Hezbollah – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su Strategic Culture Foundation provides a platform for exclusive analysis, research and policy comment on Eurasian and global affairs. We are covering political, economic, social and security issues worldwide. Fri, 06 Mar 2026 16:51:18 +0000 en-US hourly 1 https://strategic-culture.su/wp-content/uploads/2023/12/cropped-favicon4-32x32.png Hezbollah – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su 32 32 Irán está liberando a Oriente Medio de la esclavitud imperialista https://strategic-culture.su/news/2026/03/06/iran-esta-liberando-a-oriente-medio-de-la-esclavitud-imperialista/ Fri, 06 Mar 2026 16:51:18 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890974 Oriente Medio es un barril de pólvora. Y está a punto de explotar.

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No hay forma de alegrarse con la guerra defensiva de la República Islámica de Irán, provocada por los bombardeos criminales de Estados Unidos e Israel. Entiendo a quienes lloraron a las víctimas del genocidio en Gaza, pero ya es hora de ir más allá del llanto. Aunque Hamás haya impuesto duras derrotas e impedido la consecución de los planes sionistas para Palestina, la reacción de Irán al ataque que sufrió es mucho más devastadora para Israel y Estados Unidos, y eso solo puede animar a quienes se oponen a la esclavitud impuesta a los pueblos de Oriente Medio por la dominación imperialista.

De hecho, la guerra de los iraníes es una guerra por la independencia completa de su país y de la región, y esta guerra antiimperialista y popular es una guerra revolucionaria. Una guerra revolucionaria como la de Hamás en Gaza desde octubre de 2023, pero de proporciones mucho mayores. Al destruir la infraestructura militar de Estados Unidos en la región, Irán está dando una contribución sin precedentes a la expulsión de las fuerzas imperialistas de Oriente Medio y, por lo tanto, a la liberación de todos los países de la región del yugo colonial de la OTAN.

Es una guerra contra todo el sistema imperialista internacional. Y el imperialismo europeo lo sabe, lo que quedó demostrado en la declaración conjunta de Francia, Reino Unido y Alemania en apoyo a Estados Unidos y amenazando con intervenir directamente en el conflicto. O en el envío del portaaviones Charles de Gaulle al Mediterráneo, en el pronunciamiento público de Keir Starmer y en las declaraciones de Friedrich Merz. Existe un apoyo total de las llamadas “democracias” europeas a la acción ilegal, terrorista y colonial de Estados Unidos.

Teherán comprende que está librando una guerra contra todo el régimen imperialista. Y tiene el coraje de librarla. Bombardeó objetivos franceses (Camp de la Paix, en Abu Dabi), italianos (al servicio de la OTAN en la base de Ali Al-Salem, en Kuwait) y británicos (la base aérea de Akrotiri, en Chipre), además de instalaciones estadounidenses en los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Catar, Kuwait, Jordania, Irak, Baréin, Omán, Siria y Chipre. Creo que todavía no se puede garantizar que todos los ataques hayan ocurrido o que hayan sido realizados por Irán —como, por ejemplo, las acusaciones de que intentó atacar objetivos en Turquía—, pero es innegable que los iraníes tienen el objetivo de generar el máximo de daños a la presencia imperialista, si no expulsarla totalmente. Instalaciones civiles, como embajadas, pertenecientes a las potencias agresoras también están siendo alcanzadas —y es sabido que la infraestructura civil sirve de apoyo a la dominación colonial, que no es solamente militar, sino también política y económica.

Estos ataques tienen una serie de consecuencias potenciales extremadamente positivas. Si destruyen esa infraestructura, las naciones imperialistas no tendrán cómo operar plenamente en la región. No tendrán apoyo logístico para sus misiones de infiltración, espionaje, soborno, subversión y control militar y político. Su personal militar tendrá que ser trasladado fuera de Oriente Medio o, como mínimo, encontrar instalaciones improvisadas sin la infraestructura adecuada para su trabajo. Irán está desorganizando completamente la columna vertebral de la presencia imperialista en la región, que son sus bases militares. Las bases militares, con tropas, equipos, aviones y otros vehículos, son como un cuchillo en el cuello del país anfitrión: si su gobierno se sale de la línea impuesta por el imperialismo, será derribado por un golpe sin la menor dificultad. Ese instrumento de presión y chantaje está desmoronándose.

Otra consecuencia es que, dada la facilidad con que estas instalaciones civiles y militares están siendo alcanzadas, sectores de la élite política y militar de cada uno de estos países comiencen a cuestionar la eficacia de la tecnología comprada a Estados Unidos y a sus aliados —cuyas negociaciones son impuestas y cuyo precio es altísimo, perjudicial para las propias finanzas de estos países—. Irán está mostrando —como lo mostró el propio Hamás con los ataques a Israel y como lo mostró Teherán en la guerra del año pasado— que los sistemas de defensa vendidos por las naciones imperialistas son dinero tirado a la basura. Los dirigentes políticos de estos países títeres fueron engañados por Estados Unidos y engañaron a sus subordinados para poder realizar esos acuerdos multimillonarios.

Más importante aún que abrir la mente de las élites políticas y militares, que no pasan de ser lacayos de Estados Unidos e Israel, es concienciar y politizar a los pueblos de estos países oprimidos. E Irán está haciendo eso, como ya lo hizo la Resistencia Palestina desde 2023. Aquellos que oprimen a estos pueblos —las fuerzas de ocupación y sus títeres— no son invencibles. Son gigantes con pies de barro. O, como decía Mao Tse-Tung: el imperialismo es un tigre de papel. Aunque todavía consiga mantener un gran poder de destrucción y opresión, esa fuerza se está desgastando rápidamente desde la revolución talibán de 2021. La Operación Militar Especial de Rusia lo mostró muy bien. Incluso la Operación Diluvio de Al-Aqsa reveló las fragilidades del dominio imperialista. Y ahora la guerra liberadora de Irán.

El gobierno estadounidense está gastando casi mil millones de dólares por día en la guerra. ¿Quién recuerda lo que ocurrió tras años de la Guerra de Vietnam? Una bancarrota extraordinaria en la economía estadounidense y en el mercado internacional. Pero hace 50 años el sistema financiero imperialista todavía tenía algún margen. Hoy ya no es así. La deuda pública de Estados Unidos se está volviendo insostenible y los temblores en el mercado de materias primas y de algunos de los ítems más preciosos para la economía capitalista, como el petróleo y el gas, tienden a generar una crisis de mayores proporciones que aquella. La economía estadounidense no soporta otra guerra prolongada como la que la nación persa está dispuesta a imponer al imperialismo.

Ya se habla de una escasez inminente de armas, municiones y equipos para la agresión contra Irán. Estados Unidos perdió mucho incluso contra los descalzos y valientes hutíes; qué decir de lo que está por venir contra la poderosa Guardia Revolucionaria Islámica. Las guerras genocidas llevadas adelante por Estados Unidos e Israel y sus más abominables métodos criminales esconden que la presencia imperialista se está debilitando cada día en Oriente Medio. Esa tierra será la tumba del imperialismo mundial. Sobre todo cuando las organizaciones revolucionarias se adhieran abiertamente a la guerra de independencia, como están esbozando Hezbolá y las Fuerzas de Movilización Popular de Irak —o como se está gestando una rebelión dentro de los regímenes títeres del sionismo, como en Baréin.

La expresión es bien conocida, pero nunca está de más recordarla: Oriente Medio es un barril de pólvora. Y está a punto de explotar. Esa explosión hará saltar por los aires toda la dominación imperialista y liberará finalmente a los pueblos de esa región. Todo eso gracias a la acción revolucionaria de Irán.

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Storia dell’Iran tra XX e XXI secolo – Parte IV L’Iran a cavallo del nuovo secolo https://strategic-culture.su/news/2026/02/01/storia-delliran-tra-xx-e-xxi-secolo-parte-iv-liran-a-cavallo-del-nuovo-secolo/ Sat, 31 Jan 2026 21:13:44 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890349 La recente nuova fase di destabilizzazione interna alla quale è stata sottoposta la Repubblica islamica dell’Iran e l’insistenza della propaganda occidentale sull’imminenza della sua caduta (con l’appoggio della stessa all’erede dello Shah Reza Ciro Pahlavi) rendono necessario affrontare il particolare percorso storico del Paese dagli inizi del Novecento fino ai giorni nostri. Solo in questo modo si possono avanzare delle ipotesi su ciò che potrà essere il suo futuro.

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Il conflitto con l’Iraq da un lato stroncò sul nascere le aspirazioni khomeiniste all’esportazione della Rivoluzione all’infuori dei confini iraniani; mentre, dall’altro, preparò il terreno per una ulteriore estremizzazione rivoluzionaria di una struttura culturale-sociale già di suo impostata sul tema della costante resistenziale e del sacrificio eroico. A questo proposito, tuttavia, è comunque bene sottolineare che i dati inerenti le perdite iraniane nel conflitto sono stati spesso volutamente gonfiati dalla propaganda occidentale (un qualcosa di simile a quanto avviene oggigiorno con la Russia per ciò che concerne il conflitto in Ucraina) allo scopo di presentare il governo della Repubblica Islamica come “senza scrupoli”, “irrazionale” e “massacratore del suo stesso popolo”.

All’epoca, ad esempio, si stimò che le perdite iraniane, a causa di quegli attacchi che vennero definiti “ad onda umana”, fossero superiori al milione. In realtà, il 23 settembre 1988, i portavoce del governo comunicarono la cifra ufficiale di 160.000 caduti in battaglia, ai quali si aggiungevano altri 30.000 morti a causa delle ferite riportate in combattimento e 39.000 disabili permanenti (in buona parte soldati sottoposti ad attacchi chimici).

Ma tra gli “effetti” della guerra vi fu anche lo straordinario rafforzamento dell’Ordine dei Pasdaran e del Corpo volontario dei Basij. I primi vennero fondati un mese dopo la proclamazione della Repubblica Islamica attraverso un decreto diretto di Ruhollah Khomeini. Le loro prerogative, successivamente, furono inserite anche all’interno del disegno costituzionale. Qui, infatti, all’articolo 150 si legge: “Il Corpo dei Guardiani della Rivoluzione Islamica, fondato nei primi giorni della vittoria di questa Rivoluzione, continua a svolgere le proprie funzioni di difesa della Rivoluzione stessa e delle sue conquiste. Le prerogative ed i doveri di tale Corpo in rapporto alle prerogative e ai doveri delle altre forze armate saranno regolamentati dalla legge, che promuoverà la cooperazione fraterna ed il coordinamento di tutte le forze in questione”.

I compiti dell’Ordine sono stati enumerati in otto categorie:

  • assistere la polizia e le forze di sicurezza nell’arresto o nella liquidazione di elementi controrivoluzionari;
  • combattere i controrivoluzionari armati;
  • difendersi dagli attacchi e dalle attività delle forze straniere all’interno del Paese;
  • coordinare e cooperare con le forze armate del Paese;
  • formare il personale subordinato dell’Ordine dal punto di vista spirituale, etico, politico e militare;
  • assistere le istituzioni della Repubblica Islamica nell’attuazione dei principi della Rivoluzione Islamica;
  • sostenere i movimenti di liberazione e il loro appello per la giustizia degli oppressi del mondo sotto la tutela della Guida della Repubblica Islamica;
  • utilizzare le risorse umane e le competenze dei membri dell’Ordine per affrontare le calamità nazionali e catastrofi inaspettate, nonché sostenere i piani di sviluppo della Repubblica Islamica per massimizzare completamente le risorse dell’Ordine.

Appare evidente come, nel corso del tempo, l’Ordine dei Guardiani della Rivoluzione si sia rapidamente evoluto trasformandosi nella spina dorsale della Repubblica Islamica: uno Stato nello Stato – posto al di sopra dello Stato e con ampie ramificazioni in ambito educativo ed economico (dall’industria petrolifera all’edilizia popolare) – che deve rendere conto solo alla Guida Suprema.

Tuttavia, c’è un punto che merita particolare attenzione ai fini di questo lavoro: il punto 7. Questo, infatti, mette in evidenza una sorta di carattere sovranazionale dell’Ordine ed il suo impiego in teatri esterni alla Repubblica Islamica. Di fatto, i Pasdaran non solo hanno addestrato militarmente combattenti non iraniani nella regioni limitrofe all’Iran, ma li hanno preparati anche sul piano dottrinale e spirituale, insistendo sul fatto che il gihad sulla via di Dio è al contempo una lotta interiore per divenire un essere umano migliore ed una lotta esteriore contro gli “oppressori”, i “nemici di Dio”.

Questo compito, in particolare, spetta alla Forza Quds (di cui è stato comandante Qassem Soleimani dal 1998 fino alla sua morte), la cui missione – secondo l’attuale Guida Suprema Khamenei – è quella di “stabilire cellule di Hezbollah in tutto il mondo”.

