Multipolarity – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su Strategic Culture Foundation provides a platform for exclusive analysis, research and policy comment on Eurasian and global affairs. We are covering political, economic, social and security issues worldwide. Mon, 09 Mar 2026 10:43:01 +0000 en-US hourly 1 https://strategic-culture.su/wp-content/uploads/2023/12/cropped-favicon4-32x32.png Multipolarity – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su 32 32 ¿Es tiempo de que Rusia y China escalen a la guerra total? https://strategic-culture.su/news/2026/03/09/es-tiempo-de-que-rusia-y-china-escalen-a-la-guerra-total/ Mon, 09 Mar 2026 14:02:30 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=891029 Si queda un mundo en pie tras la guerra total, debe ser reorganizado bajo el espíritu de la Organización de Shanghái OCS y del grupo BRICS+.

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No hay forma de evitar la guerra; solo puede posponerse en beneficio de otros.

— Otto von Bismarck (canciller alemán, 1815-1898)

…finalmente, la única guerra que le queda a Prusia-Alemania por librar será una guerra mundial, una guerra mundial, además, de una extensión y violencia hasta ahora inimaginables.

— Friedrich Engels 1887 “En memoria de los patriotas alemanes sanguinarios. 1806 -1807”

En el artículo pasado que titulé, Dos eventos que dejó febrero, los astros y sus luces, escribí:

Postergar la confrontación que se dará inevitablemente ya no parece una opción. Irán aplazó una guerra abierta por ocho meses y quería postergarla una vez más aun sabiendo que Israel no dejaría avanzar una negociación. […]

En los años como imperios consolidados, ni chinos, rusos, indios o persas tuvieron un enemigo tan irracional, letal, idiota, arrojado, poderoso, con armas que son truenos de los dioses, como los Estados Unidos de América. La luz, recuerdo de los astros que fueron y han sido estos imperios, no sea, por el bien global, el velo que no les permita comprender que ya están en guerra abierta y que se desean sus cabezas. Que los novatos, los advenedizos de la historia, los atlánticos belicistas, están dispuestos a borrar de la memoria y la vida material su propia existencia y la de sus contrincantes.

Estos dos fragmentos que retomo del artículo anterior, en que analizo el papel ambiguo de la India en Medio Oriente, así como las alertas que abre, una vez más, la traición a las negociaciones por parte de EE.UU. a sus pares iraníes, señalan que, tener mil o cinco mil años de antigüedad como civilización, no constituye en sí una garantía de triunfo predestinado. Esto implicaría una visión determinista, anti materialista y anti dialéctica de la historia.

En otros artículos he resaltado el carácter desconcertante de la doctrina rusa sobre las líneas rojas, así como la ‘paciencia estratégica’ de China y la propia Rusia. Los analistas más agudos, líderes o autoridades militares de tales naciones, también quedan perplejos y no comprenden hasta dónde se estirará la contención -que no funciona ya para la OTAN- ni la ‘paciencia estratégica’ ante los Estados Unidos de América, que remasteriza doctrinas como la Monroe pero potenciada por un arma de baja intensidad letal: el dominio y control de medios de información donde todo lo efectuado se proyecta como ‘exitoso’, ‘genial’, ‘grandioso’, ‘perfecto’ o ‘un 15 sobre 10’, como calificó Trump al desempeño de su fuerza militar en la guerra en Oriente Medio.

Parece, al hacer una lectura de la actualidad, que la guerra por contradicciones entre las élites globales, que implica luchas multidimensionales de prestigio, religión, raza y además por supremacía y excepcionalismo en el caso israelí – estadounidense, va reduciendo, quemando las cartas jugadas mediante sus proxies y la guerra total se dará más pronto que tarde. De hecho, para el realista vivo más importante, John Mearsheimer, el concepto de ‘guerra por delegación’ es un error. Ya está la guerra entre potencias.

Lo que señalaré puntualmente, lo hago bajo la convicción de que ya se dio una inflexión evidente con los eventos del secuestro presidencial en Venezuela y la guerra contra Irán y ya no hay caso para China ni Rusia mirar hacia otro lado. Postergar más, tener más paciencia, correr de nuevo las líneas rojas, quizá les ponga en desventaja.

Así, aunque EE.UU. tiene cierto poderío militar no es poseedor exclusivo del mismo. No hay nadie en su sano juicio, salvo los europeos y los proxies occidentales, que no sepa que la fuerza militar mejor capacitada y más desarrollada tecnológicamente en el mundo es la rusa; salvo en proyección global, stealth, portaaviones, donde EE.UU. puede ser superior. Es difícil también que alguien sensato e informado no comprenda que la economía más sólida, el país más desarrollado hoy en infraestructura, robótica, IA, cadenas globales de suministro, flota naval civil, reforestación, mayor inversor en el mundo, mayor número de patentes, de ingenieros y de escuelas de alta calidad y con patrón energético multifactorial, es China.

Este último punto es importante, en tanto las guerras en Ucrania e Irán, así como el secuestro de la economía petrolera venezolana, tiene como principal objetivo, cerrar la fuente energética para el alto consumo industrial y de refrigeración para IA de China; quien tiene un mix de energías dispuesto: Carbón: 55-61%, petróleo: 18-20%; gas natural: 8-10%., renovables (hidroeléctrica, solar, eólica, etc.): 10-15% -donde la energía solar y eólica ya superaron el 20-25% en generación eléctrica en 2025, nuclear: 2-5%. y biomasa: 3%.

Por su parte, Rusia. A la que John McCain, el psicópata senador estadounidense solía llamar gasolinera con armas nucleares, tiene un mix energético de: gas natural: 52-55%, petróleo: 19-20%, carbón: 15-18%, nuclear: 10%, hidroeléctrica: 2-4% y renovables: 1%

La cooperación estratégica ruso-china se extiende más allá de los oleoductos de gas y petróleo a la cooperación en el Ártico y las proyecciones de cambio de patrón energético a mediano plazo en las dos naciones en cooperación para construcción de centrales nucleares de quinta generación en donde el residuo nuclear es cero, tema liderado por Rusia y también con incursión significativa china. Esto queda documentado en la entrevista al experto Henry Tillman, acerca de la revolución del Torio en China.

Entonces, la guerra en Irán, que intenta cortar suministros de hidrocarburos a China, mediante Israel, la misma idea de derrotar a Rusia a través de Ucrania, el secuestro de la industria petrolera venezolana, ya son iteraciones del mismo patrón inevitable: todos los caminos conducen a China, mientras se destroza a sus socios.

Por donde pasa la energía en rutas marítimas, pasan las mercancías y las cadenas de valor. La energía es vital para las economías y las economías, en tanto productoras de mercancías, bienes y servicios, dan sentido a la producción consumo de energía. Todas las agresiones sufridas por Rusia y China tienen ya en sí la meta de una reorganización internacional de los grandes negocios para el mediano y largo plazo.

Lo que el occidente colectivo liderado por el antiguo hegemón estadounidense grita es: reparte tus logros o te parto a golpes. Queremos los rendimientos de tu economía real para sanear nuestra economía financiarizada. Nivelemos mi decadencia con tu auge o mi decadencia te penetrará como un cáncer en forma de sanciones, terrorismo, ideologías de género, ‘orden basado en reglas -mías-’ o guerra bacteriológica.

Esto no es una confrontación entre modelos de bienestar diferentes. Es una guerra de élites con acentos religiosos o étnicos marcados. Es una guerra entre el atlantismo, el eurasianismo y el asiaísmo chino. El punto es sencillo y en ello el pragmatismo descarado, sin corrección política de Trump es claro: debes plegarte a EE.UU., ya sea vía aranceles, no apoyar a Rusia, no invertir en las regiones del mundo, salir de los puertos latinoamericanos, como los de Perú o Panamá o reducir los programas de competitividad económica, como sugirió Janet Yellen a China.

Le exige Trump a Irán, debes reducir tu programa nuclear a cero, dejar de fabricar misiles hipersónicos de más de 300 kilómetros de rango, dejarme nombrar a tu próximo gobernante, me importa un bledo tus 162 niñas asesinadas el 28 de febrero, me importa poco haber asesinado a tu líder espiritual, tampoco reparo en tus reservas internacionales congeladas, ni todas las sanciones que te he impuesto.

Finalmente, para el caso de Rusia, se le pide hacer un alto al fuego, dar oportunidad de inversión estadounidense en Rusia, congelar el conflicto, regalar sus 300 mil millones incautados por Europa, permitir tropas extranjeras en suelo ruso, balcanizar la nación, olvidarse de un Nuremberg 2.0 pues no importa ninguna muerte rusa, ni su lengua ni su religión ortodoxa ni su cultura milenaria y mejor debe plegarse al dominio occidental en silencio.

Los israelíes, que son a la vez judíos como religión y como etnia, nos ven al resto del mundo como algo menor que ganado o esclavos. Cada uno se merece, según sus tradiciones, mil doscientos gentiles, o Goyim, como nombran a todo NO JUDÍO. Así nos llaman y somos a sus ojos inferiores. Si un judío viola una gentil, no es delito. Si se queda con las tierras y olivares de palestinos, no es delito. Todo está basado, como con los norteamericanos y los europeos, en un excepcionalismo. Un derecho divino.

¿Cree acaso un chino o un ruso, de cuyos nacionales varios viven en Israel, que además de las razones económicas de la guerra, los gringos o sionistas algún día los verán, como iguales? ¿Creen que los occidentales y sionistas van a desaprovechar una coyuntura en donde por causa de la propia ‘paciencia estratégica’ se sienten con el arrojo de pasar una y mil líneas rojas? Rusos y chinos son Goyim, son gentiles, son menos que reses para los estadounidenses, europeos o sionistas.

Pero no es sólo un concepto étnico peyorativo. Está integrado por la función social o no del capital y la riqueza en esas naciones, en todas las naciones, por es una guerra entre las élites y donde el resto de la humanidad concursa en calidad de mártir y espectador, muchas veces pidiendo vasallaje, como los casos de Argentina, El Salvador e India.

El judaísmo extremado en el sionismo y el fascismo, son hermanos pegados por la cintura. ¿Se puede aplazar el choque con un contrincante así de monstruoso hoy en día? Antes, nos vendieron que los nazis mataron a los pobres judíos. Ahora fascistas y judíos sionistas, -lectores todos de la Torá, el Tanaj y el Estado judío de Herzl- se unen para vencer a las dos potencias antagónicas étnica y religiosamente, pero competidoras como élites planetarias en consolidación. Asesinan los primeros a rusos y eslavos desde el neonazismo banderista y masacran palestinos desde el judaísmo excepcionalista los otros.

