Neoliberalism – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su Strategic Culture Foundation provides a platform for exclusive analysis, research and policy comment on Eurasian and global affairs. We are covering political, economic, social and security issues worldwide. Wed, 25 Feb 2026 11:02:27 +0000 en-US hourly 1 https://strategic-culture.su/wp-content/uploads/2023/12/cropped-favicon4-32x32.png Neoliberalism – Strategic Culture Foundation https://strategic-culture.su 32 32 El Estado neoliberal https://strategic-culture.su/news/2026/02/25/el-estado-neoliberal/ Wed, 25 Feb 2026 13:30:09 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890794 Contrariamente a toda la propaganda engañosa del neoliberalismo, la privatización es el súmmum de la intervención del Estado.

Únete a nosotros en Telegram Twitter  VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

En el neoliberalismo, el Estado entrega una empresa que sería supuestamente propiedad del pueblo (sin el consentimiento de ese “pueblo”) para que los grandes capitalistas la reformulen, despidan a miles de trabajadores, recorten derechos laborales, desorganicen los sindicatos y fragmenten categorías enteras.

Al contrario del sentido común, el neoliberalismo no presupone el debilitamiento del Estado, sino su fortalecimiento. La transferencia de servicios y propiedades del Estado no se realiza hacia organizaciones democráticas y representativas de la sociedad, para el usufructo de la población, sino hacia los monopolios que controlan el Estado. Tampoco son los pequeños capitalistas quienes se quedan con el filet mignon de las privatizaciones, sino el capital monopolista e imperialista — monopolios entrelazados con los propios Estados imperialistas.

El sujeto activo de la privatización y del cambio de las leyes es el propio Estado; es él quien organiza la expoliación — no de sí mismo, sino de los derechos democráticos de la población. La privatización es una de las maneras en que el Estado ataca los derechos del pueblo — no son los “derechos” del Estado los que son atacados. Se mantiene intacto el gran y esencial “derecho” del Estado: el de aplastar a la sociedad por la clase dominante.

¿Qué son las privatizaciones de servicios y compañías estatales sino la diezmación de los derechos del pueblo en provecho de quienes dirigen el Estado? ¿No se sabe que toda privatización consiste en la corrupción de la burocracia estatal, en el saqueo de la riqueza producida por la sociedad y su reparto entre la burocracia estatal y los capitalistas?

La propiedad estatal eleva el nivel de organización de la economía, haciéndola más racional y productiva y preparándola para atender a los intereses de la sociedad — engendrando la propia disolución de la forma burguesa de Estado y, finalmente, del propio Estado. La propia planificación estatal exige la organización de la clase obrera para la producción.

En el neoliberalismo, el Estado entrega una empresa que sería supuestamente propiedad del pueblo (sin el consentimiento de ese “pueblo”) para que los grandes capitalistas la reformulen, despidan a miles de trabajadores, recorten derechos laborales, desorganicen los sindicatos y fragmenten categorías enteras. El Estado entrega los servicios públicos para debilitar a la sociedad, para profundizar su dominación sobre el pueblo, para desorganizar a los trabajadores, que, sin salud (a disposición del pueblo para su libre utilización, no impuesta al pueblo como algo “neutral”), educación (ídem, pues un Estado democrático no es médico ni educador del pueblo) o esparcimiento — que son derechos arrancados al Estado, en general contra la voluntad del Estado — se hunden aún más en la esclavitud asalariada, en la dependencia de los patrones, ven aún más dificultada su libertad de organización independiente, se empobrecen y se fragilizan como clase. La razón de ser del Estado, la de ser el guardián de la desigualdad, se realiza plenamente.

Contrariamente a toda la propaganda engañosa del neoliberalismo, la privatización es el súmmum de la intervención del Estado. Porque, para garantizar las privatizaciones, para asegurar tamaño atentado contra el pueblo, la transferencia de la riqueza de la nación directamente a la burguesía imperialista, es necesario utilizar el aparato represivo del Estado para contener la oposición a tal pillaje.

Al mismo tiempo que el Estado se debilita en apariencia (entrega de servicios y empresas públicas directamente a los capitalistas), fortalece su columna vertebral: su aparato policial y judicial. Fortalece también el poder ejecutivo, con la centralización de los poderes en el presidente de la República o en el primer ministro para organizar mejor el saqueo: fue así con Pinochet y con Thatcher, fue así con Fernando Henrique Cardoso en Brasil (que inventó la reelección para garantizar la continuación de las privatizaciones), fue así con el imperialismo estadounidense bajo Reagan y Bush, que elevaron el poder del Estado imperialista a un nuevo nivel.

Los gobiernos del PT brasileño no revirtieron esta lógica, porque, aunque asuman la tarea de ejecutar reformas sociales, no tienen condiciones de atacar decididamente el neoliberalismo. El PT llegó al gobierno por primera vez para apagar un incendio que podía propagarse peligrosamente, dado el nivel de desgracias sociales causadas por los gobiernos de la nueva era “democrática” y la situación explosiva en América Latina. El PT llegó al gobierno para administrar para la burguesía y solo el PT tenía la posibilidad de contener a los trabajadores en la situación de crisis del régimen en el cambio de siglo, tal como ocurrió con la socialdemocracia europea décadas antes.

La elección de Lula en 2002 elevó a la aristocracia obrera brasileña al gobierno, sobornada con cargos en el Estado y en las instituciones del imperialismo para neutralizar toda la presión de su base social sobre el Estado brasileño. Las concesiones permitidas por la burguesía tenían como objetivo la domesticación de las clases populares, no la participación popular en las decisiones del gobierno. En la era del imperialismo — y, sobre todo, al inicio de una crisis histórica del imperialismo, la de 2008 — sería un error creer, como aún hoy cree la mayoría de la izquierda nacional, que un gobierno en estas condiciones consiga fortalecer la soberanía popular, cuando la realidad muestra que ella es atacada y necesita ser atacada para ampliar la dominación de las grandes potencias y de los monopolios internacionales sobre el mundo.

Con el ascenso del PT al gobierno — y hasta hoy — la burocracia del movimiento obrero y popular y la pequeña burguesía (representadas minoritariamente por PCdoB y PSOL) cayeron en un sueño profundo, colmado de los más dulces e ingenuos sueños de reforma social. El Estado ahora serviría para liberar al pueblo, ya no para oprimirlo. Sería una manifestación pura de la voluntad del pueblo y estaría por encima de la lucha de clases. Estas concepciones, que continúan propagándose como síntoma de la quiebra de las direcciones, convierten a esta capa aburguesada de las masas empobrecidas en “el principal apoyo social (no militar) de la burguesía”, como dijo Lenin sobre la socialdemocracia.

]]>
Jesse Jackson e la lotta razziale negli Stati Uniti https://strategic-culture.su/news/2026/02/25/jesse-jackson-e-la-lotta-razziale-negli-stati-uniti/ Tue, 24 Feb 2026 21:36:11 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890783 Jesse Jackson: la politica del dialogo e della giustizia sociale contro le logiche del liberismo e della contrapposizione

Segue nostro Telegram.

Jesse Jackson nasce disprezzato dai bianchi in un ghetto riservato ai neri in Carolina del Sud l’8 ottobre 1941, figlio illegittimo di un abbiente afro – americano già sposato e che non lo riconosce, cresce con la madre e a ventun’anni sposa Jacqueline Lavinia Brown, si laurea presso la North Carolina Agricultural and Technical State University, istituzione accademica pubblica di Greensboro, in Carolina del Nord, quindi intraprende gli studi di teologia presso il Chicago Theological Seminary, ma l’attivismo politico lo allontana dagli studi, gli conferiranno la laurea honoris causa nel 2000.

La lotta per la giustizia sociale e l’uguaglianza tra gli statunitensi senza discriminazioni razziali diventa per tutti gli anni ‘60 la sua missione quotidiana, in quel tempo una porzione rilevante di quella nazione, al pari del Sudafrica dell’apartheid, aveva panchine nei parchi, scuole, posti sui bus riservati ai bianchi o altrimenti destinati ai neri.

La sua amicizia con Martin Luther King sarà intensa, sincera, importante, è insieme al reverendo quando il 28 agosto 1963 a Washington, davanti al Lincoln Memorial, Martin Luther King guida un’oceanica manifestazione per i diritti civili e pronuncia l’indimenticabile discorso contro il razzismo dal titolo: “I have a dream”, ovvero “Io ho un sogno”, nel 1965 Jesse Jackson entra ufficialmente nel movimento Southern Christian Leadership Conference fondato nel 1957 di Martin Luther King, questi lo promuove già nel 1966 alla direzione organizzativa del movimento a Chicago e dal 1967 direttore nazionale. Quando il premio Nobel per la Pace verrà ucciso a Memphis il 4 aprile 1968, Jesse Jackson sarà al suo fianco e ne raccoglie il corpo esanime.

Nel 1971 Jackson fonda l’associazione People United to Save Humanity e inizia a coniugare le battaglie dentro gli Stati Uniti con una spiccata azione sullo scenario internazionale, non solo contro la guerra del Vietnam, allora criminalmente condotta dagli Stati Uniti contro vietnamiti e laotiani, ma anche più in generale per il conseguimento della pace e dell’amicizia tra i popoli.

Sostiene e incontra molti capi di stato di quello che oggi è definito il Sud Globale, dal comunista sudafricano Nelson Mandela, al capo di stato siriano Hafez Al Assad, è a Cuba con Fidel Castro, nel 1999 è a Belgrado con il presidente serbo Slobodan Milošević, manifestando tutta la sua contrarietà e il suo disappunto per la vile aggressione della NATO contro la Jugoslavia.

