibatteva in crisi e proteste per l’aumento del prezzo del petrolio deciso dall’OPEC, di riaprire gli atenei per rilanciare lo studio, l’approfondimento, la ricerca e l’innovazione. La stessa apertura al mercato, non già al capitalismo, è stata conforme alle condizioni sociali, economiche e politiche della Cina, non è stata un mero e modesto adeguarsi della Repubblica Popolare a proposte e ricette esterne. La Cina mai si è sentita, meno che mai con Deng Xiaoping, la scolaretta obbediente dell’alleato tattico e temporaneo statunitense, glielo ha lasciato credere, ribadendo proprio negli anni denghiani, in ogni riunione del Partito Comunista Cinese e del suo Comitato Centrale, che il destino della Cina sarebbe stato quello di tornare al centro della scena mondiale, con un concreto primato economico, scientifico e politico e che questo sarebbe stato possibile solo rimanendo saldamente fedeli al socialismo e al marxismo, pur applicandolo con tutta l’intelligenza e la creatività che i tempi hanno imposto.

La miopia statunitense nel leggere e capire la Cina è stata clamorosa, con il corredo di servili e credulone ancelle mediatico – accademiche in ogni parte dell’Occidente e il tutto per oltre mezzo secolo. L’idea, tutta statunitense e tutta sbagliata, secondo cui la Cina sarebbe diventata una mite e muta alleata subalterna del progetto egemonico a stelle e strisce, il quale ha immaginato di poter condurre liberamente, dopo la fine dell’Unione Sovietica, la conquista e le depredazione di tutto il pianeta, come per altro fatto dal ’45 in poi in larga parte del mondo, costringendolo a inginocchiarsi davanti al dollaro e ai cannoni della NATO, è stato quanto di più stupido si potesse immaginare.

Deng Xiaoping, come qualsiasi persona di buon senso, ha sempre saputo che il mercato e la concorrenza producono ricchezza. Il problema fondamentale non è produrre ricchezza, la cui alternativa è non produrla e quindi gestire la miseria, ma decidere come coordinare, controllare, indirizzare e utilizzare quella ricchezza prodotta. In una società capitalistica, ricordano i media cinesi, la ricchezza concorre al benessere privato di pochi. Conosciamo tutti i dati che riguardano l’Occidente, ma anche nazioni come l’India, in cui un’infima percentuale della popolazione possiede oltre la metà della ricchezza nazionale, così come oltre metà della popolazione possiede una porzione infima e irrisoria della ricchezza prodotta.

Il ruolo dello stato e del Partito Comunista Cinese, le imprese di villaggio e di municipalità, il mantenimento del controllo pubblico e del possesso statale sulla terra e sui mezzi di produzione, tutto questo ha generato in Cina un mercato senza capitalismo, ovvero un mercato al servizio dell’emersione dalla povertà e dalla miseria in cui era sprofondata con la Rivoluzione Culturale una popolazione che ai tempi di Mao Zedong si avvicinava al miliardo di abitanti e oggi è composta da un miliardo e quattrocento milioni di donne e uomini. In Cina certo ci sono persone ricche e imprese di successo, ma l’idea tutta occidentale di gestione privata della ricchezza da parte degli imprenditori non esiste, l’imprenditore che non aumenti i salari, che non investa in innovazione tecnologica, che non assuma nuovi dipendenti, che non concorra al conseguimento degli obiettivi stabiliti dai piani quinquennali, si troverebbe presto in serie difficoltà, rispondendo di un approccio non coerente con i modelli di sviluppo e di crescita economica e sociale che la Cina, sotto la guida a tratti anche fortunatamente rigida del Partito Comunista Cinese, si è data.

L’idea di una Cina “fabbrica del mondo” con operai a basso reddito è stata vera forse negli anni ’80 e nei primi ‘90 del Novecento, non certo oggi, in cui il reddito medio pro capite cinese non è molto lontano da quello occidentale, rappresentando certamente un’altra delle idee sbagliate e fuorvianti propagandate da Washington. È vero piuttosto che l’alto livello d’istruzione garantito dal socialismo cinese ha operato allora significativamente per attrarre investimenti, rispetto ad altre zone del pianeta, in più le reti sociali locali e il controllo capillare del Partito Comunista Cinese hanno garantito una permanente compatibilità con l’interesse nazionale, d’altronde il Partito Comunista cinese mantiene tutt’oggi il controllo sui movimenti di capitale e una forte presenza dello stato in economia, ma soprattutto costringe, laddove ancora permangano imprese straniere, a creare società partecipate con le imprese locali, con la correlata acquisizione di quelle competenze che possano eventualmente ancora mancare alla ricerca scientifica e all’innovazione cinese.

Deng Xiaoping, l’uomo che nel 1932 partecipa da commissario politico e da dirigente militare alla Lunga Marcia, che da capo militare contribuisce alla vittoria contro i nazionalisti, fonda con gli altri dirigenti la Repubblica Popolare nel 1949, nel 1961 da segretario del Partito Comunista Cinese rifiuta la strada imboccata con Chruščëv dal movimento comunista mondiale e apertamente si fa carico nella conferenza di Mosca in quel nevoso autunno russo di spiegarne le ragioni e di subire le universali critiche, ad esclusione degli albanesi, che poi si titoleranno più meriti di quelli che in realtà abbiano avuto in quelle circostanze, inizia alla metà degli anni ‘70 l’ultima stagione della sua vita, la più incredibile, inaspettata, decisiva per le sorti della Cina e dell’umanità, per molti aspetti una resurrezione personale capace di coincidere con una resurrezione politica, economica e sociale del popolo cinese, tratteggiando nei suoi scritti e nei suoi interventi quanto questa avrebbe cambiato il mondo e costruito le premesse per la vittoria multipolare in alleanza con la Russia nel XXI secolo. Un cammino roboante, se si pensa che il Prodotto Interno Lordo cinese del 1978 equivaleva a quello di molte piccole, poco popolate e povere nazioni africane e quando lui scompare nel 1997 la traiettoria che porta la Cina al primato economico e militare planetario odierno è tracciata e in poderosa e incessante ascesa.