Por qué atacar ahora al decadente hegemón

  • Reservas de munición crítica por guerra abierta en Ucrania. ¿podría alimentar tres frentes, si China toma Taiwán?
  • Inferioridad tecnológica. Aun siendo potente, no puede competir ni escalar al nivel de Rusia y China Juntas.
  • OTAN debilitada. Nadie en Europa quiere sumarse de buena gana una guerra más. España ha dado el primer bandazo, además de negarse a subir a un 5% su inversión en la OTAN.
  • OTAN sin armas, con stocks agotados por apoyo a ucronazis, cuerpos militares no capacitados o minúsculos, sin motivación existencial, sin fuerza de comando y control, plegada a una fuerza estadounidense abrumada.
  • Estados Unidos ya des territorializó la lucha de regional a global. Ataca lanchas supuestamente narcotraficantes en el Pacífico y el Caribe; incauta cargueros de petróleo con banderas china o rusa; hostiga con Europa a la flota marina de carga rusa, la golpea con agentes ucranianos lejos del Mar Negro, donde éstos tendrían acceso; tomó prisionero a un aliado que se sentaba sobre la mayor reserva de petróleo -Nicolás Maduro-; quitó puertos o participaciones de empresas chinas en Panamá; atacó una fragata iraní en Cachemira, que carecía de armas, lejos de las zonas de combate. Y esto para no volver sobre todas las agresiones a Rusia desde 2014 o las provocaciones en Taiwán a China o la instigación a protestas en Hong Kong y el levantamiento de los uigures en la región noroeste de Xinjiang.
  • Irán en una semana destrozó más de 20 bases militares estadounidenses en la región, atacó en profundidad a Israel y mantiene una estrategia agresiva en el estrecho de Ormuz limitando el paso de cargueros y atacando a la flota naval estadounidense. Esto quiere decir que Rusia puede ser más agresiva con la OTAN y el respaldo y participación de ésta en Ucrania. Difícilmente EE.UU. invocará el artículo 5 de defensa mutua por ataque a un socio OTAN. No arriesgará EE.UU. sus propias ciudades. Según el analista Gilbert Doctorow, este ya es un debate en la sociedad y los expertos rusos que piden finiquitar la larga Operación Militar Especial.
  • Europa con tasa de natalidad a la baja; ideologías de género que la desarticularon de sentimientos no sólo nacionales sino de conciencia de clase social, derivada de las luchas del siglo XVIII, XIX y XX, una Europa donde crecía una clase media con capacidad de ahorro; dependiente ahora de combustibles estadounidenses, desindustrializada, plegada a regañadientes a China, anhelando los combustibles rusos, pero cerrando esto a futuro.
  • Precios del oro, petróleo, plata y fletes de transporte al alza. Todo esto debilita a EE.UU. y a Europa, significativamente, pues nunca han desarrollado la infraestructura logística que compita con China.
  • Calentamiento desbordado de la deuda estadounidense llegando a 30 billones (o trillones) de dólares, lo que al lado de las deudas europeas hacen deseable una guerra y les torna agresivas.
  • Crisis interna de dirección política. Crisis moral interna -archivos Epstein-. Crisis sanitaria y de consumo de fentanilo. Descomposición social en un quinto de su población. Satanización de los únicos que producen economía real: los migrantes.
  • Estados Unidos es un imperio formado en su publicidad. En su American Dream. En la proyección de poder militar más dólar en Hollywood. En el celuloide. El actual presidente psicópata, enfermo mitómano, megalómano y su cohorte de pusilánimes, se han envalentonado al ver que nadie los para. Creen que la extracción de Maduro, seguramente negociada con élites locales, es un gran triunfo expresión de su excepcionalismo. Rusia y China deben decir NO. No es así.
  • La ruta del Ártico, las conexiones portuarias logradas por China con todo el mundo, presionan a occidente y quieren una guerra en sus tiempos, en sus términos y en su provecho: no en Europa ni Norteamérica, no lastimando sus intereses y con un mundial de fútbol, para poner un ejemplo de su descaro y altivez, en paz, mientras hacen arder el mundo. El mundo bajo un gran esquema libio. Todo en caos, pero con explotación petrolera.
  • Occidente no podría llevar a buen término una guerra con los frentes abiertos más otro directo puesto por China y Rusia. Las guerras, así sean totales abiertas, se desarrollan en el espectro de la barbarie de las armas convencionales. Siempre habrá la posibilidad de escalada a fase nuclear, pero eso NO SERÍA UNA GUERRA, sino el epitafio de la Destrucción Mutua Asegurada.

Al inicio del texto señalaba que pensar el milenarismo como garantía de triunfo predestinado implicaría una visión determinista, anti materialista y anti dialéctica de la historia. La guerra es connatural a una naturaleza atrasada humana, quizá, o a una forma consecuente y paulatina en donde se decantan las más agudas contradicciones. Allí donde una palabra o un insulto no logran su efecto. Donde la intimidación ya no coacciona. Donde las líneas rojas no son creíbles. Donde el amo y el esclavo están dispuestos a la desaparición por aniquilación.

Se dice en el materialismo histórico que las contradicciones antagónicas, entre opuestos, como pobre – rico, esclavo – esclavista, no tienen resolución. Su única forma de ruptura es mediante el ejercicio de la fuerza, la revolución. Esta NO es esa circunstancia.

Vivimos la lucha de contradicciones no antagónicas. ¿Están dispuestas las élites globales a llegar a un acuerdo, con tal de comer y dormir bien y seguirnos explotando?

El tiempo y los hechos muestran que hay que ir a guerra abierta y Rusia y China deben asumir de frente este papel ineludible y dialéctico, pues si caen, por dormir en la confianza y los laureles de su milenarismo, caemos todos en el Sur Global, como idea alternativa de sociedad multipolar y policéntrica, camino a posibles nuevas revoluciones honestas a futuro.

Posdata:

Nadie debe querer la guerra ni motivarla, pero tampoco temerla.

La guerra es multidimensional, no sólo es el desenfreno de la muerte.

La guerra actual, como las guerras anteriores a 1939, es guerra entre castas o élites.

La guerra actual no se libra para que prevalezca un mejor Estado de Bienestar, sino un menor Estado de malestar.

Las guerras, si no son revolucionarias, no sirven para nada, no liberan nada, no crean nada, no permiten transitar hacia nada nuevo.

Si queda un mundo en pie tras la guerra total, debe ser reorganizado bajo el espíritu de la Organización de Shanghái OCS y del grupo BRICS+. Espero que éstos logren estar a la altura de tal momento histórico.

¡NO más espíritus de Anchorage!

Debo decir que uno de los diplomáticos más admirables de la actualidad, Sergei Víktorovich Lavrov, lleva al menos un año mostrando que el tiempo de la diplomacia se ha pausado.

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Monaco 2026, la conferenza che ha messo a nudo la crisi dell’Occidente atlantico https://strategic-culture.su/news/2026/02/23/monaco-2026-la-conferenza-che-ha-messo-a-nudo-la-crisi-delloccidente-atlantico/ Mon, 23 Feb 2026 16:30:35 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890743 La 62ª Conferenza di Monaco non ha mostrato una comunità occidentale compatta, ma un’Europa inquieta tra pressioni statunitensi, crisi della fiducia transatlantica e ricerca di autonomia. In questo vuoto, la diplomazia cinese propone regole, multipolarismo e cooperazione pragmatica.

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La Conferenza di Monaco sulla Sicurezza avrebbe dovuto rappresentare il tradizionale momento di coordinamento strategico tra Stati Uniti ed Europa. In realtà, si è trasformata nello specchio di una relazione transatlantica in affanno. L’appuntamento, tenutosi dal 13 al 15 febbraio con la partecipazione di responsabili politici e di sicurezza provenienti da oltre 110 Paesi e regioni e con più di 50 capi di Stato e di governo, è partito con una domanda non dichiarata ma evidente: quanto è ancora solido il quadro politico che ha retto l’Occidente negli ultimi decenni?

Il segnale più eloquente è arrivato già alla vigilia, con la pubblicazione del Munich Security Report 2026 e la sua copertina “Under Destruction”, richiamo simbolico a un ordine internazionale percepito come eroso dall’interno. Nella lettura proposta da molti analisti, il punto politicamente più sensibile è la crescita della percezione del rischio proveniente dagli Stati Uniti stessi, un dato che in alcuni contesti europei supera perfino quello legato alla Cina o alla Russia, a dimostrazione di una fiducia strategica incrinata, cioè della crisi del pilastro psicologico su cui si era costruita la comunità atlantica.

Il cuore del problema non è soltanto la divergenza di interessi, fenomeno fisiologico tra alleati, ma la trasformazione del metodo politico di Washington. In particolare, facciamo riferimento a una sequenza di mosse che ha fatto crescere la diffidenza europea: minacce tariffarie, linguaggio coercitivo, dossier Groenlandia, oscillazioni su dossier di sicurezza cruciali e un uso del potere che appare sempre più diretto. In altre parole, il problema non è solo la posizione subalterna dell’Europa rispetto agli Stati Uniti, situazione che si verifica da otto decenni, ma il fatto che Washington stia chiaramente optando per la leva della pressione, non per quella della concertazione.

Proprio a Monaco, il tentativo statunitense di “rassicurare” l’Europa ha mostrato tutti i suoi limiti. Il segretario di Stato Marco Rubio ha ribadito l’impegno di Washington sulla NATO e sull’Articolo 5 della Carta Atlantica, ma nel contempo ha insistito sul fatto che gli alleati europei debbano aumentare in modo sostanziale la spesa militare, con richieste che in molti ambienti europei sono state lette come politicamente e socialmente destabilizzanti. Il messaggio, percepito da numerosi osservatori, è stato ambiguo, ovvero volto a fornire garanzie formali da un lato, e a richiedere un totale allineamento e maggiori oneri dall’altro. Questa ambivalenza produce inevitabilmente un paradosso, con gli Stati Uniti che chiedono più fiducia nel momento in cui praticano una politica che ne consuma le basi.

Nello stesso contesto, anche le voci europee più atlantiste hanno iniziato a usare un lessico meno deferente. Interventi come quello del premier olandese Dick Schoof, che ha invitato l’Europa a mostrare la propria “spina dorsale”, indicano una mutazione culturale in corso. Schoof ha riconosciuto che l’Europa non può restare un mercato passivo e ha difeso una linea di commercio aperto che include anche la cooperazione con la Cina, insistendo sul fatto che non si può tornare alla logica della dipendenza unidirezionale. È un passaggio che dimostra come i governi europei, seppur non pronti ad “abbandonare” gli Stati Uniti, vogliano smettere di ridurre la politica estera europea a una funzione derivata delle priorità di Washington.

Questo slittamento, tuttavia, è ancora incompleto. Da anni l’Unione Europea parla di autonomia strategica, ma quando la pressione cresce torna a privilegiare la gestione dell’emergenza rispetto alla ricostruzione strutturale. Ad oggi, dunque, l’Europa possiede massa economica, tecnologia, mercato interno e una moneta internazionale, ma non ha ancora convertito queste risorse in una postura geopolitica coerente. Senza quella conversione, ogni crisi transatlantica si trasforma in una crisi di identità europea.

La Cina, dal canto suo, osserva attentamente il logoramento delle relazioni transatlantiche. La partecipazione del ministro degli Esteri Wang Yi alla Conferenza non è stata solamente un gesto simbolico di cortesia diplomatica, ma ha avuto soprattutto lo scopo di formulare una proposta di metodo. Nelle dichiarazioni rese in vista della Conferenza, la diplomazia cinese ha insistito su alcuni criteri: multipolarismo ordinato, rispetto del diritto internazionale, centralità del multilateralismo, cooperazione aperta e mutualmente vantaggiosa. Al di là delle formule, il messaggio politico è che, in una fase di frammentazione, la Cina si propone come attore che privilegia stabilità e regole, non logiche di blocco e coercizione.

La rilevanza di questa impostazione aumenta se la si confronta con la condizione europea emersa a Monaco. Da un lato, Bruxelles e le principali capitali cercano di difendere capacità industriale, autonomia tecnologica e margini diplomatici; dall’altro, restano intrappolate in un quadro di sicurezza che rende costoso qualsiasi scostamento dalla linea statunitense. Il risultato è una politica estera spesso oscillante: dura nei toni, incerta nelle scelte, vulnerabile alle crisi indotte. In questo spazio di ambiguità, la Cina non vuole offrire un modello da copiare come ha fatto Washington dal secondo dopoguerra in poi, ma si pone come un partner con cui negoziare interessi concreti su commercio, investimenti, energia, infrastrutture e governance globale.