La lobby sionista statunitense accuserà Jesse Jackson per decenni di essere la voce e lo strumento “dell’antisemitismo sovietico”, in ragione del suo sostegno, al pari di Mosca e delle nazioni di orientamento socialista, della causa palestinese. Conoscerà Yasser Arafat nei primi anni ‘70, ne scaturirà una sintonia e un’amicizia duratura, ancora agli albori degli anni duemila Jesse Jackson si recherà in Palestina presso la Muqata, ovvero il complesso residenziale di Ramallah sede dell’Autorità Nazionale Palestinese e abitazione del suo amico Yasser Arafat per confermare il suo pieno e incondizionato sostegno alle ragioni dei palestinesi, così come al loro diritto ad avere e governare una propria nazione come previsto dagli accordi di Oslo del 1993, una patria legittima e internazionalmente riconosciuta, con Gerusalemme Est come capitale.

Alle presidenziali statunitensi del 1984 e del 1988 Jesse Jackson tenterà la via della candidatura per il Partito Democratico, senza deflettere dalle sue posizioni combattive contro il liberismo volto a distruggere e impoverire la società statunitense a partire dai ceti più deboli, compresa la comunità afro – americana, pesantemente devastata nelle sue rivendicazioni da una studiata diffusione al suo interno delle droghe, orchestrata dai servizi segreti federali in combutta e su mandato della Casa Bianca tanto con Gerald Ford, quanto poi con Ronald Reagan, così come contro i progetti aggressivi e guerrafondai messi in campo da quest’ultimo nelle sue campagne d’odio contro il comunismo e l’Unione Sovietica, un’esasperazione della Guerra Fredda propagata con l’aumento delle spese militari e il lancio della famigerata “Strategic Defense Initiative”, ribattezzata dai media occidentali come sempre frettolosi e cialtroneschi “Guerre Stellari”, un fantasmagorico programma, realizzato solo molto parzialmente, di difesa antimissilistica annunciato da Ronald Reagan agli albori del 1983, volto a creare uno scudo spaziale con laser e satelliti per distruggere eventuali missili sovietici, millantati con la solita campagna diffamatoria e falsificatoria volta a descrivere i sovietici e i russi come pronti a un’aggressione.

Jesse Jackson smonta tutta questa farsesca invenzione, denuncia gli apparati militari – industriali statunitensi decisi a instradare il pianeta, per mera ricerca del profitto, in una pericolosa escalation armata volta a esacerbare e distruggere ogni spiraglio di convivenza pacifica. Di più, durante la Convention democratica svoltasi a luglio del 1984 a San Francisco in California, si rende disponibile a recarsi a Mosca per intavolare un dialogo con il Segretario Generale del Partito Comunista dell’Unione Sovietica Konstantin Černenko.

In quelle primarie democratiche del 1984 Jesse Jackson raccoglie un formidabile, ma sostanzialmente ininfluente, 18% di consensi, quattro anni dopo addirittura il 29,3%, ma in entrambi i casi verranno scelti al suo posto candidati dai profili modesti, opachi e incolori, totalmente compatibili con il sistema di potere economico – finanziario e politico a stelle e strisce. Nel 1984 prevale il già vicepresidente di Jimmy Carter e a lungo senatore del Minnesota Walter Mondale, con candidata alla vicepresidenza la senatrice newyorkese Geraldine Ferraro, entrambi ricordati per i catastrofici risultati, infatti nonostante il 40% dei consensi raccolti, i due prevalgono contro Reagan solo in Minnesota e a Washington, garantendo allo sfrenato ultraliberista un’agevole rielezione. Nel 1988, dopo la Convention lugliana di Atlanta, è la volta di Michael Dukakis, figlio di immigrati greci e governatore del Massachusetts, persona educata, ma così introversa e poco loquace da garantire un’agile vittoria a George H. W. Bush, già vicepresidente di Ronald Reagan, nonché ridicolo e al contempo criminale direttore della CIA durante la presidenza Ford, suo ad esempio il colpo di stato del 24 marzo 1976 che porta al potere in Argentina la sanguinaria dittatura militare di Jorge Videla e degli altri generali, universalmente sbeffeggiato nel pirotecnico ed esilarante film “Hopscotch”, letteralmente “Salto a campana”, con riferimento all’omonimo gioco dei bambini, diretto da Ronald Neame nel 1980, uscito in Germania come “Agent poker”, in Francia come “Gioco di spie”, in Italia come “Due sotto il divano”, con Walter Matthau e Glenda Jackson impegnati a editare un libro dedicato alle clamorose malefatte e ai ridicoli errori del capo della CIA, interpretato da Ned Beatty, pellicola anche profetica perché a un certo punto si afferma “è talmente imbecille che probabilmente lo faranno presidente degli Stati Uniti”, come accaduto, spianando ahinoi la strada anche all’ancor più inetto omonimo figlio presidente dal 2000 al 2008, dopo l’ottennio altrettanto globalista e guerrafondaio clintoniano.

Anche nel nuovo secolo Jesse Jackson non disdegna di impegnarsi, il 15 febbraio 2003, giorno della più strepitosa manifestazione mondiale contro la guerra, in quel caso in Iraq, conflitto criminalmente inventato con prove false da Tony Blair e George W. Bush J., vi sono cortei in ogni angolo della terra, ben tre milioni di donne e uomini di tutte le età sfilano per le strade di Roma, Jesse Jackson tiene un comizio davanti a più di un milione di persone a Hyde Park, nel cuore di Londra. Nell’agosto 2005 vola in Venezuela, incontra il presidente Hugo Chávez, rimane positivamente colpito dalle conquiste sociali del socialismo bolivariano e ribadisce al suo rientro negli Stati Uniti che considerare il Venezuela una minaccia per gli Stati Uniti sia semplicemente una ignobile falsità.

Alla morte di Jackson sul balcone del Lorraine Motel di Memphis, luogo del martirio di King, oggi diventato National Civil Rights Museum, le bandiere sono state abbassate a mezz’asta e la direzione ha ricordato come Jesse Jackson alzasse spesso la voce, ma per sollevare i deboli, i fragili, gli emarginati.

Anche il presidente Donald Trump ha ricordato Jesse Jackson, che ha avuto modo di incontrare e conoscere negli anni ‘80, sottolineando con ragione come Barack Obama, sia stato un beneficiario ingrato dell’azione politica di Jesse Jackson e come questi fosse rimasto amareggiato dalle politiche obamiane di guerra nel mondo e di sostanziale esclusione sociale negli Stati Uniti. Concludendo il suo ricordo, Donlad Trump ha scritto: “è sempre stato un piacere per me aiutare Jesse lungo il cammino. Jesse era una forza della natura come pochi altri prima di lui.”

È certamente vero che negli ultimi tempi, stanco e malato, Jesse Jackson sia stato strattonato da amici e parenti per sostenere il Partito Democratico, in cui tutto, dal globalismo bellicista e predatorio, all’esasperato liberismo, dalla divisiva cultura woke, alla vocazione guerrafondaia, ha rappresentato quanto di più lontano dalla sua storia, dalla sua vita e dalle sue lotte, che hanno rappresentato, senza dubbio, una delle pagine più affascinanti, battagliere e degne di memoria della politica statunitense del XX secolo.

]]>
O materialismo religioso de Epstein é regra, não exceção https://strategic-culture.su/news/2026/02/16/o-materialismo-religioso-de-epstein-e-regra-nao-excecao/ Mon, 16 Feb 2026 16:06:56 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890632 Assim como a escolástica foi um corpo de conhecimento institucionalizado assentado sobre dogmas religiosos, todo o establishment científico atual provavelmente se assenta sobre dogmas coesos de natureza metafísica.

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

Em meio à avalanche de coisas dignas de atenção relativas a Jeffrey Epstein, eu queria chamar atenção a uma combinação muito atípica: religiosidade rigorosa e ateísmo militante.

A religiosidade aparece em sua forma mais extravagante com a ideia de Epstein de financiar o desenvolvimento de um porco sem cascos fendidos – um porco kosher geneticamente modificado – para que ele pudesse comer bacon. O fato de se tentar driblar as proibições divinas está longe de ser uma novidade no judaísmo talmúdico (o exemplo mais prosaico é o uso de peruca para cobrir os cabelos femininos). Causa espécie a ideia de um criminoso terrível ser uma pessoa muito religiosa, já que nos defrontamos com a possibilidade de a religião dele se preocupar mais com restrições alimentares do que com restrições morais. Mas isso não deveria ser novidade. Como praticamente ninguém conhece o Talmude sem ser um judeu religioso capaz de ler hebraico, fica a recomendação da leitura do indispensável História judaica, religião judaica, de Israel Shahak, que expõe a imoralidade e o supremacismo racial intrínsecos ao Talmude. Daí não se segue que todo judeu religioso seja uma pessoa ruim, mas sim que, se ele for uma boa pessoa, é por inclinação natural e influência da cultura em que está inserido, não pelo Talmude (cujas dezenas de volumes Epstein exibia em sua estante).

Quanto ao ateísmo militante, foi divulgada uma foto em que constavam juntos, no Lolita Express, Richard Dawkins, Daniel Dennett e Steven Pinker. Ou seja, dois dos “quatro cavaleiros do neoateísmo” (Dawkins, Dennett, Harris e Hitchens, falecido em 2011), mais o judeu ateu de Harvard Steven Pinker, que tece científicas loas ao progresso moral dos nossos tempos. Além disso, foi divulgada a informação de que um clube de ateus que se acham cientistas geniais (do qual participa Sam Harris) contava com a filantropia de Epstein. É Edge.org, o nome do clube. Um religioso financiando ateus que têm certeza de que pessoas que acreditam em Deus são estúpidas? Que estranho!