Tuttavia, come già anticipato, a fronte del successo ottenuto in Libano nei primi anni ’80 (ed alla costruzione di un complesso sistema di alleanze con altri movimenti politico-militari della regione), l’Ordine è andato incontro anche ad alcuni fallimenti, come quello di Hezbollah al-Hijaz (nella Penisola Arabica) o quello in Bahrein (dove non  è riuscito a garantire un appoggio decisivo ad una popolazione in larga parte sciita a causa della brutale repressione governativa in cooperazione con Arabia Saudita ed Emirati Arabi Uniti a seguito delle rivolte del 2011).

Anche il Corpo dei Basij (letteralmente “mobilitazione”) trova il suo fondamento nella Carta costituzionale dell’Iran: “In conformità al sacro versetto coranico ‘E preparate tutte le forze che potrete raccogliere e i cavalli addestrati per incutere paura al nemico di Allah e vostro e altri ancora che voi non conoscete ma che Allah conosce’ (8:60), il governo ha il dovere di mettere a disposizione di tutto il popolo le opportunità e gli strumenti necessari per l’addestramento militare in base alle norme islamiche, così che tutti i cittadini della Nazione siano in grado di provvedere alla difesa armata del Paese e della Repubblica Islamica dell’Iran. Tuttavia, il possesso di armi deve essere autorizzato dalle autorità competenti” (art. 151).

Su queste basi, il Corpo venne creato per mantenere la sicurezza interna in assenza di una forza di polizia fedele al progetto rivoluzionario nei primi anni di vita della Repubblica Islamica. Esso, inoltre, aveva il compito di difendere l’Iran dall’“assalto culturale” dell’Occidente e, in questo modo, ebbe un ruolo di primo piano nella “rivoluzione culturale” che contraddistinse gli anni successivi al 1979. Nel 1980, infatti, l’Imam Khomeini invocò la necessità di una riforma fondamentale del sistema educativo-culturale che riportasse l’Islam al centro dell’insegnamento scolastico. A tale scopo, decise di eliminare progressivamente dalle scuole insegnamenti ed insegnanti che si presentavano indottrinati dall’“Oriente comunista” o dall’“Occidente capitalista”. Così, optò per la chiusura delle università per tre anni: un tempo necessario per formare nuovi professori fedeli ai dettati della Rivoluzione. Allo stesso tempo, vennero adottate delle misure specifiche dopo la riapertura delle università che includevano la creazione al loro interno di associazioni islamiche, di unità di mobilitazione dedite al “gihad universitario”, la formazione di comitati di disciplina per monitorare l’impegno politico e religioso della comunità universitaria, l’applicazione del velo obbligatorio per le donne, la costruzione di moschee e centri di preghiera e, successivamente, di monumenti per gli eroi della guerra Iran-Iraq.

In tutte queste attività il Corpo dei Basij – fondato su tre pilastri: la natura volontaria, la fede religiosa e la fede negli ideali della Rivoluzione – svolse un ruolo determinante. Così come i suoi membri ebbero modo di distinguersi nel corso del conflitto con l’Iraq. Lo stesso Khomeini ebbe modo di affermare riguardo ad uno di loro (il quattordicenne Muhammad Hossein Fahmideh che si gettò carico di esplosivo contro un carro armato iracheno): “Non chiamatemi Imam. Lui è il nostro Imam, che a quattordici anni si è lanciato con il suo piccolo cuore contro il nemico. Il suo esempio vale più di cento penne [degli eruditi] e di mille lingue [dei devoti]”.

Oggi, i Basij, alla pari dei Pasdaran, sono presenti in tutti i settori delle società iraniana, essendosi trasformati in una organizzazione estremamente complessa (in parte di carattere economico e sociale ed in parte gruppo paramilitare con compiti di polizia). Anche questo modello – non privo di elementi critici (come un certo “abuso di potere” di alcuni membri, fattore che ne ha inquinato i principi d’azione incentrati sulla rettitudine e sulla difesa culturale) – è stato sottoposto a strategie di esportazione da parte del potere centrale. Tattiche similari a quelle attuate dai Basij, ad esempio, si ritrovano sia in Libano che in Palestina (soprattutto a Gaza).

A differenza di Muhammad Ali Jinnah, padre politico del Pakistan – e, se si vuole, dello stesso Profeta dell’Islam – alla sua morte,  Ruhollah Khomeini aveva lasciato indicazioni ben precise (una solida costituzione scritta) su ciò che sarebbero dovute essere le fondamenta politico-istituzionali della Repubblica Islamica. Dopo di lui, la carica di Guida Suprema venne assunta da Ali Khamenei (non senza alcune perplessità di chi lo considerava poco ferrato nelle questioni religiose, o almeno non preparato come l’ayatollah Montazeri, tra i successori designati, che aveva mosso critiche pesanti contro la campagna di esecuzioni del 1988 contro i prigionieri politici).

Khamenei, già presidente della Repubblica e reduce della guerra contro l’Iraq (dove venne gravemente ferito ad un braccio), si era costruito una legittimità e notorietà negli anni precedenti la Rivoluzione a seguito delle sue numerose incarcerazioni nelle prigioni della Savak, dove venne ripetutamente sottoposto ad atti di violenza e tortura sia fisica che mentale. Inoltre, venne più volte esiliato nella aree di confine dell’Iran da parte dello Shah; ed in ogni occasione riusciva a guadagnarsi le simpatie della popolazione locale grazie alla sua operosità (come in occasione della pesante alluvione di Iranshar nel 1978).

Ora, l’era Khamenei può essere suddivisa in diverse fasi. Superata la fase di consolidamento dello Stato successiva alla Rivoluzione ed al conflitto con l’Iraq, la nuova Guida Suprema ha concentrato i suoi sforzi sul piano geopolitico soprattutto sulla sicurezza della Repubblica Islamica e sulla ricerca di un modello di sovranità olistica; ovvero in tutti i campi (dalle relazioni internazionali alla cultura popolare e strategica). Stato sovrano è infatti quello che decide per se stesso come rapportarsi ai propri problemi sia interni che esterni, e decide da solo anche quando è necessario ricorrere ad aiuti esterni (apertura commerciale o meno verso l’esterno, forniture di aiuti militari e così via).

Dunque, dopo una prima fase in cui l’obiettivo della Repubblica Islamica è stata la mera sopravvivenza (a seguito della brutale guerra contro l’Iraq), la seconda fase è stata indirizzata al rafforzamento dello Stato. Questo deve essere interpretato su due livelli: a) il livello domestico con l’esercizio della forza in nome della giustizia, lo sviluppo delle capacità economiche e di una forza militare ed il conseguente sviluppo di una strategia da applicare verso l’esterno; b) un livello internazionale rivolto alla ricerca di riconoscimento, di eventuali alleanze o al tentativo di disarticolare quelle dei propri rivali regionali e/o globali.

A questo proposito, è bene sottolineare innanzitutto che l’Iran si trova sottoposto ad un regime alternato di embargo e sanzioni più o meno dalla nascita stessa della Repubblica Islamica. Cosa che ne ha reso piuttosto complesso uno sviluppo economico capace di investire la totalità della sua popolazione. È chiaro che questo regime sanzionatorio è stato ampiamente aggirato nel corso del tempo. Tuttavia, come noto, i regimi sanzionatori tendenzialmente hanno il demerito di non colpire le élite di potere ma le fasce più deboli della popolazione. Nel caso specifico della Repubblica Islamica, i proventi dell’aggiramento delle sanzioni sono stati storicamente investiti in modi diversi: a) per finanziare il programma missilistico e nucleare (soprattutto civile, ricordiamo che esiste una fatwa, ancora valida, dell’Imam Khomeini che vieta la costruzione di armi nucleari); b) per sostenere diverse milizie regionali compartecipi della costruzione di un sistema di difesa dell’Iran su più linee (Palestina, Libano, Siria, Iraq sul fronte occidentale, dove si trova il nemico principale, Israele); c) una parte infine è stata redistribuita attraverso le fondazioni caritatevoli (bonyad) variamente collegate alle istituzioni della Repubblica Islamica per mantenere inalterato il suo capillare sistema di controllo sullo Stato e la popolazione (alcuni sostengono che queste controllino circa il 20% PIL iraniano). Questo dice in primo luogo che un’ampia porzione della popolazione vive grazie alla struttura/esistenza stessa della Repubblica Islamica. Di conseguenza, oggi, parlare di popolo iraniano (nella sua interezza) che desidera il rovesciamento del regime, nel migliore dei casi, è del tutto fuorviante. Ed è difficile pensare che lo stesso voglia segare il ramo dell’albero sul quale è seduto.

Indubbiamente, allo stesso tempo, esiste una porzione di popolazione che non ha goduto (o ne ha goduto meno) dei dividendi dell’aggiramento del regime sanzionatorio o più in generale della “ricchezza”. Questa è quella che più frequentemente manifesta il suo malcontento; chiede riforme ed anche un ricambio generazionale nei vertici del potere (forse, uno dei maggiori problemi della Repubblica Islamica odierna). Ad essa si aggiunga pure una borghesia “occidentalizzata” che tendenzialmente accetta di buon grado il “regime islamico” in nome del quieto vivere, ma che è sempre pronta a voltare le spalle allo stesso appena se ne presenta l’occasione.

Inoltre, bisogna considerare che il regime sanzionatorio rende l’Iran ancor più vulnerabile di fronte alle oscillazioni del mercato petrolifero ed alla dipendenza delle transazioni internazionali dal valuta statunitense, il dollaro. Fattore che, tra l’altro, viene utilizzato da Washington per provocare crisi economico-finanziarie al suo interno ormai con frequenza sempre maggiore e per portare avanti quella che il politologo John Mearsheimer ha definito la tattica tradizionale (in quattro fasi) delle “rivoluzioni colorate”: 1) regime sanzionatorio; 2) protesta popolare più o meno infiltrata e strumentalizzata dall’esterno; 3) disinformazione e propaganda incessante che prepara un sostegno all’azione non criticamente fondato; 4) azione militare. Ad oggi, per ciò che concerne l’Iran manca solo la quarta fase.

Questo rende esplicito il fatto che se nei primi tempi della Rivoluzione il motto “né Occidente, né Oriente, Repubblica Islamica!” poteva avere un suo valore e fascino, in questo preciso momento storico l’Iran non può sopravvivere senza un’aperta cooperazione con l’Oriente inteso non più come il “blocco socialista” ma come spazio eurasiatico rivolto allo sviluppo di un sistema multipolare (Cina, Russia, India e Pakistan, soprattutto), cercando anche di accelerare il processo di de-dollarizzazione dell’economia globale. Sono fondamentali in questo senso gli accordi di cooperazione strategica con Russia e Cina, l’ingresso in organizzazioni internazionali come la Shanghai Cooperation Organization e la struttura BRICS (fortemente ricercate dall’amministrazione Raisi). E fondamentale sarebbe la costruzione di una reale alleanza militare con i vicini: Pakistan, Turchia ed anche Arabia Saudita, nonostante le frizioni del passato.

Tuttavia, rimane una corrente politica (anche importante) all’interno delle istituzione favorevole, al contrario, ad una maggiore apertura verso Occidente; quella che nei primi anni ‘2000 aveva pensato ad una “grande patto” con gli Stati Uniti d’America (da non dimenticare che l’Iran fu il primo Paese musulmano a mostrare cordoglio a Washington dopo gli attentati dell’11 settembre 2001) per dirimere le controversie e trovare un appeasement regionale. Ed è la stessa corrente che ha spinto per l’accordo sul nucleare del 2015, successivamente stracciato da Donald J. Trump, e per una nuova fase di negoziati bruscamente interrotti dall’aggressione israeliana del giugno 2025.

Sul piano della sicurezza interna, inoltre, l’Iran deve affrontare anche il grave problema delle infiltrazioni e della presenza di gruppi terroristici all’interno dei propri confini che spesso agiscono in modo coordinato con le agenzie di intelligence israeliane e nordamericane. Un caso particolare, in questo senso, è rappresentato dal MeK: i mujahedin-e khalq (o guerrieri del popolo). La storia di questo movimento merita l’apertura di una breve parentesi.

Nato intorno alla metà degli anni ’60 del secolo scorso su basi ideologiche che mischiavano elementi marxisti con alcuni aspetti propri dell’Islam sciita (i membri erano invitati a vivere in collettivi ed a studiare i modelli economici del socialismo reale), il MeK ha giocato un ruolo importante negli eventi rivoluzionari dimostrando una notevole capacità nell’organizzazione di azioni rapide quanto efficaci contro il potere dello Shah. Nell’istante postrivoluzionario, tuttavia, l’Imam Khomeini iniziò (non a torto in effetti) a dubitare sulle reali intenzioni di Masoud Rajavi (guida dal 1979) e del movimento stesso che, dopo l’esclusione dalla vita politica del Paese, optò per la lotta armata contro la neonata Repubblica Islamica. Dal 1981 al 1986, i vertici del MeK vissero un dorato esilio parigino nel corso del quale, dopo la creazione del già citato Consiglio Nazionale di Resistenza (in cooperazione con  l’ex primo Presidente dell’Iran postrivoluzionario Abolhassan Banisadr), cercarono nuovi consensi in Occidente presentandosi come movimento laico, democratico, a favore del libero mercato, e campione della causa dell’autonomia del Kurdistan. Questo è stato solo il primo dei non pochi cambi di paradigma del gruppo. Infatti, a partire dal 1985, a seguito delle seconde nozze con Maryam Azodanlu (ex sposa di un suo stretto collaboratore), Rajavi iniziò a parlare di una nuova “rivoluzione ideologica” che avrebbe portato alla parità dei sessi all’interno del gruppo. Per fare ciò attribuì alla sua nuova sposa il ruolo di guida del MeK ponendola al suo stesso livello e paragonando il nuovo matrimonio a quello del Profeta Muhammad con Aisha. Allo stesso tempo, riservò per sé il titolo di Imam-e Hal (Imam del presente).