A nostro modo di vedere, dunque, la Conferenza di Monaco ha mostrato almeno tre livelli di frattura. Il primo è interno all’Occidente: l’alleanza atlantica non è più una comunità di intenti automatici, ma un campo di negoziazione asimmetrica in cui Washington detta il ritmo e l’Europa rincorre. Il secondo è interno all’Europa: cresce la consapevolezza della dipendenza, ma manca ancora un consenso politico operativo per superarla. Il terzo è sistemico: il mondo multipolare avanza più velocemente della capacità occidentale di adattarvisi. E quando la struttura cambia, i riflessi ideologici diventano un ostacolo.

Per l’Europa, continuare a leggere la Cina soprattutto attraverso categorie ereditate dalla fase unipolare significa sbagliare diagnosi e quindi terapia. Se l’obiettivo è proteggere crescita, occupazione, coesione sociale e autonomia decisionale, allora serve una politica di equilibrio dinamico: relazioni stabili con gli Stati Uniti, ma senza subalternità; dialogo strutturato con la Cina; protagonismo europeo nei fori multilaterali. In questa cornice, Monaco 2026 non è stata soltanto una conferenza di sicurezza, ma una prova generale di riassetto geopolitico.

La questione decisiva, in fondo, è se l’Europa intenda rimanere un “territorio geopolitico” su cui altri proiettano forza, oppure diventare un “soggetto geopolitico” capace di definire priorità, strumenti e alleanze in funzione dei propri interessi storici. Oggi appare chiaro come il vecchio automatismo transatlantico non garantisca più né prosperità né sicurezza, e la risposta non può essere la nostalgia atlantista. Deve essere una strategia europea adulta, capace di negoziare con tutte le grandi potenze e di valorizzare la pluralità dei partner. Insomma, o l’Europa costruisce una postura autonoma in un mondo multipolare, anche aprendosi a un rapporto più maturo e non ideologico con la Cina, oppure continuerà a subire crisi altrui come se fossero il proprio destino.

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Vance en el Cáucaso: una llamada de atención para la multipolaridad https://strategic-culture.su/news/2026/02/22/vance-en-el-caucaso-una-llamada-de-atencion-para-la-multipolaridad/ Sun, 22 Feb 2026 14:05:32 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890734 Estimados lectores, en la gran traducción del día les traemos al español una entrevista de Yunus Soner al profesor Barış Adıbelli de la Universidad Dumlupınar de Turquía en UWI.

Yunus SONER

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El vicepresidente de los Estados Unidos, J. D. Vance, realizó una visita de dos días al Cáucaso Meridional, donde se reunió con el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, y el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev. Durante ambas visitas, los Estados Unidos firmaron acuerdos fundamentales con sus homólogos.

En Armenia, se acordó la cooperación en materia de energía nuclear y la venta de drones. En Azerbaiyán, se firmó un acuerdo para elevar las relaciones al nivel estratégico, incluida la cooperación en los sectores de la energía y la defensa.

Entrevistamos al profesor Batış Adıbelli, de la Universidad turca de Dumlupınar, sobre el contexto geopolítico y los efectos de la visita de Vance. Adıbelli trazó un marco más amplio, lanzó una advertencia a Turquía e hizo un llamamiento a Rusia para que regresara a la política internacional.

Estados Unidos entra en Asia «por tierra»

¿Cómo valora la visita del vicepresidente estadounidense al Cáucaso?

Ha sido el mayor sueño de Estados Unidos durante muchos años, es decir, desde el final de la Guerra Fría. Hicieron muchos intentos por entrar en el Cáucaso y el mar Caspio, pero sin éxito. Por ejemplo, organizaron una revolución de color en Georgia y amenazaron a Azerbaiyán de vez en cuando.

Yo ya lo había previsto cuando Trump asumió el cargo, o incluso antes, durante su campaña electoral. Recuerde que el principal objetivo de Biden en ese momento era la región Asia-Pacífico y Taiwán, a la que llamaban la región Indo-Pacífico. Perseguían una política destinada a rodear a China, centrada en Taiwán y el mar de la China Meridional.

Pero yo dije en ese momento que Trump haría lo contrario. No entraría en Asia por el mar, es decir, por los océanos, sino por tierra. En otras palabras, el objetivo de Trump es establecerse en la geografía euroasiática. Llevar a Estados Unidos a la geografía euroasiática.

Recuerden que Brzezinski ya había afirmado en los años 90 que las fuerzas que desafiarían a Estados Unidos también surgirían de esta geografía, y no de Europa.

Empecemos con una evaluación desde Turquía.

Bueno, yo digo «lo siento por su pérdida, Turquía». Miren, imaginábamos el corredor de Zangezur como una «carretera de Turán», «el camino de los turcos». Se suponía que iba a unir Turquía con los Estados turcos y el mundo turco con Turquía. Los obstáculos de Rusia y Armenia habían desaparecido.

En el momento en que pensamos que no había nada entre nosotros y los Estados turcos, Estados Unidos apareció de repente. Y ahora, el corredor se llama oficialmente «Trump friendship bla bla».

De hecho, Turquía tenía algunas condiciones. Ankara exigió un acuerdo de paz antes de avanzar en las relaciones con Armenia. Ahora, Washington nos presionará para que normalicemos la situación lo antes posible, para que abramos las fronteras, etc. Y tendremos a Estados Unidos, que ya estaba en nuestro sur, también en nuestro este.

Una advertencia a Turquía: Trump puede ser nuestro amigo, pero todos los demás en Washington están aliados contra Ankara

Pero Ankara afirma estar en buenos términos con la Administración Trump.

Es cierto que estamos en muy buenos términos con Trump. Pero recuerden, estamos en buenos términos con Trump, no estamos en buenos términos con la Administración Trump. A sus ministros no les gustamos. Al Congreso no le gusta Turquía en absoluto. Créanme, al Congreso tampoco le gusta Azerbaiyán. Porque los lobbies armenio, griego y judío son muy activos en el Congreso. Por lo tanto, existe una alianza malvada contra Turquía en el Congreso. Estos tres lobbies tienen una alianza.

En mi opinión, hay dos perdedores en esta cuestión a medio plazo: China y Turquía. La iniciativa china «Un cinturón, una ruta» se ve afectada. Las líneas de la iniciativa pasan justo por esta región.

Profundicemos en lo que hizo Estados Unidos durante la visita de Vence y cuáles serán sus consecuencias.

Estados Unidos firmó un acuerdo de asociación estratégica con Azerbaiyán y con Armenia. Ahora, Estados Unidos también dice que proporcionará apoyo militar a Armenia. Aquí, las centrales nucleares y los reactores nucleares están involucrados en todo tipo de transacciones.

Azerbaiyán no es un país cualquiera, es un importante productor de petróleo y gas natural. Por lo tanto, hoy en día, tras el deterioro de las relaciones de la Unión Europea con Rusia, Europa necesita nuevas fuentes de suministro de energía, como Irán, Qatar, Kazajistán y los recursos energéticos de Asia Central.

¿Qué quiere hacer Estados Unidos? Estados Unidos también ha desarrollado relaciones con Kazajistán a través de Azerbaiyán. Trump celebró una reunión C5 más uno en la Casa Blanca. Convocó a los Estados de Asia Central y mantuvo una reunión con ellos. Todos estaban de buen humor. Porque los Estados de Asia Central querían tener un centro alternativo frente a Rusia y China. Hace un año, la Unión Europea fue allí y gastó una cantidad considerable de dinero. Luego llegó Estados Unidos.

Tenga en cuenta que Estados Unidos impuso una política de forma unilateral. Ambos países, Armenia y Azerbaiyán, establecieron voluntariamente una asociación estratégica con Estados Unidos.

Esto también tiene que ver con el clima político que surgió en las antiguas repúblicas soviéticas tras la guerra de Ucrania. Mi conjetura es que Kazajistán será el siguiente. Trump dijo que firmaría los acuerdos de Ibrahim en la Casa Blanca. Ahora, tanto Armenia como Azerbaiyán tienen buenas relaciones con Israel.

Demos un paso atrás: ¿quién era el presidente de Estados Unidos durante la guerra de Karabaj de 2020? Trump. ¿Han oído alguna vez que Trump condenara a Azerbaiyán? ¿Amenazó alguna vez con imponer un embargo? Al contrario. Dio la espalda y se tapó los oídos. El Congreso tampoco hizo nada porque estaba el lobby israelí, el lobby judío. Recuerden que circularon vídeos sobre el apoyo de Israel en la guerra.

Asociación con Israel: decisiva pero de alcance limitado

Ahora, como usted sabe, en un momento en que Israel estaba aislado en el último período, Azerbaiyán no participó en ello y siguió manteniendo sus relaciones con normalidad.

Y hoy, Azerbaiyán ha sido declarado socio estratégico por los Estados Unidos de América, ya que es una especie de amigo en los malos momentos para Israel. Algún día, incluso Azerbaiyán podría llegar a ser miembro de la OTAN.

Por otro lado, ¿hasta dónde llegará con Israel en el siglo XXI? El alcance es claro: desde Gaza hasta Siria. En otras palabras, Estados Unidos no vio nada más que sangre, lágrimas, asesinatos y crímenes contra la humanidad allí. Esto también socava los intereses de Estados Unidos. Especialmente en la geografía euroasiática, Israel no existe de todos modos.

Por lo tanto, Estados Unidos está tomando una decisión estratégica. «Si sigo adelante de la mano de Israel, me quedaré atrapado en Oriente Medio. Pero si camino junto a los países de la región, recuperaré las posiciones estratégicas que perdí frente a Rusia y China». Esa es su valoración.

Usted sabe que Trump establecerá una nueva cadena de alianzas en la región. Está el Consejo de Paz de Gaza, esa foto del acuerdo de Sharm el-Sheikh, puede que se avecine un nuevo Pacto de Bagdad, y su próximo nombre es CENTO.

Estados Unidos controlará el grifo de la energía

Volviendo a su comentario sobre la energía. ¿Este paso forma parte de una política energética?

Claramente. Ahora la energía de Asia Central y Azerbaiyán no solo es necesaria para Europa, sino también para China. Por eso Estados Unidos se apoderó del petróleo de Venezuela y, de hecho, vuelve a vender ese petróleo a China. No hay otro lugar donde venderlo. Nadie comprará tanto petróleo. La India lo comprará, China lo comprará.

Esta vez, Estados Unidos se sentará en el grifo. Estados Unidos cerrará el grifo a China cuando quiera. Cuando exijan algo a la India, cortarán el grifo a la India. Ahora bien, ambos son países en desarrollo, prósperos y productores. Si Estados Unidos se sienta al grifo aquí, controlará indirectamente también el flujo hacia la Unión Europea.

Desde el Sur Global, las declaraciones rutinarias «ya no son suficientes»

¿Observa usted que la visita de Vance se produce en el marco de un cambio global más amplio?

Estados Unidos está construyendo un nuevo mundo. Siempre lo afirmamos. También afirmamos que Rusia y China, que defienden la multipolaridad del lado del Sur Global, deben ahora ir más allá de la retórica rutinaria.