É possível pensar numa conexão utilitária entre Epstein e o clube de ateus cientificistas. Em um longo artigo para o Unlimited Hangout sobre a adesão do pedófilo às ideias utópicas do Vale do Silício, o jornalista Max Jones destaca o que o clube tinha a oferecer: “Entre [os] cientistas [do clube] estava Craig Venter, um geneticista […] que continua a ser uma figura significativa nos anais do. Venter e Church — o supramencionado diretor do Personal Genome Project de Harvard — deram uma master class do Edge juntos, ensinando a uma nata de oligarcas das Big Techs e figuras da mídia, como Larry Page (fundador do Google) e Elon Musk […]. Sua aula focava num futuro utópico, no qual o homem se funde com máquinas por meio de leituras computadorizadas das sequências genéticas, ‘nas quais o código pode ser replicado de maneira exata, manipulado com liberdade e traduzido de volta para organismos vivos, escrevendo de volta’ — ou, dito de modo mais simples, edição genética.”

Já é bem sabido que Epstein tinha o próprio DNA na mais alta estima, e que queria congelar o próprio cérebro e pênis, então faz sentido que, por razões utilitárias, subsidie um clube de ateus que inclui cientistas com ideias malucas similares às suas. No entanto, devemos outra vez nos perguntar que diabos de religião é essa, tão compatível com crenças materialistas.

Os cristãos creem na ressurreição da carne. Já os judeus, segundo o Chabad, não creem na ressurreição dos corpos, e creem que todas as almas passam por uma purgação dolorosa antes de poderem gozar do prazer espiritual. Grosso modo, é como se todos fossem ao inferno antes de ir para o céu. Assim, se um judeu acreditar nisso porém amar muito a vida corpórea, precisará resolver o problema aqui neste mundo, impedindo a morte. E se Epstein é um judeu que acredita no sobrenatural, é muito plausível que busque o auxílio de algum dos vários demônios em cuja existência os judeus acreditam. Assim teríamos uma explicação para a existência de um misterioso templo em sua ilha – afinal, judeus normais têm sinagoga, não templo.

O templo havia sido esvaziado quando foi fotografado por dentro. Restou pouco mais que uma estante vazia e uma pintura no teto representando o céu com os signos do zodíaco. Ora, a astrologia fazia parte do ocultismo, assim como a cabala, e esse caldo cultural ganhou tração no Ocidente durante a Renascença. Como temos visto nos últimos artigos, essa movimentação ocultista também era usualmente conexa com um proto-sionismo cristão: no mínimo desde o cabalista cristão Guilherme Postel (1510 – 1581), circula na Europa a crença de que os judeus têm um messias secular distinto do messias cristão (Jesus), de modo que eles aguardam um monarca que irá derrubar Constantinopla e devolver-lhes a Terra Santa. De lá, o monarca governará o mundo, o qual terá uma única religião. Vimos também que século XVI essa ideia era divulgada por pessoas ligadas ao rabino português Menasseh Ben Israel. Tanto Cristina da Suécia quanto Vieira acreditavam em tal profecia. O que variava era o monarca: para Cristina, provavelmente foi em algum momento o Príncipe Condé, pois essa era a versão divulgada por La Peyrère; para Antônio Vieira, era João IV de Portugal, o primeiro rei da dinastia Bragança. Ora, Epstein afirmava representar os Rothchild (família judaica que viabilizou o Estado de Israel) e tinha estreitas relações com figuras importantes da entidade sionista.

Uma olhada para o século XVII ajuda a compreender também o próprio Epstein. Na entrevista inédita concedida a Steve Bannon, que foi vazada recentemente, Epstein falava suas concepções da alma. Ele estava certa de que existia alma, mas ela era composta por uma matéria inobservável: era a “matéria escura” do cérebro, que com certeza existe, está no cérebro, mas não pode ser vista nem definida. Chama a atenção, então, que em vez de simplesmente concluir que a alma não é material, Epstein conclui que é uma matéria inobservável. Daí conclui-se que ele era um materialista dogmático. Isso é tanto mais intrigante porque ele se expressa em termos muito dualistas; assim, em vez de dividir o mundo entre extensão e espírito (corpo e alma), ele divide entre matéria visível e matéria invisível. (Na verdade, nem dá para dizer que esse seja um vício original de Epstein, pois o conceito de matéria escura é tomado da física. Há um texto do cosmólogo e historiador da ciência beneditino Stanley Jaki contra um cliente de Epstein chamado Stephen Hawking no qual é criticada a pressuposição dogmática da matéria inobservável. O título é “Evicting the Creator” e está na coletânea Christ and Sience. Agradeço ao leitor da Strategic Culture que enviou à redação a recomendação desse autor.)

A ideia de que a alma é uma coisa material, inclusive composta por átomos, não é invenção de Epstein. É, na verdade, mais velha do que Cristo: consta em De rerum natura, o livro que Cristina da Suécia considerava representar melhor a religião dos filósofos seguida por ela. A obra foi escrita pelo epicurista romano Tito Lucrécio Caro, que viveu no século I a. C. Segundo sua explicação, todo o mundo é composto por átomos em movimento caótico. A ordem visível no mundo não tem sua origem num criador, mas sim nesse eterno movimento: os átomos vão se combinando e como que testando as formas. As que são bem ordenadas subsistem, as que não mal ordenadas perecem. É, a rigor, seleção natural muito antes de Darwin. E como tudo é material, a nossa alma também se dissolve quando a ordem do nosso corpo se rompe em definitivo, levando-nos à morte e à putrefação. Os deuses existem, mas ficam se deleitando entre si e não se importam com os mortais. A religiosidade das pessoas se explica pela ignorância das causas (que são todas naturais). Em suma, De rerum natura e um livro muito alinhado com as crenças cientificistas.

O livro passou boa parte da História ocidental perdido. Foi redescoberto na Renascença (época áurea do ocultismo na Europa ocidental) e há um livro de propaganda cantando a sua redescoberta: A Virada, de Stephen Greenblatt, mais um professor judeu ateu de Harvard. Ele ganhou um Pulitzer pela peça de propaganda em que ensina que Roma é uma fábrica de mentiras.

Diante do quadro geral, que inclui Jeffrey Epstein, vemos que não há uma contradição essencial entre o materialismo e a religiosidade mais supersticiosa. O mais provável é que haja uma escola de pensamento ocidental anti-romana, anti-turca e filossionista que surge na Renascença com o ocultismo (que inclui tanto as escolas da Antiguidade descartadas pela escolástica, como o epicurismo, quanto as diversas cabalas), desenvolve-se com o empirismo no início da modernidade, transforma-se em Iluminismo e depois vai dar no cientificismo que alcança os nossos dias. Entre as figuras mais conhecidas que são importantes nessa história estão o britânico Francis Bacon (que considerava a ciência uma forma de magia), Espinoza (judeu português da Holanda cujo sistema filosófico racionalista bebe do epicurismo, e cujo panteísmo se confunde a tal ponto com ateísmo que acarretou em excomunhão), o britânico David Hume (que tem um ensaio contra a imortalidade da alma no qual revive a ideia epicurista de alma composta por átomos) e o britânico Charles Darwin (que melhor soube aproveitar a premissa epicurista da ordem intrínseca à matéria).

Assim como a escolástica foi um corpo de conhecimento institucionalizado assentado sobre dogmas religiosos, todo o establishment científico atual provavelmente se assenta sobre dogmas coesos de natureza metafísica. A questão é que não estamos informados disto, nem discernimos o seu nexo na História.

]]>
La crisis del liberalismo. ¿Italia hacia un retorno a los años de plomo? https://strategic-culture.su/news/2026/02/14/crisis-del-liberalismo-italia-hacia-un-retorno-los-anos-plomo/ Sat, 14 Feb 2026 14:00:21 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890595 Entrevista a Andrea Zhok por Federico Dal Cortivo del diário L’Adige de Verona.

Ilustración: Fernando Vicente, España para la nueva edición del Manifiesto comunista de Marx y Engels.

08 de febrero 2026.

«En sistemas sociales más pobres pero capaces de solidaridad horizontal (familiar y comunitaria), las dificultades económicas son más tolerables».

Andrea ZHOK

Únete a nosotros en Telegram Twitter  VK .

Escríbenos: info@strategic-culture.su

Federico Dal Cortivo, del diario L’Adige de Verona, ha entrevistado al profesor Andrea Zhok, filósofo académico, profesor de antropología filosófica y filosofía moral en la Universidad de Milán, investigador y ensayista. El tema de la entrevista es la crisis de la sociedad en la que vivimos.

Profesor Zhok, nos encontramos en un periodo de grandes cambios a nivel internacional, en el que la geopolítica es la protagonista y se están barajando muchas cartas. Pero lo que llama la atención es la profunda crisis que envuelve al sistema liberal, que parecía destinado a gobernar el mundo durante los siglos venideros y sobre el que Occidente había basado sus cimientos. Ahora, desde Estados Unidos hasta Europa, este modelo parece estar resquebrajándose. Me gustaría conocer su opinión al respecto.

Una crisis profunda: cultural, pero también material

«Se trata de una crisis muy profunda porque es a la vez cultural y material. En el plano cultural, la modernidad liberal siempre ha presentado elementos de fragilidad, ya que ha promovido un proceso de secularización sin lograr construir una ética normativa compartida que sustituyera a la anterior ética de matriz religiosa. En lugar de una ética normativa compartida, se pensó que bastaba con apelar a los derechos individuales y a los placeres del consumo, pero estas instancias no proporcionan ninguna base efectiva para fundar una ética pública».

«En ausencia de una ética pública sólida, los Estados tienden a desintegrarse desde dentro, la confianza en las clases dirigentes se derrumba, los conflictos sociales aumentan y la desorientación de los jóvenes en formación se vuelve explosiva. Pero mientras Occidente lograba alimentar un crecimiento sostenido, con una distribución elevada y difusa de los bienes, estos elementos de desintegración interna podían mantenerse bajo control: quien siente que tiene mucho que perder difícilmente se radicaliza. Sin embargo, las dos últimas décadas, en particular tras la crisis subprime, han iniciado un proceso de contracción comparativa del primado económico occidental».