Di Deng Xiaoping si ricordano nella stampa cinese – a mezzo secolo dall’inizio del percorso di trasformazione da lui ingaggiato – le grandi innovazioni in campo industriale, con le aziende miste, le zone speciali, ma spesso ci si dimentica che il suo primo intervento è stato a favore delle grandi masse contadine, permettendo loro  di vendere prodotti nei mercati liberi istituiti nelle città, cosicché in un decennio il reddito agricolo pro capite aumenta del 70% e la produzione agricola cresce di oltre 10%,  perché per Deng Xiaoping può esistere libertà solo quando si è liberi dal bisogno, come peraltro detto e scritto dallo stesso Karl Marx.

Sui fatti del 1989 tutte le più recenti prove documentarie spiegano come gli scontri siano avvenuti intorno a piazza Tien An Men, non nella piazza stessa, ma soprattutto, andrebbe spiegato il perché la linea del Partito Comunista Cinese di difesa del socialismo sia risultata condivisa dalla maggioranza assoluta della popolazione. Quello di quei giorni a tutti gli effetti è stato uno scontro di classe, la nuova borghesia chiedeva spazi di agibilità politica, le masse operaie e contadine hanno confermato il patto tacitamente sottoscritto nel 1949 all’atto della nascita della Repubblica Popolare, ovvero la conferma dell’espropriazione politica dei ceti borghesi in ragione di un’eguaglianza tra tutti i cittadini da costruire attraverso il socialismo, inteso come cammino di crescita umana, spirituale ed economica.

Oggi la Cina, con città avveniristiche ed ecologiche, con mezzi di trasporto di prepotente velocità, dispone altresì di un sistema sanitario universale, di uno pensionistico altrettanto in fase d’estensione, di una contrattazione sindacale nazionale e aziendale non dissimile da quella occidentale, ma forse più efficace grazie alla presenza in tutti i luoghi di lavoro del Partito Comunista Cinese. Tutte queste conquiste tuttavia non sono avvenute attraversando un cammino cosparso di petali di rose, mentre la crescita correva a due cifre ogni anno, la costruzione di un nuovo stato, giuridico, di servizi alla persona, di tutele, ha percorso una strada certamente accidentata e lunga, Deng Xiaoping è stato l’architetto di questa costruzione, risolutamente marxista e in quanto tale capace di costruire benessere e crescita per il presente e il futuro dei cinesi, nel momento stesso in cui, connettendoli con il mondo, ha tracciato gli indirizzi per un nuovo ordine mondiale multipolare.

]]>
A fé supersticiosa da esquerda nas instituições antidemocráticas do Estado brasileiro https://strategic-culture.su/news/2025/12/25/a-fe-supersticiosa-da-esquerda-nas-instituicoes-antidemocraticas-do-estado-brasileiro/ Thu, 25 Dec 2025 15:01:27 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889648 A burguesia engana a todos com o mito de que o Estado democrático está acima das classes sociais e mesmo de que ele atua a favor dos oprimidos contra os opressores, quando na verdade o Estado é o maior dos opressores.

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

Nos últimos anos de sua vida, Engels dedicou boa parte de sua atividade política à crítica das posições revisionistas dentro da social democracia alemã. No centro daqueles desvios estava uma concepção antimarxista do Estado, à qual Engels se referiu como uma “fé supersticiosa no Estado”.

Os dirigentes socialistas vinham há duas décadas construindo o mais poderoso de todos os partidos operários em condições favoráveis e de relativa legalidade – apesar de ter vigorado por mais de dez anos a lei antissocialista. Bismarck, o responsável pela lei contra os socialistas, apresentando-se como um árbitro das classes sociais ante o medo da poderosa social democracia e o rápido desenvolvimento do capitalismo na Alemanha, chegou mesmo a conceder reformas sociais que levaram alguns a acreditar no conceito falacioso de “socialismo de Estado”. O progresso econômico ocorrido na Alemanha, somado às liberdades políticas, criava uma camada crescentemente acomodada entre os trabalhadores, que se distanciava socialmente da massa de operários, aproximando-se economicamente da pequena burguesia e passando a adotar o seu estilo de vida e suas ideias. Engels batizou essa camada superior do proletariado de “aristocracia operária”.

Sobre essa fé supersticiosa no Estado (da qual Marx já havia feito referência em 1875, ao chamá-la de “fé servil” no Estado), Engels explicava, em 1891:

Segundo a concepção filosófica, o Estado é a “realização da ideia”, ou seja, traduzido em linguagem filosófica, o reino de Deus sobre a terra, o terreno em que se tornam ou devem tornar-se realidade a eterna verdade e a eterna justiça. Surge daí uma veneração supersticiosa do Estado e de tudo o que com ele se relaciona, veneração supersticiosa que se vai implantando na consciência com tanto maior facilidade quando as pessoas se habituam, desde a infância, a pensar que os assuntos e interesses comuns a toda a sociedade não podem ser regulados nem defendidos senão como tem sido feito até então, isto é, por meio do Estado e de seus bem pagos funcionários. E já se crê ter sido dado um passo enormemente audaz ao libertar-se da fé na monarquia hereditária e manifestar entusiasmo pela República democrática. Em realidade, o Estado não é mais do que uma máquina para a opressão de uma classe por outra, tanto na República democrática como sob a monarquia; e, no melhor dos casos, um mal que se transmite hereditariamente ao proletariado triunfante em sua luta pela dominação de classe. Como fez a Comuna, o proletariado vitorioso não pode deixar de amputar imediatamente, na medida do possível, os aspectos mais nocivos desse mal, até que uma futura geração, formada em circunstâncias sociais novas e livres, possa desfazer-se de todo desse velho traste do Estado.