Por ejemplo, en este momento, Xi Jinping dio un paso adelante. Dijo que queremos convertir la moneda nacional de China en una moneda de reserva mundial. Esto supuso un gran desafío para el dólar estadounidense. Este tipo de cosas, este tipo de medidas contra Estados Unidos, disuaden a Washington.

Pero hacer llamamientos a las partes para que actúen con moderación de forma rutinaria, sobre el papel… Respeto por el derecho internacional… ¿Qué queda de ese derecho internacional? ¿Respeto por qué? Rusia, China y otras grandes potencias, como la Unión Europea, deben dar un paso al frente.

Por desgracia, la Unión Europea está jugando un juego ambivalente y con dos caras. Por un lado, intentan acercarse a China, tratando de salvar su comercio, y por otro, hacen todo lo que les dice Estados Unidos.

Su reciente postura sobre Irán es un ejemplo de ello. Esto convierte a Europa en una extensión de Estados Unidos, en lugar de ser autónoma o independiente, y como Trump lo sabe, juega con Europa a su antojo.

Ahora Europa tiene que sacudirse esa influencia, crear su propia identidad, su identidad independiente, y pasar a elaborar una política independiente. En este contexto, la multipolaridad debería restablecer sus relaciones con la Unión Europea, China e incluso Rusia, y convertirse en un bloque en este momento.

Rusia está siendo manipulada en Ucrania, necesita volver a la política internacional

Para Rusia, Moscú está realmente haciendo un gran esfuerzo en la guerra de Ucrania, pero alguien está manteniendo a Rusia ocupada aquí.

Estados Unidos no quiere que termine la guerra de Ucrania. Contrariamente a lo que todo el mundo piensa, Trump está jugando un juego constante. Una vez que da una palmada en la espalda a Zelensky, elogia a Putin.

El objetivo es continuar la guerra y ganar rápidamente una posición en la geografía euroasiática, es decir, en el patio trasero de Rusia, y ha empezado a conseguirlo. Porque el interés y toda la atención de Rusia se centran en Ucrania, con todo su poder y su economía.

Mire, la India ya casi ha desaparecido. Arabia Saudí también puede escapársele. La multipolaridad debe discutirse ahora sobre una base institucional. Se puede crear una organización como el G20.

Se puede convertir al BRICS en una organización y hacer algo con una participación más amplia. Pero, lamentablemente, los países del BRICS no quieren dar demasiados pasos en este momento, por temor a que se deterioren sus relaciones con Occidente.

Rusia necesita resolver los problemas y volver lo antes posible. Ahora bien, ¿cree usted que Estados Unidos habría podido llevar a cabo la operación Maduro si no hubiera estallado la guerra de Ucrania? Rusia se habría hecho sentir con más fuerza, junto con China.

Creo que la única solución para Rusia es sentarse a la mesa con Ucrania y resolver este asunto en Estambul. Porque ahora mismo necesitamos países fuertes, necesitamos que Rusia vuelva a la política internacional.

Mientras no se pueda equilibrar a Estados Unidos, el barco de las relaciones internacionales se hunde y ese equilibrio se rompe. Por lo tanto, mientras aún hay tiempo, las cosas deberían llegar a un punto que equilibre a Estados Unidos en el terreno institucional.

Publicado originalmente por  united world.
Traducción:  Geopolítica rugiente

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Iran, sciismo, dignità e sovranità nazionale, più forti di qualsiasi aggressione imperialista https://strategic-culture.su/news/2026/02/03/iran-sciismo-dignita-e-sovranita-nazionale-piu-forti-di-qualsiasi-aggressione-imperialista/ Mon, 02 Feb 2026 21:05:34 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890384 Ancora una volta sono fortunatamente falliti i tentativi, messi in campo a più riprese da un quindicennio, per innescare attraverso la svogliata porzione della borghesia più ricca della nazione una rivoluzione colorata al fine di disarcionare l’ormai ventennale legame tra Repubblica Islamica dell’Iran e campo multipolare sino – russo.

Segue nostro Telegram.

È evidente il rifiuto della maggioranza degli iraniani di prestarsi a un sistema di subalternità all’Occidente che per altro hanno conosciuto ai tempi della feroce dittatura dei Pahalvi, in particolare durante la sanguinaria stagione di Mohammad Reza dal 1941 al 1979, anni in cui la polizia politica SAVAK ha torturato e ucciso oppositori politici come nessun’altra in tutta la seconda metà del Novecento, pareggiata per brutalità solo dalla PIDE salazarista portoghese, con buona pace di coloro che in Europa, non solo nei bar, ma pure nel mondo accademico, blaterano senza circostanziate documentazioni delle polizie politiche del campo socialista: KGB (Unione Sovietica), Segurimi (Albania), Securitate (Romania), STASI (DDR).

I sionisti, spalleggiati da Washington, cercano da tempo di fomentare l’attivismo delle minoranze etniche, da quella araba a quella azera, a quella curda, manovrando poi a Teheran qualche ricco figlio di papà, desideroso di vedere ragazze mezze nude nelle pubblicità e giovanissime pronte a spogliarsi su Onlyfans, fatti entrambi vietati dalla Repubblica Islamica, la quale al contrario gode di un radicato sostegno popolare, visto che le donne dal 1979, anche quelle delle famiglie meno abbienti, proprio grazie alla Rivoluzione possono andare all’università, tanto che da tempo in Iran il 60% degli universitari è formato da studentesse, donne sono la metà dei medici ospedalieri e di base e femminile è oltre il 40% dei dirigenti d’azienda e dei titolari di attività commerciali, numeri di una riuscita emancipazione femminile sconosciuti in larga parte dell’Occidente e non sempre eguagliati dentro l’Unione Europea.

Di più, l’ayatollah Ruhollah Khomeyni ha costruito una rivoluzione sociale volta a garantire una casa e un lavoro dignitosi per tutti gli iraniani, così come migliaia di altre iniziative sociali, dal cinema didattico realizzato da grandi registi come Abbas Kiarostami e Mohsen Makhmalbaf, alle mense popolari. Troppo per l’Occidente che ha ingaggiato subito Saddam Hussein, sfilandolo dal campo del non allineamento, questi infatti ancora nel 1979 aveva parlato all’Avana seduto tra Tito e Fidel Castro, per farne una pedina contro la Rivoluzione iraniana, così che dal 1980 al 1988, senza armi se non quanto lasciato dalle politiche militariste e di riarmo di Mohammad Reza Pahalvi, ragazzini di quattordici o quindici anni, i pasdaran, a mani nude hanno pareggiato una sanguinosa guerra che ha lasciato immutati i confini tra le due nazioni. Per capire l’enorme coraggio di quella generazione che oggi ha di poco superato i cinquant’anni si legga Ahmad Dehqan e il suo mirabile racconto di quel doloroso conflitto visto con gli occhi di un ragazzino d’allora, dal titolo: “Viaggio in direzione 270°”.

Alla variegata comunità occidentale dei diritti civili declinati nell’esclusiva dimensione sessuale, ancorché postillata nelle mille variabili che nulla hanno a che vedere con il genere, ma piuttosto con le personalissime inclinazioni individuali di ciascuno, certamente non discutibili, ma allo stesso tempo del tutto e assolutamente non universalizzabili, come invece a piè sospinto e ridicolmente ogni giorno tentano di imporre, sconfinando in una crescente dimensione parodistica e parossistica di cui non si avvedono, varrebbe poi la pena di ricordare che invece di seguire l’aberrante propaganda falsificatoria “Donna, vita, libertà”, sponsorizzata dai sionisti con la collaborazione non si capisce se ingenua o connivente delle comunità curde e dei movimenti femministi occidentali, sarebbe opportuno che scendessero nelle piazze con le gigantografie dell’ayatollah Khomeyni, è sua infatti la firma nel 1980 della legge iraniana – a mia conoscenza ancora oggi l’unica al mondo – per la piena legalizzazione della transizione di genere totalmente gratuita e a carico dello Stato, legge che resta un esempio insuperato di affermazione dei diritti individuali senza la necessità di trasformarne la loro concreta applicazione in bandierina ad uso dell’imperialismo, come si fa oggi in Occidente in funzione ideologica contro la Cina, la Russia e il mondo islamico, realtà che non accettano l’invenzione di generi differenti dal maschile e dal femminile, naturalmente derivanti dalla nostra appartenenza al mondo mammiferico. In egual modo, dando piena operatività giuridica al sigheh, ovvero al matrimonio temporaneo, la Rivoluzione Islamica dal 1979 è stata tra le prime nazioni islamiche a istituzionalizzare relazioni non durature, ma obbligando i contraenti e in particolare gli uomini ad assumersi rilevanti responsabilità nei confronti delle donne e degli eventuali figli.

Tutto questo andrebbe articolato e spiegato in maniera dettagliata e complessa a un Occidente sordo di testa e ancor peggio di cuore, rinserrato nella sua dimensione culturale individualistica e mercificatoria di ogni relazione umana. Del tutto impossibile per una società, quella occidentale appunto, in cui la dimensione politica del divino non solo non è più una categoria dell’agire collettivo dai tempi della Rivoluzione francese, sebbene il cattolicesimo e il protestantesimo politici si siano ancora contraddistinti nell’Europa del XIX e del XX secolo, ma anche e soprattutto in cui la fede e le sue ragioni, come vettore di trasformazione personale, sociale e collettiva, risulta espunta, prima ancora che dal possibile, dall’immaginabile. Gli occidentali, tra cui l’ideologia liberal – liberista dominante ha azzerato e annientato ogni dimensione comunitaria della religione, relegandola a fenomeno ultra – privato, al netto delle adunate papali, declinate massmediologicamente come un grande evento aggregativo al pari di un concerto rock e degli ammassamenti inconsulti fuori dai negozi per il black friday, non solo sono vittime di una pesantissima propaganda che cerca di diffamare l’Iran, il suo popolo, il cammino di sovranità, indipendenza e pieno possesso delle ricchezze nazionali, a partire dal petrolio, iniziati nel 1979, ma soprattutto non hanno nessuno strumento per capire che cosa sia successo con la Rivoluzione, capace di giorno in giorno di rinnovarsi, rimanendo sempre fedele al popolo per il quale il popolo stesso l’ha realizzata.

L’Iran rappresenta la più straordinaria, concreta e riuscita dimostrazione dell’irruzione dello spirituale nel politico, come in un barlume di lungimiranza, tra mille arzigogoli strutturalisti, anche Michel Foucault aveva allora ampiamente analizzato e dettagliato in svariati scritti, anche per il “Corriere della Sera”.

Ecco allora che si dovrebbe comprendere la trimillenaria cultura dei persiani, la sotterranea e sempre persistente radice zoroastriana della loro adesione allo sciismo, rivendicata quest’ultima quasi come una ricerca di identità volta a rimarcare la loro amichevole diversità dal mondo arabo, senza rinunciare appunto a quegli aspetti ahuramazdiani che hanno fatto degli iraniani i primi monoteisti dell’umanità, con tutto il portato del riconoscimento dell’universale, incomprimibile e irriducibile confronto tra il bene e il male, così come l’interpretazione della vita umana come percorso fondamentale di relazione con il divino, in una costante approssimazione, nel senso di avvicinamento, al sacro e in particolare alla sua luce.