«En sí mismo, no sería nada dramático, sino más bien fisiológico, frente al crecimiento de otras potencias regionales (BRICS). Pero en un sistema como el occidental, que ya ha perdido en gran medida la confianza en sus propias razones profundas (históricas, religiosas, espirituales, etc.) y que ha destruido los ordenamientos familiares y comunitarios, esta reducción de la capacidad económica resulta intolerable.

En sistemas sociales más pobres pero capaces de solidaridad horizontal (familiar y comunitaria), las dificultades económicas son más tolerables. En nuestro mundo, acaban representando la pérdida de la última identidad que quedaba, la de ser un «mundo avanzado» (al menos económicamente)».

¿Ve usted una alternativa al sistema liberal, al menos si no en Estados Unidos, en Europa, donde surgió el Estado social bajo diversas ideologías?

«Europa habría tenido la posibilidad de trazar un camino diferente, y en esencia lo hizo en los treinta años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, este camino dependía de una combinación de factores difícilmente repetible. En el plano económico existía una economía mixta, de tipo asistencialista, con un fuerte papel del Estado en las industrias estratégicas, en el sistema bancario y en las políticas industriales. Este modelo económico sigue siendo históricamente el que ha presentado la mayor tasa de reducción de la pobreza y de mejora de las condiciones de vida medias».

« Al mismo tiempo, en el plano ideal, existían dos grandes bloques ideológicos capaces de aportar una visión fecunda del mundo y de la sociedad; me refiero, naturalmente, al legado del cristianismo social y a la herencia socialista-comunista. A pesar de sufrir el conflicto entre las dos principales visiones del mundo en constante tensión, esas visiones convergían en concebir la vida social (familiar, comunitaria y nacional) como llena de promesas. »

«Hoy en día, reconstruir con esos materiales, aunque no es imposible en principio, resulta difícil, ya que desde los años 90 todo ese patrimonio ideal y también de experiencia económica ha sido sistemáticamente desmantelado. Europa ha aceptado, como si fuera un progreso, un proceso de radical americanización a todos los niveles, acabando por borrar rasgos profundos de su propia identidad, sin poder, por otra parte, perseguir el «sueño americano», que, además de estar en crisis, solo es materialmente perseguible en un estado-continente como los Estados Unidos, con una densidad de población muy baja (37 habitantes por km², frente a los casi 200 de Italia) y grandes recursos naturales».

¿Qué opina de los violentos enfrentamientos del 1 de febrero que pusieron a parte de Turín patas arriba, provocados por miembros y simpatizantes del «centro social Askatasuna»? ¿Ve en todo este «antagonismo» alguna forma real de revuelta contra el «sistema oligárquico dominante»? No tengo constancia de que estuvieran en juego la defensa de la familia, del hogar, del Estado social y de quienes trabajan y estudian.

«Me cuesta mucho emitir un juicio porque no estuve presente personalmente y los testimonios que he recibido sobre los hechos son contradictorios. Hay quienes subrayan el carácter predominantemente pacífico de las manifestaciones, mientras que otros destacan sus componentes destructivos y vandálicos. Por lo tanto, no quiero pronunciarme sobre estos enfrentamientos en concreto. Sin embargo, puedo observar una dinámica que ya se ha observado en muchos otros países europeos y que estamos empezando a ver en Italia».

«A falta de organismos intermedios (partidos, sindicatos, etc.) creíbles que se perciban como capaces de representar las reivindicaciones de los grupos más desfavorecidos o marginados, la tendencia natural es la aparición cada vez más frecuente de grupos exaltados y violentos, personas que no tienen una agenda política real y que están acostumbradas a pensar que nunca habrá una que les concierna».

«Decir que se trata de personas ignorantes, desorientadas, asociales, etc., no resuelve nada, aunque sea cierto. Si una sociedad no es capaz de «socializar» a sectores significativos de su población, esto acabará repercutiendo de forma brutal en la vida de todos. Esto no justifica ningún comportamiento violento, pero debería hacer comprender que pensar en intervenir solo desde el lado represivo no llevará muy lejos».

La crisis genera una revuelta no política, sino psicológica

Profesor Zhok, ¿no existe el riesgo de que ocurra lo que ya ocurrió en los llamados «años de plomo», que vieron las calles ensangrentadas por los enfrentamientos entre jóvenes de tendencias opuestas y contra la policía, vista como el brazo armado del Estado, pero que al final no afectaron en absoluto al sistema oligárquico-liberista dominante, sino todo lo contrario? ¿Qué opina usted?

«No creo que vaya a ocurrir nada parecido a los años de plomo, aunque las consecuencias podrían ser en parte similares. Hoy en día, la revuelta, cuando la hay, no es política, sino «psicológica». En Italia aún estamos lejos de los escenarios que se ven en Francia o Inglaterra, pero deberíamos aprender de esos errores para remediarlos con antelación. Solo en la noche de Fin de Año se quemaron 874 vehículos en Francia.

Esto no es una protesta política, no tiene ningún objetivo concreto, salvo expresar su malestar, su genérica ira. Una explosión progresiva de formas de vandalismo generalizado, conflictos dispersos y microcriminalidad capilar es el escenario que les espera, si no se producen cambios. Y sería grave que el resultado fuera un simple endurecimiento de la seguridad, el aumento de las penas, la vigilancia generalizada de la población, las restricciones a la libertad de movimiento, etc. Esto no resolvería nada y simplemente acabaría reduciendo la libertad de todos, empezando por los ciudadanos honestos».

Lo que falta en Italia, pero también en gran parte de Europa, para dar inicio a verdaderas protestas callejeras contra un modelo socioeconómico basado en el beneficio, el clásico «dios dinero», el mercado que se autorregula, las privatizaciones, la precariedad laboral, la baja natalidad, la inmigración salvaje, la microdelincuencia común ligada sobre todo a esta última y la delincuencia organizada en vertiginoso ascenso gracias al poder económico de la droga. En Italia, tanto el centroizquierda como el centroderecha se han esforzado mucho en las últimas décadas por favorecer todo esto. ¿Qué opina usted?

«Falta prácticamente todo. En primer lugar, falta una cultura alternativa capaz de revalorizar factores que se han tirado precipitadamente a la «basura de la historia»: la familia, las tradiciones culturales, el sentido del Estado, la conciencia de la propia historia.

Luego falta una estructura social qué permita que estos factores prosperen. Por decirlo de alguna manera, no se protege a la familia con una conferencia sobre lo bonita que es la familia y lo saludable que es la maternidad; está muy bien, pero ANTES hay que poner a las parejas en condiciones de formar una familia sin que ello acabe siendo un obstáculo para la carrera profesional, «cosa de perdedores» o «de inmigrantes», y similares».

«Lo mismo puede decirse de las tradiciones culturales y comunitarias, que no se cultivan con una pasarela política en la fiesta de la porchetta o en el estreno de la Scala. Aquí el tema se haría realmente demasiado largo y complejo, porque afecta a una multitud de niveles que han sido demolidos, desde la escuela, la universidad, los conservatorios, las comunidades locales, etc. Necesitaríamos una nueva clase política, una nueva clase dirigente, que haya estudiado y, sobre todo, que crea en algo que no sea solo su propio éxito privado. Pero siento dolorosamente el carácter ilusorio de este deseo en el contexto actual».

Publicado originalmente por Arianna Editrice.
Traducción:
Observatorio de trabajador@s en lucha

]]>
Pronoun priority over safety: Trans ideology’s role in Canada shooting https://strategic-culture.su/news/2026/02/14/pronoun-priority-over-safety-trans-ideology-role-canada-shooting/ Sat, 14 Feb 2026 13:00:58 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890591 Were eight people murdered by a mentally ill teenage boy suffering from fundamental delusions? Or was the killer a young woman? Just a few years ago, the question would have struck Canadians as absurd.

By Jonathon VAN MAREN

Join us on TelegramTwitter, and VK.

Contact us: info@strategic-culture.su

Tumbler Ridge, British Columbia, is a town of 2,300 people in the foothills of the Rocky Mountains in Peace River country. On Wednesday, it became the site of one of Canada’s deadliest mass shootings. A trans-identifying 18-year-old named Jesse Strang (Van Rootselaar) murdered his mother and 11-year-old stepbrother before heading to Tumbler Ridge High School, where he killed a teacher and five children (three 12-year-old girls, a 12-year-old boy, and a 13-year-old boy) and injured more than 25 before shooting himself.

As flags across a mourning nation were lowered to half-mast, Canada began making international headlines not just due to the tragedy, but because the horrific events showcased for the world the extent to which transgender ideology has conquered the country. When the Royal Canadian Mounted Police were alerted to the presence of an active shooter in the high school, they issued a public alert describing the suspect as “a female in a dress with dark hair.” (To their credit, the officers rushed directly into the school.)

In the immediate aftermath, the RCMP referred to the shooter as “the deceased gunperson” to avoid referring to the trans-identifying shooter as male. The term has never before been used in an official capacity, and it instantly made headlines in The SunThe New York Post, Sky News, GB News, and elsewhere. When asked, an RCMP spokesperson stated, “We identify the suspect as they chose to be identified in public and in social media.” The Toronto Star published a short, inaccurate headline: “Police identify 18-year-old female Jesse Van Rootselaar as Tumbler Ridge school shooter.”

Many mainstream Canadian journalists initially refused to identify the killer, and the story was left to independent media outlets like Juno News, which had reporters calling the killer’s family members in Tumbler Ridge and doing the sort of shoe-leather journalism that once defined the profession. Jesse Strang, as it turns out, was a deeply disturbed young man who began to “identify” as a “girl” around 2023; the profile picture of his YouTube account is “an anime-style figure overlaid on a transgender pride flag alongside an SKS rifle.” His mother Jennifer had previously posted about his behavioral issues and defended the transgender cause on Instagram.