Dez anos antes, quando apenas despontava como um brilhante discípulo de Marx e Engels e estava longe o dia em que ele próprio se tornaria o grande expoente do revisionismo, Kautsky polemizava com a ideia de que “é tarefa do Estado proteger o fraco contra o forte”. Afirma que essa ideia deriva da teoria anticientífica e refutada historicamente do contrato (sobretudo de Hobbes e Rousseau), ou seja, de que o Estado é fruto de um contrato, de um acordo entre os indivíduos para que a guerra natural de todos contra todos não leve à opressão do fraco pelo forte. Correntes que ainda contavam com certa influência entre os trabalhadores, como a de Louis Blanc, pensavam: “o governo tem que cuidar de todo o ‘povo’, ele tem que estar acima dos partidos e das classes, proteger o partido mais fraco e a classe mais fraca da exploração do mais forte.” E Kautsky respondia: “essa teoria é muito adorável, ela tem apenas um erro: ela é falsa.” O dever do Estado é o exato oposto daquilo que é suplicado pelos ingênuos utopistas: sua tarefa se resume em proteger o forte do fraco. Não se trata de uma opinião ou de um desejo, mas da constatação de uma realidade. O Estado mais democrático, no qual os fracos conseguiram reduzir o máximo possível o seu poder e os fortes têm de se submeter a um controle relativo pelos fracos, continua sendo o aparato de proteção dos fortes contra os fracos, o seu instrumento de opressão e exploração. Portanto, completava Kautsky: “esperar do Estado que ele implemente essa equalização [essa igualdade entre as classes] significa esperar que ele se suicide voluntariamente.”

Mas a fé supersticiosa no Estado era tão forte que tragou toda a velha social democracia, não apenas a alemã, mas a internacional. As condições materiais da evolução do capitalismo levaram à cooptação da social democracia, ao abandono da perspectiva revolucionária e mesmo à adoção de uma política abertamente contrarrevolucionária, capitalista e imperialista. Finalmente, ela foi superada com a crise e a guerra – e com o rebento da revolução proletária, tão desacreditada por ela.

Mais de cem anos depois, a decomposição do modo de produção capitalista e a degradação das formas políticas criadas pela burguesia, com a segunda guerra mundial, o fascismo e o neoliberalismo – além da traição do stalinismo, que elevou a um novo nível o culto ao Estado, inclusive ao Estado burguês – proporcionam a manutenção daquela aristocracia operária e da revisão do marxismo. Uma esquerda pequeno-burguesa (quando não burguesa), integrada às diversas camadas do Estado, carreirista, carguista, dependente das benesses dos patrões e de suas instituições, insiste naquelas mesmas concepções que provam-se a cada dia equivocadas e nocivas.

A razão disso está no fato de que, apesar de todos os esforços e contribuições inigualáveis de Marx, Engels, Lênin e Trótski, o marxismo não conseguiu fixar um predomínio ideológico no seio da classe operária, onde sempre dominaram, com a exceção de curtíssimos períodos de tempo, as concepções utópicas e reformistas. Ainda mais em uma época de refluxo das lutas operárias (precedido pela decapitação da nata da vanguarda revolucionária por Stálin), o que predomina são as direções pequeno-burguesas, que se tornaram há muito um mero apêndice da burguesia e do imperialismo – embora muitas delas jurem de pés juntos que são marxistas.

Daí o completo fracasso da esquerda brasileira (e internacional) em atender aos interesses dos trabalhadores e de todos os setores oprimidos. A fé supersticiosa no Estado, da qual toda a esquerda está impregnada, a leva a acompanhar cegamente a burguesia e o imperialismo, a ser uma massa de manobra para a aplicação da política dos capitalistas contra o povo. E, o que é o mais grave de tudo, em uma época de polarização social com o acirramento da luta de classes devido à intensificação da crise capitalista, a aparecer cada vez mais diante dos trabalhadores e das massas oprimidas como um ser estranho e contrário às suas necessidades e às suas reivindicações.

Nos últimos tempos, essa traição acentuada à classe a qual diz defender se dá pelo seguidismo ao imperialismo sob a forma da pretensa luta pela democracia. Hoje a democracia é o ícone sagrado da religião estatal – ou o “reino milenar”, como já notara Marx sobre o pensamento dos democratas vulgares. Esquece-se que o Estado não passa da máquina – a mais forte de todas, a máquina por excelência – da opressão da classe dominante sobre as classes oprimidas. Mais grave ainda: esquece-se que a época do imperialismo, a época da degeneração e da decadência do próprio sistema capitalista, é precisamente a antítese da democracia – mesmo da democracia burguesa, da democracia que serviu de alavanca para o próprio desenvolvimento da produção capitalista.

O que há no Brasil nos últimos anos – o Brasil, um país que nunca soube o que é democracia – é o desmantelamento dos parcos direitos e liberdades democráticos que foram conquistados pelo povo brasileiro, sobretudo devido à luta da classe operária, ao longo de mais de um século de combates contra o Estado e contra a burguesia. A destruição desse arremedo de democracia é realizada sob o exato pretexto da defesa da democracia.

Estamos diante da maior farsa jamais montada pela burguesia e pelo imperialismo – não podemos ter o menor pingo de dúvida de que trata-se de uma manobra produzida pelo capital imperialista. E a principal correia de transmissão pela qual o imperialismo executa tamanho estelionato contra o povo brasileiro é precisamente a ala esquerda do regime: os setores imperialistas com um verniz democrático, que têm como aliados a pequena burguesia “progressista” e a camada superior da classe operária, os mais profundos defensores da burguesia que os próprios burgueses, como diria Lênin.

A burguesia engana a todos com o mito de que o Estado democrático está acima das classes sociais e mesmo de que ele atua a favor dos oprimidos contra os opressores, quando na verdade o Estado é o maior dos opressores. Essa é uma armadilha que capturou a quase totalidade da esquerda brasileira, há muito domesticada pela burguesia e por seu aparato estatal.

O pequeno-burguês, devido à sua situação econômica e a todas as condições da sua vida, é o menos capaz de assimilar essa verdade e conserva até ilusões de que a república democrática significaria uma “democracia pura”, um “Estado popular livre”, um poder do povo fora das classes ou acima das classes, uma manifestação pura da vontade de todo o povo, etc., etc.

Essas palavras escritas por Lênin em 1918 não caem como uma luva no Brasil atual?