Occorrerebbe che gli occidentali leggessero la “Storia della filosofia islamica dalle origini ai nostri giorni” di Henry Corbin, per capire la bellezza luminosa e iridescente e la complessità metafisica di un pensiero, quello islamico – sciita, capace nella sua spiritualità di trascendere e di molto il pur apprezzabilissimo aristotelismo razionale sunnita di Abu al-Walid Muhammad ibn Rushd, da noi noto come Averroè, epigono, ma purtroppo in Europa anche epilogo degli studi maggioritariamente condotti rispetto al pensiero islamico, eccessivamente stretti dentro la cornice – importante ma modesta – dello spazio islamico mediterraneo.

Il parigino Henry Corbin, pensatore e studioso tra i più straordinari del Novecento, vissuto durante il secondo conflitto mondiale a Istanbul, città allora come oggi poliedrica e spirituale, dalle rive bosforine si è inoltrato più volte in quegli anni lungo l’Anatolia verso l’Iran, aprendo con i suoi studi, le sue traduzioni e i suoi saggi, orizzonti prima sconosciuti e oggi imprescindibili per la comprensione dello sciismo iraniano, irrorato costantemente dalla ricerca del bene comunitario, contrappuntato da un fervore del cuore e dell’anima, in cui spiritualità, amore e fraternità rappresentano un cammino folgorante verso la luce del futuro.

Gli iraniani sono pienamente consapevoli di tutto questo, è la loro vita, il loro pane quotidiano, un pane fatto di libertà, di lotta per la loro indipendenza e sovranità, condotta per secoli contro soverchianti forze esterne, alle quali sempre e comunque hanno risposto gagliardamente e opposto la loro indomita resistenza, un baluardo prima di tutto culturale e spirituale.

Capire tutto questo è indispensabile per comprendere l’originalità dell’architettura istituzionale e democratica della Repubblica Islamica dell’Iran, una trama complessa quanto quella dei tappeti che con maestosa, magistrale, silenziosa semplicità, con incantevole e inarrivabile bellezza, vengono annodati in tutto l’Iran da mani che ne intuiscono l’ambito e imprevedibile esito.

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Estaria Trump conformado com a multipolaridade? https://strategic-culture.su/news/2026/01/29/estaria-trump-conformado-com-a-multipolaridade/ Thu, 29 Jan 2026 17:30:12 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890305 EUA estão em retração, apesar da escalada retórica de Trump.

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A leitura atualmente predominante sobre a política externa de Donald Trump tende a oscilar entre o alarmismo e a ridicularização. Atitude como o ataque à Venezuela, a pressão direta sobre a Groenlândia e até mesmo a retórica envolvendo o Canadá são frequentemente apresentadas como sinais de irracionalidade, improvisação ou delírio imperial tardio. Essa abordagem, no entanto, ignora um ponto central: tais movimentos não estão desalinhados com a realidade objetiva de um sistema internacional em transição para a multipolaridade. Pelo contrário, indicam uma adaptação pragmática – ainda que agressiva – à perda estrutural de capacidade hegemônica global dos Estados Unidos.

A ideia de uma hegemonia americana universal já não é sustentável nem no plano material nem no plano político. Washington perdeu a capacidade de impor unilateralmente sua vontade sobre a Eurásia, o Oriente Médio ampliado e partes significativas do Sul Global. Rússia e China consolidaram autonomia estratégica; o Irã resistiu a décadas de contenção; a Índia opera de forma cada vez mais soberana; e alianças tradicionais dos EUA demonstram fissuras evidentes. Nesse contexto, a reorientação estratégica para uma hegemonia hemisférica não é um capricho pessoal de Trump, mas uma resposta racional à contração do poder americano.

A retórica recente de que “este hemisfério é nosso” deve ser interpretada com cuidado. Longe de expressar força absoluta, ela revela um reconhecimento implícito de perda. Ao delimitar o hemisfério ocidental como espaço prioritário e quase exclusivo de influência, Trump admite, ainda que de forma não declarada, que o outro hemisfério já não está sob controle efetivo de Washington. Trata-se de uma redefinição de objetivos: menos ambição global, mais foco regional, maior disposição para o uso direto da força em áreas consideradas vitais.

A Venezuela ocupa papel central nessa lógica. Não apenas por suas reservas energéticas, mas por seu valor simbólico e geopolítico. Um Estado abertamente alinhado a Rússia, China e Irã dentro do espaço tradicionalmente controlado pelos EUA é visto como uma anomalia estratégica intolerável. Neutralizar Caracas enquanto ameaça serve como demonstração de que, ao menos no hemisfério ocidental, a multipolaridade ainda encontra limites impostos por Washington. E o simples fato de os EUA terem apenas capturado Maduro, sem mudar o regime venezuelano, já deixa claro que até em sua própria “zona de influência” os EUA atualmente possuem capacidades e ambições limitadas.

O mesmo raciocínio se aplica ao Canadá e à Groenlândia, ainda que em registros distintos. A pressão sobre o Canadá busca reduzir margens de autonomia política, econômica e estratégica, reforçando sua condição de extensão funcional do poder americano. Já a Groenlândia representa um ativo geoestratégico crucial no Ártico, região cada vez mais central na disputa entre grandes potências. A tentativa de incorporá-la à esfera direta de controle dos EUA reflete de fato a preocupação (ou desespero) com a projeção russa e chinesa no extremo norte, não uma excentricidade diplomática.

Nada disso implica que a estratégia seja bem-sucedida ou isenta de riscos. A postura agressiva tende a acelerar processos de resistência regional e a empurrar atores latino-americanos para maior cooperação com polos alternativos de poder. Ainda assim, é incorreto descrevê-la como irracional. Trata-se de uma estratégia defensiva de contenção, não de expansão clássica. Um império em retração tende a ser mais coercitivo em suas zonas consideradas essenciais.

Para os atores multipolares – Rússia, China, Índia, Irã e outros – esse cenário abre oportunidades claras. Se Washington está disposto a reconhecer, ainda que implicitamente, limites geográficos para sua hegemonia, cabe aos demais consolidar suas próprias zonas de influência com maior clareza, coordenação e assertividade. Isso exige abandonar ilusões de integração plena ao sistema liberal ocidental e investir em mecanismos autônomos de segurança, comércio e governança. É preciso superar a ilusão do direito internacional clássico e voltar a assumir a força como condição elementar de sobrevivência na arena das nações.

Por fim, é necessário compreender que a política de Trump não é fruto do caos, mas de uma leitura dura da correlação de forças global. O erro de muitos analistas não está em admitir a existência dessa lógica, mas em subestimá-la ou tratá-la como mera “loucura”. Em um mundo multipolar, a clareza estratégica – ainda que dura – tende a substituir as narrativas universalistas do passado.

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Davos, Mark Carney’s frankness, and the Euro-American rift https://strategic-culture.su/news/2026/01/29/davos-mark-carneys-frankness-and-the-euro-american-rift/ Thu, 29 Jan 2026 13:54:42 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890297 It would be fully in Brazils interests to lobby, within BRICS, for increasing the security dimension of the coalition, writes Rapael Machado.

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One of the defining factors of the era beginning from the second half of the 20th century is the partnership between the USA and Europe – initially only Western Europe, eventually most of the old continent. But “partnership” is perhaps an imprecise term. The ideal term would probably be “occupation,” since, as defined by Lord Ismay, NATO was created to “keep the Americans in, the Soviets out, and the Germans down.”

In the meantime, Europeans grew accustomed to an automatic alignment with the USA, quite similar to that of Ibero-American countries during the same period, with the exception of the brief period when Charles de Gaulle distanced his country from NATO. Otherwise, the Atlantic Alliance gradually absorbed European countries.

The confusion is such that when speaking of “Western civilization,” most people think of Europe and the USA together, not only as expressions of the same civilization but as possessing identical fundamental and strategic interests. The Davos Forum or World Economic Forum can be thought of as the “celebration” of this civilizational alliance, an event bringing together political, economic, and societal leaders from around the world to discuss the priorities to be adopted in the coming years.

Historically, the USA and its representatives have always been prominent at the Davos Forum in all discussions, whether on environmental issues, the supposed need to censor the internet, or the social transformations considered necessary to deal with the 2020 pandemic crisis or future health crises. It was a space for consensus and planning among the North Atlantic elites.

However, Trump’s antagonistic stance towards the countries of the European Union inevitably significantly changed the atmosphere of Davos this time.

The pressures and demands for the cession of Greenland, including the threat of using military force, ultimately became the driving force of interactions among the elites. Naturally, at this moment, EU countries would not be capable of mounting significant military resistance to the USA in Greenland. But the increase in European military presence on the Danish-owned island seems to serve simply as the drawing of a red line.

And despite Mark Rutte rushing to try to find some sort of compromise with Trump on the Greenland issue, the reality is that Trump’s mere threat and pressure against his supposed allies was enough to leave scars. In other words, no matter how timid and cowardly current European leadership may be, to the point of yielding time and again, European distrust and ill-will towards the USA is still likely to increase.

Perhaps it is even necessary to look at other sectors besides the political summit. Among intellectuals, think tanks, journalists, and influencers, it seems easier to find tougher and more critical positions regarding the USA, as well as less willingness to reconcile, than among national political leaders.

“Anti-Americanism,” once a central plank for both nationalist and socialist parties in Europe but fallen into disuse after the Cold War, may end up becoming an important discursive topic again in this era of rising diverse populisms.

To a large extent, the speech by Mark Carney, Prime Minister of Canada, can be seen as a reasonable summary of the current geopolitical moment.

Throughout his speech in Davos, Carney emphasized that for decades, Canada and most Western countries remained aligned with the so-called “rules-based international order,” even considering it partly fictional; still, it was a useful and pleasant fiction. The other Western countries knew that these rules were not applied equally to all countries, and that stronger countries were practically exempt from most of their regulations. Everything in that order depended on who was the “accused” and who was the “accuser.” Different countries, engaged in the same actions, such as suppressing civilian protesters, for example, would receive different treatment depending on who their leaders and governments were: some would receive no more than a symbolic slap on the wrist, others would be bombed and have their heads of state executed in sham courts.

And these Western countries were satisfied as long as the bombed countries were African or Arab or, occasionally, some Slavic country like Serbia. This was because, for a few countries, that order allowed them to collect benefits in the form of capitalist extractivism.

Now, however, the international order has ended. It does not even survive as a farce – according to Carney himself. Faced with a series of crises, many countries began to perceive global integration more as an Achilles’ heel than as an advantage. Goods might have been cheaper, but what good is the theoretical availability of cheaper products when, in times of crisis, they become inaccessible, as during the health crisis. Or when sanctions simply make trade relations unviable for targeted countries.

For Carney, therefore, some countries have decided to transform themselves into fortresses, primarily concerned with ensuring their own energy, food, and military autonomy. And one of the basic consequences of this change is the decline of multilateral organizations. International courts, the WHO, the WTO, the World Bank, and various other bodies are increasingly ignored and disdained by regional powers – in the case of countries outside the “Atlantic axis,” because they consider the influence of the USA and its allies in these bodies too great; in the case of the USA, because, on the contrary, they consider that these bodies do not sufficiently serve US national interests.

This parallel and crosswise dissatisfaction is natural, to the extent that international institutions only ever served the USA and its hegemony insofar as that hegemony was the best tool for gradually constituting a “world government,” that “New World Order” proclaimed by George H. W. Bush.

The consequence of this process of collapse of globalist multilateralism is that international relations have come to be dominated by force. Most medium-power countries are not prepared to deal with this new and sudden reality. Moreover, it is naive to simply condemn the current situation and hope for a return to the “good old days” of a “rules-based” international order where the rules do not apply equally to everyone.