Once the facts could no longer be ignored, much of the Canadian press shifted into damage control mode. CityNews appears to have applied beauty filters to photos of him to make him appear more female. The CBC, Canada’s government-funded state broadcaster, referred to Strang by female pronouns and stated that “the 18-year-old was assigned male at birth, but began transitioning to female about six years ago.” One LGBT activist claimed that Strang, in fact, was the “first victim” of the mass killing that ended the lives of five children because he suffered from the “small mindset” of the small town of Tumbler Ridge. (When asked by a journalist pursuing this narrative, the police said there is no evidence Strang was bullied at school.)

Just hours after the shooting, the CBC published a long piece featuring interviews with LGBT activists debunking “false claims about trans people” and mass shootings, as did CityNews Halifax. CTV featured an article unsubtly noting that “Mass shootings in Canada have helped prompt changes to firearm laws over the decades.” The BC Teacher’s Union rushed out a statement condemning the “politicization” of Strang’s identity; as Tristin Hopper of the National Post, a major Canadian newspaper, noted:

The attack was literally on a BC school, and the BCTF’s first impulse is to deflect attention from a system they’ve helped enable that systematically prioritizes the gender delusions of dangerous men over basic public safety. They’re telling you they’re prepared to accept much more collateral damage.

Indeed, as much as the mainstream press would like to claim otherwise, the implementation of transgender ideology into Canadian law is very much a part of this story.

Under Bill C-4 (2022), it became illegal for young men like Strang to acquire counseling to address gender dysphoria and to become comfortable with his body; the Trudeau government claimed, absurdly, that body-affirming counseling constitutes “conversion therapy.” Several journalists pointed out that the RCMP’s inaccurate description of the shooter, while the situation was ongoing, as “female” was a “prime example of political correctness being chosen over public safety.”

As Hopper noted, the police “have issued missing persons alerts telling the public to look out for a ‘they/them,’ even when the missing person is clearly male or female.” This prioritizes ideology over truth and also reduces the credibility of law enforcement.

There is also the fact that a male killer is being referred to as female by the press. “Since Bill C-16 in 2017, crimes committed by a member of one sex can now be logged under another, skewing the data, and in the case of women, making one sex appear much more violent than they actually are,” wrote Terry Newman, senior editor at the National Post. “This is an injustice to women everywhere inside and outside this country. It’s also dangerous for the public.”

The connection between transgender extremism and mass shootings is complicated, as the available data shows—but it is undeniable that there has been a recent surge in violence by trans-identifying perpetrators.

Trans activist violence and violent rhetoric against women’s rights activists have become common. Last year, a trans-identifying shooter opened fire at Annunciation Catholic School in Minneapolis, killing two children. In 2023, a trans-identifying killer murdered six at the Covenant School in Nashville. Supreme Court Justice Brett Kavanaugh’s attempted assassin identifies as transgender, as did the individual who recently attempted to break into Vice President JD Vance’s house. The alleged assassin of Charlie Kirk had a trans-identifying boyfriend. The mainstream press, of course, is disinterested in tracking this extremism; they would not feel the same way if the criminals were of a right-coded orientation.

The tragedy in Tumbler Ridge has drawn the eyes of the world to Canada’s transgender regime and starkly highlighted the reality that once gender ideology is implemented by the state, we can no longer even agree on basic facts. The Telegraph and other international outlets referred to the killer as male; much of the government-funded Canadian press referred to Strang as a female. Were eight people—including six children—murdered on February 11 by a mentally ill teenage boy suffering from fundamental delusions? Or was the killer a young woman? Just a few years ago, the question would have struck Canadians as absurd.

As Terry Newman observed, “I can only hope that Canada becoming the laughing stock for the phrase ‘gun person’ will set us back on a course for reality.”

Original article: europeanconservative.com

]]>
Epstein’s religious materialism is the rule, not the exception https://strategic-culture.su/news/2026/02/14/epstein-religious-materialism-is-rule-not-exception/ Sat, 14 Feb 2026 10:31:01 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890585 The entire current scientific establishment probably rests on cohesive dogmas of a metaphysical nature.

Join us on TelegramTwitter, and VK.

Contact us: info@strategic-culture.su

Amid the avalanche of noteworthy things relating to Jeffrey Epstein, I wanted to draw attention to a very atypical combination: rigorous religiosity and militant atheism.

The religiosity appears in its most extravagant form with Epstein’s idea of ​​funding the development of a cloven-hoofed pig – a genetically modified kosher pig – so that he could eat bacon. The attempt to circumvent divine prohibitions is far from exceptional in Talmudic Judaism (the most prosaic example is the use of wigs to cover women’s hair). It causes some amazement, that a terrible criminal could be a very religious person, since we are faced with the possibility that his religion is more concerned with dietary restrictions than with moral restrictions. But this is also old news. Since virtually no one knows the Talmud without being a religious Jew capable of reading Hebrew, I recommend reading the indispensable Jewish History, Jewish Religion, by Israel Shahak, which exposes the immorality and racial supremacism intrinsic to the Talmud. It does not follow from this that every religious Jew is a bad person, but rather that, if he is a good person, it is by natural inclination and influence of the culture in which he is embedded, not by the Talmud (of which Epstein displayed dozens of volumes on his bookshelf).

As for militant atheism, a photo was released showing Richard Dawkins, Daniel Dennett, and Steven Pinker together in the Lolita Express. That is, two of the “four horsemen of neo-atheism” (Dawkins, Dennett, Harris, and Hitchens, who died in 2011), plus the Harvard atheist Jew Steven Pinker, who weaves scientific praises to the moral progress of our times. Furthermore, information was released that a club of atheists who consider themselves genius scientists (of which Sam Harris is a member) relied on Epstein’s philanthropy. The club is called Edge.org. A religious person funding atheists who are certain that people who believe in God are stupid? How strange!

It is possible to think of a utilitarian connection between Epstein and the club of scientistic atheists. In a long article for Unlimited Hangout about the pedophile’s adherence to the utopian ideas of Silicon Valley, journalist Max Jones highlights what the club had to offer: “Among these scientists [of the club] was Craig Venter, a grizzly-bearded geneticist […] who remains a significant figure in the annals of the Human Genome Project. Notably, Venter and Church — the aforementioned Harvard PGP [Personal Genome Project] director — once led an ‘Edge master class’ together, lecturing to a who’s who of Big Tech oligarchs and media figures, including Google founder Larry Page and Elon Musk […]. Their lecture focused on a utopian future, one in which man is merged with machines via computer readings of genetic sequences ‘where the code can be replicated exactly, manipulated freely, and translated back into living organisms by writing the other way’ — or more simply, gene editing.”

It is already well known that Epstein held his own DNA in the highest esteem, and that he wanted to freeze his own brain and penis, so it makes sense that, for utilitarian reasons, he subsidizes an atheist club that includes scientists with crazy ideas similar to his own. However, we must once again ask ourselves what kind of religion this is, so compatible with materialistic beliefs.

Christians believe in the resurrection of the flesh. Jews, according to Chabad, do not believe in the resurrection of bodies, and believe that all souls go through a painful purgation before they can enjoy spiritual pleasure. Roughly speaking, it is as if everyone goes to hell before going to heaven. Thus, if a Jew believes in this but loves bodily life very much, he will need to solve the problem here in this world, preventing death. And if Epstein is a Jew who believes in the supernatural, it is very plausible that he seeks the help of one of the various demons in whose existence Jews believe. This would give us an explanation for the existence of a mysterious temple on their island – after all, normal Jews have a synagogue, not a temple.

The temple had been emptied when it was photographed from the inside. Little more than an empty bookcase and a painting on the ceiling representing the sky with the signs of the zodiac remained. Now, astrology was part of occultism, as was Kabbalah, and this cultural mix gained traction in the West during the Renaissance. As we have seen in recent articles, this occult movement was also usually connected with a proto-Christian Zionism: at least since the Christian Kabbalist William Postel (1510 – 1581), the belief has circulated in Europe that the Jews have a secular messiah distinct from the Christian messiah (Jesus), so that they await a monarch who will overthrow Constantinople and return the Holy Land to them. From there, the monarch will rule the world, and there will be a single religion. We have also seen that in the 16th century this idea was disseminated by people connected to the Portuguese rabbi Menasseh Ben Israel. Both Christina of Sweden and Vieira believed in such a prophecy. What varied was the monarch: for Christina, it was probably at some point Prince Condé, as this was the version disseminated by La Peyrère; for Antônio Vieira, it was John IV of Portugal, the first king of the Braganza dynasty. Now, Epstein claimed to represent the Rothschilds (the Jewish family that made the State of Israel possible) and had close ties with important figures in the Zionist entity.

A look at the 17th century also helps to understand Epstein himself. In the unpublished interview given to Steve Bannon, which was recently leaked, Epstein spoke of his conceptions of the soul. He was certain that the soul existed, but it was composed of an unobservable matter: it was the “dark matter” of the brain, which certainly exists, is in the brain, but cannot be seen or defined. It is striking, then, that instead of simply concluding that the soul is not material, Epstein concludes that it is unobservable matter. From this, we must conclude that he was a dogmatic materialist. This is all the more intriguing because he expresses himself in very dualistic terms; thus, instead of dividing the world between extension and spirit (body and soul), he divides it between visible matter and invisible matter. (In fact, it cannot even be said that this is an original vice of Epstein, since the concept of dark matter is taken from physics. There is a text by the Benedictine cosmologist and historian of science Stanley Jaki against an Epstein client named Stephen Hawking in which the dogmatic presupposition of unobservable matter is criticized. The title is “Evicting the Creator” and it is in the collection Christ and Science. I thank the reader of Strategic Culture who sent the recommendation of this author to the editorial staff.)