O capitalismo, que não encontra mais saída para suas crises, como a de 2008, e entra em um novo turbilhão de contradições políticas e sociais nesta terceira década do século XXI, não apenas não pode ser representado por um regime democrático, como demonstra que nem mesmo a paródia da democracia é compatível com sua atual fase de degeneração. O reflexo da decadência e da crise imperialista na política não pode ser nenhum senão o fechamento do regime, o endurecimento das leis, o atropelo das próprias leis e, finalmente, o estabelecimento da ditadura.

À medida que a burguesia reverte as frágeis leis conquistadas pela sociedade para limitar o poder do Estado, e, assim, amplia o poder de atuação e intervenção do Estado sobre os cidadãos, o que está se produzindo no Brasil não é o fortalecimento da democracia, mas sim o seu contrário: a imposição de uma ditadura que controla, monitora, vigia, censura, processa, prende e proíbe uma série de direitos e liberdades individuais dos cidadãos – uma ditadura judicial e policial, que mostra nas favelas a verdadeira face do Estado, uma ditadura crescente que não é incompatível (muito pelo contrário) com a ditadura militar pura e simples. É o resultado político necessário do capitalismo em crise: somente um Estado que se eleva (em aparência) acima das classes, uma burocracia todo-poderosa que se apresenta como árbitra dos conflitos sociais, poderia fazer frente à polarização política, produto do aumento das contradições entre as classes em luta.

Os trabalhadores são levados ao engano pela burguesia com a ajuda daqueles que se apresentam como seus representantes – e que, com a degeneração do regime político, degeneram-se junto com ele. As direções e os representantes oficiais da esquerda já não são mais revolucionários ou reformistas. Tornaram-se fiéis. O Estado para eles é uma religião a ser defendida cega e incondicionalmente. Um Estado que não é democrático em nenhum sentido – uma esquerda que, fiel a essa máquina de oprimir o povo, revela-se antidemocrática.

Diante da confusão e dos sérios equívocos disseminados diariamente, das ilusões nas instituições do Estado e das consequências que daí serão geradas (a pavimentação do caminho para o fascismo), é necessário ter uma compreensão correta do que é o Estado e do que é a democracia. É necessário retomar a concepção e a doutrina do marxismo sobre o Estado, a democracia e a luta de classes e aplicá-las no sentido de apresentar aos trabalhadores e ao povo oprimido o caminho verdadeiramente democrático, libertário e emancipador, que não pode ser nenhum outro senão o caminho da revolução proletária e do socialismo.

]]>
Il Laos cinquanta anni dopo la vittoria rivoluzionaria e la storia condivisa con il Vietnam https://strategic-culture.su/news/2025/12/06/il-laos-cinquanta-anni-dopo-la-vittoria-rivoluzionaria-e-la-storia-condivisa-con-il-vietnam/ Fri, 05 Dec 2025 21:05:44 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889247 Nel cinquantesimo anniversario della vittoria rivoluzionaria e della nascita della Repubblica Democratica Popolare del Laos, il paese ripercorre mezzo secolo di costruzione socialista e di speciale amicizia con il Vietnam, compagno di lotta, partner strategico e pilastro dello sviluppo condiviso futuro.

Segue nostro Telegram.

Nel cinquantesimo anniversario della vittoria della rivoluzione e della proclamazione della Repubblica Democratica Popolare, il 2 dicembre 1975, il Laos celebra non solo mezzo secolo di costruzione socialista, ma anche un legame fraterno che ha accompagnato ogni tappa di questo cammino: la relazione speciale con il Việt Nam. Dalle montagne della lotta di liberazione alle moderne sale dei palazzi governativi a Hà Nội e Vientiane, il filo rosso della solidarietà Việt Nam–Laos appare oggi come un patrimonio politico, storico e morale che continua a orientare le scelte strategiche di entrambi i paesi.

La vittoria rivoluzionaria del 1975 ha ridisegnato la carta politica della penisola indocinese, ponendo fine al dominio monarchico e alle interferenze imperialiste in Laos, Việt Nam e Cambogia. Sotto la guida del Partito Rivoluzionario del Popolo Lao (PRPL), fondato da Kaysone Phomvihane e plasmato nella tradizione dell’Internazionale comunista indocinese, il nuovo Stato popolare ha preso forma dentro una cornice regionale segnata da guerra, ricostruzione e mutamenti globali. In questo contesto, il Việt Nam non è stato un semplice vicino solidale, ma un compagno di lotta che ha condiviso trincee, sacrifici e strategie, legando in modo strutturale le sorti delle due rivoluzioni nazionali.

Le celebrazioni del 2025 lo hanno ricordato con forza. A Hà Nội, in occasione del 50º Giorno Nazionale del Laos, i massimi dirigenti del Partito Comunista del Việt Nam e dello Stato hanno partecipato al ricevimento organizzato dall’Ambasciata laotiana, sottolineando come i risultati di Vientiane in questi decenni – stabilità politica, difesa della sovranità, sviluppo socio-economico, miglioramento del tenore di vita – siano parte di una storia comune. La vicepresidente dell’Assemblea Nazionale Nguyễn Thị Thanh ha richiamato il ruolo dei tre grandi artefici della speciale solidarietà bilaterale, Hồ Chí Minh, Kaysone Phomvihane e Souphanouvong, insistendo sul fatto che il legame tra i due paesi non è un residuo del passato, ma un fattore attivo di prosperità presente e futura.

Nella stessa giornata, la grande cerimonia congiunta organizzata dal Comitato Centrale del Partito, dalla Presidenza dello Stato, dall’Assemblea Nazionale, dal Fronte della Patria e dalla città di Hà Nội ha unito la commemorazione della vittoria rivoluzionaria laotiana alla celebrazione del centocinquesimo anniversario della nascita di Kaysone Phomvihane. Il Presidente del Việt Nam Lương Cường ha definito gli ultimi cinquanta anni una “fase storica brillante e gloriosa” per il popolo laotiano, sottolineando la capacità del PRPL di trasformare un paese povero e devastato dalla guerra in uno Stato stabile, che ha visto il reddito pro capite crescere di quasi venti volte in quarant’anni, ampliando la propria rete di relazioni estere e l’influenza sulla scena internazionale. Rievocando la figura di Kaysone come simbolo di patriottismo, intelligenza strategica e dedizione disinteressata al popolo, il Presidente ha collegato esplicitamente l’eredità del leader laotiano al cammino odierno di rinnovamento e modernizzazione.