A seguito dell’intervento di Teheran in favore della liberazione di alcuni cittadini francesi tenuti in ostaggio in Libano, il MeK, nel 1986, venne costretto ad abbandonare la Francia per l’Iraq dove poté godere della  protezione e dell’assistenza militare del regime di Saddam Hussein in cambio di servizi di traduzione e di operazioni oltre le linee in quella guerra che in Iran viene chiamata anche come “Sacra Difesa”. Nel 1988, a cavallo del definitivo cessate il fuoco, Rajavi lanciò l’operazione “Luce Eterna”: di fatto, un vero e proprio tentativo di invasione dell’Iran da parte dei miliziani del gruppo nella speranza di scatenare un (mai avvenuto) sommovimento popolare contro la Repubblica Islamica (una sorta di “Baia dei Porci iraniana” che la storiografia occidentale ricorda solo per le esecuzioni degli uomini fatti prigionieri dalle autorità della Repubblica Islamica, senza mai fare riferimento alle cause – pratica assai diffusa da certa propaganda, quella di invertire cause ed effetti di un determinato evento in modo da attribuirne le responsabilità al nemico del momento – come si è visto per il caso ucraino).

Di fronte al palese fallimento (il MeK perse oltre la metà dei propri membri), Rajavi, al posto di riconoscere i propri errori, non fece altro che accusare i suoi uomini di avere la mente deviata da pensieri di natura sessuale. Da quel momento in poi, infatti, si registra un nuovo sviluppo ideologico all’interno del movimento che assume sempre di più i connotati della setta pseudoreligiosa votata al culto della personalità della sua coppia guida. Ai membri (molti dei quali tenuti in cattività contro la loro stessa volontà, privati dei documenti, minacciati di pesanti ritorsioni in caso di fuga e sottoposti al lavaggio del cervello) venne imposto il celibato ed il taglio totale delle comunicazioni con la famiglia. L’amore per la propria famiglia doveva essere sostituito dall’amore per i Rajavi e dalla speranza che il futuro dell’Iran possa essere sotto il loro segno (come recitano alcuni canti del gruppo).

A ciò si aggiunga il ruolo giocato dal MeK nella soppressione delle rivolte popolari contro il regime di Saddam scoppiate dopo l’Operazione Desert Storm. Un’azione che si trasformò rapidamente in una forma di pulizia etnico-confessionale contro la comunità sciita irachena (cosa che, insieme alla partecipazione diretta alla “guerra imposta” ed all’uccisione di migliaia di cittadini iraniani, valse la perdita di quella poca credibilità rimasta al gruppo all’interno dell’Iran) e contro la minoranza curda (paradossale se si pensa che il MeK ha spesso cercato di proporsi come sostenitore della loro autonomia). Va da sé che la rivolta venne ampiamente incoraggiata da Stati Uniti e Gran Bretagna (non dall’Iran), salvo poi ritirare immediatamente il loro sostegno in modo tale che il regime di Saddam potesse fare strage degli sciiti invisi tanto  ai vertici di  Baghdad quanto a Washington.

Nonostante il MeK abbia sempre cercato di negare la sua partecipazione nei fatti del 1991, è rimasta celebre una frase di Masoud Rajavi: “mettete i curdi sotto i vostri carri armati e risparmiate le pallottole per le Guardie Rivoluzionarie”.

Di fatto, il MeK è rimasto fino all’ultimo fedele a Saddam Hussein, con tanto di breve inserimento all’interno della lista internazionale delle organizzazioni terroristiche fino al suo trasferimento in Albania (sebbene, come affermato in un interessante documento della Rand Corp, Think Tank vicino al Pentagono, non sia mai stato trattato realmente come tale). Dalla seconda aggressione occidentale all’Iraq, inoltre, non si hanno più notizie di Masoud Rajavi – sotto una forma di occultamento che ricorda parodisticamente quello dell’ultimo Imam dello sciismo imamita – che ha lasciato alla moglie il ruolo di volto pubblico del Consiglio Nazionale di Resistenza. Da non tralasciare, infine, il fatto che la stessa Repubblica Islamica, dopo l’attacco all’Iraq, propose agli Stati Uniti uno scambio di prigionieri: membri del MeK detenuti nelle prigioni della coalizione in Iraq in cambio di membri di al-Qaeda detenuti in Iran. Gli Stati Uniti rifiutarono avanzando dubbi sul rispetto dei diritti umani nelle carceri iraniane (cosa ancora una volta paradossale se si considerano i casi di tortura a Guantanamo o ad Abu Ghraib). In realtà, lo fecero sapendo che i membri del MeK (come effettivamente avvenuto) sarebbero tornati utili per operazioni oltre il confine iraniano (assassinii mirati di scienziati e ufficiali, ad esempio).

Questo excursus è servito in primo luogo a dimostrare come un movimento che gode di assai poca stima all’interno dei confini della Repubblica Islamica venga presentato in Occidente come alternativa credibile ad essa (lo stesso discorso vale per l’erede dello Shah, Reza Ciro Pahlavi). Lo scarso successo popolare (buona parte dei membri odierni sono reclutati tra l’immigrazione iraniana con promesse di asilo politico e occupazione in Occidente), infatti, si accompagna ad un notevole successo politico ed economico ottenuto con audaci operazioni di promozione della propria immagine nei centri di potere occidentale, con la frode manifesta (presentandosi sotto la veste di diverse associazioni rivolte alla difesa dei diritti umani in Iran) ed attraverso la costruzione di un vero e proprio impero finanziario ed immobiliare (pacchetti azionari, finanziamento illecito di Partiti, proprietà di case da gioco ed alberghi).

Dunque, non sorprende più di tanto il fatto che, già nel 2016, Giulio Terzi (importante riferimento per la politica estera del principale Partito di governo in Italia, quel “Fratelli d’Italia” che ha presentato addirittura una mozione al parlamento europeo per inserire le Guardie Rivoluzionarie iraniane nella lista UE delle organizzazioni terroristiche) abbia affermato in un articolo pubblicato sul sito informatico politico.eu: “There is another government waiting in the wings, prepared to shape a future for Iran that is based on declared principles of secularism, democracy and gender equality as it has been articulated by President of the National Council of Resistance of Iran, Maryam Rajavi”. E che nel dicembre del 2022 abbia parlato nuovamente di “cambio di regime” in Iran.

Si è parlato di un “grande patto” tra Iran e Stati Uniti che i vertici politici della Repubblica Islamica (sotto la presidenza Khatami) pensavano di portare a compimento per ridurre le tensioni tra i due Paesi. Ad onor del vero, l’attacco all’Afghanistan nel 2001 e la seconda aggressione degli Stati Uniti all’Iraq (2003), di fatto, eliminarono due tra i principali rivali regionali della Repubblica Islamica: il regime talebano a Kabul (con cui l’Iran ebbe non poche frizioni collegate alla persecuzione della componente etnica hazara, musulmana sciita) e quello di Saddam a Baghdad (con la possibilità, finalmente, di poter direttamente influenzare l’ampia popolazione sciita irachena, a lungo esclusa dai gangli del potere).

Dunque, non è incorretto affermare che le azioni dell’amministrazione Bush Jr. abbiamo in qualche modo favorito la strategia geopolitica dell’Iran di acquisizione di quote egemoniche in quello che in altre occasioni è stato definito come l’heartland mediorientale: l’arco settentrionale del Golfo Persico con il suo entroterra (regione ricca di riserve petrolifere ed a maggioranza sciita). Senza considerare che il rifiuto (da parte israeliana) di restituire le alture del Golan alla Siria, dopo una prima fase di avvicinamento della stessa all’Occidente, ha riportato Damasco vicino all’Iran (con conseguente sconfitta di Tel Aviv nella “guerra dei 33 giorni” con Hezbollah in Libano). Paradossalmente anche le “primavere arabe”, con i loro nefasti effetti, hanno consentito all’Iran di espandere ulteriormente la sua aree di influenza grazie all’opposizione armata al fenomeno terroristico del sedicente Stato islamico o alla partecipazione attiva nel conflitto siriano. Qui, grazie alla costruzione di una rete di alleanze informali basate sia su un approccio socio-costruttivista (fratellanza etnico-religiosa) che realista (creazione della suddette linee di difesa per il “santuario”, rappresentato dalla Repubblica Islamica, secondo la dottrina del già citato Qassem Soleimani), l’Iran è riuscito a dare vita ad uno schema geopolitico capace di mettere in difficoltà l’egemonia statunitense nella regione ed a minare gli interessi israeliani di lungo periodo.

C’è chi ha definito tale strategia come una forma di imperialismo neosafavide. Tuttavia, anche alla luce della teorie sull’imperialismo di Hobson e Lenin, questo approccio sembra piuttosto fuorviante. L’imperialismo, infatti, si presenta come un sistema per dare sollievo all’estero alla classe economicamente più ricca. Questo [l’imperialismo], facendo riferimento proprio alle teorie di John A. Hobson, implica l’uso della macchina militare statale da parte di interessi privati in modo da assicurarsi profitti economici all’infuori del proprio Paese. Per tale motivo, tendenzialmente, l’imperialismo porta allo Stato vantaggi concreti ridotti a fronte di vantaggi privati enormi. In riferimento alla Repubblica Islamica, invece, è vero il contrario. Le azioni dei pasdaran all’estero, storicamente, sono sempre state incentrate al consolidamento della forza statale (soprattutto la sua capacità deterrenza nei confronti dei rivali regionali) e mai al mero arricchimento di soggetti privati. Di fatto, la stessa spesa in sostegno delle milizie vicine a Teheran, dalla Palestina allo Yemen, ha spesso rappresentato una criticità per la Repubblica Islamica. Un problema che è stato talvolta evidenziato nelle manifestazioni di protesta che periodicamente si svolgono nella strade iraniane contro il carovita, gli sprechi, la corruzione e così via.

Detto ciò, proprio con l’assassinio di Qassem Soleimani nel 2020 (prima amministrazione Trump) è iniziata una sorta di “controffensiva occidentale” nella regione volta a ridurre l’influenza dell’Iran e soprattutto a penetrare le sue linee di difesa. In questo senso devono essere letti il massacro di Gaza, una nuova fase di conflitto contro Hezbollah, il successo del conglomerato terroristico guidato da Ahmad al-Shaara in Siria (con il taglio dei rifornimenti terrestri verso Hezbollah) e la progressiva costruzione del cosiddetto “corridoio di David” (che, in linea teorica, dovrebbe spingere l’influenza israeliana fino ai confini iraniani utilizzando milizie locali compiacenti).