The idea that the soul is a material thing, even composed of atoms, is not Epstein’s invention. It is, in fact, older than Christ: it appears in De rerum natura, the book that Christina of Sweden considered to best represent the religion of the philosophers, which she followed. The work was written by the Roman Epicurean Titus Lucretius Carus, who lived in the 1st century BC. According to his explanation, the entire world is composed of atoms in chaotic motion. The visible order in the world does not originate from a creator, but rather from this eternal movement: atoms combine and, as it were, test forms. Those that are well-ordered subsist, those that are not well-ordered perish. It is, strictly speaking, natural selection long before Darwin. And since everything is material, our soul also dissolves when the order of our body is definitively broken, leading us to death and putrefaction. The gods exist, but they delight among themselves and do not care about mortals. People’s religiosity is explained by their ignorance of the causes (which are all natural). In short, De rerum natura is a book very much aligned with scientism’s beliefs.

The book spent a good part of Western history unknown. It was rediscovered in the Renaissance (the golden age of occultism in Western Europe) and there is a propaganda book celebrating the fact: The Swerve, by Stephen Greenblatt, yet another Jewish atheist professor from Harvard. He won a Pulitzer Prize for the propaganda piece in which he teaches that Rome is a factory of lies.

Given the overall picture, which includes Jeffrey Epstein, we see that there is no essential contradiction between materialism and the most superstitious religiosity. It is most likely that there is a Western school of thought that is anti-Roman, anti-Turkish, and philo-Zionist, which emerges in the Renaissance with occultism (which includes both the schools of Antiquity discarded by scholasticism, such as Epicureanism, and the various Kabbalahs), develops itself with empiricism in the early modern period, transforms itself into the Enlightenment, and then leads to the scientism that reaches our days. Among the best-known figures who are important in this history are the British Francis Bacon (who considered science a form of magic), Spinoza (a Portuguese Jew from Holland whose rationalist philosophical system draws from Epicureanism, and whose pantheism is so intertwined with atheism that it resulted in his excommunication), the British David Hume (who has an essay against the immortality of the soul in which he revives the Epicurean idea of ​​a soul composed of atoms), and the British Charles Darwin (who best knew how to take advantage of the Epicurean premise of the intrinsic order of matter).

Just as scholasticism was an institutionalized body of knowledge based on religious dogmas, the entire current scientific establishment probably rests on cohesive dogmas of a metaphysical nature. The problem is that we are not informed of this, nor do we discern its connection in history.

]]>
Do fascismo ao neoliberalismo e de volta ao fascismo https://strategic-culture.su/news/2026/02/12/do-fascismo-ao-neoliberalismo-e-de-volta-ao-fascismo/ Thu, 12 Feb 2026 14:12:04 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890559 O acirramento da luta de classes e a movimentação ascendente da classe operária obrigam a burguesia a pensar cada vez com maior seriedade no fascismo como alternativa à revolução.

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

As ditaduras militares do pós-II Guerra não chegaram ao poder da mesma forma que o fascismo alemão e italiano. Seria perigoso demais deixar toda aquela massa histérica descontrolada, acreditando que estava realizando uma revolução social. Por isso a utilização dos pitbulls da pequena burguesia foi limitada. O máximo que a burguesia fez foi soltar os cães de maneira pontual nas suas campanhas para trucidar a classe operária, sem dar às camadas médias a menor possibilidade, desde já, de assumir o poder, ainda que momentaneamente. Por isso não se viu nenhum Mussolini ou nenhum Hitler latino-americano, que tenha surgido das bases.

Onde existiu, o fascismo foi implantado por cima, não por baixo. Ele chegou ao poder como um regime bonapartista desde o primeiro dia. Desde o primeiro dia, também, iniciou a supressão das organizações operárias, mas menos através de milícias da pequena burguesia e mais pelo terrorismo militar e policial. As instituições da democracia parlamentar foram subvertidas e controladas pela alta burocracia militar a serviço dos monopólios imperialistas. Os operários foram presos e executados e suas organizações foram dizimadas pela repressão estatal – as ditaduras bonapartistas tradicionais não conseguiram estabelecer campos de concentração ou tortura ampla e sistemática de militantes operários.

Foi a implantação de ditaduras bonapartistas (nas nações mais agrárias) ou do próprio fascismo sob uma roupagem bonapartista (nas nações com uma indústria mais significativa, como no Brasil) que permitiu à Europa e aos Estados Unidos gozarem de uma caricatura da democracia parlamentar. A ditadura terrorista nas colônias e semicolônias pôde entregar ao imperialismo todo o fruto da exploração do trabalho naquelas nações, disciplinadas pela baioneta.

Mas o capitalismo não pode mais apresentar longos períodos de crescimento, nem mesmo um crescimento maior que o pico anterior. Nos anos finais do ciclo de crescimento pós-II Guerra, uma nova crise capitalista já se insinuava, com as insurreições e guerras revolucionárias nas nações oprimidas e os movimentos revolucionários na Europa, como o Vietnã e 1968. O rompimento de Bretton Woods pela burguesia americana foi uma solução encontrada para aprofundar o controle total do capital financeiro sobre a economia mundial, o que implicava na substituição do bem-estar social pela forma neoliberal. A crise de 1973 reforçou essa necessidade.

Daí até o final da década de 1980 foi um período de enorme crise econômica e instabilidade política para o imperialismo, com o ascenso revolucionário na América Latina, África, Ásia e até na Europa. O imperialismo ficou apreeemponsivo, enquanto aguardava os resultados da experiência de Pinochet no Chile, sob as orientações dos economistas da burguesia americana. Como foi bem-sucedida, passou-se a replicá-la no mundo todo, inclusive nos países centrais. Margareth Thatcher deu início ao neoliberalismo no mundo desenvolvido da mesma forma que Pinochet havia feito no mundo semicolonial: esmagando o movimento operário. Aqui o general chileno merece uma menção “honrosa”: se Mussolini foi o pai do fascismo, Pinochet foi a barriga de aluguel do neoliberalismo.

O neoliberalismo, regime de transição para o fascismo, foi a nova tábua de salvação do capitalismo. A burguesia poderia estabilizar a situação com mecanismos da democracia parlamentar, ao mesmo tempo em que, com a outra mão, intensificaria a exploração e a repressão do proletariado com instrumentos fascistas. De fato, nem mesmo os regimes mais democráticos do norte da Europa se assemelham com o que foram as democracias parlamentares do século XIX. E, nos países oprimidos, mesmo após a queda das ditaduras militares, as características bonapartistas e inclusive fascistas são muito mais acentuadas do que as características democráticas.

No entanto, é preciso ter claro uma coisa: a conclusão natural do regime de transição neoliberal é o fascismo. O fascismo não é somente a superação da democracia parlamentar no sistema imperialista, mas a “fase superior” do próprio sistema imperialista. Ele é, finalmente, o imperialismo nu e cru, sem concessões. A destruição gradual dos direitos democráticos que é realizada no neoliberalismo abre alas para a passagem do fascismo, da mesma forma que a burguesia traidora da revolução francesa de 1848 abriu alas para o bonapartismo, assim como as medidas pré-bonapartistas e bonapartistas da burguesia alemã estenderam o tapete vermelho para Hitler. Por um lado, a caçada aos direitos elementares como a liberdade de expressão fortalece o poder repressivo do Estado sobre os cidadãos, enquanto por outro a retirada dos direitos trabalhistas, as terceirizações, a informalidade, a pejotização e finalmente o desemprego jogam milhões de trabalhadores e pequeno-burgueses pobres nas fileiras do que Trótski chamou de poeira de humanidade. E essa imensa massa desesperada, junto com a classe média igualmente em desespero pela crise capitalista, é precisamente a base social do fascismo.

“As ideias de liberdade religiosa e de liberdade de consciência não fizeram mais que proclamar o império da livre concorrência no domínio do conhecimento”, lê-se no Manifesto Comunista. A livre concorrência econômica, na infância e adolescência do capitalismo, expressou-se na livre concorrência das ideias. Do mesmo modo, a democracia parlamentar e a social democracia representaram a livre concorrência dos partidos políticos. Quando o capitalismo entra em declínio, na sua fase imperialista, o monopólio “penetra de maneira absolutamente inevitável em todos os aspectos da vida social, independentemente do regime político e de qualquer outra ‘particularidade’”, escreveu Lênin em sua obra máxima sobre o tema. Se não há livre concorrência econômica (ou se ela é muito restrita), esse novo momento passa a se refletir também no âmbito da liberdade de ideias e da liberdade política. Na atualidade, ainda existem míseros resquícios dessas liberdades apenas graças à resistência dos trabalhadores e porque a destruição das forças produtivas da II Guerra e do neoliberalismo (com a abertura do mercado chinês, da antiga “cortina de ferro” e de enormes nações como o Brasil, ou com o alto desemprego e a migração em massa) permitiu um respiro para os grandes monopólios, elevando momentaneamente a taxa de lucro com a ruína dos concorrentes e o rebaixamento dos salários.

A nova crise aberta em 2008, contudo, deitou o capitalismo na cama da UTI, e só medicamentos mais pesados podem prorrogar a sua vida. Ensaia-se, agora, a paródia de um capitalismo nacional, do protecionismo dos países centrais, enquanto a opressão sobre os países oprimidos tende a aumentar ainda mais. O acirramento da luta de classes, a movimentação ascendente da classe operária que será impulsionada por qualquer tentativa de reindustrialização e por uma nova grande guerra, em conjunto com a polarização política, obrigam a burguesia a pensar cada vez com maior seriedade no fascismo como alternativa à revolução.

]]>
Neoliberalismo, tábua de salvação do imperialismo (até agora) https://strategic-culture.su/news/2026/02/05/neoliberalismo-tabua-de-salvacao-do-imperialismo-ate-agora/ Thu, 05 Feb 2026 15:05:52 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890434 A era da decomposição do capitalismo é como uma corda que torna-se mais bamba conforme os ventos da crise se intensificam.