Per il Việt Nam, questo anniversario è anche l’occasione per ribadire la dimensione strutturale del rapporto con il Laos. Lương Cường ha ricordato come ogni tappa della rivoluzione vietnamita, dalla lotta di liberazione alla fase attuale di industrializzazione e integrazione internazionale, sia stata “strettamente legata” alla speciale solidarietà con il vicino occidentale. Per queste ragioni, la relazione con il Laos è definita un “patrimonio inestimabile”, un rapporto “unico nella storia mondiale” e una “regola di esistenza e sviluppo” per entrambe le rivoluzioni nazionali.

Questa narrativa è confermata anche dalla diplomazia laotiana. L’ambasciatrice Khamphao Ernthavanh ha insistito sulla gratitudine del proprio paese per il sostegno “profondo, leale e costante” del Việt Nam, ricordando come la solidarietà tra i due popoli abbia attraversato la fase della lotta armata e i cinquanta anni di costruzione dello Stato socialista laotiano. Nella sua lettura, il rapporto Laos–Việt Nam non è solo un capitale simbolico, ma un “fattore decisivo” in ogni vittoria delle rispettive rivoluzioni, oggi come ieri.

Il cinquantesimo anniversario cade nel momento in cui entrambi i paesi si preparano a importanti scadenze politiche interne, con il dodicesimo Congresso del Partito Rivoluzionario del Popolo Lao e il quattordicesimo Congresso del Partito Comunista del Việt Nam all’orizzonte. In questo contesto, la visita di Stato del Segretario Generale Tô Lâm a Vientiane in occasione delle celebrazioni del 2 dicembre rappresenta un passaggio chiave per aggiornare il quadro strategico della cooperazione bilaterale. L’ambasciatrice laotiana in Việt Nam ha parlato esplicitamente di “nuovo slancio” e “visione rinnovata”, sottolineando come i due Partiti intendano riesaminare l’attuazione degli accordi di alto livello e dei progetti di cooperazione strategica, affrontare i nodi ancora irrisolti e definire passi concreti per rendere più efficace la collaborazione sostanziale.

La dimensione economica di questa relazione mostra con chiarezza quanto il legame politico-ideologico si sia tradotto in interdipendenza materiale. Il Việt Nam è oggi tra i tre maggiori investitori in Laos, con miliardi di dollari di capitale distribuiti in settori chiave come energia idroelettrica e rinnovabile, estrazione mineraria, agricoltura high-tech, servizi bancari, telecomunicazioni e infrastrutture di trasporto. I progetti energetici congiunti, le linee elettriche transfrontaliere, gli investimenti in dighe e centrali sono uno dei pilastri del modello di sviluppo laotiano, che punta a fare del paese una “batteria verde” della regione, fornendo elettricità ai vicini e finanziando così il proprio processo di modernizzazione.

Anche il commercio bilaterale registra una dinamica impressionante. Nel 2024, il volume degli scambi ha superato i 2,25 miliardi di dollari, segnando un record storico, mentre nei primi nove mesi del 2025 si è già attestato intorno ai 2,36 miliardi, con un robusto incremento su base annua. I valichi di frontiera e le zone economiche congiunte funzionano come laboratori di integrazione economica reale, creando posti di lavoro e nuove attività produttive nelle regioni periferiche di entrambi i paesi. È qui che la retorica della “prosperità condivisa” trova un ancoraggio concreto, visibile nella vita quotidiana delle comunità di confine.

Per quanto riguarda i risultati interni ottenuti dal Laos, il Ministro degli Esteri Thongsavanh Phomvihane ha fornito una lettura sintetica dei progressi raggiunti in questi cinquant’anni di Stato popolare. Il superamento dell’analfabetismo, che all’inizio della rivoluzione colpiva circa il settanta per cento della popolazione, la costruzione di una rete stradale nazionale dove un tempo persino l’arteria principale, la Strada 13, era in gran parte non asfaltata, l’espansione dell’accesso all’elettricità e l’apertura del paese a oltre cento quaranta relazioni diplomatiche e quaranta missioni all’estero sono indicatori tangibili della “trasformazione” del Laos sotto la guida del PRPL. In questo processo, Thongsavanh sottolinea con insistenza il ruolo del Việt Nam, il cui sostegno definisce “leale, totale e significativo” fin dagli albori della rivoluzione.

Cinquant’anni dopo la proclamazione della Repubblica Democratica Popolare Lao, il bilancio che emerge è quello di una rivoluzione che non si è chiusa nel 1975, ma continua a ridefinirsi nella costruzione quotidiana dello Stato, dell’economia, della società. Il Laos ha percorso un cammino difficile, segnato da crisi economiche e vincoli strutturali, ma è riuscito a mantenere stabilità politica e coesione nazionale. Il Việt Nam, a sua volta, ha costruito una traiettoria di crescita che lo proietta tra gli attori emergenti dell’Asia. In questo quadro, la relazione speciale tra le due repubbliche rappresenta uno strumento vivo di azione politica, un moltiplicatore di forza per due paesi che, pur diversi per dimensioni e peso, condividono una matrice ideologica e una memoria di lotte comuni.

Le celebrazioni del cinquantesimo anniversario della vittoria rivoluzionaria in Laos e le visite incrociate dei massimi dirigenti segnano quindi un momento di sintesi e rilancio. Sintesi di una storia di sangue, sacrifici, amicizia e costruzione. Rilancio di un progetto di cooperazione che, dalle montagne dell’Indocina del secolo scorso, si spinge oggi nei domini della connettività infrastrutturale, della trasformazione digitale, della formazione di nuove generazioni di quadri. Se la rivoluzione del 1975 ha aperto la strada all’indipendenza e al socialismo, il cinquantesimo anniversario si presenta come un ponte verso un futuro in cui la speciale solidarietà Việt Nam–Laos resta una delle chiavi per difendere sovranità nazionale, promuovere sviluppo e contribuire alla pace e stabilità di tutta la regione.