Una controffensiva che, di fatto, ha consentito ad Israele ed USA di intensificare attacchi e pressione nei confronti dell’Iran fino ad arrivare alla “guerra dei 12 giorni” ed all’attuale situazione di guerra ibrida. A questo proposito, tra l’altro, è opportuno riportare che non è la prima volta che l’Iran affronta simili manifestazioni di protesta interna. Già nel 2009, un’ondata di protesta nota come “movimento verde” affollò le strade delle città iraniane a seguito della sconfitta riformista nelle elezioni presidenziali, con conseguente secondo mandato di Mahmoud Ahmadinejad (che aveva mostrato notevole ostilità nei confronti dell’Occidente). Altri episodi meritevoli di menzione sono quelli del 2019 e del 2022. In riferimento a quest’ultimo, l’analista Aldo Braccio ha scritto sul sito informatico di “Eurasia. Rivista di studi geopolitici”: “La morte della giovane Mahsa Amini – avvenuta in circostanze tuttora non chiare – ha costituito l’“occasione perfetta” per innescare un attacco su larga scala contro la Repubblica Islamica dell’Iran. Un attacco quanto mai ipocrita e pretestuoso, che ha dato il via a una serie di manifestazioni – non molto partecipate, per la verità, ma sapientemente riprese e amplificate dai media occidentali, che le hanno artatamente confuse con altre, legittime rivendicazioni di carattere economico – e di vere e proprie aggressioni e atti di guerriglia urbana, con morti e feriti tra i civili coinvolti e gli agenti dell’ordine. […] Dicevamo di occasione perfetta del caso Amini: infatti oltre che donna, giovane e senza velo, la stessa era curda, e ciò ha immediatamente favorito la simpatia di una parte dell’opinione pubblica occidentale. Tale simpatia indotta corrisponde in realtà a un preciso e importante ruolo affidato dagli atlantisti ai Curdi: contribuire in nome del separatismo curdo alla balcanizzazione del Vicino Oriente, attaccando la sovranità di ben quattro Stati: Iran, Iraq, Turchia e Siria. Gli Iraniani conoscono perfettamente tale strategia, che si muove parallela alle accuse sui “diritti umani” e alla non conformità agli “standard occidentali”. Essa è da anni presente particolarmente nelle analisi e negli studi del Center for Strategic and International Studies, il pensatoio nato nel 1962 attraverso il quale intellettuali decisivi come Kissinger e Brzezinski hanno indirizzato la politica estera statunitense; pensatoio la cui presidenza è oggi affidata a Thomas Pritzker, miliardario ed erede di un’illustre famiglia ebreo-ucraina. In particolare nel 2019 il CSIS ha insistito nel caldeggiare l’utilizzazione dei Curdi iraniani in funzione anti-Repubblica islamica, per spezzare la continuità territoriale e ideale fra Teheran e i suoi alleati, incluso Hezbollah. […] Venendo ai giorni nostri, l’agenzia iraniana Tasnim ha denunciato la presenza di gruppi armati e di enormi carichi di armi consegnati ai Curdi iraniani nei centri prossimi al confine con l’Iran; i guerriglieri dipenderebbero dalle organizzazioni Komala e PDK, le cui basi nell’Iraq settentrionale sono state di conseguenza colpite nei giorni scorsi dalle forze di terra del Corpo delle Guardie Rivoluzionarie Islamiche con l’obiettivo di garantire una sicurezza duratura; e non solo alle frontiere, ma, considerato il massiccio coinvolgimento occidentale tramite le organizzazioni terroristiche, anche all’interno dei confini nazionali”.

Anche oggi la strategia occidentale non è diversa. Infatti, ad una prima fase di proteste e manifestazioni più o meno spontanee e legate principalmente al dato economico (dove sono scesi in piazza anche settori tradizionalmente conservatori della società iraniana, come la piccola borghesia mercantile), ha fatto da contraltare una seconda fase di aperta rivolta, con minore partecipazione popolare da un lato, ma con un aumento cospicuo in termini di intensità e violenza (con veri e propri atti di vandalismo e terrorismo), dall’altro. Nel momento in cui si scrive è difficile valutare il dato delle vittime tra rivoltosi e forze di sicurezza. Ciò che è evidente, come riconosciuto dallo stesso Mossad, è l’infiltrazione tra i primi di mercenari ed elementi vicini all’intelligence israeliana. Ed è altrettanto difficile pensare che quanto avvenuto non avrà un seguito, sia esso un attacco diretto contro l’Iran o una prosecuzione della condizione di guerra ibrida per indebolirlo ulteriormente dall’interno. Di sicuro, la Repubblica Islamica necessita di una programma di riforme che riduca le contraddizioni interne alla sua società (ad esempio, all’alto volume di donne laureate non corrisponde il loro inserimento negli ambienti lavorativi) ed apra la sua economia al commercio interno allo spazio eurasiatico senza, ovviamente, rinunciare al controllo sulla sua industria strategica ed alla sua sovranità culturale.

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Napolitano: Gaza war, billionaire influence are eroding U.S. credibility https://strategic-culture.su/news/2025/11/06/napolitano-gaza-war-billionaire-influence-eroding-us-credibility/ Thu, 06 Nov 2025 12:24:00 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=888710 By Al MAYADEEN ENGLISH 

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US Former Judge Andrew Napolitano tells Al Mayadeen’s Proximate Aspect that the war on Gaza and concentrated Zionist media spending are weakening the US’ global credibility.

Former New Jersey Superior Court judge Andrew Napolitano told Al Mayadeen’s The Proximate Aspect that the war on Gaza, heavy media investments by Israeli billionaires and Washington’s unpredictable foreign policy are accelerating a global realignment that is weakening US credibility at home and abroad.

Gaza, US domestic politics, and the PR defeat

Speaking to Al Mayadeen host and editor Zeinab Al Saffar, Napolitano said the war on Gaza has reshaped opinion across large segments of the US public, especially among younger voters, producing a rare bipartisan surge of sympathy for Palestinian statehood and a broad condemnation of “Israel’s” conduct.

He argued the shift is not limited to traditional left-wing constituencies and that even elements of the president’s base are now openly critical of Washington’s alignment with the Netanyahu government.

“It has had a dramatic impact, certainly among young people,” Napolitano said, adding that support for a Palestinian state and condemnation of what many in the United States now call a genocide now runs “about 80 to 85%… among people of both political parties under the age of 40.”

“Even the president’s so-called MAGA base is harshly critical of his attachment to the Netanyahu regime and of his funding the genocide,” he added, referring to American conservative and right-wing supporters of the US president.

He concluded that, in the US public relations battle over the war, “the Netanyahu regime has failed miserably.”

Ceasefire, Hamas, and the nationalist debate

In Gaza, Napolitano described the recent ceasefire architecture as a deal “not negotiated with one of the parties involved,” calling it essentially a Trump-Netanyahu initiative that neither side intends fully to respect.

While he said “Israel” used the arrangement to secure the return of captives, he framed Hamas as a political actor that, in many American conversations, is increasingly seen as fighting an occupying power.

“From the Hamas perspective, they are freedom fighters seeking to repel an unjust occupier,” Napolitano said, noting that this characterization, once taboo in US discourse, has entered more mainstream political discussion.

“That’s how badly the Israelis have lost the public relations war here,” Napolitano underlined.

Billionaire influence and algorithms

On the role of wealth and media in shaping US narratives, Napolitano warned of a concentrated influence that reaches into Congress and the White House, yet he maintained that such spending has not reversed the broader shift in public opinion.

“All of that Zionist money, and it is in the many, many billions, has not succeeded in winning the PR war here,” he said.

At the same time, he defended alternative platforms, arguing that they will continue to “articulate the truth as we understand it to be” even as algorithmic and corporate chokeholds complicate activism.

Russia visit and a possible grand reset

Drawing on a recent trip to Russia, Napolitano said he encountered Russian officials who are pushing for a comprehensive realignment, a “grand reset” that would involve the United States, Russia, and China.

He argued that sanctions have not broken Russia’s economy or military readiness and questioned Washington’s long-term efficacy in relying on punitive economic tools.

“The Americans note the sanctions have not laid a glove on Russia,” he said, adding that ordinary life in Moscow appeared unaffected by the measures.

US hegemony, Venezuela and the limits of intervention

Napolitano was sharply critical of US hegemonic overreach, arguing that Washington has pursued interventions that harm both target countries and American interests.

Referring to plans for Venezuela, he said, “Venezuela doesn’t pose any threat whatsoever to the national security of the United States,” and described coercive designs to control oil resources as unlawful and counterproductive.

“It is not a central producer of drugs, illicit drugs that make their way here,” he said.

He warned that such policies spread “violence and death” rather than democracy.

Asia, tariffs, and the erosion of the dollar’s dominance

Responding to questions about a strategic pivot in Asia, Napolitano warned that unilateral US trade measures and tariffs are driving economic cooperation among China, Japan, and South Korea and weakening the dollar’s unique position.

He argued the United States is abandoning free trade in practice and predicted that Washington’s tactics, including tariffs, are accelerating the expansion of alternative economic blocs and payment systems, with long-term consequences for US financial leadership.

“I think the president is ill-advised and is doing the wrong thing with the tariffs,” Napolitano underlined.

“When the United States goes about the world, whether it’s Venezuela or Ukraine, looking for monsters to slay, it doesn’t spread democracy, it spreads violence and death,” he said in the context of the US’ prioritization of a dominant posture, even in financial and trade policy.

Advice to Arab leaders and final message to Gaza

Advising regional leaders, Napolitano urged caution in trusting Washington’s promises, “trust but verify,” he said, citing past incidents in which US diplomatic engagement preceded violence.

“The United States lured Hezbollah negotiators into a trap so the Israelis could murder them,” he said, referring to the Israeli assassination in which Hezbollah Secretary-General Sayyed Hassan Nasrallah was martyred.

He also urged Arab states to support Palestinian self-determination.

“The Arab leaders should support the right to self-determination of the Palestinians, and they should support the right of the Palestinians to have their own state come what may,” the former New Jersey Superior Court judge said.

Addressing the people of Gaza directly, he offered solidarity, “There are many more people in the world who feel your pain and understand the horrors that were visited upon you. Stay the course. Stay the plow. Keep fighting for freedom.”

Original article:  english.almayadeen.net

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Causes and consequences of the collapse of the Syrian Arab Republic https://strategic-culture.su/news/2025/09/07/causes-and-consequences-of-the-collapse-of-the-syrian-arab-republic/ Sun, 07 Sep 2025 09:01:23 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=887550 The main problem lies not in Syria but in the West, which allows its own jackals to rise to the top.

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Although stupid and selfish people have given many reasons for the collapse of the Syrian Arab Republic on the Feast of the Immaculate Conception, 8 December 2025, the best explanation was given to me in Damascus almost ten years previously by an Alawite friend of mine, which said that even the biggest buffalo will fall if you lance it with enough spears. Putting that another way, the Syrian Arab Republic fell because, not unlike today’s Gaza, it had been under relentless siege by NATO’s serial liars, serial thieves and serial killers for over a decade.

There was never anything moderate about Jolani’s moderate rebels, most of whom, like himself, had backgrounds in ISIS and in the Muslim Brotherhood, which has always been largely under the control of British military intelligence in their ongoing efforts to ward off the Arab secularism typified by such historical figures as Hafez Assad, Gamal Nasser and Yasser Arafat.

British and Turkish military intelligence put out the word that Syria was a happy hunting ground where Tunisian, Moroccan and European jihadists could steal and rape at will and all without consequence. That had been the policy in Idlib since Turkey overran it the guts of a decade ago and it is the policy in all of Syria today. When Jolani’s crew are horny, they are free to kidnap and rape Alawi and Ismaili women, just as they were free to do the same to Yazidi and Mandaean women in Iraq.

The collapse of the Syrian Arab Republic and of its defenders, the heroic men and women of the Syrian Arab Army, has not changed that a whit, as anybody who follows events there or who are aware what British military intelligence are up to there, will know. Women and girls are regularly raped and murdered, hospitals are stormed and patients and doctors are executed on the spot. Nothing has changed.

Not only should British and American spymasters be on trial for war crimes but so too should Irish “journalists” like Skateboard Sally and Irish politicians like Barry Andrews, whose ugly mug this SCF article adorns as this serial huckster rallied support and funding for Jolani’s gang rapists, in his successive roles as a failed politician, a corrupt NGO boss, a NATO think tank boss and now as a squeaky clean MEP.

Although success may well have many fathers and failure may well be an orphan, there are far too many people who were complicit in reducing Syria’s girls, boys and women to be the sex slaves of NATO’s allies to adumbrate here. Far from that being a new development, I was “in trouble” with British police and what passes for their judicial system over a decade ago for pointing out that Leicester University hosted Muhammad al-‘Arafi, who was the main ISIS recruiter for child sex jihad, a despicable crime Canadian military intelligence also infamously got into by trafficking British schoolgirls from the east end of London. Just think about that for a second. MI6 gave al-‘Arfi carte blanche to prance around Blighty recruiting kids to be raped by Blighty’s ISIS allies and Canada was busily recruiting sex slaves in London and I, who actively opposed all that, was the villain of the piece.

As, of course, were the Assads, Putin, Hezbollah and all the usual suspects we will now look at in turn. Hezbollah has the distinction of being pivotal to the first major victory of the heroic Syrian Arab Army when they defeated the head hackers in the Qalamoun Mountains and so began the process of lifting the sieges of Saidnaya and Damascus and liberating Maaloula. Although the Christians of Syria and all of the world cannot thank Hezbollah enough for their immense sacrifices, Russian military commentators did say Hezbollah were not up to par when it came to big-formation armoured warfare. Although the Russians may have a tactical point there, it does not detract in the least from Hezbollah’s immense sacrifices.

As regards Russian involvement, the first thing to say is that over 200 Russian servicemen, the heroic Alexander Prokhorenko and pilot Oleg Peshkov included, paid the ultimate price in defence of the Syrian Arab Republic and, for MI6 scavengers to accuse Russia of cutting and running is to accuse Russia of abandoning those servicemen and to thereby deserve much more than a punch in the mouth. When Russia first became directly involved in the Syrian conflict, she flew a few information-gathering air sorties and then started hitting the NATO gangsters, where it hurt, which is in the pocket or, to be more precise, in the Syrian oil installations NATO were looting wholesale. Russia having hit the oil installations and oil tankers hard, the United States and her toadies then upped the ante by blitzing their own ISIS allies in Raqqa and sending their air forces in to bomb Syrian forces in Deir Ezzor, who were under the command of the legendary General Issam Zahreddine, the Druze leader who was subsequently assassinated and whose civilian family were later slaughtered by Jolani’s henchmen.