Junte-se a nós no Telegram Twitter e VK.

Escreva para nós: info@strategic-culture.su

Todos sabem como ficou o território europeu após a Segunda Guerra Mundial. Absolutamente devastado. Isso, somado às convulsões revolucionárias na Itália e na França, sobretudo, foi o preço pago pela burguesia internacional por apostar na solução fascista para a sua própria crise – em especial na Alemanha e na Itália.

Com o final da Guerra, o imperialismo aprendeu com o passado. Não poderia submeter as populações de nações tão poderosas na mesma base do Tratado de Versalhes. A matilha raivosa e solta que são os fascistas certamente ressurgiria. E o movimento proletário ainda era um perigo iminente enquanto a Europa não fosse estabilizada. Na Ásia e na África as colônias se levantavam, conquistavam sua independência, influenciavam as lutas do proletariado das metrópoles. A recuperação após a destruição das forças produtivas na II Guerra, gerando um período de prosperidade na Europa e nos Estados Unidos, salvou a burguesia possibilitando que ela pacificasse a situação com o chamado “estado de bem-estar social” – graças à imposição de ditaduras nos países oprimidos.

Com um novo ciclo de prosperidade econômica e a colaboração do stalinismo, que ordenou aos partidos comunistas contribuírem com a reconstrução capitalista da Europa, o regime foi se estabilizando, apesar das constantes crises nas colônias e semicolônias. Mas as duas guerras mundiais comprovavam que o sistema imperialista internacional estava acentuadamente em derrocada. Havia entrado em uma era de crises agudas sem verdadeira prosperidade como contrapartida – enquanto a crise é violenta, mundial e natural, a prosperidade é frágil, localizada e impulsionada por meios artificiais. O estado de bem-estar social jamais poderia repetir a forma ultrapassada da democracia burguesa, enterrada pelo fascismo. As duas formas políticas da dominação imperialista, portanto (a democracia parlamentar e o fascismo), deveriam coexistir dentro de um regime transitório, porque a primeira era impossível de ressurgir e o segundo era muito perigoso e poderia levar a uma nova guerra mundial, que ninguém ainda estava preparado, e que ameaçaria novamente todo o modo de produção capitalista. O imperialismo descobriu uma forma híbrida, que mesclasse uma relativa estabilidade social-democrata com um gradual esmagamento fascista do proletariado. Surgiu o neoliberalismo.

Esse regime híbrido e transitório foi previsto por Trótski, “contendo traços de um e de outro sistema; tal é, em geral, a lei de mudança de dois regimes sociais, mesmo de regimes irredutivelmente hostis. Há momentos em que a burguesia se apoia tanto na social-democracia como no fascismo, isto é, quando ela se serve simultaneamente de seus agentes conciliadores e de seus agentes terroristas”. Ainda nas palavras de Trótski:

A vitória do fascismo coroa-se quando o capital financeiro subordina, direta e imediatamente, todos os órgãos e instituições de domínio, de direção e de educação: o aparelho do Estado e o exército, as prefeituras, as universidades, as escolas, a imprensa, os sindicatos, as cooperativas. A fascistização do Estado significa não apenas “mussolinizar” as formas e os processos de direção – neste domínio as mudanças desempenham, no final das contas, um papel secundário – mas, antes de tudo e sobretudo, destruir as organizações operárias, reduzir o proletariado a um estado amorfo, criar um sistema de organismos que penetre profundamente nas massas e esteja destinado a impedir a cristalização independente do proletariado. É precisamente nisto que consiste a essência do regime fascista. (Trótski, E agora? A revolução alemã e a burocracia stalinista)

O neoliberalismo, que incorpora e adapta essas características fundamentais do fascismo, entregou à burguesia imperialista muito mais do que a democracia parlamentar jamais conseguiu. O próprio cadáver malcheiroso da social democracia, como batizou Rosa Luxemburgo, integrou-se plenamente à estrutura institucional dos partidos conservadores e liberais tradicionais dentro do regime neoliberal, como evidenciam claramente Bill Clinton, Tony Blair e Gerhard Schröder. A velha social democracia era uma forma política incompatível com o capitalismo monopolista. Por um lado, ao se fechar o seu período histórico com a vitória da Revolução de Outubro, ela foi historicamente superada pelo comunismo revolucionário; por outro, os seus estilhaços não demoraram a se adaptar e a trabalhar para o novo regime.

Este regime, no entanto, preservou algumas formas da democracia parlamentar, como suas instituições, e, embora esteja amassando, pisoteando, cuspindo e arremessando na lama as liberdades democráticas, não as suprimiu integralmente. Embora o proletariado tenha sido jogado em um estado amorfo com o crescimento exponencial do desemprego e da informalidade, a desorganização e submissão dos sindicatos, as terceirizações etc., os seus instrumentos de luta não foram formal e oficialmente dissolvidos.

Depois da experiência fascista, em uma época de crise do imperialismo, a ditadura bonapartista tradicional incorporou essa nova tecnologia, muito mais à altura dos desafios da nova era do que a mera ditadura militar. Hitler e Mussolini comandaram a batalha mais perfeita, com as técnicas e recursos mais sofisticados, já travada pela burguesia contra o seu inimigo mortal, o proletariado. Essa guerra ainda não terminou e a burguesia pôde adaptar as táticas e as armas criadas pelo fascismo para utilizá-las nos combates seguintes. Além disso, as contradições da pequena burguesia com a grande propriedade e a classe operária não cessaram, o neoliberalismo empobrece a classe média, o lumpemproletariado cresce e a parte mais atrasada da massa operária amorfa, não encontrando alternativa revolucionária, é uma presa fácil para o fascismo.

A era da decomposição do capitalismo é como uma corda que torna-se mais bamba conforme os ventos da crise se intensificam. Em determinadas condições meteorológicas, o regime que se equilibra sobre ela pode desmoronar para um lado ou para outro – o lado do socialismo ou o lado do fascismo. A burguesia precisa estar preparada para isso. A centralização e monopolização econômica e política são asseguradas com métodos bonapartistas, como a preponderância do executivo, o cerco ao legislativo, o agigantamento do Estado e a mediação da luta de classes, mas os pitbulls, apesar de confinados no fundo do quintal, são diariamente alimentados, e a preocupação com seus cuidados se tornou parte do cotidiano dos seus donos.

No próximo artigo, veremos como o fascismo é um desdobramento natural do regime neoliberal – e da farsa da “luta pela democracia” que ele propaga.

]]>
Strategic solitude: Why Europe cannot rescue liberal order https://strategic-culture.su/news/2026/01/17/strategic-solitude-why-europe-cannot-rescue-liberal-order/ Sat, 17 Jan 2026 16:05:25 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=890080 by Ali Murat KURSUN

Join us on TelegramTwitter, and VK.

Contact us: info@strategic-culture.su

Europe’s solitude is self-made, a result of its belief in its superiority and hypocritical policies toward the Global South

With the release of the new U.S. National Security Strategy, the cold winds blowing from Washington have instantly transformed the dream of “strategic autonomy,” long whispered in European capitals, into a nightmare of “strategic solitude.” Finnish President Alexander Stubb’s recent Foreign Affairs piece, titled “The West’s Last Chance,” resembles less a dispassionate geopolitical analysis than a cry into the void. European elites are feverishly calling for a “new global deal” to halt the collapse of the liberal international order.

Yet, there is a bitter reality that decision-makers in Europe refuse to acknowledge: There is no longer anyone to answer this call. Today, Europe is experiencing a dual abandonment.

On one side stands a U.S. administration that has declared its new trajectory with unmistakable clarity. The 2025 National Security Strategy strips away the post-Cold War romanticism of “shared values,” planting relations firmly on a harsh, transactional footing. Washington no longer views its historic ally as a geopolitical powerhouse but codes Europe as a sick structure facing “civilizational erasure” under demographic transformation and “regulatory suffocation.” By positing a tacit “Trump Corollary,” conditioning the future of NATO on demographic prerequisites, Washington has effectively ended the comfortable era Europe enjoyed under the American security umbrella.

On the other side stands a skeptical Global South, which rejects Europe’s normative superiority due to the “selective solidarity” and hypocrisy displayed in every major international crisis of recent years. The crisis Europe faces today is not merely one of military capacity; it is a profound crisis of moral bankruptcy. Therefore, calls to rescue the liberal order are destined to fail.

Europe’s Illusion

Europe’s reaction to this harsh reality resembles psychological denial rather than a rational strategic response. In this new era, European leaders still delude themselves into thinking they are the “eternal guardians” of democracy and human rights.

The most striking example of this illusion is German Chancellor Friedrich Merz’s reaction to the new U.S. strategy. His declaration, “It is not up to the Americans to save democracy in Europe, we will do it ourselves,” is diametrically opposed to the hard power vacuum on the ground. A similar reflex of introversion is visible among Europe’s leading thinkers, like Mark Leonard, who suggests using the Trump threat as a “weapon” to marginalize the far-right at home. European elites still read the crisis through the lens of “how to survive the ballot box,” a gaze turned entirely inward. Yet, the real earthquake is occurring along the fault lines of the Global South, where Europe has lost its legitimacy.

European decision-makers believe they can regain influence by promising U.N. reforms or offering a “more inclusive table.” But the bitter truth is this: The “normative power” Europe historically boasted of is now, for the rest of the world, nothing more than hollow rhetoric. The world has long since tuned into other frequencies, free of this normative baggage.

Selective solidarity

The fundamental reason why Europe’s call for a “new order” is hitting a wall is institutional memory. This memory is shaped by what I define as “selective solidarity,” Europe’s hierarchical and deeply hypocritical stance in the face of crises. When European leaders speak of values today, the Global South sees only geopolitical interests.