]]>
El electo alcalde de New York City ¡NO es comunista ni socialista! https://strategic-culture.su/news/2025/11/30/el-electo-alcalde-de-new-york-city-no-es-comunista-ni-socialista/ Sun, 30 Nov 2025 13:05:43 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889152 El progresismo -que podría ponerse en la línea de Mamdani- integra métodos y enfoques que tienden a reformas ajustadas en efecto al Estado social y de derecho, en el marco del capitalismo como modo de producción dominante.

Únete a nosotros en Telegram Twitter  VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

“El comunismo es un fenómeno de conciencia y no solamente un fenómeno de producción y distribución; y no se puede llegar al comunismo por la simple acumulación mecánica de cantidades de productos, puestos a disposición del pueblo”

Ernesto Che Guevara 1963. Apuntes críticos a la economía política

 El filósofo cubano Pablo Guadarrama González, quien impartió clases en varias universidades colombianas, incluida la Universidad Nacional de Colombia, solía observar aquella manía de algunos intelectuales por definir quién era más o menos marxista, como poseedores de algo que él llamaba, “Marxómetro”. Una inventiva mordaz para señalar que con un aparato alguien puede medir la calidad ideológica marxiana de alguien.

Esta manía ha acompañado a la izquierda latinoamericana y al menos, de la que tengo mayor conocimiento por mi trabajo de grado en Historia, la colombiana de los años 70’s, provocando múltiples rupturas y por ende el debilitamiento en el liderazgo político y partidista de cara a elecciones para el hacer parlamentario y de gobierno.

No es mi idea caer en la manía advertida de otra suerte de “Marxómetro”. Pero en todo caso y como tema que he desarrollado como aporte a la crítica y la autocrítica del progresismo y de la gestión del primer presidente no de élite en Colombia, Gustavo Petro, me propongo llamar la atención de tal fenómeno que distorsiona la esencia del comunismo y el socialismo, analizando al recién elegido alcalde de New York City NYC, Zohran Mamdani.

Zohran Kwame Mamdani

Algunos datos biográficos los pueden consultar en el link anterior. Me parece clave señalar algunos datos hasta donde puedo ahondar con fuentes abiertas sobre su formación ideológica.

Su padre, Mahmood Mamdani, de origen ugandés, se casó con Mira Nair, directora y productora de cine india. Tiene una larga y fructífera trayectoria intelectual y activista. Su postura anti colonial y pro africana le ha distinguido y es profesor de antropología, ciencias políticas y estudios africanos en la Universidad de Columbia. Es conocido por sus posturas radicales desde el islamismo; hecho que como se puede apreciar en el siguiente video de activista YouTuber, ofrecen una acomodaticia suma de evidencias, iniciando a llamar al nuevo alcalde de NYC como “comunista musulmán”, para finalizar con señalamientos fuera de lugar, pero intensionales al decir como conclusión: “nunca te dejes “psicopatear” [sic.] por un zurdo cuando te quiere tildar de islamofóbico”.

Por un lado, si Zohran M. tiene intensiones como lo señalan sus detractores de llevar el islam a EE.UU. desde una perspectiva no violenta y democrática a diferencia de las cruzadas de hace 700 años, eso no tiene porqué emparentarlo con lo ‘zurdo’ o lo ‘comunista’.

El acervo intelectual del padre Mahmood M., puede haberlo marcado. Una obra de Mahmood, titulada Politics and Class Formation in Uganda – 1976 (Política y formación de clases en Uganda) inicia con una cita de Lenin y otra de Marx. Esto es consistente con una formación excelsa a nivel teórica como propuesta anti colonial y de análisis a la comprensión de la formación desde la categoría “clase social”. Mahmood M., padre del alcalde electo no hace parte de organización alguna de izquierda, hasta donde se puede comprobar.

Sin embargo, desde 2017, Zohran M. hace parte de la Organization Democratic Socialistsof America (DSA) fundada en 1982. Estudió en La Escuela Secundaria de Ciencias del Bronx, de donde se deduce -pues no logré verificar si es así- que es matemático o formado en alguna ciencia. luego pasó a Bowdoin College en Brunswick, Maine, donde cofundó el capítulo estudiantil de Students for Justice in Palestine.

Es musulmán de la línea chiíta. Es importante señalar que la línea chiíta en Afganistán, fueron minoría, con alrededor del 15% de la población y sufrieron los embates de la guerra en la cual participó la Unión Soviética. Fueron los insurgentes muyahidines, musulmanes radicales, quienes apoyados por otras naciones que aún gobiernan como monarquías y teocracias, apoyados por E.UU. quienes expulsaron a la URSS, pero ya la propia cosmovisión e ideología había derrotado cualquier idea socialista o comunista.

Siendo la URSS de talante comunista auténtico, dentro del marco de sus postulados ideológicos y programáticos, siempre dentro de la propia guerra los comandantes militares y ideológicos advirtieron de la imposibilidad de fundar en Afganistán un próspero partido comunista. Esto debido al carácter radical del islam que no veía ni ve con buenos ojos temas como la distribución de la tierra o la propiedad. Este elemento es clave para señalar la insolubilidad entre islam y comunismo. Entre islam y socialismo. Pero, efectivamente no insoluble islam y progresismo, woke o los tipos deslactosados, blandos de socialismo en Estados Unidos. Allí, el propio partido Demócrata ha sido considerado socialista. Cuando Barak Husein Obama llegó al poder, se le señalaba de comunista. Estas son las formas de distorsión que en mi concepto han cimentado la tergiversación de la impronta socialista y comunista en sus postulados más auténticos y radicales.

Plan de gobierno

A continuación, algunas de las soluciones propuestas para su gestión como alcalde, extraídas de su plataforma oficial, Zohran for New York City:

 Congelar el alquiler

Como alcalde, Zohran congelará inmediatamente el alquiler para todos los inquilinos con renta estabilizada y utilizará todos los recursos disponibles para construir las viviendas que los neoyorquinos necesitan y reducir el alquiler.