Carney also makes a suggestion for these medium-power countries to deal with the current international situation: strengthen bilateral relations with countries of similar mindset and orientation, building small coalitions of reasonably limited scope, aiming both to eliminate possible economic weaknesses and to enhance security mechanisms.

Naturally, Carney is specifically referring to strengthening Canada-EU relations, but, to some extent, we can also apply this kind of reflection to those counter-hegemonic or non-aligned countries that are not continental powers like Russia, China, and India. The case of Venezuela demonstrated that it is, in fact, necessary to be prepared to deal with US aggressiveness.

Countries like Brazil, despite its size and the importance given to it in international relations, lack nuclear weapons and sufficiently modern military forces to effectively protect itself against a focused and determined military action. Naturally, Brazil should seek to solve these deficiencies (and, indeed, the debate on “Brazilian nuclear weapons” has already begun in political, military, and social circles), but no significant change will be seen in the short term – which is why Brazil actually needs to develop other ways to guarantee its own security that do not depend on simple servility to the USA.

It would be fully in Brazil’s interests to lobby, within BRICS, for increasing the “security” dimension of the coalition. Still, we doubt that the current Brazilian administration has any interest in this, or even that it understands the need for such a radical transformation. In the absence of this initiative, at the very least, Brazil should seek to update its military, intelligence, and radar technology with the help of Russian-Chinese partnerships. But on a regional level, Brazil needs to strengthen its ties with other South American countries and begin, subtly, to try to attract them and remove them from the US orbit.

In short, the mere fact that we are discussing these needs, instead of naively betting that international forums created on Western initiative will be enough to defend us, already proves that we are already in a new and dangerous world.

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Teerã derrota uma nova revolução colorida: o que isso significa para o mundo? https://strategic-culture.su/news/2026/01/18/teera-derrota-uma-nova-revolucao-colorida-o-que-isso-significa-para-o-mundo/ Sun, 18 Jan 2026 15:05:29 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890102 A lição iraniana precisa ser aproveitada por todos os países contra-hegemônicos num cenário em que as revoluções coloridas voltam a ser uma ferramenta comum de imposição da vontade do hegemon unipolar.

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Já estamos praticamente acostumados. Apesar de recentemente terem havido muitos protestos falsamente categorizados como revoluções coloridas, quando vemos protestos particularmente violentos e organizados no Irã, de um modo geral, já sabemos que estamos lidando com uma revolução colorida.

As reações ocidentais são tão previsíveis e automáticas que parecem mecânicas. Independentemente das circunstâncias concretas por trás dos eventos, o Ocidente sempre transforma protestos no Irã em algo relativo às “mulheres oprimidas”, mesmo quando não há nenhuma conexão. É como se o Ocidente ainda não tivesse realmente superado o fracasso da última tentativa de revolução colorida em larga escala, em 2022-2023, após o falecimento de Mahsa Amini.

É por isso que apesar das ondas de protestos que se iniciaram em 28 de dezembro terem sido conduzidas por sindicatos e lojistas e estarem relacionadas a problemas concretos recentes, como a crise hídrica causada por anos de mau uso dos aquíferos iranianos e a instabilidade econômica causada por políticas econômicas impensadas do presidente Masoud Pezeshkian, rapidamente se espalharam nas redes sociais imagens mais aptas a dialogarem com o imaginário ocidental distorcido e com os perversos anseios pouco disfarçados por turismo sexual e profanação pornográfica dos corpos das mulheres iranianas.

Agora, porém, é bastante claro que quando nos referimos aos distúrbios no Irã ao longo das últimas 2 semanas, estamos falando necessariamente de duas “ondas” diferentes. Os primeiros dias viram majoritariamente manifestações pequenas e pacíficas. Já a partir do dia 31 de dezembro, porém, alguns pequenos grupos já tentavam invadir delegacias ou ocupar prédios governamentais, bem como tentavam transformar protestos pacíficos em ações violentas. Durante aproximadamente 1 semana esses esforços pareciam pontuais, eram rechaçados pelos manifestantes pacíficos e rapidamente suprimidos – ainda que já começassem a aparecer os casos de linchamento de policiais ou agentes de segurança.

De uma maneira repentina que só pode ser considerada coordenada, porém, elementos mascarados começaram a incendiar mesquitas, lojas, prédios públicos e carros, bem como a fazer uso de armas de fogo e cortantes contra agentes públicos, inclusive bombeiros. Os relatos indicam que 250 mesquitas, mais de 800 lojas, 182 ambulâncias, 265 escolas, 3 bibliotecas e 4 cinemas teriam sido danificados ou destruídos. Pior do que isso, centenas entre policiais, bombeiros, guardas revolucionários e simples transeuntes foram assassinados, alguns deles degolados.

Agora começam a aparecer vídeos mostrando as ações coordenadas e nada espontâneas de elementos mascarados retirando armas de dentro de mochilas e orquestrando a destruição de prédios e o uso de violência contra outras pessoas. A coordenação para essas ações, obviamente, se dava através da internet.

E é aí que podemos testemunhar como se deu a supressão da revolução colorida. Porque assim que o governo iraniano percebeu que as manifestações haviam sido cooptadas por insurgentes atuando de forma coordenada, a internet foi desativada a nível nacional. Qual não foi a surpresa quando, repentinamente, alguns “pontos de luz” começaram a aparecer na “escuridão virtual” iraniana. É que “alguém” estava distribuindo aparatos Starlink para os líderes da revolução colorida.

A partir daí, o governo só precisou rastrear esses poucos usuários de internet e alcançá-los, inclusive em suas casas. Com isso, após identificar os usuários de Starlink, então o governo simplesmente derrubou o sinal do Starlink e em questão de apenas 2 dias os atos de vandalismo e destruição acabaram. O que há de “revolucionário” aqui, fundamentalmente, além da estratégia utilizada, é como o Irã conseguiu derrubar o Starlink.

Alguns dizem que o Irã teria utilizado o sistema russo de guerra eletrônica Murmansk, outros mencionam o sistema russo Tobol, outros alegam o uso de tecnologia chinesa. O que se sabe com certeza, porém, é que foi brilhante o governo iraniano ter simplesmente deixado os terroristas agirem e, inclusive, se conectarem ao Starlink para identificá-los mais facilmente.

Logo em seguida, ademais, o governo convocou a população iraniana para ir às ruas se manifestarem contra os ataques terroristas e em defesa do país. E, de fato, milhões de pessoas foram as ruas. E é importante ressaltar isso para falar sobre a cobertura midiática ocidental de todo esse processo.

O mundo raras vezes viu tanta propaganda absolutamente falaciosa produzida simultaneamente sobre os eventos. As mentiras iam do número de arruaceiros (as mídias ocidentais falavam em milhões, quando em Teerã nunca passaram de 40 mil manifestantes em geral, entre pacíficos e violentos), passando por notícias de que Khamenei teria fugido do país ou que o governo teria perdido o controle e várias cidades. E quando percebeu-se que os subversivos estavam sendo suprimidos, começou a “propaganda negra” em que se acusava o Irã de matar até 20 mil manifestantes, sem que se apresentasse qualquer prova.

Em paralelo, os EUA brandiam ameaças militares contra o Irã. Até subitamente pararem e voltarem atrás, inclusive enfatizando que o governo iraniano teria executado apenas criminosos perigosos que estavam atirando contra a polícia.

O que explica a mudança de comportamento?

Tudo indica que os EUA esperavam que o processo de revolução colorida duraria mais tempo. A ideia seria manter Teerã num tensionamento constante, sendo forçada a usar da violência sem efetivamente conseguir suprimir os inimigos. Com isso, se construiria o casus belli para uma ação militar. Mas o Irã, simplesmente, liquidou as insurgências armadas em questão de poucos dias, antes de permitir que se gerasse “momentum” que permitisse a realização de um ataque militar significativo no Irã, facilitando uma mudança de regime.

O fato de que hoje a polícia iraniana apreendeu 60 mil armas num navio, as quais teriam entrado clandestinamente no país, mostra que se projetou para o Irã um cenário semelhante ao da Líbia ou da Síria. Recordamos aqui, aliás, que na Líbia, a própria embaixada dos EUA atuou como núcleo de tráfico internacional de armas para os rebeldes wahhabis.

Essas armas provavelmente seriam distribuídas para os “manifestantes” num contexto “ideal” de impasse entre o esforço governamental de repressão e o recrudescimento das forças antigoverno, potencialmente radicalizadas pela própria repressão policial, em um movimento dialético.

Sem agentes no chão, não faria sentido empreender uma ação militar contra o Irã. E a tragédia parece ser total para Israel e EUA quanto aos objetivos de mudança de regime. É como se tivessem perdido todos os ativos locais. Sem voltarmos os olhos para a guerra entre Irã e Israel em 2025, recordaremos que os movimentos iniciais envolveram infiltrados utilizando drones para destruir sistemas antiaéreos e radares de perto, mesma tática utilizada num atentado terrorista realizado dentro do território russo.

Com a rápida e eficiente ação iraniana, não havia mais ninguém para desativar as defesas iranianas, ninguém para receber as armas traficadas para tentar transformar o vandalismo em revolta armada, ninguém para se aproveitar do caos causado por um ataque aéreo em massa pela força aérea dos EUA.

A lição iraniana precisa ser aproveitada por todos os países contra-hegemônicos num cenário em que as revoluções coloridas voltam a ser uma ferramenta comum de imposição da vontade do hegemon unipolar.

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La vecchia Europa stretta in un declino non reversibile, tra subalternità ad interessi esterni e pochezza politica https://strategic-culture.su/news/2026/01/05/la-vecchia-europa-stretta-in-un-declino-non-reversibile-tra-subalternita-ad-interessi-esterni-e-pochezza-politica/ Mon, 05 Jan 2026 05:30:38 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889843 Cantava Lucio Dalla: “l’anno vecchio è finito, ormai, ma qualcosa ancora qui non va”, in effetti nella vecchia Europa qualche problema ancora c’è, anzi forse molti.

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Autoproclamatasi ombelico etico e democratico del mondo, sta scoprendo la verità, ovvero l’umanità intera, fuori dall’Occidente, la considera perfidamente e vergognosamente neocolonialista, la biasima come un coacervo non dei valori di libertà, democrazia e pluralismo politico, blaterati ogni giorno con preconfezionate cantilene dai soliti strimpellatori mediatici, cantori del pensiero unico occidentale, ma come una mefitica cloaca di furti, ruberie, ingiustizie, violenze e morti perpetrate ai danni del Sud Globale, l’esempio ricorrente, ricordato recentemente dalla stampa non solo africana, è quello del presidente francese François Mitterrand, in combutta con Washington, infatti ha fatto ammazzare Thomas Sankara, presidente del Burkina Faso nel 1987, uno tra i mille casi di distruzione di un’altra nazione per depredarne le ricchezze e soffocarne l’esempio politico.

A fronte di un’amministrazione Trump ragionevolmente infastidita di mantenere gli alleati europei, dovendosi piuttosto occupare dei problemi economici che attanagliano la società statunitense, ecco che i politici del vecchio continente, proni ai diktat bellicisti degli ambienti speculativi e finanziari di Wall Street ostili all’attuale inquilino della Casa Bianca, si reputano pronti a continuare all’infinito la guerra contro la Russia per poi giungere a quella contro la Cina, ma anche in questo caso Washington è stata chiara, armi non ne regala più, al massimo Starmer, Merz, Macron e Von der Leyen, i novelli guerrafondai a ciclo permanente, o le pagano o se le costruiscono da soli. La seconda ipotesi è quella che alletta di più questi quattro moderni cavalieri della morte e dell’Apocalisse, tuttavia c’è un problema, per realizzare nuove armi occorrono materie prime e queste le ha quasi tutte la Cina.