After the Syrian Army collapse on the Feast of the Immaculate Conception, there are videos galore of Russian troops driving by their disarmed Syrian counterparts and expressing their disgust at them for cutting and running, just as there are of the head hackers doing the same thing. The importance of those Russian videos in terms of this autopsy is that there was no Russian “stab in the back” and those who argue the contrary, many of whom I know from their Syrian and Gazan grifts, are simply parasites who were sucking the life blood from Syria for their own gain, just as they are now trying to do with Russia and Iran. The idea that Jolani and his MI6 handlers would allow Russian patrols anywhere near southern Syria and thereby possibly lift the siege of south Lebanon or team up with the Druze is fanciful nonsense typical of those menopausal chancers,who have been quite successful at spreading this smear among their grifting groupies.

The Syrian problem, as I have already stated, was that untold amounts of arrows were being rammed into her and all of her young people, who could flee, had fled, not only for their own sakes but for that of their families..All that really remained were a relatively small number of the elite, who were either in it for their own ends or who were prepared to go down fighting and, as often transpired, take a few of the head hackers with them with the help of a few hidden hand grenades.

With respect to Idlib, the Assads and their Russian and Iranian allies had the goalkeeper’s dilemma of diving either to the left or the right, of saving the penalty and being a hero or of missing it and being regarded as a fool, just as we now have the Monday morning quarterback problem of judging after the horse has bolted. Specifically, the Syrian Army could have retaken Idlib at great cost or, as the Russians advised and, as Bashar Assad favoured, negotiating with the devils, gang rapists and serial throat cutters who had set up shop there. Although it is easy to be wise after the event, had the Syrian Army’s legendary Tiger Forces gone in hard as nails on Idlib, the Americans, the Turks and the rest of the puppet masters would have responded with even greater force. Assad was doomed either way.

As regards the wonderful Asma Assad, it has to be again stated that Bashar Assad scored the jackpot when he hooked up with her as she was, far and away, the world’s finest and most cultured First Lady and, certainly, light years ahead of anything that crawled to the top in NATO land. The attacks on her by NATO ignoramuses, mercenaries and despicable weasels are just a continuation of the war they have waged against everything Syrian, Palestinian and Arab for long before this dirty war on Syria ever began in earnest.

Although Syria now lies prostrated under the jackboot of her Israeli and NATO enemies, the hope has to be that she will rise again, just like she did against the Ottomans and the French. But, before that can happen, there must be a much deeper analysis that goes beyond the child like finger wagging at Russia and other external forces. The key weakness of the Syrian Arab Republic was that it drew from a very narrow vein of support, even from within the Alawis and much of that had to do with the screwed up way in which Syrian civil society was organised and for which all good Syrians are now paying the most unconscionable of prices.

Chief of these was, contrary to Assad’s earlier Presidential efforts, a failure to involve Syrian civil society in the defence of the Syrian Arab Republic. Although I could give many examples, here are a few. First off were the patriotic Syrian computer hackers, who were used as disposable dixie cups, rather than being molded into an effective weapon in Syria’s counter-hegemonic arsenal. Allied to that was the way the Syrian Ministry of Information, most of whom have now deserted to Jolani (quelle surprise with those sniveling curs) stifled internal and external voices in support of Syria, while simultaneously supporting their own compromised internal and external assets. Next off are Christian middle management, who were given far too much leeway in a time of war (when there should be direct chains of command) and at least one of whom, a notorious Melkite nun, was skimming wholesale off the top, and off the middle and the bottom as well.

But selfish Lebanese-born and Maronite-raised nuns stealing planes full of Iranian aid was not the only problem. Ali Baba’s forty thieves were another and I often saw upper class scumbags exchange fistfuls of Benjamins in Damascus’ more fashionable areas. And then there were the jollies to Tehran and Beijing, which the same sort of riff raff treated as free holidays (on the Chinese and Iranian dime) instead of the chance to glean practical economic, military and diplomatic support, which is what they were supposed to be. Whenever Assad, to his eternal credit, flew to meet Putin, he went to get military, diplomatic and economic help, not to take selfies in Red Square or to stock up on duty free vodka. He was the exception to the rule.

And last of all, there is the Tiger, Major General Suhayl al-Hasan, the legendary leader of Syria’s Special Forces and probably the toughest, bravest and most battle hardened military leader of our era. The problem was not with the Tiger or with the Tiger Forces but that their successes showed what was wrong elsewhere in the Syrian Army and, by extension, in all of Syrian and Arab society. Whereas the Tiger could always summon reinforcements or air strikes with a phone call, the sycophantic nature of Syrian society meant no other military or civil leader could do that and untold numbers of Syrian soldiers needlessly bled to death or died at the hands of the head hackers as a result.

If the Syrian people and, more generally, all the Arab people, are to achieve the august destiny to which they are called, they must somehow rid themselves of those self imposed manacles and, should Hezbollah or some other external force open up a door of opportunity, strike, and strike hard, in the Four Seasons Hotel and other MI6 hotspots.

They say that night is darkest before the dawn and Syria is certainly in a very dark place right now, which MI6, ISIS and their toadies want to make darker still. But life, however imperfectly goes on and, when the tide turns, which it will, patriotic Syrians must be prepared to once more put their shoulders to the wheel and dispatch the British, the Americans and their toadies the same way they previously dispatched the Ottomans and the French but, this time, the Tlass family and all internal and external enemies must also be flushed down the chute so that Damascus and all of Syria can once more rise from the ashes.

All of the foregoing said, the main problem lies not in Syria but in the West, which allows its own jackals to rise to the top and, at best, turns a blind eye to the massacres they sanction in Syria, Lebanon, Libya, Iraq, Yemen and wherever else they have condemned to hell on earth. Though the road before us is as long and as bloody as the road we have left behind, there is no turning back. There will be another day.

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Will Hezbollah disarm? Trump is using Lebanon as a pawn https://strategic-culture.su/news/2025/08/18/will-hezbollah-disarm-trump-is-using-lebanon-as-a-pawn/ Mon, 18 Aug 2025 12:00:57 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=887165 By Michal KRANZ

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Lebanon is on the cusp of a showdown nearly four decades in the making. Last week, and under pressure from Washington, the Lebanon’s cabinet mandated the country’s troops to establish a monopoly on weapons in the country.

The order clearly had one target in mind: Hezbollah, the militia-turned-army that’s dominated life here since the Eighties, and which still boasts some 50,000 armed fighters. Stunningly, the country’s president has even resisted efforts by Hezbollah’s backer Iran to inject itself into the fight, saying it was “forbidden” for outside forces to “to bear arms and to use foreign backing as leverage.” How things change. For if the army’s manoeuvring is partly the result of American prodding, it equally speaks to a year-long revolution in Lebanese politics.

Long the dominant force in parliament, successive national governments, and on the streets, Hezbollah is now adrift, its organisation shattered, its surviving leaders fearful of the next Israeli airstrike. Lebanon’s civilian leaders, for their part, are keen to seize the moment, defanging the militants while finally building a truly viable Lebanese state. But if Prime Minister Nawaf Salam and President Joseph Aoun are ready to make their move after years of political deadlock, the schedule is hardly in Lebanon’s best interest — while any miscalculation could soon bring chaos.

As I wrote last month, Hezbollah understands that it’s no longer the formidable, hegemonic force it once was. In this new Lebanon, its options are few and far between. To that end, the group has itself considered shrinking its once-renowned arsenal in exchange for the withdrawal of Israeli forces from the border regions they continue to occupy in southern Lebanon. But in a sign of just how earth-shattering the latest cabinet resolution was, Hezbollah and its allies abandoned the meeting in question, stating it would “deal with it as if it does not exist.”

As things stand, a renewed civil war in Lebanon remains unlikely, at least for the time being. Despite its recent battering, Hezbollah is still part of the Lebanese government and retains a great deal of bargaining power within the state. It is therefore more likely that, for the moment, the current dispute will remain confined to behind-the-scenes dealings. But if the US continues to push the Lebanese cabinet to go on the offensive — without respecting the delicate political dynamics at play in the country — that may well change.

Of course, it is now quite obvious that the Trump administration’s agenda in Lebanon is about much more than just Hezbollah’s weapons: it’s about a fundamental realignment that includes Iran, Syria, Gaza, and more, and which will serve to put the finishing touches on the new Middle East envisioned by Benjamin Netanyahu. Tom Barrack, the US envoy who had been facilitating the Trump administration’s contacts with Beirut over the last few months, made this abundantly clear in comments in mid-July. “If Lebanon doesn’t hurry up and get in line,” he warned, “everyone around them will.”

In a sense, of course, that’s already happening — the region’s epochal transformation holds great promise for people from Damascus to Tehran. But as the recent massacres in Syria vividly prove, this transition can only succeed with forethought and care, and that any mistake can quickly spiral. Consider, for instance, that Hezbollah supporters lately took to the streets across Lebanon, both a show of force and warning of what would happen if the army took action. Even more worryingly, meanwhile, groups of protestors have gathered in front of a church in Beirut’s southern suburbs. That openly sectarian tinge is not necessarily new, but it still raises eyebrows, as does the fact that the Lebanese Armed Forces were deployed to confront pro-Hezbollah demonstrators in the Beqaa Valley town of Brital.

In the event, the Brital confrontation fizzled out. Tires were burned and car horns honked, but the protesters had dispersed by the following day. For its part, a senior Hezbollah official said the group would use only peaceful methods to deal with the cabinet decision, claiming it would “not be dragged into internal strife with the army or any Lebanese side.”

That all makes sense. Hezbollah’s position today is a world away from when it last engaged in armed clashes — violence sparked by the port blast investigation — let alone when it sparked a 2008 mini-civil war after the government tried to curb its communications network. Today, Hezbollah is a shadow of the behemoth it once was. Since the start of last year’s war with Israel, it has lost five of its most important leaders, notably its iconic Secretary General Hassan Nasrallah. More than that, it has suffered over 10,000 total casualties and has seen perhaps half its arsenal destroyed. As a result, working within the state is the only realistic option Hezbollah has left. Even so, that doesn’t mean it would unilaterally lay down its arms without a fight, or at least without first securing some sort of politically advantageous deal.

“Hezbollah’s position today is a world away from when it last engaged in armed clashes”

The problem with the government’s gung-ho approach is that the Trump administration isn’t interested in the kind of dealmaking this situation requires. If the last six months have taught the world anything about the President’s approach to international diplomacy, it’s that he cares first and foremost about optics, securing wins for America, and making sure he is viewed as a kingmaker by allies and foes alike. And though Trump has recently had his fair share of spats with Netanyahu, his administration has been nonchalant about Israel’s latest plan to (temporarily) take control of the entire Gaza Strip, making it clear that it wants the entire Middle East to establish formal diplomatic relations with Israel.

In this context, then, American policy toward Lebanon is not about the well-being of the Lebanese people or their political system — just as in need of reform as Hezbollah — but about stamping the new Middle East with Trump’s personal trademark. The same can be seen in neighbouring Syria, where less than a year after Islamist rebels overthrew the Assad dictatorship, the White House has mostly been concerned with the country’s relationship with Israel, even as Syria itself continues to face political and sectarian upheaval.

Despite removing sanctions on Damascus, the White House has placed 41% tariffs on Syria, the highest in the world, for no apparent reason — other than to blackmail the new government into making peace with the Jewish State. That’s despite the fact that Israel has occupied portions of southern Syria since the fall of the Assad regime, something also true of southern Lebanon, and that it has become deeply embroiled in the Syrian government’s conflict with the Druze minority, among other things striking government targets around Damascus. While Syria’s new leader, Ahmed al-Sharaa, has signalled his willingness to join the Abraham Accords in exchange for carrots from the West, Trump’s unsubtle arm-twisting ignores the other, much more existential battles Syria is currently facing, including the role of non-Sunni Arab minorities.

Like in Lebanon, therefore, the US could well have a constructive role to play in Syria, but as long as it remains focused solely on advancing its own, and Israel’s, narrow objectives in both cases, it might as well kiss that role goodbye. These days, and as the recent church protest implies, sectarian tensions lurk down every street in Lebanon. Though the Lebanese themselves often downplay such divisions in everyday life, the threat of communitarian strife remains a tool of politics, especially in moments of instability. Certainly, Hezbollah has previously invoked the possibility of sectarian warfare as a cudgel to protect its powerbase during protests. Now, facing another existential crisis, it’s happy to play the sectarian card once more, knowing that its war-ravaged Shi’a support base, feeling disenfranchised and marginalised, may well be desperate enough to erupt into populist anger — especially if it fears being locked out of the political process altogether.

In other words, then, pushing too hard on Hezbollah without a requisite plan to support its base may yet again turn the country’s religious communities against each other. In Syria, for its part, the post-war sectarian balance remains incredibly delicate, and could yet be derailed altogether.