 Construcción de viviendas asequibles

Para las viviendas adicionales que necesitamos, Zohran iniciará un Plan Integral para la Ciudad de Nueva York que creará una visión holística de asequibilidad, equidad y crecimiento. Esta planificación permitirá a la ciudad abordar el legado de la zonificación racialmente discriminatoria, aumentar la densidad cerca de los centros de transporte, eliminar la obligación de construir estacionamientos y planificar proactivamente nuestro futuro.

 Autobuses rápidos y gratuitos

Zohran ganó el primer programa piloto de autobuses gratuitos de Nueva York en cinco líneas de la ciudad. Como alcalde, eliminará permanentemente el pago de la tarifa en todos los autobuses urbanos y los hará más rápidos mediante la rápida construcción de carriles prioritarios, la ampliación de las señales para saltarse la fila de autobuses y zonas de carga exclusivas para evitar que quienes estacionan en doble fila se interpongan en el camino. Los autobuses rápidos y gratuitos no solo harán que los autobuses sean confiables y accesibles, sino que también mejorarán la seguridad de pasajeros y operadores, creando el servicio de primera clase que los neoyorquinos merecen.

 El departamento de seguridad comunitaria

La policía tiene un papel fundamental que desempeñar. Pero, en este momento, dependemos de ella para abordar las deficiencias de nuestra red de seguridad social, que les impiden realizar su trabajo. A través de esta nueva agencia municipal y un enfoque de gobierno integral, la seguridad comunitaria se priorizará como nunca antes en la ciudad de Nueva York. El Departamento invertirá en programas de salud mental y respuesta a crisis en toda la ciudad —incluyendo el despliegue de trabajadores sociales especializados en 100 estaciones de metro, la prestación de servicios médicos en locales comerciales vacíos y el aumento de Embajadores de Tránsito para ayudar a los neoyorquinos en sus viajes—, ampliará los programas de prevención de la violencia armada basados ​​en la evidencia y aumentará la financiación de los programas de prevención de la violencia de odio en un 800 %. Lea más en el NYT y la propuesta completa aquí.

 Cuidado de niños sin costo

Zohran implementará cuidado infantil gratuito para todos los neoyorquinos de entre 6 semanas y 5 años, garantizando así una programación de alta calidad para todas las familias. Además, aumentará los salarios de los cuidadores infantiles —una cuarta parte de los cuales actualmente vive en la pobreza— para equipararlos con los de los maestros de escuelas públicas. Esto fomentará el desarrollo infantil temprano, ahorrará dinero a los padres y permitirá que nuestras familias permanezcan en la ciudad que consideran su hogar.

 Impuestos a las corporaciones al 1%

Zohran tiene un plan para reducir el costo de la vida mediante supermercados municipales, guarderías universales y otras propuestas audaces, y sabe exactamente cómo financiarlo. Su plan de ingresos elevará la tasa impositiva corporativa para igualarla al 11.5% de Nueva Jersey, lo que generará $5 mil millones. Además, gravará al 1% más rico de los neoyorquinos —aquellos que ganan más de $1 millón al año— con un impuesto fijo del 2% (actualmente, las tasas impositivas municipales son prácticamente las mismas, independientemente de si se gana $50,000 o $50 millones). Zohran también implementará una reforma sensata en las contrataciones públicas, pondrá fin a los contratos sin licitación sin sentido, contratará más auditores fiscales y tomará medidas enérgicas contra la recaudación de multas a propietarios corruptos para recaudar $1 mil millones adicionales.

 New York a prueba de Trump

Donald Trump está desgarrando el tejido social de la ciudad de Nueva York en su segundo mandato. Ha desplegado agentes del ICE para separar a los neoyorquinos de sus familias. Ha disparado los precios, que ya eran altos, con aranceles. Y ha amenazado servicios sociales vitales de los que dependen a diario los trabajadores neoyorquinos. Zohran Mamdani luchará contra los intentos de Trump de estafar a la clase trabajadora y creará una ciudad donde todos puedan permitirse una vida digna. Garantizará la protección de nuestros neoyorquinos inmigrantes reforzando nuestro sistema de ciudades santuario: expulsando al ICE de todas las instalaciones de la ciudad y poniendo fin a cualquier cooperación, aumentando el apoyo legal y protegiendo todos los datos personales. Convertirá a Nueva York en una ciudad santuario LGBTQIA+ y protegerá los derechos reproductivos.

¡Suena brillante! Y totalmente anti sistémico. Pero, eso no es socialismo. Eso es el Estado de Bienestar que surgió luego de la Gran Guerra Europea 1914 – 1945 en la propia comunidad occidental y de la cual Europa se benefició mediante el Plan Marshall de Reconstrucción y que, como señala el economista Richard Wolf, fue construida en los Estados Unidos           por el sindicalismo estadounidense en los años treinta del siglo XX, presionando al gobierno de Franklin D. Roosevelt. Dicho Estado de Bienestar, se afianzó en occidente como forma de contener ideológica y programáticamente al comunismo soviético, que ya desde los años 20’s afianzaba un modelo monumental de bienestar.

La gran diferencia con el Estado soviético de bienestar, radica en la concentración de la riqueza que no podía disponer de más mercado ante Estados fuertes en la protección social de bienes y servicios. Tal Estado se fue desmantelando y tuvo su punto de inflexión más agresivo con Ronald Regan y Margaret Thatcher en los 80’s, luego de ver la ‘maravilla neoliberal’ y la privatización: más mercado menos Estado, como expresión de la Escuela de Chicago experimentada en el gobierno chileno de Pinochet, desde 1973. Así, la privatización sumada a la genial idea de Kissinger – Nixon de trasladar la producción industrial a China, para concentrarse en la proliferación del sector bursátil y la financiarización, entrega lo que hoy vemos de las ruinas estadounidenses: restaurantes para pobres, producidos por la exclusión del sistema; drogadicción y muerte por fentanilo; desindustrialización; salarios que nunca podrán competir con China; dependencia de la política exterior de presión, coerción e intervención militar así como del papel del dólar como moneda de cambio universal.