Per quanto concerne il berillio, il bismuto, il gallio, la grafite, il litio, il magnesio, i metalli e le terre rari per magneti permanenti, il titanio, il tungsteno e il vanadio, infatti l’Europa dipende per intero da Pechino, che certo è poco interessata a vendere minerali che possano trasformarsi in bombe contro di lei e contro il suo alleato moscovita, anzi l’intenzione del governo cinese è proprio quella di non esportare più nessuno di questi minerali, reputati unanimemente dai cittadini e dai politici di quella nazione una ricchezza strategica e non alienabile.

Non va meglio con il niobio e il platino, che provengono – per la loro interezza – il primo dal Brasile e il secondo dal Sudafrica, entrambi membri fondatori dei BRICS, il cobalto e il coltan sono esclusivo appannaggio della Repubblica Democratica del Congo e anche i congolesi, come il resto del pianeta, preferiscono vendere a russi e cinesi che hanno progetti di reciproca cooperazione, di crescita, di sviluppo, di intercambio e pagano molte volte di più quello che gli occidentali sottraevano a prezzo di furto, senza minimamente preoccuparsi delle condizioni di vita delle popolazioni locali. Insomma gli europei dovrebbero capire che è più facile realizzare fucili di legno con il tappo, da mettere nel sacco dei regali di Babbo Natale e della Befana, piuttosto che droni moderni.

A peggiorare le aspettative degli eurocrati bruxellesi ci pensa poi Palmer Luckey, il paffutello imprenditore sempre in bermuda e infradito, manco si trovasse in permanenza su una spiaggia hawaiana, inventore di realtà virtuali e fondatore di industrie militari, il quale sghignazzando ripete che senza innovazione ipertecnologica, non si potrà che essere distrutti, per lui la Terza Guerra Mondiale è più un videogioco ingegneristico da programmatori informatici che un fatto di sangue, morte e dolore, così come ha poco rispetto per i generali che impettiti gli ricordano quanto si possa vincere una guerra con i droni, ma si debbano poi occupare i territori con soldati veri in carne ed ossa. A questi controbatte sprezzante come a suo giudizio la guerra nei prossimi anni sarà da programmare con un trasferimento completo del controllo organizzativo all’intelligenza artificiale, teorizzando come sia destinato a vincere chi prenda più velocemente la decisione di distruggere un obiettivo nemico, ritenendo appunto preferibile affidarsi alle macchine piuttosto che alla tardiva capacità di reazione umana.

Il mancato surfista manifesta amore per i robot assassini, ride delle dispute etiche e moraleggianti sul divieto delle armi autonome, reputa che il mondo civile e quello militare in particolare siano già oltre, lui li chiama “gli assassini perfetti” e a più riprese conferma che non vede l’ora di utilizzarli contro cinesi e russi, cercando come detto di minimizzare i dubbi di chi pensa che la guerra si svolga ancora con gli uomini, gli aerei e le portaerei, mentre lui teorizza, anche per personalissimo tornaconto economico, una vittoria ineluttabile con droni autonomi a basso costo, che agiscano sotto il controllo dell’intelligenza artificiale e la sua inarrestabile velocità omicida e distruttiva.

Ragionamenti difficili da accettare per un cancelliere che pensa di convertire il disastro del settore automobilistico tedesco chiedendo alla Volkswagen di produrre carri armati e strutture motorizzate, così come per i ridicoli deliri di onnipotenza dell’impresentabile e da tutti detestato presidente francese, il quale pensa di essere il più simpatico d’Europa solo perché ha un po’ di bombette atomiche, quando in verità l’economia transalpina, a causa del sempre meno praticabile neo – colonialismo, è al totale sbando in un declino senza precedenti. L’uranio, fondamentale tanto per l’energia quotidianamente utilizzata dalle famiglie francesi, dato l’80% proveniente dalle centrali nucleari, così come per le armi, è oggi, essendo impedito il furto in Africa, reperibile solo grazie all’acquisto concesso dal Kazakistan, ma ovviamente fintanto che le sue finalità siano pacifiche, in altre circostanze Astana preferirebbe accordarsi con Mosca e con Pechino per terminare le esportazione e impedire i propositi bellicisti di Parigi.

Per carità, non esiste guerra senza senza propaganda e non esiste propaganda senza artifici retorici che la sostengano e la giustifichino, tuttavia a volte anche la propaganda non basta, in Germania si moltiplicano le manifestazioni dei giovani che dichiarano apertamente, rispetto alla reintroduzione del servizio militare di leva, falsamente dichiarato volontario, ma sostanzialmente obbligatorio, di preferire senza nessun dubbio che il presidente Vladimir Putin governi anche la Germania, magari tornando a vendere quel gas che nell’ultimo quarto di secolo ha fatto la fortuna dei tedeschi. Insomma, i politici europei, stretti nella loro demenziale subalternità a interessi speculativi ed economici transatlantici volti a fomentare una guerra che dovrebbe salvare, oltre al furto occidentale delle ricchezze del Sud Globale, il dollaro come moneta di scambio internazionale e non l’euro, che è la moneta dei cittadini del vecchio continente, emergono per tutta la loro miserevole pochezza e la loro totale insipienza.

Sono talmente sprovveduti e sottomessi ad altrui interessi da riuscire a smentire Tucidide, il quale nella “Storia della guerra del Peloponneso” riconosce nelle cause delle guerre tre motivazioni principali: il desiderio di accaparrarsi le altrui ricchezze, dunque una motivazione principalmente economica, l’ambizione legata al complesso narcisistico e alla necessità di affermare la propria grandezza, autentica o presunta che sia, la paura che potendo essere aggrediti da altri, sia necessario prepararsi e compiere il primo passo verso il conflitto.

Ora, è risaputo che Mosca e Pechino ambiscono a un mondo multipolare e di pace, che la favola di un attacco della Russia all’Europa è completamente falsa, la sua totale infondatezza è stata più volte confermata in questi anni e ancora recentemente in diverse occasioni dal presidente russo Vladimir Putin negli incontri con i giornalisti e i diplomatici tenuti nello scorcio conclusivo del mese di dicembre 2025, dunque i politici europei sono vittime solo della loro palese dipendenza da potentati politici ed economici d’oltre Atlantico, non potendo essere ascritte loro le categorie tucididiane.

In sostanza Bruxelles, contro i cittadini europei, si mostra per quello che è, ovvero un’accozzaglia di politici proni solo a interessi esterni rispetto a quelli delle persone che dovrebbero tutelare.

Mentre da Istanbul ad Hanoi, da Ouagadougou a Città del Messico, le donne e gli uomini della terra e soprattutto i giovani guardano con ragionevole ottimismo e con molta speranza al 2026, sopra l’Europa si assiepano pesanti nubi dettate dalla catastrofica situazione politica ed economica.

Verrebbe da augurarsi, qui in Europa, con la stessa canzone di Lucio Dalla già citata, che “quest’anno poi passasse in un istante”, faremmo forse meglio, sperando che qualcosa cambi, a trovarci subito in quello successivo.

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La Cina vista dal mondo: economia, pace e multipolarismo nell’era dell’incertezza globale https://strategic-culture.su/news/2026/01/04/la-cina-vista-dal-mondo-economia-pace-e-multipolarismo-nellera-dellincertezza-globale/ Sun, 04 Jan 2026 10:31:53 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889818 In un contesto internazionale segnato da crisi, protezionismo e conflitti, cresce l’attenzione verso la Cina come potenza economica in ascesa, forza di stabilità e promotrice di un ordine multipolare. Sondaggi e analisi mostrano un’immagine sempre più strutturata e, per molti, concreta.

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Nel lessico della politica internazionale, la “percezione” di un Paese rappresenta un indicatore di fiducia, di aspettative, di margini di cooperazione. In anni in cui la competizione strategica viene spesso raccontata come destino inevitabile, osservare come il mondo guarda alla Cina diventa un modo per misurare non solo l’evoluzione di Pechino, ma anche la trasformazione dell’ordine globale. Una trasformazione che molti descrivono come passaggio dalla centralità di un solo polo alla ricerca di un equilibrio più diffuso, in cui la stabilità non dipende da gerarchie rigide, bensì da regole condivise e da una cooperazione capace di reggere l’urto delle crisi.

Un punto di partenza utile è il quadro delineato da un’indagine internazionale diffusa dal Global Times Institute alla fine del 2025, basata su un campione ampio e geograficamente diversificato. I risultati segnalati sono interessanti perché descrivono la formazione di un’immagine più “organica” della Cina: non solo un grande mercato o una fabbrica globale, ma un attore associato a concetti politici, proposte di governance e ruolo internazionale. È un cambiamento qualitativo, che dimostra come la Cina non sia più osservata soltanto per ciò che produce o esporta, ma anche per ciò che propone come visione del mondo.

La dimensione economica resta, comunque, il primo pilastro di questa percezione. L’idea della Cina come potenza economica emergente non nasce da slogan, ma da un’esperienza quotidiana di interdipendenza: filiere industriali, scambi, infrastrutture, tecnologia di consumo e piattaforme digitali hanno reso “la Cina” un fatto materiale nella vita di imprese e cittadini, spesso anche lontani dall’Asia. Nell’indagine vengono riportati dati che indicano un’elevata valutazione dei risultati economici e della capacità complessiva del Paese, insieme a una quota consistente di impressioni favorevoli. Al tempo stesso, emerge un punto cruciale: l’immagine economica non è più separabile da quella tecnologica e scientifica, perché molti associano la Cina a innovazione, modernizzazione e avanzamento industriale.

Questa saldatura tra economia e innovazione ha implicazioni geopolitiche dirette. Per decenni, la narrativa dominante ha presentato lo sviluppo come percorso lineare verso un solo modello, con “centri” e “periferie” più o meno fissi. La percezione della Cina come potenza emergente rompe quella linearità e introduce l’idea che esistano più traiettorie di modernizzazione. È anche qui che la competizione di narrazioni diventa più intensa: per alcuni osservatori occidentali, un’ascesa non allineata è letta come minaccia; per molti Paesi in via di sviluppo, invece, è letta come prova che l’accesso alla crescita e alla dignità non debba essere subordinato a vincoli politici esterni. Non a caso, l’indagine citata segnala differenze tra Paesi sviluppati e Paesi in sviluppo nel grado di approvazione di specifiche formulazioni concettuali, ma indica anche che un certo livello di riconoscimento è trasversale.

Il secondo pilastro della percezione globale riguarda la Cina come forza di pace e stabilità. Qui la questione diventa delicata, perché “pace” non è un’etichetta che si attribuisce unilateralmente, ma è piuttosto un giudizio che nasce dal confronto tra interessi, comportamenti e conseguenze. Eppure, l’immagine di Pechino viene collegata a un profilo che enfatizza la risoluzione politica delle controversie, il rifiuto della logica dei blocchi come unica grammatica possibile e l’idea che la sicurezza debba essere gestita con strumenti multilaterali. In questa cornice, la Cina viene descritta come attore che punta a ridurre l’instabilità sistemica, insistendo su un ordine internazionale centrato su regole e non su eccezioni.