There is no question that Hezbollah’s weapons are a detriment to Lebanon’s stability and the health of its civil state. But contrary to conventional wisdom, the US is both speaking loudly and carrying a big stick, leaving no room for the Beirut government to find a genuine path toward disarmament. If Trump really was serious about helping the embattled Lebanese state, he might allow them to disarm Hezbollah in a way that is suitable to Lebanon’s incredibly sensitive political realities.

This could take a variety of forms, including a gradual, step-by-step reduction of Hezbollah’s arsenal that would be coupled with reciprocal withdrawals by Israel. Or else, the group might agree to de facto disarmament without giving up all its weapons, allowing it to maintain its mantle of defiance in a more ceremonial fashion. Details aside, though, the central facet of any workable solution must be giving the Lebanese government, as beleaguered as it is, the chance to define the conversation.

As it is, the great powers are once again using Lebanon as a pawn in their regional chess games, believing they’re better placed to handle the country’s problems than its own people. That’s frustrating, not least given the US is actually quite close to getting things right. All it needs to do is step back and let the Lebanese work out the details. Sadly for the Middle East, however, patience is not a word that often appears in Donald Trump’s vocabulary.

Original article:  unherd.com

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The AMIA case: The untold story https://strategic-culture.su/news/2025/07/27/the-amia-case-the-untold-story/ Sun, 27 Jul 2025 10:00:56 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=886718 The case remains relevant today because it is being leveraged by Javier Milei’s government to justify closer ties with Israel.

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On the morning of July 18, 1994, a bomb exploded at the headquarters of the Argentine Israelite Mutual Association (AMIA) in downtown Buenos Aires, leveling the building and killing 85 people, with over 300 injured.

The attack occurred two years after the bombing of the Israeli embassy in Argentina, which left 22 dead and 242 wounded. Both attacks took place during the presidency of Carlos Menem, a government that was pivotal for Argentina as it marked a transition to neoliberalism, featuring mass privatizations and a partial dollarization of the economy.

But on the geopolitical front, the Menem administration is more remembered for the apparent “secret war” that unfolded within the country, involving intelligence agencies and subversive groups from various nations.

The most widely accepted version of the AMIA case goes as follows: To retaliate against the cancellation of a nuclear technology transfer agreement between Argentina and Iran, the Iranian government (then under President Akbar Rafsanjani) orchestrated an act of revenge, with operatives from the Lebanese Hezbollah carrying it out.

This narrative, elevated to “official truth,” was supported by intelligence reports from the U.S. and Israel. It led to Argentina designating Hezbollah as a terrorist organization and the rupture of previously friendly relations between Argentina and Iran.

But what if this popular version is wrong?

Recently, a former aide to Judge Juan José Galeano—who oversaw the investigation and trial from 1994 to 2005—revealed details that cast doubt on the established narrative. According to Claudio Lifschitz, Galeano’s former assistant and a former Argentine security official, no concrete evidence linking the Iranian government to the attack was ever found. On the contrary, Lifschitz claims that the evidence increasingly pointed toward elements within Argentina’s intelligence service, SIDE.

Lifschitz first entered the public eye in this case when he released a video recording of a meeting between Galeano and Carlos Telleldín, in which the judge allegedly offered money to the supposed supplier of the van used in the attack—in exchange for confessing that he had sold it to Mohsen Rabbani, the cultural attaché at the Iranian Embassy in Buenos Aires. According to Lifschitz, one of the key pieces of evidence that could exonerate Iran is the fact that SIDE had illegally wiretapped—without a court order—the Iranian Embassy and the Iranian Cultural Center in Buenos Aires, amassing thousands of hours of recordings without a single indication that any Iranians frequenting these places had prior knowledge of the attack.

The real mastermind, Lifschitz alleges, was Jaime Stiuso, deputy chief of SIDE’s counterintelligence division (Section 85) and the officer in charge of intelligence investigations for the AMIA case. According to Lifschitz, Telleldín had actually sold the van used in the attack to a SIDE agent. Furthermore, Stiuso—who had close ties to Mossad and the CIA—was allegedly responsible for constructing the accusation made by prosecutor Alberto Nisman that then-President Cristina Kirchner had sought to cover up Iranian involvement in the case.

The former Argentine intelligence agent claims he heard directly from Stiuso that Mossad was the real force behind the attacks—though it remains difficult to verify whether this conversation actually took place.

The case remains relevant today because it is being leveraged by Javier Milei’s government to justify closer ties with Israel, to the point where the Argentine president has labeled Iran as an “enemy state of Argentina.”

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Trump’s Middle East blundering presents an opportunity for Europe https://strategic-culture.su/news/2025/07/27/trumps-middle-east-blundering-presents-an-opportunity-for-europe/ Sun, 27 Jul 2025 09:00:47 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=886716 Trump’s bunker buster attacks were a sham as the diplomatic community wakes up to a new reality: Iran has the upper hand now with Israel.

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Trump’s bunker buster attacks were a sham as the diplomatic community wakes up to a new reality: Iran has the upper hand now with Israel. The only faint hope now to rescue the Donald is that diplomacy saves his credibility.

American presidents have always been fearful of Iran. Reagan was so scared of the regime and its proxies in Lebanon that he even allowed groups in the tiny country who held American hostages in Beirut to place suitcases of drugs on U.S.-bound planes (Lockerbie); before Reagan, Jimmy Carter will be remembered for the U.S. hostage crisis in the first year of the Islamic revolution, a wound that Americans of a certain generation still feel today. George Bush senior was so fearful of Tehran that he was happy to keep the lie of who actually downed Pan Am flight 103 in Scotland at Christmas in 1988 as he admitted that he needed Assad – Iran’s strongest ally in the region in the early 90s – if he were to invade Iraq.

And Trump is no different. One could certainly argue that while Iran’s powerbase in the region has been reduced by Israel’s persistent strikes on Hezbollah in Lebanon and the recent annexation of Syria with a puppet leader installed, the West is still fearful of Iran. In fact, this fear has only intensified since June 23 when Donald Trump sent B-2 bombers to supposedly obliterate three of Iran’s main nuclear underground facilities.

While Trump follows the pattern of previous U.S. presidents who are cautious about hitting too hard, he has surpassed all of them in untamed child-like bravado. His recent decision to hit Iran’s nuclear facilities must now be seen by the West in the clear light of day: a gargantuan U.S. foreign policy blunder which the West will pay dearly for, in generations to come.

Trump was hoodwinked into believing, according to analysts like Alastair Crooke, that the regime was a house of cards which would topple completely following the ‘bunker buster’ bombs. This miscalculation alone has put back Iran to 1979 in terms of how far Tehran is from the West’s influence and its treacherous diplomacy. Trump is different in that he has raised the threshold of U.S. miscalculation in the region to a level which is creating now a panic there, leading some analysts to predict a kind of Armageddon for the GCC countries next door to Iran.

All of the ideas and objectives of both Trump and Netanyahu have proved to be erroneous at best and preposterous at worst. Regime change? Quite the opposite. The masses have never supported the Supreme Leader more with a determination now to resist the West’s demands even more and hit Israel. Destroy the enrichment program? Nope. Now, most analysts agree that Iran now has no incentives at all to hold back on enrichment, with some even going as far as to say that it is inevitable now that Iran will develop a bomb. The reality is that the so-called Iran Deal – the JCPOA which Trump pulled out of in 2018 – was considerably better than the situation which he has created now. Iran has been pushed into a corner which it really didn’t welcome nor want. It is now inevitable that Tehran will plan a strike soon against Israel yet not with haste and not over a short period.

The conclusion of Iran being duped by Trump, not only during the talks which were a ruse, but also by IAEA inspectors being Mossad agents, is that there is no raw trust now to work with. The Americans have nothing in the bank.

Trump’s recent rant on his own social media platform gives a clue to his own tricky predicament – the one of the school playground bully who is, in fact, a fraud and only plays the role but doesn’t actually bully anyone. His main fear now is that the Iranians not only rebuild the three damaged sites but they do it quickly – proving that the bunker busters did little if any damage. True to his form of pointing out his own weak spot, Trump even tells the Iranians ‘they would be much better off starting anew, in three different locations, prior to those sites being obliterated, should they decide to do so,’ such is his worry that the truth will come out.

For the former reality TV host, this presents him with what used to be called ‘the 64,000 dollar question’. What will the U.S. do when this long war starts, which Iran predicts will be over many years?

The level of miscalculation from Trump is worrying as he is still a trembling U.S. president in the face of Iran’s threat. He still doesn’t want war as he knows the U.S. cannot win while he also knows that Israel needs months to rebuild a lot of its damaged infrastructure. Furthermore, the surprise attack of June 13, which was ingenious, cannot be repeated. The strike was largely based on Israel creating a cyber attack and disabling a part of Iran’s antiaircraft battery and using both Iraqi Kurdistan and Azerbaijan airspace. These details were simply burn notice. One shot. The Iranians have since fixed their air defences and beefed up their online security. Perhaps more importantly, they have looked to allies like Russia and China to assist in providing the latest weaponry to ensure that Israel cannot have the air superiority it briefly had. How long will it be before China supplies Iran its new J-10C fighter jets?

Israel, for its part, one could argue, is partially defeated given the damage that Iran carried out during the fortnight of mayhem over Iran. Few, if any western media outlets have reported the real extent of Israel’s ports being destroyed or parts of its military architecture. And yet in many ways, Netanyahu will be quietly confident that the dream he has had for decades – to drag the U.S. into a full on war with Iran – is coming together nicely as the options for Trump are limited, which perhaps explains Trump’s anger at times. The scope for him to make even greater miscalculation however is even higher. Yet he doesn’t do wars. He prefers the space whereby he can change his mind every 24 hours on some of the more capricious decisions he makes with no advice, no briefings, no reading. Wars are a scary place to be as not only does he not have experience, but he will be forced to make decisions on a daily basis by trusting others – and giving those the media spotlight.

Trump needs now an off-ramp and the only one in sight would appear to be a diplomatic one. The raised stakes now provide an opportunity once more for the EU to step in and create a new level of talks, which could perhaps at some point, give assurances over IAEA inspectors returning to Iran and keeping Tehran as a signatory to the Non-Proliferation Treaty which is the next worry. Before, during the Iran talks in 2015, it was John Kerry who stole the limelight and garnered most of the praise for getting Iran to sign the JCPOA deal. Yet in reality, it was the EU delegation, a cohort led by Federica Mogherini who had a special working relation with Mohammad Zarif, the then moderate foreign minister, which provided the required muscle to take the Iranians over the line.

The situation is so desperate now that Trump is surely realizing that he’s been duped by Netanyahu as the bombing plan destroyed all credibility the U.S. had until that point and has now created a new threat towards Israel which has never been seen before. The EU could not only create the basis of talks about curtailing Iran’s nuclear endeavours, but it might even derail a war in the region which Trump would be obliged to defend on Israel’s soil at least. With a little more than 12 months before the midterms, where MAGA voters are expected to oust Trump from both houses over his “no more forever wars” promise, the EU might be the only lifeline the Donald has. Time is running out though.

The recent warning from the U.S. ambassador to Lebanon to the Lebanese that if they don’t disarm Hezbollah, that the entire country will be swallowed up by Syria is a poignant reminder of Israel’s ambitions and capability. But what happens when even Israel realizes that it’s on its own with Iran? Trump’s initial message sent to the Iranians that he’s in ‘no rush’ to talk to the Iranians is revealing. It simply means that he doesn’t have the muscle militarily any more to negotiate and so sees no point in talking. It’s simply bravado for the U.S. public and the Iranians know the real situation. The fact that talks with Iran recently started again is also telling. But the Iranians now have the upper hand. The last person you want to pick a fight with in the school playground is the kid who has been abused, tricked and lied to and has nothing to lose. Besides, Trump now needs the Iranians to keep his own fake news believable.

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O caso AMIA: A história não contada https://strategic-culture.su/news/2025/07/26/o-caso-amia-a-historia-nao-contada/ Sat, 26 Jul 2025 18:30:21 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=886715 O caso permanece relevante porque ele hoje é instrumentalizado pelo governo de Javier Milei em sua aproximação com o Estado de Israel

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No dia 18 de julho de 1994, pela manhã, explodiu uma bomba na sede da Associação de Mutuários Israelitas Argentinos, no centro de Buenos Aires, levando abaixo o prédio e causando a morte de 85 pessoas, com mais de 300 ficando feridas.

O atentado ocorreu 2 anos depois do ataque à embaixada israelense na Argentina, que deixou 22 mortos e 242 feridos. Ambos atentados deram-se quando o país era governado por Carlos Menem, um governo impactante para a Argentina por representar um período de transição para o neoliberalismo, com privatizações em massa e a parcial dolarização da economia.

Mas no plano geopolítico o governo Menem é mais recordado pela aparente “guerra secreta” que se desenrolou dentro do país, envolvendo agências de inteligência e grupos subversivos de vários países.

A versão mais popular do Caso AMIA diz o seguinte: Para se vingar do rompimento do acordo de transferência nuclear entre a Argentina e o Irã, o governo iraniano (à época sob o Presidente Akbar Rafsanjani) planejou um ato de vingança, cujos executores seriam membros do partido libanês Hezbollah.