 Las perlas de Mamdani

 Recibió financiación de la Open Society Foundations, OSF de George Soros, por valor de 37 – 40 millones de dólares. En la página oficial de la OSF, señala que: “George Soros, el fundador de Open Society Foundations, comenzó su trabajo filantrópico en 1979, financiando becas para estudiantes universitarios negros africanos en Sudáfrica y para que disidentes de Europa del Este estudiaran en Occidente”. El subrayado es mío. ¿acaso en los años 70’s las disidencias de Europa del Este no eran anticomunistas, o al menos anti soviéticas? En la misma página habla de su trabajo a favor del desmantelamiento de la URSS y el apoyo a la democracia en China. ¿En verdad apoya alguna forma de socialismo alguien así? ¿o será que no es socialista Mamdani?

– Lo respalda Bernie Sanders, el octogenario hipócrita que fue robado dos veces en la consulta interna del partido demócrata y en lugar de formar un bloque disidente se plegó a Hillary Clinton y luego a Joseph Biden, apoyando la guerra en Ucrania contra Rusia. (vea una nota de Democracy Now al respecto) De ello escribí en septiembre de 2024, De Sanders a Kennedy Jr. o la audacia de la desesperanza, señalando la traición a las masas electorales, como lo hizo también Robert Kennedy.

– Sobre Venezuela, se ha pronunciado en contra de su gobierno y de Nicolás Maduro. Mamdani cree en el Estado de derecho. El Estado de derecho es el Estado que ha sostenido al capitalismo. NO al socialismo ni al comunismo desde hace más de un siglo. Tanto Trump como María Corina Machado, golpista fascista y apátrida venezolana, han cargado contra Mamdani, señalando el mal que hace el socialismo como en Venezuela. Esto quizá le lleva a tomar distancia de Maduro, pero muestra, con todo lo demás, que simplemente no es un socialista y que es consistente con una línea social democrática, con un liberalismo reformista tal vez, que tiende y es legítimo a instaurar de nuevo un Estado de Bienestar.

Por cierto. En su página web, tal cual como la ciudadanía que asumió, es amnésico y ahistórico ante los logros del proletariado estadounidense, muestra su propuesta como una novedad y por lo mismo, toda la prensa de derecha reaccionaria lo emparenta olímpicamente con el socialismo y lo catalogan bajo la aberración insoluble de tendencia “islamista comunista”.

A pesar del entusiasmo y la nostalgia, de Richard Wolff, profesor emérito de Economía de la University of Massachusetts Amherst, es consciente de que su votación, arrolladora, con más del 50% sobre otros candidatos con palancas económicas no menores a la de Soros, NO FUE en favor del socialismo, sino en contra del Statu quo, contra la historia de los republicanos y demócratas; élite que domina desde hace dos siglos a NYC. Wolff, debería cuidar su entusiasmo sobre lo que denomina “el regreso del socialismo a USA”. Él más que nadie sabe que la esencia del socialismo es la transición al comunismo desde la toma de los medios de producción, la confiscación de las grandes fortunas construidas siempre desde el robo. El socialismo es la dominación del Estado sobre el mercado y por ende de la clase expoliada durante siglos. Tampoco debería olvidar que EE.UU. y su sociedad es ignorante política, desprovista de sentido común y anclada al beneficio, el dinero fácil y que su riqueza se ha construido con base en el saqueo de los otros pueblos. Esto se confirma en pronunciamientos de Ernesto Che Guevara en los años 60’s y el trabajo Dialéctica de la dependencia – 1973, de Rui Mauro Marini -intelectuales y militantes latinoamericanos- al revisar tanto la explotación como los términos de intercambio.

No es posible no desearles éxito a los ciudadanos neoyorquinos, en esto que puede ser una decepción planificada por la derecha del propio George Soros, para que la gente no vuelva a ver hacia la izquierda, en tanto los medios y plataformas digitales están plagadas de tergiversaciones sobre lo que es izquierda y socialismo. Como dije al inicio, no sacaré un Marxómetro, o un aparato parecido. Tampoco es necesario. Sin embargo, este es otro candidato más que la prensa y los llamados libertarios, sobre los que escribí hace unos años en prensa mexicana, volcarán toda su falta de rigor innata o intensional para endilgar una vez más que eso será Mamdani, una forma de socialismo con tintes woke, que es lo que llaman por fuera de contexto “marxismo cultural”, ‘zurdos de mierda’ como señaló el nefasto Javier Milei.

Es apenas obvio que tanto el socialismo, el comunismo, como el capitalismo, son sistemas dinámicos que cambian con el tiempo y los contextos. Pero no es menos cierto que toda doctrina tiene principios básicos dentro de los cuales se recrea. El capitalismo se ha recreado, pero no ha pedido su esencia expoliadora. El problema es que, desde hace una década al menos, al comunismo y al socialismo lo han nombrado desde afuera. Desde YouTubers y libertarios; derecha activa con granjas de bots.

El progresismo -que podría ponerse en la línea de Mamdani- integra métodos y enfoques que tienden, como la propuesta de Zohran Kwame Mamdani, a reformas ajustadas en efecto al Estado social y de derecho, en el marco del capitalismo como modo de producción dominante. Son una vuelta al Estado de Bienestar dentro del sistema capitalista. En ese sentido tiende a ser la contención de la privatización, pero no llega a ser una nueva concepción ni de modo de producción ni de sociedad. La frase tomada de Ernesto Guevara al inicio de este artículo, habla de los retos de una nueva sociedad -el Hombre Nuevo, el humano naciente- donde se define básicamente la eliminación del sujeto enajenado y apegado al consumo y por el contrario volcado a la acción consciente y la racionalidad de los recursos naturales derivada de la eliminación de manías consumistas, suntuosas y desprovistas del cultivo de las capacidades humanas.

Ojalá me equivoque y veamos a un Mamdani en verdad opuesto al capitalismo. Es el alcalde de una gran ciudad. La llamada capital del mundo. Pero los engranajes del sistema darán cuentas de él y con lo poco visto me mantengo escéptico y dejo la alerta: ¡NO es comunista ni socialista!. Si el padre de Mamdani, Mahmood, con su monumental récord académico y militante fuera el actual alcalde, otra cosa pensaría. Ojalá no sea sólo de Zohran M. su influencia familiar de formación, sino su asesor político.

]]>