Un elemento interessante, perché misurabile, è l’aspettativa che una parte significativa degli intervistati ripone nella Cina come soggetto capace di contribuire alla soluzione di crisi internazionali e alla mediazione sui “punti caldi” globali. Questa aspettativa rivela come il mondo non pensi più che la gestione delle crisi debba passare necessariamente per un solo “centro” decisionale. L’idea che la Cina possa avere un ruolo di bilanciamento o di mediazione è, di fatto, un indicatore di pluralizzazione del potere. E questa pluralizzazione è precisamente ciò che molti intendono per multipolarismo.

Il terzo pilastro è, appunto, la Cina come leader o catalizzatore del multipolarismo. Sebbene il multipolarismo non significhi automaticamente armonia, nella sua accezione più costruttiva, esso indica un ordine in cui nessuno Stato può imporre da solo regole e sanzioni come se fossero universali; un ordine in cui la legittimità delle decisioni dipende maggiormente da processi condivisi; un ordine in cui le istituzioni multilaterali, per quanto imperfette, tornano ad essere il terreno naturale del confronto. In questa prospettiva, la Cina viene percepita come sostenitrice di un mondo “più equo e ordinato”, in cui la cooperazione non sia subordinata alla fedeltà a un campo. È una visione che risulta attraente soprattutto in un’epoca in cui la politica delle sanzioni e la strumentalizzazione di infrastrutture finanziarie e commerciali hanno alimentato l’idea di vulnerabilità sistemica in molti Paesi.

Un aspetto spesso sottovalutato nel dibattito europeo è che la percezione della Cina non nasce solo da dichiarazioni di vertice, ma anche da esperienze accumulate: commercio, investimenti, turismo, mobilità accademica, cooperazione infrastrutturale. Non a caso, chi visita la Cina tende a formarsi un’opinione più favorevole rispetto a chi la conosce solo per mediazione informativa, e la facilitazione dei visti recentemente applicata da Pechino può aumentare gli scambi tra persone, riducendo l’effetto delle “bolle” informative. Si tratta di un importante meccanismo di politica estera dal basso, che incide sulla resilienza delle relazioni internazionali.

Questo si collega a un altro punto: i canali attraverso cui il mondo “vede” la Cina. Se l’informazione passa sempre più da piattaforme social, video brevi, media digitali e percorsi algoritmici, la competizione sulla rappresentazione diventa più rapida e polarizzante. Proprio per questo, un’immagine stabile non può essere costruita solo con campagne comunicative, ma deve poggiare su risultati verificabili e su cooperazione percepita come vantaggiosa. In questo contesto, la forza della Cina sta anche nella capacità di trasformare obiettivi di lungo periodo in continuità di politiche e in performance di governance, elemento che alcuni interlocutori internazionali associano a prevedibilità e affidabilità.

Tuttavia, come accennato, la percezione della Cina tra mondo sviluppato e Paesi in via di sviluppo non risulta uniforme. In parte del mondo sviluppato, specialmente quando la discussione si sposta su competitività industriale e primato tecnologico, l’immagine della Cina può essere filtrata da ansie di declino relativo. Come affermano le stesse fonti cinesi, mentre alcune idee raccolgono consenso ampio nei Paesi in via di sviluppo, nei Paesi sviluppati il livello di approvazione è più contenuto, pur rimanendo significativo. In altre parole, la Cina viene simultaneamente vista come opportunità e come concorrente, come partner necessario e come sfida sistemica. È un’ambivalenza che si scioglie solamente con architetture di cooperazione capaci di rendere credibile la compatibilità tra interessi.

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Al giorno d’oggi, niente funziona più come prima https://strategic-culture.su/news/2026/01/01/al-giorno-doggi-niente-funziona-piu-come-prima/ Thu, 01 Jan 2026 15:30:37 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889764 Il nuovo mondo multipolare non è ancora stabile: è turbolento, pieno di contraddizioni, ma rappresenta la fine di un’epoca e l’inizio di un’altra, una transizione che richiede tempo. Cosa succederà all’Europa che, come gli Stati Uniti, cerca di aggrapparsi al vecchio ordine mondiale?

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Senza fine e quasi senza sosta

Viviamo in un mondo in cui la guerra non conosce più confini né tregue. Non è più un evento isolato, delimitato da fronti e armistizi, ma uno stato perpetuo e diffuso, una guerra-senza-fine che permea ogni dominio della vita contemporanea — dalle trincee digitali dello spazio cibernetico, ai conflitti economici e informativi, fino alle guerre di narrativa e di influenza. Questa condizione non è nata dal nulla: è il risultato di un sistema internazionale esaurito, di un ordine che si reggeva su presupposti ormai fragili e inadeguati alla realtà multipolare del XXI secolo.

La guerra contemporanea, lo sappiamo, non si combatte più solo con armi convenzionali. È una guerra ibrida, fatta di propaganda, manipolazione delle informazioni, controllo delle catene di approvvigionamento, pressione finanziaria e dominio tecnologico. Ogni crisi — dall’Ucraina al Medio Oriente, dall’Africa al Pacifico — è il riflesso di una battaglia più ampia per il controllo delle sfere di influenza e delle risorse strategiche. Ma ciò che la rende “senza fine” è l’assenza di un obiettivo chiaro, di un punto in cui un vincitore possa imporsi su un vinto. Tutto è fluido, tutto è reversibile.

La guerra ibrida, con la sua natura pervasiva, distrugge la distinzione tra pace e conflitto. Le sanzioni economiche, gli attacchi informatici, le campagne di disinformazione, le guerre valutarie, l’uso strategico dell’energia o del cibo — tutto diventa arma. Non esiste più un tempo per la diplomazia, perché la competizione è continua. In questa condizione permanente, anche i cittadini, i consumatori e le opinioni pubbliche sono divenuti bersagli e combattenti inconsapevoli.

Uno degli strumenti tipici con cui l’Occidente ha tentato di mantenere il controllo del sistema internazionale è quello delle sanzioni. La loro logica si fondava su un concetto di pressione economica come sostituto della guerra. Punire per dissuadere. Indebolire per ottenere concessioni politiche. Ma le sanzioni, come ben sappiamo, non funzionano più.

E una delle cose più atroci, se così si può dire, è che sembra non esserci nemmeno una sosta in tutto questo. La percezione è il punto chiave, proprio come in una tortura, che viene intensificata o rilassata a seconda degli effetti sul torturato. È un sadico gioco di violenza globale, dove pochi cannibalizzano la pace di molti e l’equilibrio del mondo viene sacrificato sull’altare degli interessi di oligarchie nascoste.

Strade che funzionano, strade che falliscono

In un mondo globalizzato ma frammentato in blocchi di potere, le economie trovano strade alternative. La Russia commercia con la Cina, l’Iran si rafforza tramite reti parallele, e i paesi cosiddetti “non allineati” sfruttano le tensioni tra potenze per guadagnare autonomia. Le sanzioni, anziché isolare, spesso spingono i paesi sanzionati a sviluppare nuove capacità interne, nuove alleanze e filiere alternative. È la prova che non esistono più leve universali di coercizione: non c’è modo, o forse non c’è volontà, di risolvere davvero i conflitti con una sconfitta o una resa.

Questo fallimento è anche quello della deterrenza. Per decenni, la pace mondo occidentale si è basata sul principio della paura reciproca: la guerra nucleare come tabù, l’intervento militare come ultima risorsa. Oggi, la deterrenza non produce più rispetto, ma calcolo, gli attori globali testano continuamente i limiti e le linee rosse, sapendo che le superpotenze esitano, temono il costo politico, economico e umano di ogni decisione radicale. I messaggi di “fermezza” dei leader occidentali si perdono nel vuoto di un ordine che non è più condiviso.

L’“ordine basato sulle regole” di cui parlano gli Stati Uniti e l’Europa è ridotto ad una vuota formula retorica. Nato nel secondo dopoguerra, quando il dominio occidentale sul mondo era totale, quel sistema presupponeva il consenso implicito alla leadership americana e ai suoi valori: democrazia liberale, libero commercio, interventismo “umanitario”, supremazia delle istituzioni multilaterali sotto influenza occidentale. Ma quel tempo è finito e il guaio è che nessuno di loro aveva pensato ad un “dopo”, perciò sono disperatamente alla ricerca di mantenere in vita la carcassa putrescente di quel vecchio mondo, che continuano a raccontarci come il migliore dei mondi possibili ma che, in realtà, ha più l’aspetto di un mostro.

Le regole che avrebbero dovuto garantire stabilità oggi vengono percepite da molte nazioni come strumenti di convenienza, applicati in modo selettivo. Quando l’Occidente infrange le stesse regole che invoca — bombardando paesi senza mandato ONU, sostenendo colpi di stato, imponendo sanzioni unilaterali, manipolando intere generazioni — la legittimità di quell’ordine evapora. Il sistema muore lentamente, sepolto sotto le proprie contraddizioni.

Intanto, mentre l’Occidente discute di “valori” e “difesa della democrazia”, il resto del mondo si organizza pragmaticamente intorno a nuovi assi di cooperazione, parlando il linguaggio del realismo economico, dell’autonomia tecnologica, della sovranità delle civiltà. Si formano nuove istituzioni finanziarie, nuove alleanze militari, nuovi corridoi energetici e commerciali. È un riassetto profondo, in cui i criteri e i mezzi di potere occidentali non trovano più presa.

Certo, questo nuovo mondo multipolare non è ancora stabile: è turbolento, non mancano le contraddizioni, ma rappresenta la fine di un’era e l’inizio di un’altra, un passaggio che richiede tempo e pazienza. Nessuno Stato ha più la forza di dettare le regole globali da solo. I rapporti di potere si esprimono in equilibri localizzati, le cui norme sono ancora in fase di elaborazione. I cadaveri dei vecchi imperi hanno bisogno di essere trasformati in nuovo terreno per edificare altro.

Il multipolarismo significa anche che la verità geopolitica non è più una, ma che ogni polo del potere ha la propria narrativa, il proprio modello politico ed economico da proporre. La Cina si presenta come alternativa al liberalismo occidentale; la Russia rivendica la difesa di valori e spazi; l’India, l’America Latina e l’Africa cercano un posto che non sia più di subalternità ma di protagonismo delle proprie storie. In questo quadro, l’Europa appare smarrita: troppo piccola per imporsi da sola, troppo dipendente dagli Stati Uniti per rappresentare un fronte indipendente, troppo bloccata nelle proprie convinzioni, arrancando mentre cerca di salvarsi volgendosi dalla parte sbagliata.

L’ordine multipolare non porta automaticamente giustizia o pace, è vero, ma rappresenta una risposta alla stanchezza del mondo verso la pretesa universale dell’Occidente. È il ritorno della politica, nel senso più realistico del termine: la lotta per la sopravvivenza e l’influenza dentro un sistema senza arbitri armati, pronti a cambiare le regole a proprio piacimento e a falsificare i risultati. Il mondo è stanco di tutto questo.

La nostra è un’epoca in cui non esistono più vincitori netti. Ogni conflitto crea nuove dipendenze, nuove ferite, nuove vulnerabilità, ecco perché la guerra-senza-fine è anche la guerra dell’esaurimento, dell’incapacità di immaginare alternative. Le sanzioni, le alleanze, le dichiarazioni solenni non bastano più e avranno sempre meno efficacia, perché non c’è spazio nel mondo nuovo per coloro che vogliono ancora imporre i residui di quello vecchio.

Cosa resterà dell’Europa, dell’Occidente collettivo? Non si tratta più di stabilire chi ha ragione, ma chi saprà durare.

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