Essa narrativa, transformada em “versão oficial”, esteve apoiada em relatórios dos serviços de inteligência dos EUA e de Israel, e levou à categorização do Hezbollah como grupo terrorista pelo governo argentino, bem como a uma quebra das outrora amistosas relações entre Argentina e Irã.

Mas e se essa versão popular estiver errada?

Recentemente, um ex-funcionário do juiz Juan José Galeano – responsável pela condução do inquérito e do processo entre 1994 e 2005 – revelou detalhes que põem em dúvida a versão consagrada. Segundo Claudio Lifschitz, ex-assistente de Galeano e ex-membro do serviço de segurança da Argentina não foi realmente encontrada qualquer prova vinculando o governo iraniano ao atentado. Ao contrário, segundo Lifschitz, as evidências cada vez mais apontavam na direção de elementos do serviço de inteligência argentino, o SIDE.

Lifschitz aparece neste caso de forma pública pela primeira vez quando ele revelou uma gravação em vídeo de uma reunião entre Galeano e Carlos Telleldín, em que o juiz oferece dinheiro ao suposto fornecedor do carro usado no atentado para que ele confessasse ter vendido o automóvel ao adido cultural da Embaixada Iraniana em Buenos Aires Mohsen Rabbani. Segundo Lifschitz, um dos principais elementos que podem exonerar o Irã de participação nesse atentado seria o fato de que o SIDE havia grampeado ilegalmente, sem ordem judicial, a Embaixada do Irã e o Centro Cultural Iraniano em Buenos Aires, dispondo de milhares de horas de gravações, sem qualquer indício de que qualquer iraniano que frequentava esses espaços sabia de qualquer informação do atentado.

O verdadeiro responsável, de acordo com Lifschitz, teria sido Jaime Stiuso, chefe-adjunto do setor de contraespionagem da SIDE – a “Seção 85” – e encarregado das investigações de inteligência do Caso AMIA. Segundo Lifschitz, Telleldín teria, na verdade, vendido o carro usado no atentado a um agente da SIDE. Ademais, Stiuso – que possuía boas relações com o Mossad e a CIA – teria sido o responsável pela construção da acusação feita pelo procurador Albert Nisman à Presidente Cristina Kirchner de que ela teria tentado acobertar a participação iraniana no caso.

O ex-agente da inteligência argentina afirma que teria ouvido do próprio Stiuso que o Mossad era o mentor por trás dos atentados, ainda que seja difícil comprovar que essa conversa entre ambos realmente ocorreu.

O caso permanece relevante, porém, porque ele hoje é instrumentalizado pelo governo de Javier Milei em sua aproximação com o Estado de Israel, a ponto do presidente argentino categorizar o Irã como “país inimigo da Argentina”.

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El caso AMIA: La historia no contada https://strategic-culture.su/news/2025/07/24/el-caso-amia-la-historia-no-contada/ Thu, 24 Jul 2025 15:30:42 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=886676 El caso sigue siendo relevante porque hoy es instrumentalizado por el gobierno de Javier Milei en su acercamiento al Estado de Israel

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El 18 de julio de 1994, en horas de la mañana, estalló una bomba en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en el centro de Buenos Aires, derribando el edificio y causando la muerte de 85 personas, con más de 300 heridos.

El atentado ocurrió dos años después del ataque a la embajada israelí en Argentina, que dejó 22 muertos y 242 heridos. Ambos ataques sucedieron durante el gobierno de Carlos Menem, una administración crucial para Argentina por representar un período de transición al neoliberalismo, con privatizaciones masivas y una parcial dolarización de la economía.

Pero en el plano geopolítico, el gobierno de Menem es más recordado por la aparente “guerra secreta” que se desarrolló dentro del país, involucrando agencias de inteligencia y grupos subversivos de varias naciones.

La versión más difundida del Caso AMIA dice lo siguiente: Para vengarse de la ruptura del acuerdo de transferencia nuclear entre Argentina e Irán, el gobierno iraní (entonces bajo el presidente Akbar Rafsanjani) planeó un acto de venganza, cuyos ejecutores serían miembros del partido libanés Hezbollah.

Esta narrativa, convertida en “versión oficial”, estuvo respaldada por informes de los servicios de inteligencia de EE.UU. e Israel, y llevó a la catalogación de Hezbollah como grupo terrorista por parte del gobierno argentino, así como a la ruptura de las otrora amistosas relaciones entre Argentina e Irán.

Pero ¿y si esta versión popular está equivocada?

Recientemente, un exfuncionario del juez Juan José Galeano – responsable de la investigación y el proceso entre 1994 y 2005 – reveló detalles que ponen en duda la versión establecida. Según Claudio Lifschitz, exasistente de Galeano y exmiembro del servicio de seguridad argentino, no se encontró realmente ninguna prueba que vincule al gobierno iraní con el atentado. Al contrario, según Lifschitz, las evidencias apuntaban cada vez más hacia elementos del servicio de inteligencia argentino, el SIDE.

Lifschitz aparece públicamente en este caso por primera vez cuando reveló una grabación de video de una reunión entre Galeano y Carlos Telleldín, donde el juez ofrece dinero al supuesto proveedor del auto usado en el atentado para que confesara haber vendido el vehículo al agregado cultural de la Embajada Iraní en Buenos Aires, Mohsen Rabbani. Según Lifschitz, uno de los elementos clave que podrían exonerar a Irán de participación en este atentado sería el hecho de que el SIDE había intervenido ilegalmente, sin orden judicial, la Embajada de Irán y el Centro Cultural Iraní en Buenos Aires, disponiendo de miles de horas de grabaciones, sin ningún indicio de que ningún iraní que frecuentaba esos lugares supiera algo sobre el atentado.

El verdadero responsable, de acuerdo con Lifschitz, habría sido Jaime Stiuso, jefe adjunto del área de contrainteligencia del SIDE -la “Sección 85”- y encargado de las investigaciones de inteligencia del Caso AMIA. Según Lifschitz, Telleldín habría vendido en realidad el auto usado en el atentado a un agente del SIDE. Además, Stiuso -quien mantenía buenas relaciones con el Mossad y la CIA- habría sido el responsable de construir la acusación hecha por el fiscal Alberto Nisman contra la presidenta Cristina Kirchner, alegando que ella habría intentado encubrir la participación iraní en el caso.

El exagente de inteligencia argentino afirma haber escuchado del propio Stiuso que el Mossad estaba detrás de los atentados, aunque resulte difícil comprobar que dicha conversación realmente ocurrió.

Sin embargo, el caso sigue siendo relevante porque hoy es instrumentalizado por el gobierno de Javier Milei en su acercamiento al Estado de Israel, hasta el punto de que el presidente argentino ha catalogado a Irán como “país enemigo de Argentina”.

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Quale futuro per l’Asse della Resistenza? https://strategic-culture.su/news/2025/06/10/quale-futuro-per-lasse-della-resistenza/ Tue, 10 Jun 2025 06:15:50 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=885783 La brutale guerra di espansione di Israele, esito del 7 ottobre 2023, e la caduta di Damasco hanno messo a dura prova il cosiddetto “Asse della Resistenza”, il cui futuro rimane incerto, vista la determinazione occidentale a ridisegnare totalmente il Medio Oriente.

Segue nostro Telegram.

Nel racconto autobiografico degli anni prerivoluzionari (pubblicato in Italia con il titolo “Cella n. 14”), l’attuale Guida Suprema della Repubblica Islamica riporta un episodio avvenuto mentre si trovava in una delle carceri della Savak (la polizia segreta dello Shah). Ali Khamenei venne colto di sorpresa dalla notizia della morte di Gamal Abdel Nasser, il presidente egiziano per lungo tempo protagonista della politica mediorientale e dell’opposizione al sionismo. Così, mentre le guardie festeggiavano la dipartita di quello si poneva anche come un avversario delle politiche dello Shah, il futuro capo politico-religioso dell’Iran prova empatia per una figura che, tra alterne fortune e rovinosi fallimenti (la “guerra dei sei giorni” o la disastrosa partecipazione attiva alla guerra civile yemenita), aveva comunque cercato di costruire, con il suo panarabismo, un polo geopolitico alternativo allo schema bipolare della Guerra Fredda; una terza posizione capace di opporsi sia al liberal-capitalismo dell’Occidente, sia al comunismo del blocco orientale (come noto, Nasser, pur ricevendo cospicui aiuti dall’URSS, non è mai stato particolarmente gentile con il Partito comunista egiziano).

Nel suo testo più importante e famoso, “Filosofia della rivoluzione”, Nasser fa riferimento all’Egitto come ad un asse capace di esprimere potenzialità geopolitica su tre dimensioni: 1) quella dello Stato-nazione (tendenzialmente, gli studi accademici individuano solo tre Stati-nazione nel senso moderno del termine nel Vicino e Medio Oriente: la Turchia, l’Iran e proprio l’Egitto); 2) quella dell’influenza decisiva sul mondo arabo nella sua interezza e dunque sulla diffusione del sentimento panarabo; 3) quella legata all’Islam come religione dall’afflato globale.

Paradossalmente, Nasser, nonostante uno spesso frainteso secolarismo (in realtà, il presidente egiziano non era un laico nel senso occidentale del termine – era maggiormente favorevole al controllo statale sul messaggio religioso), riconosceva in quest’ultima dimensione quella con il maggiore potenziale di coesione/opposizione ai disegni egemonici dell’Occidente nell’area che dal Nord Africa arriva fino all’Iraq.

A prescindere dalle più che ovvie differenze – Khamenei è stato anche un lettore e traduttore di Sayyid Qutb, uno dei più importanti pensatori musulmani del XX secolo, morto nelle carceri egiziane proprio sotto Nasser – appare chiaro che questa terza dimensione sia stata quella sulla quale si è costruita anche la geopolitica della Repubblica Islamica subito dopo la sua nascita, con l’enfasi riposta nell’esportazione del messaggio khomeinista all’infuori dei confini iraniani.

Ora, sarà bene riportare che proprio il fallimento dell’esperimento nasseriano ha aperto le porte ad una sorta di rinascita (o risveglio) dell’Islam in tutto il Vicino Oriente (ed anche al di là degli Stati arabi). Questo, ad esempio, appare con forza in un altro testo autobiografico: “La spina ed il garofano” del defunto leader di Hamas (morto in combattimento) Yahya Sinwar. E nel mondo extra-arabo bisogna sottolineare come il risveglio islamico in Turchia sia il prodotto di una lenta ed inesorabile costruzione dell’egemonia culturale (in stile puramente gramsciano) iniziata a partire dagli anni ’70 ed arrivata al successo intorno alla fine degli anni ’90; mentre in Iran sia iniziato anche prima, con la rivolta religiosa dei primi anni ’60.

Questo risveglio islamico è indissolubilmente legato a quella che viene definita come “geopolitica delle religioni”. A questo proposito, è del tutto erroneo l’assunto secondo il quale tale disciplina sia solo lo studio della strumentalizzazione religiosa per legittimare le parti coinvolte in un conflitto politico. Le religioni – e soprattutto quelle di origine abramitica – sono quasi sempre anche prassi realizzativa, oltre che mero discorso astratto su dimensioni ultramondane. È così per il giudaismo, per l’Islam; ed è stato così per il cristianesimo, almeno prima della Modernità. La religione, dunque, non si può mai ridurre solo al lato spirituale; così come è impossibile pensare ad una politica completamente desacralizzata (pure nel dogmatismo della laicità occidentale si possono cogliere aspetti pseudoreligiosi). Mentre è assolutamente possibile pensare ad una politica in cui il sacro viene utilizzato per scopi diametralmente opposti a quelli naturali (la giustificazione religiosa di stermini e così via).

Con la vittoria della Rivoluzione Islamica in Iran, l’ayatollah Khomeini pensò che questa avrebbe costituito la miccia che avrebbe innescato simili fenomeni in tutta la regione. E così è stato, almeno inizialmente: dall’assalto alla moschea della Mecca, fino ai tentativi repressi dal regime di Saddam Hussein di esportazione della Rivoluzione in Iraq (si pensi alla persecuzione brutale dei membri del Partito al-Dawa). Di fatto, la guerra Iran-Iraq ha rappresentato lo scoglio contro la quale si è abbattuta la progettualità khomeinista. Un conflitto logorante, anche sul piano della propaganda, che ha profondamente limitato le capacità della neonata Repubblica Islamica di proiettare la propria influenza a livello regionale. Il solo reale successo venne dalla formazione di Hezbollah in Libano; mentre il suo corrispettivo nella Penisola Arabica (Hezbollah al-Hijaz) ebbe vita relativamente breve.