The irreparable breaking point of this trust crisis has undoubtedly been the situation in Gaza. The Global South noted how European capitals, which defended international law like a “sacred text” for Ukraine, fell into deep silence or complicity in the face of a live-streamed genocide in Gaza. The “humanitarian values” mobilized for Ukrainian civilians were replaced by a cold rhetoric of “Israel’s right to self-defense” regarding Palestinian children.

Germany’s decision to intervene as a third party in support of Israel at the International Court of Justice (ICJ) was condemned in the harshest terms by its own former colony, Namibia. The Namibian presidency’s rebuke to Berlin, reminding it of the 20th century’s first genocide committed on its soil, serves as a diplomatic document of how Europe’s moral authority has gone bankrupt. This double standard unmasked the “rules-based order” and demolished Europe’s claim to moral superiority.

The same reflex was evident in the migration crisis. Europe, which opened its doors to Ukrainian refugees, distinguished in discourse as “blue-eyed and blonde,” saw no harm in turning the Mediterranean into a graveyard for Syrian, Afghan and African refugees. This discrimination was codified legally: The EU activated the “Temporary Protection Directive” for Ukrainians just days after the invasion, a mechanism it had kept on the shelf for a decade throughout the Syrian civil war. Granting Ukrainians immediate rights while Syrians languished in camps cemented the understanding of “law based on identity.”

The Syrian tragedy constitutes the most shameful dimension of this moral collapse. Instead of taking the initiative to stop a humanitarian disaster, Europe’s approach of externalizing the refugee issue as a security threat to neighboring countries laid bare just how fragile its rhetoric on human rights truly is. Consequently, when European leaders say, “let’s reshape the rules,” the answer they receive from the Global South is cynical suspicion. For them, the liberal order is not a universal system, but a “club of privileges” where rules apply only to “the others.”

Rise of transactional realism

Who will fill this geopolitical void as the U.S. withdraws and the EU loses credibility? The answer lies in the gritty reality of the field. “Strategic autonomy,” which Europe has rhetorically produced for years but failed to implement, is today being practically applied by actors like Türkiye.

The Global South no longer wants to listen to normative lectures. Instead, they are turning to actors who respect their sovereignty and build relationships based on a “win-win” principle rather than a “moral hierarchy.” The keyword of this new era is not selective values, but transactional realism based on universal values.

Türkiye is the prominent example of this new actor typology. Ankara stands out as an actor that, while remaining within NATO, can talk to Russia, take initiative in the Middle East, and deepen ties in Africa without colonial baggage. The Black Sea Grain Initiative is a testament to this. At a time when European diplomacy was gridlocked by sanctions, Ankara’s transactional diplomacy ensured that millions of tons of grain reached the Global South. This moment proved that strategic autonomy, not normative preaching, saves lives.

While European leaders divide the world into camps of “us and them,” actors like Türkiye conduct a flexible diplomacy that ensures permeability between geopolitical axes. The motto “The World is Bigger Than Five,” which Ankara has voiced regarding the U.N. Security Council for years, has ceased to be merely a discourse of Turkish foreign policy; it has transformed into a rallying cry for a vast geography articulating the anger against an anachronistic system.

The international society of the near future will not be a world where European norms are universalized. On the contrary, it will be a multi-centric order defined by actors who do not give selective moral lessons and have built their own strategic autonomy.

Europe is paying the price for the selective solidarity policy it has maintained for decades by being left alone at the very moment it needs support. It is coded as a burden threatened with civilizational erasure by Washington, and as a hypocrisy-tainted old power by the Global South.

If Europe does not face this new reality and engage in sincere self-criticism, the “strategic solitude” it fears will not be a temporary state, but the continent’s permanent fate. The end of the liberal international order has arrived not through an external attack, but through the moral inconsistency of those who claimed to defend it.

Original article:  www.dailysabah.com

]]>
The lifting of sanctions against Moraes occurs in a very murky political scenario https://strategic-culture.su/news/2025/12/19/the-lifting-of-sanctions-against-moraes-occurs-in-a-very-murky-political-scenario/ Fri, 19 Dec 2025 14:18:46 +0000 https://strategic-culture.su/?post_type=article&p=889519 After losing the support of liberal, Zionist evangelical, and Olavo de Carvalho-aligned leaders, Bolsonarism is now losing the support of Trump’s leadership

Join us on TelegramTwitter, and VK.

Contact us: info@strategic-culture.su

It was a shock to the Brazilian Right to hear that Supreme Court Justice Alexandre de Moraes and his wife were removed from the OFAC sanctions list. This happened on Friday, December 12th, and in the same week, on Tuesday the 9th, the whole of Brazil was surprised by the news that Alexandre de Moraes’ wife, lawyer Adriana Barci de Moraes, has a contract worth 129 million reais or 24 million dollars (3.6 million reais monthly for three years) with Banco Master. The latter is a bank investigated for fraud and is involved in a number of scandals. The timing for Trump to lift the sanctions on Moraes and his wife was the worst possible.

The most recent scandal, however, is not even of a police nature: Supreme Court Justice Dias Toffoli, appointed by Lula during his current term (and who was his personal lawyer before that), accepted the request from André Vorcaro, owner of Banco Master, to transfer the case from the ordinary courts to the Supreme Court – even though no one had privileged jurisdiction – and, immediately afterwards, decreed maximum secrecy. From this, the reader can see that there is a concord between Lulaism, Brazilian bankers, and the Supreme Court.

Up to this point, nothing particularly new (although Vorcaro and Banco Master have been in the news only recently). An interesting development is the negative news about Moraes being published by the newspaper of the powerful Grupo Globo, which is the main media conglomerate in Brazil (unlike the São Paulo newspapers, Globo has a TV station, which is the main one in the country). Globo’s history is right-wing (it was the military regime that gave it a license to broadcast TV, for example), but it strongly opposed the Bolsonaro administration and, consequently, indirectly supports the Lula administration. Nevertheless, it is easy to perceive it as pro-Lula because it is an enthusiastic supporter of the woke agenda, which, in Brazil, includes a nominal defense of democracy. Together, Globo and the Lula’s party tell a fable according to which Alexandre de Moraes and the Supreme Court saved democracy by preventing a bunch of unarmed old people from staging a coup d’état on January 8, 2023.

For the Brazilian public, the alliance between the Supreme Court, Lula’s party, and legacy media is very clear, with its main political enemy being Bolsonarism allied with Trumpism. Much ink has been spilled in the Brazilian press to explain what happened with Trump. Some speak of handing over of rare earths, which Minister Fernando Haddad offered right at the beginning of the tariffs, but about which there is no concrete news (and it would be good for Trump to have something to show, after so much posturing). It is more plausible, however, that Venezuela is at stake – the emperor of Brazilian meat, Joesley Batista of JBS, traveled to Caracas on November 23 to talk to Maduro and ask him to resign, with both Washington and Brasilia being aware of this. It became news on Bloomberg on December 4. So, are rare earth elements and Venezuela sufficient reasons to explain Trump’s withdrawal? The Brazilian press found out that banker André Vorcaro’s girlfriend was enjoying a barbecue with Ivanka Trump. Mystery, mystery.

The scenario is not easy at all for the bases of Lulaism and Bolsonarism. Imagine explaining to the leftist militants that Lula is an ally of Trump against Maduro, and to the Right that Trump traded Bolsonaro for Lula and Moraes.

The truth is that the lifting of the sanction against Moraes has caused Bolsonarism to split completely. As already explained in more detail here, Senator Flávio Bolsonaro’s candidacy for president had been highlighting a coalition of financial market liberals, Zionist evangelicals, and Olavists (that is, the followers of a deceased cult leader who did neoconservative propaganda) in favor of a “center-right” candidacy that can only take off with the support of Jair Bolsonaro. By nominating his own son, Jair Bolsonaro thwarted the plans of this group. Now, with the failure of the campaign for the Magnistky Law (which, being applied, put Moraes on the OFAC list), the youngest evangelical star in politics, the parliamentarian-YouTuber Nikolas Ferreira, is already writing venomous indirect attacks against Eduardo Bolsonaro, who lobbied in the US for sanctions against Moraes.

The pressure has increased for Flávio Bolsonaro to give up his candidacy. It is possible that he will give up (since Bolsonarism is unpredictable), but it is possible that this group will have the same fate as João Dória and Joice Hasselmann. Both were elected with Bolsonaro’s support, betrayed him, and ended their political careers (he is a former governor of São Paulo, and she went from a record-breaking congresswoman, elected with more than one million votes, to a failed city council candidate). On the other hand, there is a single group that managed to break with Bolsonarism without ceasing to exist in electoral politics: the MBL, which, despite the loss of votes, managed to elect congressmen and found a party. It must be said, however, that the movement looks like a digital marketing pyramid scheme and is very difficult to spread outside of hyper-connected urban centers. It doesn’t seem to be an easy model for evangelicals outside of that profile to replicate.

As for Bolsonarism, the picture is becoming increasingly bizarre. After losing the support of liberal, Zionist evangelical, and Olavo de Carvalho-aligned leaders, it is now losing the support of Trump’s leadership. Until proven otherwise, we have a personalistic vote-getting machine that has been rejected by all the “isms” with which it was associated.

Finally, we cannot fail to mention the shattering of Olavo de Carvalho’s aura of infallibility. Obviously, he said a huge amount of nonsense in his lifetime (such as Pepsi being sweetened by cells from aborted fetuses), but a cult leader can pull off a clever maneuver to convince his audience that he is right even when he is wrong. In his last years, however, he insisted that Magnistky’s Law was Brazil’s salvation, the pot of gold at the end of the rainbow. And so Magnitsky was removed by none other than Donald Trump – if it were another president, they would say it’s the fault of communism. Now, only now, the right as a whole admits that Olavo isn’t always right.

]]>