Se l’esportazione della Rivoluzione si è risolta in un sostanziale insuccesso, lo stesso non si può dire per la creazione di quello che è stato definito come “Asse della Resistenza” (sebbene i critici vi abbiano intravisto una forma di imperialismo neosafavide), al quale si lega indissolubilmente la cosiddetta “Dottrina Soleimani”: la costruzione geopolitica di un sistema di alleanze informali tra gruppi, organizzazioni, Partiti politici regionali, anche eterogenei, ognuno con i propri interessi nazionali (Palestina, Yemen, Libano) ma col medesimo obiettivo di fondo: la graduale erosione dell’egemonia occidentale (ed in particolare del binomio USA-Israele sulla regione).

Appare ovvio che quest’Asse sia comunque un prodotto della Rivoluzione Islamica. Di conseguenza, deve essere analizzato tenendo conto di aspetti prettamente geopolitici e di altri  connessi alla “geografia sacra”. Qui, si partirà dal secondo aspetto. La geografia sacra, come noto, studia il rapporto tra i “luoghi santi” delle diverse religioni e le modalità attraverso cui questi stessi luoghi influenzano il pensiero geopolitico (si tratta, in altri termini, di un ramo della geopolitica delle religioni, nonostante l’origine remota di tale materia).

È cosa nota che i “luoghi santi” siano spesso oggetto di contesa. Si pensi alle continue minacce sioniste alla spianata delle moschee a Gerusalemme; alle provocazioni degli stessi sionisti nella Chiesa del Santo Sepolcro (sempre a Gerusalemme); al fatto che Gerusalemme è stata a lungo oggetto di contesa tra l’Islam e di il mondo cristiano (il fenomeno politico-religioso delle Crociate); oppure, alla lotta plurisecolare tra Impero ottomano e Impero safavide nell’attuale Iraq (dove si trovano importanti santuari sia sciiti che sunniti).

In questo senso, la “Dottrina Soleimani” è stata costruita in primo luogo sulla difesa di questi “luoghi santi” dalla loro “desacralizzazione” o “occidentalizzazione islamista” (per tramite gruppi terroristici). Una difesa che si accompagnava ad una proiezione di influenza ed alla costruzione di un sistema di difesa della Repubblica Islamica a sfere concentriche e capace di contrastare i progetti occidentali di accerchiamento della stessa. Dunque, se la Repubblica Islamica dell’Iran è un santuario (come affermava lo stesso Generale delle Forze Quds delle Guardie Rivoluzionarie), senza la difesa dei luoghi santi dell’Islam (e non solo, si pensi al Monastero di Sadnaya in Siria) in Libano, Siria ed Iraq era impossibile difendere la stessa Repubblica Islamica. E ciò è particolarmente vero perché, ad oggi, con la caduta di Damasco (nonostante gli errori evidenti di Bashar al-Assad, il quale – è bene ricordarlo – è stato quasi costretto a portare avanti una politica antioccidentale e, nel corso dei suoi primi anni al potere, ha spesso sostenuto di essere pronto ad interrompere il proprio sostegno ad Hezbollah in cambio della restituzione delle alture del Golan), la Repubblica Islamica ha perso una importante linea di difesa, con l’Iraq che rimane l’ultimo fronte (a notevole rischio di nuova destabilizzazione, se consideriamo la presenza di gruppi sciiti vicini a Tehran, ed una crescita demografica ed economica che spaventa non poco Israele).

Aspetti concernenti la “geografia sacra” sono particolarmente evidenti anche dall’altro lato della barricata. Molti membri dell’attuale governo israeliano sono infatti convinti che i confini dell’entità sionista dovrebbero seguire quelli indicati nella Torah: “dal fiume d’Egitto al grande fiume, l’Eufrate”. Sorvolando sulla diatriba rabbinica concernente il “fiume d’Egitto” (alcuni pensano sia il Nilo, altri un piccolo fiume ormai scomparso che si trovava in prossimità dell’attuale confine tra l’Egitto e la Striscia di Gaza), appare chiaro che, spingendosi fino all’Eufrate, Israele possa arrivare a lambire i confini dell’Iran ed i luoghi santi dello sciismo in Iraq. Questa potrebbe sembrare “fantageopolitica”; tuttavia, solo poche settimane prima della caduta di Damasco e la definitiva distruzione della Siria, il ministro delle finanze israeliano Bezalel Smotrich aveva affermato che Damasco era stata promessa da Dio al popolo di Israele (secondo i saggi rabbini del passato). Bene, oggi Israele, con l’ausilio di milizie druse affiliate, è a pochi chilometri da Damasco.

Questo ci conduce all’analisi degli aspetti più prettamente geopolitici. Perché la “Dottrina Soleimani, superando l’idea di esportazione della Rivoluzione di matrice khomeinista (lo stesso Soleimani suggeriva ai suoi uomini di non concentrarsi esclusivamente su aspetti religiosi per tenere a mente un più ampio disegno di costruzione di un fronte anti-imperialista), si è dimostrata capace di sviluppare un progetto contro-egemonico che per diversi anni ha minacciato seriamente il controllo occidentale sull’Heartland mediorientale.

Facendo riferimento alla dottrina dell’Heartland del geografo britannico Halford Mackinder, non si può non riconoscere l’esistenza di una molteplicità di “regioni cuore” a livello globale e non del solo Heartland eurasiatico (fondamentale per l’egemonia mondiale) da lui indicato. Nel caso mediorientale, questo Heartland è facilmente individuabile nell’arco di territorio che va dall’Iran sud-occidentale, al sud dell’Iraq, fino all’Arabia Saudita nord-orientale: dunque, tutto l’arco settentrionale del Golfo Persico. Questa regione è ricca in termini di storia, risorse naturali e la maggioranza della popolazione è sciita.

Il controllo di questa regione è fondamentale per il controllo dell’intero Medio Oriente. Qui la “Dottrina Soleimani” ha conosciuto le sue fortune, visto che l’Iran (a seguito della seconda aggressione occidentale all’Iraq) è riuscito a proiettare in modo decisivo la sua influenza. E sempre da qui, con l’assassinio dello stesso Soleimani (mentre si trovava in visita diplomatica) da parte della prima amministrazione Trump, è partita quella che può essere definita come la “controffensiva occidentale” nella regione.

L’Occidente, di fatto, ha storicamente cercato di prendere possesso di quest’area. I britannici la ritenevano fondamentale per avere il diretto controllo dell’area che dal Mediterraneo Orientale arriva fino all’India. Ed è per questo motivo che hanno contrastato i disegni infrastrutturali tedeschi nei primi anni del Novecento (ferrovia Berlino-Baghdad) e, tra le prime azioni della Prima Guerra Mondiale, hanno scelto di attaccare l’Impero ottomano proprio in Iraq. Ancora, durante la Seconda Guerra Mondiale, hanno sia represso la ribellione irachena che invaso l’Iran meridionale per garantire il flusso di aiuti all’Unione Sovietica attaccata dalla Germania nazionalsocialista.

Gli Stati Uniti, dal canto loro, hanno dapprima cercato di attuare una sorta di bilanciamento dei poteri capace di evitare una eccessiva concentrazione di forza in un solo Stato regionale (nello specifico, hanno scelto di attaccare l’Iraq, dopo averlo aiutato contro l’Iran, per il semplice motivo che la sua occupazione del Kuwait avrebbe trasformato il Paese in una serie minaccia alla loro egemonia regionale); mentre, successivamente, hanno optato per una presenza regionale in pianta stabile (quella seconda aggressione all’Iraq che, tuttavia, ha rafforzato in modo decisivo l’altro concorrente regionale: l’Iran).

Ed è proprio con questa seconda aggressione all’Heartland mediorientale che inizia a prendere forma concreta l’Asse della Resistenza (e con esso la Dottrina Soleimani). E si badi bene che questo è anche il prodotto di una sorta di cecità geopolitica nordamericana (di una visione strategica obnubilata dall’influenza della potente lobby sionista), visto e considerato che l’Iran, sotto la presidenza Khatami, aveva a più riprese cercato di normalizzare i rapporti con gli Stati Uniti (stesso percorso che intraprese inizialmente la Siria di Bashar al-Assad, come già riportato).

Nel 2006 vi fu la sconfitta di Israele contro Hezbollah in Libano, che portò pure al rovesciamento dell’esito della “Rivoluzione dei cedri”. Un conflitto scatenato dallo sconfinamento di alcuni miliziani di Hezbollah in Israele, nonostante Tel Aviv avesse da tempo preparato un piano d’attacco contro il vicino. Più o meno il medesimo scenario osservato in diverse occasioni a Gaza (anche dopo il 7 ottobre 2023).

Ancora, l’Asse della Resistenza (sfruttando anche milizie di autodifesa territoriale di varie minoranze religiose, successivamente smantellate erroneamente da Bashar al-Assad) è riuscito a contrastare i piani occidentali sul destino della Siria (una parcellizzazione etnico-settaria in linea con il Piano Yinon degli anni ’80) almeno per un decennio. Lo stesso discorso vale per il contrasto all’azione terroristica dell’ISIS in Iraq, o per la piena opposizione ai cosiddetti “accordi di Abramo”. Solo con la morte di Soleimani si è assistito all’inizio di una nuova ondata perturbatrice: l’aumento delle violenze sioniste nei Territori Occupati e la piena legittimazione del terrorismo qaidista in Siria, ad esempio.

L’operazione “Tempesta di al-Aqsa”, in questo contesto, deve essere letta ed interpretata temporalmente in almeno tre fasi: una prima fase in cui Hamas (come parte dell’Asse della Resistenza – la sua ala militare è sempre rimasta in ottimi rapporti con l’Iran, anche a seguito del “tradimento” dell’ala politica in Siria) è apparsa vittoriosa sia sul piano militare che su quello mediatico; una seconda fase (ancora in corso) di evidente distruzione (genocidio strisciante), uso sproporzionato della forza e mire espansioniste su Gaza da parte di Israele (e pure degli Stati Uniti); una terza fase, alla quale si assisterà nei prossimi mesi (se non anni), in cui si dovranno valutare gli effetti della guerra sia sul piano del sostegno esterno ad Israele (iniziano a presentarsi le prima crepe in Occidente), sia sul piano delle fratture intestine (sempre più evidenti) all’interno dello “Stato ebraico”.

In questa “seconda fase” abbiamo assistito anche al pesante attacco contro Hezbollah ed all’uccisione della sua guida, Hassan Nasrallah: una perdita enorme per l’Asse della Resistenza. E sempre questa seconda fase è coincisa con un indebolimento diretto di alcuni rami dell’Asse (soprattutto Hamas, nonostante la strenua resistenza e le perdite, comunque notevoli, inflitte ad Israele, dovrà essere capace di reinventarsi per aver un ruolo nel futuro della Palestina). Hezbollah, invece, nonostante il rischio di accerchiamento che arriva dalla Siria (e l’impossibilità di ottenere rifornimenti via terra), ha dimostrato, proprio con i funerali di Nasrallah e Safieddine (dalla partecipazione oceanica), di avere ancora una prese notevole all’interno di un Paese, il Libano, che rimane un’entità politica assai complessa e dall’autonomia/indipendenza sempre più ridotta.

Nonostante l’apparente vittoria militare della “seconda fase”, Israele manifesta problemi sempre più  palesi. È difficile immaginarsi quale possa essere la tenuta della società israeliana di fronte a quella che si sta cercando di presentare come una guerra totale e senza fine. Il sostegno occidentale, come già anticipato, comincia a scemare, sebbene siano ancora molti quelli che negano apertamente ii genocidio palestinese, utilizzando a difesa di tale tesi delle motivazioni piuttosto deboli (il fatto che la presenza araba “dal Giordano al mare” sia ancora numerosa non significa affatto che il governo israeliano non abbia intenzioni genocide, o di pulizia entica come confermato da molti suoi esponenti). Allo stesso tempo, nonostante la superiorità militare, le perdite (soprattutto economiche) subite lasciano un’ombra notevole sulle capacità israeliane di poter portare avanti il conflitto alla luce di una (ancora ipotetica) interruzione/riduzione dell’aiuto occidentale.

L’Iran, infine, rimane una potenza regionale che, oltre alle sue doti missilistiche, può utilizzare la presenza su entrambi i lati del Mar Rosso (Yemen e Sudan) ed il controllo sullo Stretto di Hormuz come forma di deterrenza ad un eventuale attacco diretto sul suo territorio (tra l’altro, mettere a rischio i flussi energetici globali significherebbe anche uno scontro interno agli USA tra la lobby sionista e la lobby petrolifera, entrambe assai vicine all’attuale amministrazione Trump).

In conclusione, pur essendo indebolito e necessitando di una lunga guarigione, l’Asse della Resistenza rimane un soggetto vivo che può continuare a giocare un ruolo di rilievo nel futuro della regione. Tuttavia, la Repubblica Islamica, vero e proprio Deus ex machina dell’Asse, deve essere capace di rinnovarlo in scopi e obiettivi: ovvero di sviluppare una sorta di “diplomazia della Resistenza” che, agendo in cooperazione con altre forze multipolari, assecondi un’integrazione eurasiatica capace di contrastare i tentativi degli Stati Uniti di salvare la loro declinante egemonia attraverso nuove forme di controllo sul Vicino e Medio Oriente.

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